EL CONCEPTO DE “MODO DE PRODUCCIÓN”
Esta categoría sociológica -empleada por Marx; aunque ya había sido utilizada anteriormente por Morgan)-, resulta útil para distinguir mejor los períodos históricos. Se parte del supuesto de que los humanos deciden unirse en colectividades, primeramente, para producir lo necesario paralas necesidades básicas de todos, y luego, para reproducirse biológica y socialmente. La producción implica, por supuesto, novedades tecnológicas; pero es mucho más que eso. Implica toda una organización de la población que permita la obtención de los satisfactores necesarios. Históricamente, esto lleva a una estructura política dicotómica, es decir, el surgimiento de una clase dirigente, un grupo hegemónico que, justificado por la necesidad de una dirección central, aglutine y unifique a gran cantidad de trabajadores. No es difícil suponer que el grupo organizador aprovechará este espacio de dirección para su propio beneficio, mediante la explotación de fuerza de trabajo. Ahora bien, lograr esto requirió de una justificación del poder de dominación, para ser comúnmente aceptado. Para ello, se iría construyendo todo un sistema de ideas, hábitos, actitudes, etc., acorde a la nueva estructura. Esto nos queda más claro si lo comparamos con las sociedades capitalistas modernas (“la anatomía del mono se conoce mejor a partir de la anatomía humana”). En estas, se distingue una base económica (“infraestructura”), como las raíces del árbol, con un modo peculiar de organización del trabajo colectivo (en los casos modernos, obreros libres y cualificados) y medios laborales (la industria moderna). Luego vendrá lo que sería el tronco del árbol, significante de la dimensión política que respalde la explotación laboral. En las sociedades actuales, prepondera la forma democrática, que requiere la formación de distintos proyectos organizativos y que suelen agruparse en Partidos Políticos. Pero no sólo en estos, sino también movimientos sociales con diversas orientaciones. Las ramas del árbol corresponderían a los tres poderes básicos -ejecutivo (con su consiguiente monopolio de las armas), legislativo y judicial-. Finalmente, en la fronda del árbol, son todos los aparatos ideológicos que producen y difunden las ideas preponderantes: la escuela, la educación familiar (refranes, valores), los medios de comunicación y de diversión… y finalmente, las religiones e iglesias.
La sucesión de diversos “modos de producción” que se dieron en nuestro país nos permitirá comprenden mejor los regímenes, formas de gobierno, así como las tensiones y contradicciones que caracterizarán los distintos períodos en que dividimos el curso.
EL MODO DE PRODUCCIÓN DESPÓTICO TRIBUTARIO (ASIÁTICO)
La domesticación de plantas y animales.
¿Cómo fue posible que los “sapiens” decidiera cambiar un estilo de vida que les permitía una dieta balanceada, gran libertad, mucho tiempo de ocio y condiciones favorables a un desarrollo mental práctico y habilidoso (el llamado “modo de producción del comunismo primitivo”)? ¿Qué fue lo les motivó a esta gran equivocación histórica?
En realidad, como dice Yubal Noah Harari, “más que domesticar el trigo, fue el trigo el que nos domesticó a nosotros”. Acaso algunas semillas de trigo silvestre trasportadas a la cueva, cayeron en tierra y las espigas crecieron solas. Las mujeres -quienes se encargaban de los sembradíos y de la alfarería- aprendieron a plantar mejor las semillas, cerca de la cueva, para lo cual consideraron cambiar su hábitat cerca de donde hubiera agua.
Fue así que modificaron un estilo de vida más libre, sana, con mayor tiempo de ocio y dieta más variada (la “opulencia primitiva”), por el trabajo agrícola, más pesado, una dieta centrada en el monocultivo de un cereal (trigo, arroz, maíz) y un cuerpo más debilitado y enfermo (las enfermedades infecciosas llegaron con los animales domesticados). Quizás hayan creído que, si bien tenían que trabajar más, se tenía más seguridad alimentaria, sin alejarse mucho. Ahora tuvieron que vivir para el trigo: este cereal requiere de agua (canales) despeje de piedras, limpieza de otras plantas dañinas, etc. Así apareció la propiedad, pues había que defender los sembradíos y los animales. Tampoco previeron que esto traería mayor crecimiento demográfico, lo que implicaba, más brazos para trabajar; pero más bocas para comer.


