B-25 LA POLÍTICA COMO VOCACIÓN

Mc9, 30-37

  • El poder, entendido como capacidad (yo puedo hacer esto) no es otra cosa sino las facultades y oportunidades que cada uno tiene para desarrollarse y para ayudar a los demás. Pero “el poder de dominación” es obligar a otros a hacer lo que a mí me correspondería o yo quiero. Esta es la gran tentación que convierte al hombre en lobo de sus semejantes: los más fuertes se aprovechan de los débiles para sus intereses egoístas, y gracias a ello, obtienen riqueza y placer sádico. Sin embargo, para obtener este poder se habrá requerido cierta justificación: la dinastía de la sangre, la elección divina, o la pretensión de proteger a la colectividad y gobernarla justamente.
  • Una de las modalidades que reviste el poder es el de autoridad. Pensada desde su primera significación, la autoridad es un servicio de dirección o conducción de la sociedad; pero fácilmente puede degenerarse en autoridad como dominación. A lo largo de la historia, esta modalidad se fue ampliando en extensión y en intensidad. Ha asumido diversos regímenes –la esclavitud, la servidumbre feudal, la monarquía absoluta, la oligarquía–… Por ahora, la democracia representativa es el menos peor de los regímenes que han existido. En ella se supone que la autoridad dimana del pueblo y de los gobernados, y que “se manda obedeciendo”.
  • Ciertamente que en todos los regímenes ha habido gobernantes justos y sabios; pero estos han sido excepción. Líderes de buena voluntad llegan a convencerse que desde el poder resulta más fácil hacer avanzar proyectos de justicia y de civilización. Por eso no extraña que incluso Jesús mismo haya sido tentado por esta posibilidad: cumplir su misión de Mesías desde el poder. Así hubiera cedido, habría respondido, ciertamente, a las expectativas del Mesías que se tenían en aquel tiempo; pero apoyado en algunos textos proféticos, Jesús llegó al convencimiento de que no era esta la Voluntad de su Padre, sino que Él quería un mesianismo solidario, realizado desde el no-poder, que habría de mantenerse siempre fiel a su condición humana sin utilizar sus poderes sobrenaturales que tenía como Dios, y esto implicaría el rechazo de las autoridades religiosas, que lo harían sufrir y lo condenarían a muerte… aunque finalmente, el Padre Dios le haría justicia resucitándolo.
  • Ahora vemos a Jesús camino de Cafarnaúm. Conmovido, se está sincerando con los discípulos más cercanos, tratando de explicarles -a ellos y a sí mismo- las razones de su opción… pero notaba que los que venían detrás discutían entre sí acaloradamente. ¡Cuánta paciencia tuvo que tener para formar a sus apóstoles! Era muy difícil aceptar este cambio de perspectivas, pues su mesianismo podría terminar en un aparente fracaso. Lo que ellos discutían, era ni más ni menos sobre ¿Quién sería el más importante entre ellos? ¿Quién tendría mayor poder?
  • Al llegar a su destino, Jesús dio un vuelco de 180 grados al concepto de autoridad. A diferencia de los poderosos de cualquier tiempo -que utilizan un cargo de gobierno en beneficio de sus intereses-, en su Reino futuro la autoridad habría de ser servicio de los demás. “La política como vocación, es la más noble. La política como negocio es el más vil”. Un político de vocación es un “servidor público”, es decir, utiliza su autoridad (moral) para servir mejor al público, a la gente, mediante un Gobierno justo y eficiente. En cambio, un político venal “se sirve” del público para sus intereses.
  • La clase política mexicana defiende celosamente sus puestos e impide el relevo generacional. Atravesando los Partidos Políticos, el sistema resulta demasiado caro, hay manipulación, corrupción, fraude electoral y entreguismo apátrida… y se confunde la autoridad con la dominación. Es necesario un cambio en la cultura política de los mexicanos, y esperamos que en el próximo Gobierno haya más condiciones para implementarlo. Un programa de Gobierno, en este sentido, tendría que partir desde los intereses de los más pobres, de los últimos.
  • En el Reino ideal de Jesús, los políticos han de hacerse niños, tomando en cuenta que en aquellos tiempos la infancia era la edad del terror: los niños estaban totalmente indefensos; cualquiera los podía mandar y el padre mismo decidía si los aceptaba en la familia o si los vendía como esclavos. Un buen Gobierno deberá ejercerse a partir de los pequeños, de los vulnerables, de los que carecen de poder… tendiendo a “empoderarlos”, es decir, a crear un poder colectivo de los discriminados de la Tierra. Por parte de los gobernados, les corresponderá mayor participación, opinar en las consultas públicas y control de quienes recibieron nuestro mandato.
  • De una u otra manera, todos nosotros tenemos nuestra dosis de poder y de autoridad. No nos dejemos llevar por la tendencia dominante de utilizar el poder como dominación. Tratemos de aplicarlo según con criterios del Evangelio, y así estaremos contribuyendo a ese cambio cultural que México tanto necesita

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