A-28 UN DESAIRE CONVERTIDO EN FIESTA

Mt 22, 1-14

  • ¿Alguna vez les ha tocado que se hayan quedado “con la mesa puesta”, porque a la mera hora los invitados dijeron que no podrían asistir? ¿Cómo se sintieron? ¿Y qué tal si la ausencia no fue sólo de algunos, sino de todos los invitados? ¿y si se notó que las razones aducidas fueron puros pretextos? ¿Y si el banquete era muy importante para ustedes, con el caso de la boda de un hijo? En ese caso el desaire se vuelve un agravio que no quedará sin consecuencias, antes que nada, por la ruptura de la supuesta amistad.
  • Tal fue el caso de la parábola de hoy. La comida era nada menos que con motivo de la boda del hijo de un rey, y estaba preparada espléndidamente, con mucho entusiasmo. En esos casos, se habría requerido una razón muy poderosa para no asistir; pero las razones aducidas — irse a su campo o a su negocio– eran claramente pretextos: nada que no pudiera posponerse. Incluso hubo más: aquellas personas maltrataron e incluso asesinaron a los mensajeros que personalmente el rey envió para recordarles la invitación. En este caso, el asunto tomaba otro cariz; se trataba de una provocación política, y con justa razón, en ese mismo momento el rey envió tropas que desoló las ciudades insurrectas de aquellos vasallos.
  • Pero ya que el banquete estaba suntuosamente preparado y el rey tenía tanta ilusión para que su hijo la pasara bien acompañado en su fiesta nupcial, decidió que de todos modos el banquete se realizara; pero con otros comensales. Sería un banquete de puertas abiertas; se convocaba a cuantos pasaran por los cruces de caminos, sin reparar en méritos o impedimentos.
  • El tema de este día está antecedido por las tres semanas anteriores y todas ellas a propósito de una viña: la estupenda cosecha que un propietario no podía recoger por falta de brazos y contrata a todos los que puede, incluso los que llegaron a última hora; el hijo que no quiso ir a trabajar a la viña por lo que se tuvo que enviar al otro; los trabajadores que pretendieron apropiarse de la viña del propietario, el cual les quitó la viña para dárselas a otros. Sabiendo que “la viña es la Casa de Israel” -el Pueblo Elegido- y que dicho pueblo rechazó la misión a la que estaba destinado, matando a los criados-profetas e incluso al Hijo mismo, la parábola de hoy insiste en un hecho teológico al que Jesús leyó como doloroso “signo de los tiempos”: al entregar a Jesús a Roma para su crucifixión el amado Israel, el “Pueblo de Dios”, rompió definitivamente la Alianza, y ahora se hace la invitación a ocupar ese lugar vacío de instrumento de bendición universal, a un nuevo pueblo, no ya formado por la comunidad de sangre, sino por la fe y la misión.
  • En la parábola la invitación es para un banquete, una fiesta, así como en la otra parábola, el jornal pagado, el “denario”, era en realidad el trabajo mismo en la viña del Señor. La oportunidad de ser incorporado al proyecto de salvación es en sí mismo una fiesta. Por lo mismo, esta recompensa –la invitación al banquete- no se otorga pasivamente, sino que requiere involucrarse activamente. Quizás esto signifique el “vestido de fiesta” (algunos dicen que en tales banquetes cortesanos a los invitados se les proporcionaba con la invitación misma)

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