Clase 06. Historia de las religiosidades populares en México

El cristianismo de nuestro pueblo ha sido producto de un largo proceso, en el que se han integrado elementos de la antigua religión autóctona y el catolicismo hispano del siglo XVI..

I SINCRETISMO MESOAMERICANO

Sincretismo es la formación -a partir de dos sistemas religiosos que se ponen en contacto, siendo uno de ellos el dominante- de un nuevo sistema que será producto de la interacción dialéctica de los elementos de los dos sistemas originales

De alguna manera, todas las religiones son sincréticas, siendo el cristianismo uno de los que más lo han sido.

El sincretismo religioso que emergió en la Nueva España es visto como un proceso creativo de acomodamiento, adaptación y transformación experimentado por el juego de símbolos, ideas, dogmas y creencias que ocurrió como resultado del choque violento de dos ricas tradiciones religiosas, ambas asociadas con sociedades complejas, burocratizadas y expansionistas. Al no poder, ni querer, borrar totalmente la religiosidad indígena los frailes de la Iglesia renacentista mostraron tolerancia al proceso de sincretismo, apoyándolo y guiándolo como parte de la estrategia de evangelización. Desde la perspectiva de la teología y de la práctica religiosa, especialmente a nivel popular, la Iglesia hizo concesiones. Pero a la larga esta capacidad de absorción e indulgencia salvó las mismas pretensiones católicas de la Iglesia… (Shadow 30).

  • En la nueva síntesis que resulta de cualquier proceso sincrético, los elementos de las dos religiones originales pueden tener alguno de estos resultados:
  • Persistir
  • Desaparecer
  • Sintetizarse
  • Reinterpretarse
  • Los elementos de la antigua religión, para subsistir, utilizan las siguientes estrategias:
    • a) Sincretismo de disfraz, p.ej., en el vudú caribeño, algunos “orishas” africanos (fuerzas naturales) se “disfrazaron” de santos católicos, de modo que Babalú Ayé se convirtió en San Lázaro, y Changó, en la Virgen de la Caridad. En las étnias mesoamericanas, Tlaloc, el dios de la lluvia, pudo convertirse en San Juan Bautista, San Isidro Labrador (Veracruz) o San Marcos (tlapanecos). O también, ocultan bajo las peanas de las cruces o dentro del altar mismo, el ídolo autóctono, que es a quien le oran sin que el cura lo advierta.
    • b) Sincretismo de yuxtaposición. Se da cuando el pueblo participa fervorosamente en los rituales cristianos; pero al mismo tiempo, a veces clandestinamente, recurren a sus prácticas nativas (p.ej., para pedir por las cosechas, las “rogativas” durante Témporas, y luego van a la cueva donde tienen su ídolo escondido. O en la mesa donde tienen sus santos, puede hallarse la tosca figura de San Marcos (Tlaloc).
    • c) Sincretismo de reinterpretación. Es la forma más socorrida: un significante adquiere el significado de la otra religión, lo cual puede darse en ambas direcciones:
      • El ritual autóctono es reinterpretado desde el catolicismo: p.ej., en los antiguos nahuals, cuando nacía un niño, lo llevaban al “letrado” (sacerdote autoctono), quien veía el “tonalámatl” o “Libro del Destino”, en donde estaban los glifos de cada día del mes, que muchas veces tomaba el nombre de un animal, y le decía cuál era su “tono” (alter ego animal). Esta práctica prosigue hasta nuestros días en varias partes; pero ahora se lleva el niño al Síndico (agente de la cabecera municipal encargado de cuestiones indígenas), quien consulta el Calendario de Galván, y según sea la hora en que nació el niño, le dice el nombre que le corresponde (Eustaquio, Teódulo, etc.).