Fue así que se implementa este nuevo modo de producción. El crecimiento de la sociedad implicaba obras mayores, y esto, a su vez, mayor organización. La sociedad se dividió, por primera vez en la historia, en clases sociales: un grupo dirigente, que poco después se convertirá en grupo dominante. Ahora, la tierra la poseerá el “déspota” (“tlatoani” entre los aztecas). Éste concedía a cada campesino una parcela para que la cultivara libremente, a cambio de destinar parte de su energía laboral para obras públicas (caminos, acueductos). Con el aumento poblacional, aumentó la mano de obra sobrante, la cual, el cacique y su clase de burócratas destinaría para construirle su castillo y algunas viviendas más cómodas. Pero como todavía seguía sobrando mano de obra, se la utilizó para la construcción de grandes monumentos simbólicos del Imperio mismo, signos de su grandeza y de su poder.



No hace mucho más de 6,000 años apenas, los humanos aprendieron a domesticar algunas plantas y animales se gestó este tipo de sociedad. Lo más antiguo, hará unos 8,500 años en la región de Turquía e Irak. Pero no se extendió por contagio, sino más bien en forma simultánea: 7,000 AC en China, 3,000 en Nueva Guinea, 2,000 AC arriba de Florida, 4,500 AC en Mesoamérica y 3,500 AC en el área andina sudamericana.
Quizás por necesidades administrativas de contabilidad de costales, hacia 3,000 AC apareció la escritura: Jeroglíficos en Egipto y escritura cuneiforme en asirios o fenicios. En 1,500 AC los chinos ya tenían una escritura completa e incluso, poesías. Hacia el 1,000 AC se escribió la Biblia y la Ilíada.
Aparición de las religiones
La división dicotómica de la sociedad -los de “arriba” y los de “abajo”- favoreció el surgimiento de las religiones, caracterizadas también por el dualismo, “natural” / “sobrenatural”, cuerpo/alma; Cielo/tierra. Existe un orden sobrenatural, no sujeto a las veleidades humanas o a convenios obligatorios. Por otra parte, si bien ya dominaban la siembra y la cría de corderos, no dominaban aún las plagas, las sequías y muchas enfermedades. Así aparecieron deidades “funcionales”, para diferentes necesidades: diosas de la fertilidad, el Dios del Cielo (lluvias), dioses para las guerras o medicina, etc. Con el aumento del comercio y las comunicaciones con otras sociedades, se vio la necesidad de alguna deidad superior a los dioses locales que estableciese cierto orden superior. El politeísmo pudo derivarse de la unificación de varias sociedades, o finalmente, la deificación del Imperio (la Torre de Babel, en Asiria: “una torre que llegase hasta el Cielo”). Por lo que sabemos, el “animismo” primitivo no desapareció del todo, como tampoco el “naturalismo” (montaña o árboles sagrados), ni creencias totémicas. Fue este modelo social el que se impuso en Mesoamérica
NEOLÍTICO MESOAMERICANO
LOS AZTECAS

Probablemente, los aztecas destacaron separándose de alguna gran familia: los purépechas o los chichimecas. Estos, como la mayoría de los pueblos del Norte, fueron seminómadas, habituados a vivir en el desierto. Su mitología los hace nacer en Chicomostoc, “Las Siete Cuevas”, probablemente nacidos del inframundo. El lugar se ubicaría en el legendario Aztlán, que suele ubicarse en Nayarit. Por mandato divino, emprendieron una larga y penosa travesía hacia las tierras del sur, con la promesa de llegar a un lugar fértil y hermoso.



