Mc 4, 26-34
El REINO DE DIOS es el núcleo del mensaje de Jesús, su ideal y su pasión. No lo definió, pues a su cultura no agradaban las definiciones abstractas, sino que simplemente lo describió con parábolas o metáforas. Estudiando todo lo que Él decía, ahora sabemos que se trata de un ideal (Utopía), primer proyecto global: hacer de todo el mundo una única familia, por tener todos un mismo Padre. Un mundo normado por el amor, en búsqueda constante de justicia, paz, verdad, libertad y fraternidad, pesando todo desde los más vulnerables. En esta ocasión lo compara a una semilla de mostaza (“sinapis alba”, “brásica hirta”, de la familia de las cricíferas), “la más pequeña” –redondita, del tamaño de una cabecita de alfiler, negra o marrón-; pero con gran potencial de crecimiento -unos 75 cms; pero en Israel llega a crecer hasta tres metros. Aparentemente la metáfora ha fracasado pues el Reino inaugurado por Jesús después de 2000 años ya debía verse bastante desarrollado ¿Le fallaron sus expectativas?
- El Reino de Dios no equivale a la Iglesia. Es más amplio que ella –todos los esfuerzos por estos valores, independientemente de religión o ideología-. La Iglesia es un simple instrumento en función del Reino. El Espíritu de Dios lo está suscitando en la historia; aunque también actúa el espíritu del Mal. Parece que éste gana, pues el mal hace mucho ruido, pero es estéril. En cambio, el bien es discreto; pero fecundo.
- La Iglesia sería un espacio privilegiado. Pero vemos que disminuye la feligresía en Occidente, faltan vocaciones y los sacerdotes y religiosas son ya mayores, muchos católicos se convierten a otros grupos de cristianos, hay escándalos a su interior…
- Hay que tener presente lo sucedido con Constantino, emperador romano que se “convirtió” al cristianismo, y con él, su corte y su pueblo. En Mesoamérica también se dieron conversiones masivas después de la Conquista. Cada misionero bautizaba hasta 3,000 indios en un día; en pocos años, eran ya millones de cristianos. Es el llamado “Estado de Cristiandad”, en que esta religión era obligatoria (la Inquisición quemaba a los herejes). Se ahí surgen grandes masas de cierto barniz cristiano, que es lo que ahora está haciendo agua. Cristianos a medias, de sólo costumbres y devociones.
- En realidad, el retroceso es aparente, pues el cristianismo auténtico no es de mayorías. A Jesús no le interesaba tener muchos discípulos. Incluso pone condiciones muy exigentes a sus seguidores. Los ve como levadura que fermenta la masa; como sal que da sabor al aliento; como semilla de mostaza….
- Pero el Reino sigue adelante. Aparentemente no sucede nada, como la semilla sembrada en el campo (o el “experimento” que los niños de primaria hacen en la escuela), oculta bajo tierra, va creciendo, sin que se sepa cómo; como el retoño en las ramas de un roble… pero de pronto, cuando uno la nota, nos sorprende su crecimiento. Igual sucede con el Reino de Dios: ahora en muchas religiones, movimientos, filosofías… se están difundiendo los esfuerzos por la Ecología, los derechos humanos, la equidad de género, las búsquedas de nuevas formas de democracia, es decir, los valores del Reino.
- Desde luego que el Reino de Dios alcanzará su plenitud de crecimiento a nivel de lo escatológico, después del juicio final y el regreso de Jesús –los “nuevos cielos y la nueva tierra”-; sin embargo, ya en nuestra historia se va realizando. Nada nos garantiza un progreso lineal, y hemos de darnos prisa ya que el proceso suicida del Anticristo, conducido por el ídolo del Mercado, está poniendo en peligro la existencia misma de la vida humana en el Planeta. Una convocatoria abierta, a creyentes y a no creyentes, de unir esfuerzos y buscar nuevos paradigmas.
- Quizás seamos perceptivos ahora en las próximas elecciones: parecía que no pasaba nada, y de pronto, nos sorprende una toma de conciencia de mucha gente, movimientos cívicos en favor de la democracia, de la transparencia, de la paz, contra la corrupción… Un voto, parece insignificante; pero unido nuestro voto al de muchos, puede ser la diferencia.