      • El ritual católico es reinterpretado desde la concepción autóctona (a la inversa). Un ejemplo, los responsos, las oraciones por las almas de los difuntos, del ritual oficialmente aprobado, que la Iglesia promueve para que el alma del difunto salga pronto del purgatorio y llegue al Cielo, es utilizada por los indígenas actuales como un ritual para evitar que las almas de los difuntos vengan a molestar a los vivos. Entre los mixes, al bendecir una casa, la anciana mayor tenía una larga lista de todos los antepasados fallecidos, y el rezandero hacía sendos responsos -en latín- por cada uno de ellos (si omitiera alguno, ese vendría a molestar).
      • El signo de la Cruz: LA cruz era el instrumento de tortura usado por los romanos para disuadir las rebeliones de los pueblos conquistados. Jesús, el Hijo de Dios, fue crucificado para nuestra redención salvadora, por lo que los cristianos, desde la primitiva Iglesia (la legión tebana) lo usaron como signo identitario de la religión cristiana, por lo que ponía la cruz en algún monte o en el centro del atrio, somo signo de dominación de la cristiandad colonial. Pero ese signo de cruz ya existía en la religión mexica: el “ollin yollixtli”, símbolo de lo estable en el movimiento, que, estilizado de múltiples maneras, constituía su símbolo religioso por excelencia (J Soustelle). Se formó por observaciones astronómicas: trazando una línea desde el lugar preciso desde donde sale el sol en oriente, hasta el lugar donde se pone el sol en el solsticio de verano; y otra línea semejante; pero en el solsticio de invierno. De ahí resulta una cruz (que no es de  90°) (Alessandro Luppo). También, de otra forma también astronómica: se toma de las constelaciones de 7 estrellas de la Osa Mayor y 5 de la Osa menor, las cuales giran en torno equinoccios de las cuatro estaciones, cuyo trazo es la cruz gamada. (Elena Landa).                                                          
    • d) Sincretismo por Adición.- A un elemento profano se le añaden otros elementos “profanos” para complementarlo. Un ejemplo sería la fiesta religiosa patronal, a la que se añaden aspectos de arte, diversión, economía, integración comunitaria, etc.
    • e) Sincretismo de Síntesis– Cuando elementos de ambas religiones se funden con un significado diferente a los dos orígenes. Tenemos un excelente ejemplo en la imagen de la Virgen de Guadalupe, una imagen de la Inmaculada Concepción renacentista, a la que se añadieron elementos de la religión mexica, quizás de los jóvenes neófitos de la nobleza india formados por Fr Pedro de Gante. La iconografía muestra en el vientre fecundado de la Virgen, el símbolo del Ollin. En el velo que cubre el vestido, están los glifos toponímicos: “tepetl”=cerro, y “yacatl”= nariz, punta: el cerro de Tepeyac, donde se rendía culto a la diosa Tonanzin (Coatlicue). El moño negro era propio de las mujeres embarazadas. La aparición sucedió en 1531 y 208 años antes (12x4x4), la fundación de Tenochtitlan, y 208 años atrás, la salida de los aztecas del mítico Aztlán: una fecha mágica en el calendario.

