B-001 Adviento I: CONJUGACIONES DEL VERBO

Lc 21, 25-28; 34-36

Hoy inicia el nuevo Ciclo litúrgico (el Año Nuevo religioso), y comienza con el tiempo de Adviento -palabra del latín “ad-venire” = “venir-hacia-aquí”-, en referencia a la venida de Jesús ¿A qué venida se refiere? como sea el Adviento, será nuestra Navidad. Este tiempo litúrgico juega con la polisemia del verbo “venir”, por lo que para interpretarlo habrá que conjugarlo en algunos de sus tiempos:

  • Jesús habría de venir.- perífrasis verbal de obligación, de poco uso fuera del ámbito religioso. El Adviento recoge los vaticinios multiseculares de los antiguos profetas, quienes oteando el horizonte futuro, vaticinaban: “cuando venga” (presente de subjuntivo), y entornaban sus ojos, soñando y vislumbrando un misterioso personaje esperanzador, que habría de venir… y lo anunciaban con alegría, expectación y fuertes imágenes poéticas que iremos leyendo como preparación a nuestra Navidad. Podremos exclamar como Isaías un grito de espera impaciente: “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes como vera!”
  • Jesús vino (tiempo pasado).- En cumplimiento de aquellas profecías, vino Jesús: un hecho histórico, pues nació el año 6 A.C. (por los errores en el calendario), cuyo día y mes no sabemos precisar, y cuyo aniversario de natalicio nos preparamos a celebrar esta Navidad.
  • Jesús viene (presente).- Jesús viene cada día, sobre cada altar, cuando el sacerdote consagra el pan y el vino para darnos en alimento su cuerpo y su sangre.
  • Jesús suele venir.- tercera persona del presente de subjuntivo: un presente que podría acaecer ahora. “Jesús está viniendo (gerundio): se trata del Kayrós o una venida del Señor que podría darse en cualquier momento. Viene con su Gracia, y quienes perciben, en los hechos históricos de la vida, esa presencia, se enriquecen con ella. Su llegada puede darse en cualquier momento, “no conocen el día ni la hora”. Por eso tenemos que estar siempre preparados, y algo ayuda estar atentos a los “signos de los tiempos”.
  • Jesús va a venir- Es una perífrasis verbal futura que alude a un hecho futuro como resultado lógico de lo que sabemos en el presente y que consideramos ya evidente. Jesús va a venir esta Navidad. No se trata un simple aniversario, como la fiesta del nacimiento de Benito Juárez. La liturgia piensa en una presencia mistérica en esa fiesta: Jesús nacerá en algún rinconcito de nuestro mundo (o de nuestro corazón) en donde aún no se encuentra.
  • Jesús vendrá.- Futuro con seguridad. Se trata de la última venida de Jesús al fin de los tiempos, cuando perezca el último sobreviviente de la especie humana, para juzgar la historia y la aventura humana sobre el Planeta, y poner en descubierto lo que cada persona contribuyó, para bien o para mal. El género usado por Jesús en estas profecías es el “apocalíptico”, utilizando imágenes cósmicas para impactar (“señales prodigiosas en el sol, la luna y las estrellas… olas del mar”); pero más que catastrófica, esta venida será esperanzadora, pues anuncia el fin de toda dominación. Es lo que acabamos de ver al final del pasado ciclo litúrgico: La serpiente mordiéndose la cola. Cristo volverá para llevar toda la creación de retorno a su origen, en Dios, su fuente.

Ante estas venidas, Jesús nos recomienda algunas actitudes. La primera es “estar alerta”, como el portero, a quien se encomienda que esté “en vela” (con su velita) esperando cuando venga el señor de la casa. La segunda actitud es estar despiertos, que cuando venga el Señor “no los encuentre dormidos”, es decir, enajenados, inmersos en los problemillas cotidianos, o disipados en vicios, adicciones, malos hábitos como el consumismo, o vivir inmersos en nuestras preocupaciones cotidianos, viviendo instalarnos en nuestra zona de confort. El Señor advierte: “estén prevenidos, porque no saben cuándo va a llegar el dueño de la casa, si al anochecer o a media noche o a canto del gallo o de mañana”. La tercera actitud es procurar una vida digna, pies como dice San Pablo: el Señor nos mantendrá firmes, “para que en el día de Nuestro Señor Jesucristo seamos irreprochables”. Nuestra mejor preparación para la Navidad será la conciencia vigilante –“velando en oración”– Viene bien la súplica anhelante de los primeros cristianos, puesta en imperativo: ¡”Maranhata”, ven Señor Jesús!”

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