Para orientarse en el desierto, lo mejor son los astros, preferentemente el Sol y la Luna que, por su naturalismo religioso, quedaron divinizados en sus dos principales deidades, el Sol, Huitzilopochtli (“colibrí zurdo) y la Luna, Tezcatlipoca (“espejo humeante”), cada uno de ellos, según la modalidad propia de los pueblos primitivos, tenía su respectivo totem individual: el águila y el jaguar. Fue Huitzilopochtli quien les mandó peregrinar hacia el sur hasta encontrar un augurio profético que serviría de señal adónde instalarse: un águila parada sobre un nopal y devorando una serpiente. Alude a una contradicción espacial: lo más alto y lo más bajo, a estas dos dimensiones se les sumó una tercera, la del plano terrestre.
Fue así que aquellos chichimecas emprendieron una larga y penosa travesía, con muchos avatares y desventuras, hasta que finalmente, en un islote del lago de Texcoco, encontraron tan anhelado augurio, y en el año de 1321, según los códices, fundaron la ciudad lacustre de Tenochtitlán. A partir de esta fecha, suponiendo la numerología simbólico mítica, debieron iniciar su peregrinaje en Aztlán el año 1115.[1]



Los pueblos que habitaban las inmediaciones del lago, llamaron a los nuevos avecindados “mexicas”, que significa, “comedores de serpientes”, quienes pronto se ganaron la fama de guerreros belicosos.
Sobre el lago de Texcoco -de 10,000 km2–, fue donde los aztecas, interpretando la antigua profecía, construyeron una maravillosa ciudad. Cultivaban en ella flores y verduras, sobre “chinampas” flotantes, alineadas geométricamente de modo que formaran canales. Cuatro grandes calzadas, orientadas según los signos zodiacales, comunicaban la ciudad con las orillas del lago. En el Centro estaba el Templo Mayor, el palacio del Tlatoani y el mercado, con callejas para sendos productos comerciales bien organizado. Habían construido en el lago, contenciones que separaban las aguas dulces y las saladas, así como represas utilizadas también por seguridad, para inundar las calzadas. La ciudad pudo tener, entre 300,000 y 70,000 habitantes. Sin embargo, la población total de Mesoamérica se calcula en unos 16 millones de habitantes.



Economía.- Mesoamérica es una de las regiones en donde, desde mucho tiempo atrás, se gestó el neolítico. Según el antropólogo Kirchner, la región comprende, desde la laguna de Chapala, hasta Nicaragua. Las culturas étnicas que la poblaron tienen ciertos rasgos en común: pirámides, el calendario, la coa o bastón para la siembra del maíz, el número 0, etc. Se pueden distinguir tres grandes familias culturales: la Uto-Azteca, la Mixteco Zapoteca y la Maya. Para los fines de nuestro curso, nos vamos a reducir a la primera.
El cereal base de la dieta mexica fue el maiz, el cual no fue “domesticado”, sino que fue un producto humano.[2] Desde sus orígenes en el territorio actualmente mexicano, ya se había dometicado el perro. En México, la raza más difundida fue el “xoloizcuintle” o “perro pelón”, que era comido. El Xolotl negro era más bien venerado, como figura de Quetzalcóatl, que acompañaba a los muertos ensu viaje de ultratumba. Además del maiz, plantaban flores, verduras y legumbres, como el frijol. Fueron buenos alfareros, con ollas y vasijas muy bien trabajadas, aparte de urnas funerarias. Eran muy cotizados en el comercio los artículos suntuarios para las élites, como las plumas, los petates y para el ornato, las cuentas de barro o hueso y el oro labrado. Parte de estos productos provenían del tributo a los pueblos conquistados. No se les obligaba a tributar productos a los que ellos no estuvieran familiarizados. Se respetaba a producción local y tan sólo, se les exigía cierta cantidad de su producción.
En lo político, los aztecas tuvieron la estructura piramidal propia de este Modo de Producción Despótico Tributario asiático, con estructura bien definida. En la cumbre estaba el “huey Tlatoani” o cacique, con su cuerpo de nobles -los “pipiltin”, olmecas connotados y jefes de los Guerreros Aguila- y con ellos, los sacerdotes. El tributo lo obtenían de los “macehuales” o trabajadores de chinampas. Los trabajos comunitarios más duros, como la construcción y mantenimiento de su ciudad lacustre, las hacían los pocos esclavos (“tlatlacotin”). Posteriormente, su contribución tributaria no remunerada fue como guerreros. Los mexicas tuvieron un ejército poderoso, que les permitió conquistar una zona extensa, llegando hasta centroamérica. Había Órdenes militares (caballeros águila, caballeros jaguar), y una escuela de entrenamiento, el “Calmecac”. Con un ejército bien entrenado, derivaron hacia un Imperio, conquistando grandes extensiones que alcanzaron tierras del sureste, hoy Centroamérica, donde los comerciantes (“pochtecas”) fungían, a la vez, como espías. Al caer Atzcapozalco, el control del Lago estuvo bajo la Triple Alianza: Mexico, Tlacoapan y Texcoco.
Posteriormente, cuando aumentaron los sacrificios humanos de los pueblos vencidos, las tres potencias de la Alianza acordaron un sistema de guerras, con el único fin de hacerse de prisioneros para estos sacrificios (“Guerras Floridas”).