II GENEALOGÍA DEL SINCRETISMO MESOAMERICANO

De una u otra forma, todas las religiosidades populares de Latinoamérica son producto sincrético de dos tradiciones, las religiones nativas de este continente y el catolicismo español del siglo XVI.

La religión de los aztecas de Tenochtitlán

  • Vamos a reducirnos a la realidad religiosa de la región dominada por los mexicas, ya establecidos en Tenochtitlán. Llegaron del mítico Aztlán, tierra de los aztecas, ubicada probablemente en Hidalgo, llegados de Nayarit. En una peregrinación de más de 200 años, por los Estados de Hidalgo, México y CDMX, antes de establecerse en el lago.
  • Siendo nómadas los mexicas, se guiaban por los astros, por lo que sus principales dioses eran Huitzilopochtli -dios del Día, cuyo tótem era el águila (y el colibrí)- y Tezcatlipoca, dios de la noche y de los brujos, cuyo tótem era el jaguar.
  • En su estancia en Tula o cercanías, entraron en contacto con los Olmecas, la civilización más antigua de América (data de hace unos 3,000 años) y la más civilizada. La religión azteca se sincretizó con la de ellos. Los principales dioses olmecas eran Quetzalcóatl, “serpiente emplumada”, dios de la cultura. Existió realmente, siendo un rey sabio y prudente de Tepoztlán; pero fue expulsado por los brujos y exiliado en Yucatán, donde fue conocido como Ku-kux-klan. Su otro dios era Tlaloc, cuyo totem era la serpiente de agua, dios de la lluvia, el agua y la fertilidad.
  • El la síntesis sincrética de ambas religiones, los cuatro dioses se repartieron los cuatro puntos cardinales y sus respectivos paraísos y colores. Para facilitar la síntesis sincrética, se formaron otras dos nuevas parejas, emparentando Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, a través del mito, y Huitzilopochtli y Tlaloc, a través del rito. El mito versaba sobre la creación del hombre. Para ello, era preciso que un dios se inmolara en el fuego. El candidato principal era el príncipe Tezcatlipoca, alto, gallardo y lujosamente vestido. El otro era Quetzalcóatl, juboso y jorobado. Pero cuando la hoguera ya estaba preparada, Tezcatlipoca tuvo miedo y no se arrojó, y entonces Quetzalcóatl lo hizo, y le lanzo un conejo a la cara de Tezcatlipoca (razón por la cual se ve en la luna un conejo).
  • Sobre el Templo Mayor de Tenochtitlan se encontraban dos nichos, uno dedicado a Huitzilopochtli y otro a Tlaloc, uniéndose así ritualmente sendos dioses azteca y Olmeca. El rito sacrificial en la fiesta de Huitzilopochtli, se sacrificaba un esclavo, a quién un año antes se le había entronizado y vestido como el dios, y venerado como tal, sacándole el corazón. Subía altivo y valiente, consciente que su corazón alimentaba a la deidad. El mito dice que su madre, la Coatlicue, barriendo el templo se encontró una pluma de águila y la puso en su vientre, con lo que quedó embarazada. A Coyoxautli, la hija de Coatlicue, no le agradó ese embarazo y convenció a sus 400 hermanos (las estrellas) a que matarán al niño al nacer; pero Huitzilopochtli nació con un mazo con piedras afiladas de obsidiana y un escudo, con lo que mató a sus hermanos. En el rito memorial, mientras se llevaba a cabo el sacrificio, 400 guerreros danzaban alrededor del templo.

El catolicismo español del siglo XVI

  • Toda religión es sincrética, y el cristianismo, es una de las religiones que más lo han sido. El Papa Gregorio Magno mismo, hablando de la evangelización de los anglosajones, aconsejaba: “No olvidéis nunca que no debéis estorbar ninguna creencia tradicional que pueda armonizarse con el cristianismo”. El catolicismo mismo que nos llegó fue producto de influencias ajenas: el culto a las reliquias y santos de las iglesias ortodoxas de Bizancio, los flagelantes y penitencias públicas de los monjes itinerantes irlandeses, amuletos y talimanes moriscos y judíos, minorías recién expulsadas de España, peregrinaciones y romerías de los monjes cluniacenses (camino de Santiago), recuperación de fiestas y ceremonias de los antiguos romanos (las “Saturnalia” el 25 de diciembre, fiesta del “Sol Invictus”), la iconografía del Diablo procedente del dios cornudo Cernnunus de los Celtas, etc.
Ortodoxos bizantinos
Monjes irlandeses
Monjes Cluny
Mozárabes judios
Fiestas romanas
Cernunnus celtas
Amuletos árabes
  • En lo político, el Imperio Carolingio originado desde el siglo IX, con la dinastía de los Habsburgo, en el siglo XVI, se amplió hacia España, Nápoles, Austria, Polonia. Con los Reyes Católicos -el Matrimonio de Isabel de Catilla y Fernando de Aragón, había dado a la nueva unidad de España gran poderío. La península Ibérica, ante el bloqueo de los árabes y la heterodoxa Reforma europea, estaba obligada a encontrar nuevas rutas para adquirir las demandadas especias de la India (canela y pimienta). Por tanto, se impulsaba la navegación y los descubrimientos. Fue así que Cristóbal Coló, convencido que la tierra era redonda. Y que, por tanto, se podría llegar a la India dándole la vuelta al mundo (que se creía mucho más pequeño), descubrió este continente, creyendo haber llegado a la India, el 12 de octubre de 1492.
  • Rasgos del catolicismo español.- La herejía protestante había dividido la Cristiandad y se difundía con rapidez. El Papa vio en los Reyes Católicos, aliados para la defensa de la Iglesia. En este mismo año de la llegada de los europeos, España había vencido al Islam, y después de ocho siglos de dominación, fueron expulsados. Del mismo modo, se expulsaron a los “judaizantes” (judíos supuestamente convertidos al cristianismo, pero que en la clandestinidad seguían creyendo y practicando su religión judía). La Inquisición, con Torquemada, perseguía a los luteranos, desterrándolos de los territorios españoles o torturándolos. Es decir, el tipo de catolicismo de la España de entonces era integrista, baluarte de la ortodoxia y cerrado en sí mismo. El Concilio de Trento (1545- 1563) significaba la Contrarreforma, enfatizando los símbolos de los dogmas negados por la Reforma (la Virgen María, el Papa y el culto eucarístico). Pero al mismo tiempo, fue el “Siglo de Oro español” con figuras relevantes como Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola y grandes literatos y pintores (Lope de Vega, Francisco Quevedo, Murillo, Velázquez, etc. 

