1° de noviembre: Mt, 5, 1-12
- ¿Quiénes son los “santos”? Son cristianos que trataron de imitar a Jesús y vivir congruentemente su fe. A algunos de ellos, después de estudiar minuciosamente si su vida comprueba dicha congruencia, la Iglesia los “canoniza”, es decir, los propone como ejemplo a los demás (lo que no excluye que podido haber tenido algunos defectos). Sin embargo, la mayoría de los “santos” no están canonizados, y seguramente que nosotros conocemos a algunos.
- Por el misterio de “la comunión de los santos”, todos los frutos de nuestro Bautismo se vinculan a los méritos de Jesús y constituyen el “tesoro” de la Iglesia. En este sentido, son nuestros “intercesores”.
- La congruencia cristiana de vida no se regula tanto por los 10 mandamientos, cuanto por las “Bienaventuranzas”. Hay paralelismos y divergencias entre ambos códigos de conducta:
- Ambos son normativos y se dieron en sendos “montes”, al antiguo pueblo y al nuevo.
- El decálogo obedece al código del deber, y por tanto, se expresa en forma de prohibiciones (“NO”); mientras que las Bienaventuranzas obedece al código del placer” (“bienaventurados”, dichosos, felices). No se norma como impositivos, sino como “tips” voluntarios para conseguir felicidad.
- Éstos se refieren a la relación con nuestros semejantes, más que en una relación directa para con Dios.
- Analicemos la versión de San Mateo:
Antes, nos detendremos para advertir acerca de las traducciones: “traduttore, traditores”, dicen los italianos (“todo traductor es un traidor”): Al elegir sinónimos, sintaxis, se introduce involuntariamente su propia subjetividad. Igual sucede con las traducciones bíblicas.
- “Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. La expresión “Pobres de espíritu” (o “de corazón”) da pie a interpretaciones en el sentido de quienes se hallan dentro del sistema de la riqueza; pero que alegan que podrían prescindir de ellas, pues no tienen “apego” (al menos mientras no se les requiera). La Biblia Latinoamericana prefiere “felices los que tienen el espíritu del pobre”, pues hay pobres con “espíritu de ricos”, que se dejan llevar por el “entre-devoramiento”. De la misma manera, puede haber cristianos pertenecientes a clases sociales “pudientes” que opten por el proyecto de los pobres y asuman su espíritu. Serán valiosos en el Reino de los Cielos.
- “Dichosos los que lloran [con los que lloran], porque ellos serán consolados. Cuando los sentimientos son demasiado intensos, parece que no se pueden sobrellevar si no se comparten con alguien empático. La “com-pasión” (“patere-cum”, padecer-con otro, padecer en sentido pasivo) igual puede ser de tristeza o de alegría, un sentimiento necesitado de compartir, como el júbilo de María con su prima. Se ofrece el consuelo, pues compartidos tales sentimientos se hacen más soportables.
- “Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra”. Otras traducciones optan por los “pacientes”, “desposeídos”, “mansos”, más cercano al espíritu de la “no-violencia activa” de Gandhi, Doris Day o Luther King, es decir, quienes no resisten a la violencia con violencia defensiva; pero que tampoco se acobardan o se someten, sino que atacan, con amor, la conciencia del opresor (ponen la otra mejilla). Pareciera que la tierra es poseída por los conquistadores, los violentos. Pero Jesús la promete a estos “mansos” no-violentos.
- “Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados”. Si buscáramos la Justicia, como el hambriento busca el pan o (sobre todo) el sediento, el agua, seguramente que seríamos saciados. Son dichosos quienes se entregan así por esta forma de relación.
- “Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia”. Hay otra palabra más moderna que equivaldría a “misericordia”, y es “solidaridad”: comprometerse con alguna víctima y apoyarla. Un cuento de Bertold Brecht en forma de diario durante el nazismo: “ayer vinieron por los comunistas. Como yo no era comunista, me quedé tranquilo. Hoy vinieron por los sindicalistas… (y sigue por los periodistas… por los defensores, etc.). Ante todos “me quedé tranquilo…” y termina el diario con una frase inconclusa: “hoy vinieron por mí…” nadie le dio solidaridad, pues nunca fue solidario.
- “Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios”. ¿Quiénes son los “limpios de corazón”? los entendemos desde su contrario, los calculadores (quienes no dan los buenos días, sin calcular los réditos que producirá su saludo). Como anteponen siempre sus intereses, estos se vuelven una pantalla que les impide ver más allá. Por eso no pueden ver a Dios, como quienes están limpios de tales intereses egoístas.
- “Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. Los “peacemakers”, los constructores de puentes, los mediadores, los “traductores” (traducen la posición de unos para hacerla “potable” a los otros, y viceversa). Son hijos del Padre celestial, que hace salir el sol sobre los justos y los pecadores; que reconcilia y sabe perdonar.
- “Dichosos los perseguidos por causa de la justicia (por causa del bien), porque de ellos es el Reino de los Cielos”. No dice “los perseguidos por imprudentes” –hemos de ser cautelosos-, sino aquellos que sufren represalias tan sólo por su compromiso de justicia y solidaridad.
- Estos son ahora los “santos”. Más que pensar en una conducta moral, se reconoce a quienes se preocupan y compadecen de las víctimas. “Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los Cielos.
Debe estar conectado para enviar un comentario.