CULTURA
Los aztecas, dada su proveniencia chichimeca, no poseían una cultura muy elaborada; pero tuvieron la fortuna y la habilidad en tener contacto con los olmecas, a quienes siempre admiraron.
Los Olmecas. De proveniencia totonaca u otomí, era una étnia muy antigua (desde 2,500 AC a 200 DC; aunque su pleno desarrollo fue después del 1,500 ac). Su población llegó a tener 150,000 miembros. Su producción también se organizó con el mismo modelo del “modo de producción asiático”. Fue una de sus étnias la que construyó el soberbio centro ceremonial de Teotihacan, que floreció entre los siglos III y VII de nuestra era, y que, por tanto, ya se encontraba en ruinas cuando lo conocieron los aztecas. Se expandieron por Tabasco, Veracruz y partes de Oaxaca (Mixteca y el Istmo). Se dedicaron a la agricultura, la alfarería y el comercio. En Coatzacoalco, descubrieron el petróleo (se han hallado canoas embadurnadas de chapopote). Los Olmecas tuvieron la hegemonía cultural y filosófica de todo Mesoamérica. Aprendieron la escritura, desde el año 1,000 AC (hay un texto de hace 3,000 años), es decir, más o menos cuando en Palestina se escribía la Biblia o en Grecia, la Ilíada. Es difícil precisar que otros elementos de su cultura heredaron a los aztecas, ya que éstos la elevaron a niveles sorprendentes. Es probable que en el medio olmeca sea donde se originaron los gérmenes de la extraordinaria cosmovisión filosófica que subyace en toda la cultura mexica,[3] y que quien esta se deba a Quetzalcóatl, dios de origen olmeca.
Quetzalcóatl
Parece ser que este dios fue confundido con un pesonaje extraordinario de la realeza, Cê– Âcatl- Tôpilzin, quien nació el año 895 dc. Probablemente fue un sacerdote insigne de Teotihuacan o un príncipe que probablemente residió en Amatlán, Morelos (más concretamente, en el cerro del Tepozteco). Instauró un reino floreciente, de paz, sabiduría y fomento artístico. Pero fue engañado por los brujos (Tezcatplipoca), embriagándolo con pulque, a guisa de medicina, motivo por el cual fue expulsado hacia el golfo, donde los olmecas lo identificaron con el dios Quetzalcóatl. Viajó hasta Yucatán, prometiendo regresar. Entre los mayas, se le rindió culto con el nombre de k’uk’ulkan (‘pluma y serpiente’ o “serpiente emplumada”, traducción del nahuatl, “Quetzal- Cóatl”).

Filosofía nahuatl
La cosmología filosófica náhuatl tiene siete dimensiones, tomando como punto de partida, un centro, en la tierra. A partir de allá, distinguen: el arriba empíreo, el abajo inframundo, el norte, el sur el este y el oeste. Estos espacios cardinales. Más que un punto, como en nuestra brújula, constituyen grandes ámbitos, distinguidos, con la precisión más sorprendente de cálculos matemáticos y observaciones astronómicas, de dos desplazamientos astrales. El primero, es el del Sol, formando una cruz (no de 90°, sino más amplia), mediante dos trazos: el nacimiento y la puesta del sol en el solsticio de verano y el nacimiento y la puesta del sol en el solsticio de invierno. El segundo, la observación de dos constelaciones zodiacales, para nosotros, la Osa Mayor (7 estrellas) y la Osa Menor (5 estrellas), cuya suma, añadiendo el astro el centro (Estrella Polar, antes se creía Venus), da el número 13. Dichas constelaciones giran en torno al mencionado Planeta central, y ubicando sus posiciones en los equinoccios y solsticios de las estaciones en un año, multiplican 13 X 4 = 52 (el siglo mesoamericano).



