B-13 SUFRIMIENTO, ENFERMEDAD Y MUERTE

Mc 5, 21-43

  • La vida del ser humano es una carrera hacia la muerte. Todo ser viviente nace, crece, se reproduce, se enferma y muere. Esta es el pago dado a la vida; es condición para que las diversas especies se vayan adaptando a los cambiantes nichos ecológicos.
  • El cuerpo es maravilloso, una obra de arte; pero es delicado, y por eso todos nos enfermamos. El cuerpo tiene la capacidad de autorrepararse ante los inevitables deterioros; pero a medida que se va viviendo, los deterioros van superando la capacidad de curación.
  • En todas las culturas, los humanos fueron aprendiendo a curar sus enfermedades transmitiendo sus descubrimientos a las siguientes generaciones (desde los chamanes o curanderos).
  • Actualmente, la salud se ha convertido en negocio. La medicina promete acabar con la enfermedad y el dolor (con anestesiantes), pues se les tiene pavor. Las clínicas ofrecen “hacer todo lo posible por conservar en vida al enfermo”. Los fármacos y las clínicas son excesivamente caros y muchas veces, se administran con exceso, ocasionando otros trastornos. El Gobierno invierte cada vez menos en salud pública, y menos aún en salud preventiva. En los centros de salud hay falta de abasto, burocratismo y largas colas. No queda sino quebrar nuestra fortuna o morir, (el tratamiento de una enfermedad crónica puede llegar a 200 mil dólares).
  • Los recursos terapéuticos que cuenta actualmente la sociedad se aplican de forma inequitativa. La medicina, indudablemente, ha tenido avances increíbles… pero sólo en beneficio del 1% de la población; mientras las mayorías siguen muriendo de neumonía, diarrea u otras enfermedades fácilmente curables. A veces, el exceso de fármacos produce otras enfermedades acaso más peligrosas.
  • Los angloparlantes tienen tres palabras diferentes para la enfermedad (“sickness”, “desease” y “illness”), lo cual permite distinguir a) el sufrimiento propio del deterioro biológico (sickness), b) el sufrimiento concomitante a dicha sensación de vulnerabilidad y c) los señalamientos socioculturales. La enfermedad es un adelanto de la muerte, y por eso nos deprimimos. Aparte del dolor propio de la enfermedad, percibimos nuestra vulnerabilidad y eso produce sufrimiento (los animales no tienen esa conciencia, ni ese sufrimiento (desease). Además, suelen haber enfermedades a las que las sociedades dan connotaciones religiosas (endemoniados) o morales (la sífilis de los libertinos; la peste maldita medieval, la tuberculosis de nobles depravados, el sida de homosexuales promiscuos, etc.). Es la “illness”.
  • Es incuestionable el poder taumatúrgico de Jesús. Los evangelios nos hablan de numerosos casos de sanación, que en su caso, operaba sobre las tres fuentes de sufrimiento: Un indudable poder curativo, puesto que pareciera que de Él emanaba una fuerza sanadora, una especie de descarga eléctrica con sólo tocarlo (imponer las manos). Esto quedó patente en la mujer con flujo, a quien los médicos le habían evaporado su fortuna, quien creía que sanaría con sólo tocar la punta del manto. Él sintió esa emanación, aun sin conocer su destinatario. Sin embargo, para que hubiera curación, no bastaba su poder (muchos lo apretujaban), sino que era preciso, por parte del enfermo, tener fe. Además de aquel poder sobrenatural estaba su sobrehumana capacidad de compasión (“se le removieron sus entrañas”, dicen los evangelistas). Esta empatía de Jesús hacia el enfermo disminuía la depresión, estimulaba la fe y con ello, favorecía la cura (“es tu fe la que te ha salvado”). En el caso de la hija de Jairo (¿muerte aparente?), ante las plañideras, Jesús dijo: “no temas. Basta que tengas fe”. El Evangelio de ayer habló de la curación del criado de un centurión romano. Lo hizo incluso a distancia, gracias a la fe e aquel.
  • Por último, Jesús desafiaba las discriminaciones culturales hacia los enfermos, el “estigma social”: el leproso era signo de abandono de Dios y se le expulsaba de la colectividad. El epiléptico era signo de posesión diabólica y se encadenaba al enfermo. La ceguera o la sordera eran signos de pecados de sus progenitores… pero Jesús toca al leproso y lejos de quedar impuro, purifica al desahuciado.
  • Nosotros no tenemos el poder taumatúrgico de Jesús; pero podemos hacer mucho para aliviar el sufrimiento de la conciencia de la enfermedad (“desease”), que tiene efecto de alivio. La medicina clínica actual prescinde de la fe del enfermo –aquella que se tenía al médico de cabecera, que bastaban sus manos mágicas para sentir alivio-; pero hoy un expediente de médicos anónimos; estudios, análisis fríos y el reenvío de un especialista a otro, más que la compasión lo que se da es la simple manipulación del enfermo.
  • Lo religioso ayuda a mejorar la actitud de los enfermos (desease): por ejemplo, la Unción de Enfermos: a veces se nos llama a los sacerdotes a la clínica, cuando el enfermo ya está inconciente, entubado, a veces sin presencia de familiares… Administrar así e Sacramento parece magia (“ex opere operato”). Cuando se da en contexto de un rito de despedida (“ex opere operantis”) he notado que hay cierto alivio, de la aceptación esperanzadora de la muerte. Podemos hacer mucho en este campo para nuestros enfermos. Podemos también superar estigmas sociales, incorporando a la comunidad a aquellos excluidos por sus enfermedades (enfermos de sida, sordos, recluidos). Nuestra misión, en imitación a Jesús, es la compasión hacia los enfermos; el aliento, la compañía; el soportar las molestias que nos dan (sin ceder a exigencias derivadas del miedo). Aceptar nuestra enfermedad y dolor cuando nos toca. Y por lo pronto, todos podemos cuidarnos con la “medicina preventiva” y una vida sana, para evitar enfermarnos.

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