Mt 4, 22-33
- Sabemos que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. La humanidad de Jesús había estado bastante descuidada, hasta que ahora, con los estudios recientes, gracias a Dios conocemos más. Sabemos que era un ser humano en todo semejante a notros, menos en el pecado. Pero al mismo tiempo, Jesús es también verdadero Dios; es la manifestación visible del Dios bueno y misericordioso. Él era conciente de que el Padre no quería que mostrara y utilizara sus poderes divinos en provecho suyo, sino únicamente para mostrar la inmensa compasión hacia las víctimas y sufrientes; aunque esto lo hiciese más vulnerable ante las fuerzas de la opresión. Pero hacia sus discípulos, sentía que era conveniente, en esta etapa de su misión, dejar translucir en ciertas ocasiones su divinidad, para evitar el escándalo y desilusión posteriores.
- Este es el ícono de una de esas ocasiones: los apóstoles navegando en el lago. Es de noche, Sopla un viento impetuoso que encrespa las olas y sacude la barca. Pedro lucha apenas por mantenerla a flote. Atraviesan una de esas situaciones en la que hasta los marinos más expertos y osados se llenan de espanto y lloran como niños. Si nos ponemos en el tiempo y lugar de la gente de entonces, para quienes la noche era el tiempo de las fuerzas malignas, y las profundidades del mar, morada de espíritus fuertes incontenibles: los “Ejércitos” y las “Potestades”, el miedo se había convertido en terror. Y para colmo, de pronto ven avanzar hacia ellos un espectro que se desplaza hacia ellos sobre el mar. Del terror se pasa al pánico, ese estado de ánimo que se apodera de los humanos ante lo sobrenatural, cuando los pelos se ponen de punta y se enchina la piel. Pero en eso descubren que el supuesto fantasma no es sino Jesús, su maestro, quien los consuela: “No teman, Soy yo”.
- Esa afirmación tampoco los calma, pues las palabras “Yo Soy” denotaban el nombre impronunciable de Dios, “Jehová” o “Yahavé” (las mismas consonantes en ambas, referidas a Dios, “Yo-soy- el-que-Soy”). Jesús caminando sobre el agua es por tanto una “teofanía”, es decir, una manifestación de Dios, semejante a la que vimos la semana pasada en su transfiguración. Se encontraban, pues, ante el “Mysterium Tremendum”, el Dios de inmensa majestad, ante el cual se contrasta nuestra pequeñez de creatura que nos hace indignos de su presencia. Esto es el “Temor de Dios”, que no es tenerle miedo a Dios, sino sobrecogernos ante su grandeza. Pedro duda: ¿será realmente Dios o algún espíritu maligno? Por eso demanda: “Si realmente eres tú, mándame ir a tu encuentro caminando también sobre el agua”. Jesús acepta el desafío e invita al apóstol: “Ven”. La invitación e Jesús, su llamamiento a la misión, que no dependerá de fuerzas humanas, sino que será a la vez, don suyo.
- Pedro obedece y levita sobre las ondas; pero al caer en la cuenta de lo que está pasando, al ver el mar con ojos humanos y no con ojos de fe, se hunde, y Jesús le tiende la mano para salvarlo. Suben ambos a la barca… y el viento y las olas amainan. Entonces vuelve nuevamente el terror pánico: ese Jesús, su amigo y maestro: ¡¡¡ES DIOS MISMO!!!
- La actitud intimidante ante fenómenos naturales extraordinarios –como cuando se desata la furia de las fuerzas cósmicas- fue para algunos nada menos que el origen de las religiones, y parece ser que fue la causa que engendrara la idea de Dios. Ante momentos de peligro (un volcán, una tempestad, un incendio forestal, un tornado) cobramos conciencia de nuestra fragilidad de creaturas y nos volvemos a algún Ser sobrenatural que nos proteja, porque, o bien esa idea habría sido personificación de las fuerzas naturales, o bien, es alguien quien controla o provoca dichas fuerzas. Sin embargo, la mejor manifestación de Dios no son esos fenómenos extraordinarios espectaculares, sino la mayor sencillez. Así como Elías, esperando en su cueva el paso de Dios, no lo descubre en el fuego impetuoso que descuajaba montañas, ni en el viento huracanado, ni en el terremoto… sino en la brisa suave. La majestad de Dios se muestra en los milagros de la vida cotidiana: ¿Hay algún milagro más grande que todo el proceso de gestación de un ser vivo, desde la cópula y la gestación hasta el parto? ¿Cuánto maravillamiento cabe en la contemplación del ojo de un gato y de la capacidad de ver, o en los vericuetos del cerebro humano, o en la capacidad de desprendimiento de alguien que entrega su vida a una causa noble, rehusando beneficios y provocando adversidades y amenazas?
- En los momentos de tempestad y de oscuridad, cuando parece que todo está perdido, y cuando algo que llega parece no ser salvación sino nuevo motivo de terror, descubrimos a Jesús, un hermano cercano y a la vez, el Trascendente, ese Dios inmenso y amigo; terrible y amoroso; exigente y comprensivo.
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