La antropología filosófica. Según su mitología, los humanos provenimos del maíz, y para algunos pueblos, sus ancestros salieron de los árboles o de las cuevas (mixtecos). Distinguen en el ser humano, cuatro componentes: el cuerpo es el primero, concebido de manera análoga al europeo; pero distinguen, además de este componente, otros tres anímicos, recogidos por López Austin para los antiguos nahuas[4], cuyas reminiscencias sobreviven de algu modo en diversas étnias mesoamericanas. Tienen una ubicación clara en algún órgano corporal, pero añ mismo tiempo está diseminada en todo el cuerpo.
El Tonalli, ubicado en la cabeza (mollera), otorga el “carácter” o “destino”de una persona al nacer (el “Tonallamatl” era el libro del Destino, por el que se reconocía), y se relaciona de alguna manera al totemismo individual (aunque también puede ser tribal: v.gr., el los olmecas era el jaguar y el de los aztecas, el águila). Parece ser que posteriormente, proveniente del sur de Mesoamérica o incluso, de África (Aguirre Beltrán), se relacionó con un totemismo individual: el “tona” o “alter ego” animal. Al nacer una persona, nace al mismo tiempo, en otro lugar, un animalito,guardando ambos seres cierta relación o interconexión. De modo que lo que le sucede a uno, le acontece de igual forma a su contraparte.
El Ihíyotl, ubicado en el hígado, era un elemento desprendible, y como sucedía con el “anima”, al dormir la persona, salía del cuerpo a vagabundear, explicándose así los sueños. Era tímido, y podía perderse con un gran susto (“mal del susto”), para lo cual, los chamanes tienen que llamarlo en una olla. Permanece en el cuerpo unos días después de fallecido (durante el novenario) y luego se va desintegrando. Algunas personas, por el azar, tienen la cualidad de que su “ihíyotl”, durante el sueño, se encarnan en su “tona” o alma gemela animal, y son los casos de los nahuales, quienes, así materializados, pueden realizar ciertas acciones; pero que tienen que regresar a su cuerpo antes del alba.
El Yolía es el componente más semejante al alma humana en la concepción griega, y por tanto, si se desprendiera del cuerpo, vendría la muerte de la persona. Su lugar era el corazón, centro del cuerpo. Esta entidad vivifica a la persona y tenía que ver con los conocimientos, las voliciones y la afectividad. Después de la muerte, realiza el viaje de ultratumba al paraíso que le haya tocado, según su forma de morir.



RELIGIÓN AZTECA
La aculturación que se dio entre los olmecas y los aztecas no pudo menos que concretizarse a nivel religioso, salvando la paridad entre ambos aliados y utilizando el número básico de toda América, el cuatro (así como es el tres en Europa). Se contraponen dos parejas, la bina azteca -que como númadas, necesitan de los astros para orientarse en el desierto): el Día, Huitzilopochtli y la noche, Tezcatlipoca, con sendos animales depredadores totémicos, el águila y el jaguar. Se complementarán con la bina olmeca, cuyo hábitat en la cuenca del Papaloapan y la exuberanciadel tropico, contraponiendo la naturaleza, Tlaloc y la cultura, Quetzalcóatl, con sendos animales totémicos, la serpiente de agua y la serpiente de aire, la Serpiente emplumada.
Pero la integración no será la mera yuxtaposición, sino que habrá que destrtuir sendas binas y formar otras nuevas, un dios de cada cultura. Para la primera bina se utilizó el género mítico -la creación del ser humano-, contendiendo Quetzalcóatl y Tezcatlipoca. Esto requería el sacrificio de un dios, quien voluntariamente habría de lanzarse a una hoguera. Los candidatos fueron el azteca Tezcatlipoca, dios apuesto, galán y espléndidamente vestido, y por parte olmeca, Quetzalcóatl, un dios purulento y jorobado. A Tezcatlipoca, como favorito de los dioses, se le dio la preferencia, pero llegado el momento, este dios tuvo miedo, y en cambio, Quetzacóatl fue quien se lanzó, creándose así al ser humano.
Para integrar la segunda bina se recurrió al ritual: al centro del Templo Mayor estaban dos nichos en los que se adoraban, en paridad, a Huitzilopochtli y a Tláloc, si bien prevalecía el primero.