ENCUENTRO DE DOS MUNDOS

El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón piso la tierra de este continente, que después el cartógrafo Américo Vespucio le llamó “América”. Quinientos años después, España quiso hacer una celebración festiva; pero encontró que en Latinoamérica las cosas se veían de otro modo. Visto desde aquí, los nativos no fueron “descubiertos”, sino más bien ellos fueron invadidos por quienes, con superioridad de armamentos, los conquistados. Las discusiones entre ambas visiones llegaron a un acuerdo de llamar al evento “Encuentro de Dos Mundos”; aunque más bien haya sido un encontronazo. Visto desde los aztecas, que era la etnia dominante y dominadora, se trató del inicio de una conquista, la cual fue armada, espiritual y cultural a la vez.

La conquista armada se logró por dos causas: una superioridad de armamento: Los conquistadores tenían recursos ignorados en estas tierras: el acero de las espadas y las armaduras, que blindaban a las armas rústicas de mazos con piedras de obsidiana afiladas y escudos de piel; la pólvora, con lo que se atacaba a distancia, a penas comparada a las piedras lanzadas con ondas o resorteras. Balas de rifles y bolas de cañones tronaron de mortandad el ambiente; perros y mastines bravos y los caballos, bestias desconocidas (al principio se pensó que los conquistadores eran seres mitológicos, llegados desde las nubes en caravelas asemejadas a monstruos marinos. Pero también, los invasores supieron aprovechar el descontento de los grupos de nativos agobiados con los fuertes tributos de los aztecas, y quienes fueron reamente quienes llevaron a cabo la Conquista.-

Las epidemias, de enfermedades desconocidas (viruela, sífilis y la peste negra), para las cuales los indios no tenían anticuerpos, diezmaron la población autóctona: de los 16 millones que se calculan los habitantes de la Nueva España, en una década se habían reducido a millón y medio.

Los trabajos forzados para los cuales el cuerpo del indio no podía resistir, esclavizados en las minas y obrajes (hasta que no importaron esclavos negros, que los esclavistas de Europa “cazaban” con sus redes en África, arrancados de su tierra y de su familia), provocaron esta crisis demográfica.

La conquista espiritual fue, si cabe, más dolorosa, pues ahora se robaban el alma nativa, Se impuso con la fuerza un nuevo modo de ver el mundo, destruyendo la lengua, la religión, la ciencia y toda una gran civilización, muy desarrollada, estuvo desde entonces, en una lamentable destrucción. A penas terminada la guerra de conquista, Hernán Cortez pidió a la Corona que enviase misioneros, entre más sabios y santos mejor, para apaciguar, y dominar mejor a los vencidos, pues sólo así podían los vencedores recabar cierta legitimidad. Fue así como llegaron de la Península los primeros Doce franciscanos.

Estos fueron personas extraordinarias, ilustrados y entregados. Eran seguidores de Erasmo de Roterdam y participaban en la utopía de Joaquín de Fiore, quien auguraba que en América se gestaba la “Primavera de la Iglesia”, pues se trataba nada menos que de la Tercera Edad en la revelación cristiana -la Primera, había sido la Edad del Padre, en el Antiguo Testamento, la creación fundamental. La segunda Era, fue la del Hijo, en su encarnación en el siglo I de nuestra historia y nuestra redención. La tercera Era, la actual, correspondería a la del Espíritu Santo, el tiempo de la santidad. En efecto, para muchos religiosos misioneros, veían a los indios nativos, muy dispuestos, humildes, sabios y santos. Pareciera que no les había alcanzado el pecado original. Era como si el Espíritu hubiese reservado en esta tierra los renovadore de la Iglesia, que gracias a la Evangelización de estos misioneros, cumpliría tareas históricas. Claro que esta visión idílica no era compartida por la mayoría de los españoles. Abundan textos contradictorios, pues algunos se pronunciaban por esta imagen idealizada de los indios; mientras que para otros, eran esclavos de satanás, con sus idolatrías, sacrificios humanos, rituales de antropofagia, sensuales y belicosos.

