B-12 Del miedo y del terror

  • El miedo es uno de los instintos más antiguos de los animales (reptiles), primario e instantáneo, que funciona como mecanismo de sobrevivencia, para huir cuanto antes ante el peligro. Si no es posible la huida, el miedo se transforma en la adrenalina para la defensa.
  • Este instinto está más o menos desarrollado en diversos individuos, en un contínuum que va entre la cobardía y la temeridad. El miedo en los cobardes es desproporcionado; entonces los miedos nos paralizan (nos quedamos pasmados), nos hacen claudicar de nuestras convicciones, traicionar a nuestros amigos o nos impulsan a tomar decisiones equivocadas. Por eso, “hay que tener miedo de nuestros miedos”.
  • El valiente no es el que no siente miedo, sino el que lo sabe manejar. Por amor a alguien o a una causa que valora más que la propia existencia, o para obtener algún beneficio proporcionado, sabe afrontar los riesgos, tratando de pagar el menor daño posible. El temerario, en cambio, tiene inhibido el miedo, y corre riesgos inútiles o de forma imprudente.
  • Hoy es el Día del Padre. Una función del papá es dar protección y confianza a los hijos. Nuestro miedo se mitiga cuando sabemos que hay alguien o algo que nos protege: “No tengas miedo, aquí estoy yo” –dice-. De modo semejante, Dios nos cuida, como dice el salmo 23: “El Señor es mi pastorAunque vaya por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo”. No se trata de esperar una protección “mágicos” (como amuletos milagrosos), ni de fatalismos (“ya estaría de Dios”), sino la confianza en Dios, poderoso y amoroso a la vez, que nos guía y acompaña, y nos hace confiar en que estando en Él, no habrá situación en la que no sepamos encontrar alguna solución.
  • Los apóstoles viajaban en la barca cuando se desató una tremenda tormenta. Los fenómenos meteorológicos (tornados, terremotos, tsunamis) nos atemorizan, pese a los logros de la tecnología actual: se imponen y muestran la vulnerabilidad humana. Aunque eran, como Pedro, marinos experimentados, se ponen a temblar. Jesús duerme confiado en la popa, “¿No te importa si perecemos?”. Recurren a Él como última esperanza ante inminente naufragio. “¡No tengan miedo!”. Dios está con nosotros,
  • Además de estos miedos ante peligros biológicos o sociales, hay otro miedo, el “terror pánico”, que se suscita ante la presencia de algo o alguien que no pertenece al mundo natural, sino a lo sobrenatural, sea fasto (lo divino) o nefasto (lo demoníaco, aparecidos, fantasmas, zombies, etc.). Este es el miedo que nos enchina la piel y nos pone los pelos de punta, pues no lo podemos entender.
  • En la antigua cosmología israelita, estas tormentas suscitaban pavor, pues suponían que debajo de las aguas moraban terribles espíritus (no necesariamente “malos”); los “Ejércitos” y las “Potestades”. Jesús se incorpora, y ordena al viento y al mar que se calmen… y estos le obedecen. Es el terror ante lo divino: Yahvé, de Majestad y Santidad infinitas, cuyo rostro no podía contemplarse sin morir; cuyo nombre no se podía pronunciar. Es peligroso para el humano, dada la infinita distancia respecto a nuestra pequeñez y pecado. Jesús, al calmar la tempestad, se manifiesta como Dios. Pero Jesús enseñó que Dios, si bien “Todopoderoso”, es ante todo, compasivo misericordioso, y amante.
  • Actualmente vivimos una cultura de miedo: miedo a comer (comida chatarra, transgénicos), a beber (agua contaminada), a respirar (aire envenenado), a ir a la playa (jeringas en la arena, rayos infrarrojos) a salir (violencia callejera, peligros de tráfico), a tener relaciones sexuales (sida y enfermedades de transmisión sexual), al secuestro, extorciones, asaltos, robos, desapariciones, etc. Recordemos entonces a Jesús: “No tengan miedo”, yo estoy con ustedes. A lo que tenemos que temer no es a morir, sino a ofender a Dios. Este es un Don del Espíritu: Temor de Dios.
  • Si no tuvieras miedo, ¿tú qué harías? ¿No te está paralizando tu miedo? Estando trabajando para el Reino, podemos afrontar cualquier adversidad, pues creemos en la Resurrección (lo peor que podría pasarnos es morir, y la muerte ya quedó vencida). Pidamos los dones de Temor de Dios y de Fortaleza, para animarnos a seguir a Jesús, a pesar de las consecuencias que pudiera acarrear nuestro compromiso.

Deja un comentario