Conforme a este sistema cuaternario, quedaron repartidos los puntos cardinales, representados en el calendario azteca con los emblemas -respectivamente, comenzando por el cuadro superior izquierdo, siguiendo las manecillas del reloj- Quetzalcóatl, Tezcatlipoca, Huitzilopochtli y Tlaloc, así como los 4 puntos cardinales -Norte, Oriente, Sur y Occidente-, así como los 4 colores del maíz -blanco, rojo, amarillo y morado oscuro (negro)-. A estos cuatro dioses principales, se añadió un quinto, el dios supremo, Tloque-Nahuaque, padre de los dioses. Por supuesto, permanecieron deidades menores: Coatlicue (madre de Huitzilopochtli), Coyolxauhqui (hermana del dios), Mixcóatl, Mictlantecuhtli (dios del Inframundo con su pareja), Ehécatl (dios del Rayo, otro nombre de Quetzalcóatl), Tonatiuh (otro dios del sol), Xipe Tótec “nuestro señor desollado), Xochipilli (diosa de las flores), Cinteotl (diosa del maíz), etc., así como deidades funcionales, reminiscencias de su antiguo naturalismo (dioses de las tormentas, de los terremotos, etc.).
El ritual se centraba en los sacrificios humanos, que aumentó en los últimos años del imperio. Consistía en abrir el pecho al prisionero y extraerle el corazón que, como dijimos, era dónde se alojaba el “yolía”, como centro del cuerpo, y este componente anímico era el alimento del dios Huitzilopochtle.
Ritual y Mitología se correspondían, como se ejemplifica el mito del nacimiento de Huitzilopochtli: Coatlicue, su madre era la que cuidaba el templo, y en cierta ocasión que lo aseaba encontró una pluma (¿águila, colibrí… o “paloma”?), que guardó en su vientre. Con dicha pluma, Coatlicue quedó embarazada. Su hija, la Coyoxautli, se enfadó, decepcionada y azuzó a sus 400 hermanos (las estrellas) para que matasen al niño apenas fuese parido; pero he aquí que Huitilopochtli nació con un escudo y una espada de obsidiana, con la que descuartizó a su hermana y mató a sus 400 hermanos. En el rito que lo conmemoraba, una vez sacado el corazón al esclavo, se despeñaba su cuerpo; mientras 400 guerreros daban vuelta, danzando alrededor del templo[5]. Los trozos del cadáver descuartizado, era repartido a miembros de la nobleza para ser comido; en cambio, al pueblo se les repartían panecitos en forma de colibrí (como las hostias consagradas en el ritual católico).


Habrá que añadir que el esclavo que iba a ser sacrificado, era elegido con un año de anticipación. Se le consagraba, imponiéndoles las vestiduras del dios, y se le llevaba a morar en un palacio, durante todo el año, donde era objeto de honores y de veneración. Llegado el día, subía las escalinatas deltemplo, orgulloso y agradecido por ser elegido para alimentar con su corazón al dios, y protección divina al pueblo.
[1] Las 7 estrellas de la Osa Mayor, más las 5 estrellas de la Osa menor, más el planeta Venus que fungirá como eje, suman 13. Estas dos constelaciones giran en forma de cruz, y tomando los inicios de las 4 estaciones del año, señalan la orientación, a guisa de brújula, distinguiendo cuatro ámbitos cardinales. Por tanto, multiplicando por 4, suman 52. A su vez, 52 X 4 dan 208 años, tiempo entre 1115 Aztlán y 1321 Tenochtitlán.
[2] En el Museo Regional de la ciudad de Oaxaca se exhiben fósiles de las primeras mazorcas, de no más de 10 cms. de altura
[3] SOUSTELLE, Jacques: “El Universo de los Aztecas”, F.C.E/CREA, 1980, mÉXICO
[4] LÓPEZ AUSTIN, Alfredo: “Cuerpo Humano e Ideología. Las concepciones de los Antiguos Nahuas” (dos vols.), 1984, UNAM, México
[5] En el Museo del Templo Mayor se expone una piedra redonda, con el altorrelieve de la Coyoxautli descuartizada, hallada al pie de la escalinata.