La Corona española de los Habsburgos, eran católicos devotos y se guiaban por las orientaciones del Papa y por los informes de aquellos doce Apóstoles; en las discusiones teológicas, frailes dominicos prudentes negaban la legitimidad de la Conquista, sólo, quizás, aceptable por fines de evangelización y salvación de las almas indias. Para tutelar la cultura e integridad de los indios y para no contaminare con los malos ejemplos de los encomenderos, se dividió la residencia, entre República de Indios y República de Españoles, con leyes diversas aplicados a cada raza. Los pueblos indios pagaban directamente su tributo a la Corona en especie, a diferencia de los españoles, quienes tenían que hacerlo en metálico o en grana cochinilla.

También los Reyes se oponían a una evangelización coercitiva, pues la conversión debía ser voluntaria. En efecto, para ello, los Doce convocaron a las autoridades a coloquios sobre la conversión, los cuales invitaron después a los sacerdotes y letrados aztecas. Se trataba del primer Diálogo entre Religiones, conducido con mucho respeto por ambas partes, y con confianza y sinceridad. Los misioneros intentaron persuadirlos que el Papa (no sabían que autoridad tenía ni de dónde) había repartido el mundo y les daba autoridad a los españoles para que gobernaran esta tierra e implantaran su religión. Las autoridades civiles y religiosas, con interés y respeto, escucharon con atención; pero luego respondieron que no era justo ni prudente abandonar unos dioses y una fe que les había dado protección y seguridad, y que seguramente no agradaría a sus antepasados dicha ingratitud, por lo que, con todo respeto, declinaron la conversón. Este diálogo entre religiones fue continuado, nada menos que por la Virgen de Guadalupe, en su imagen y en la narración del Nican Mopohua, con elementos cristianos y autóctonos.

Con todo, el proceso de evangelización se echó a andar, si bien, respetando las disposiciones de la Corona (“obedézcase; pero no se cumpla”). Se les leía un requerimiento, en latín, y aquellos indios que rehusasen la conversión, no podían vivir en los nuevos pueblos de cristianos, por lo que tenían que refugiarse en el bosque, con lo que fueron sufriendo una degradación sicológica (“se convirtieron en monos”, o en la forma legendaria del “Salvaje”, del que algunos viajeros decían haber visto).

III CARACTERÍSTICAS DE LA PRIMERA EVANGELIZACIÓN

  • Se realizó desde el poder de los conquistadores: El Real Patronato, es decir, el concordato de la Santa Sede con la Corona Española, el Papa encargaba a los Reyes Católicos la vigilancia respecto a las herejías, el paganismo y la apostasía (judaizantes o neoconversos); también la reforma del clero mundano y sus costumbres; se encargaban de la evangelización de nuevas tierras, del envío de misioneros, del mantenimiento de templos y monasterios yd el cobro y administración el diezmo. En cambio, los Reyes tenían “derecho de presentación” de los candidatos a obispados, entre una terna que enviaban a la Santa Sede. La Iglesia, también debía apoyar y legitimar las disposiciones virreinales del Gobierno de la Nueva España, lo que incluía la explotación de nativos para los obrajes de los colonos. Un ejemplo ilustrativo de esta situación fue el arzobispo de Puebla, D Juan de Palafox y Mendoza, quien fungió al mismo tiempo como arzobispo y como virrey. La Iglesia se sentía atada y los teólogos y por otro lado, los juristas regalistas protestaban contra la injerencia del Papa en asuntos de Estado.
  • Precipitada y masiva: Entre 1524 y 1531, se bautizaron 1,200,000 indios (cada fraile, a unos 3,000); Motolinía calculaba que cada fraile habría bautizado unos 100,000 indios. Para 1537 se habrían bautizado unos 5 millones de nativos. Obviamente, tales bautizos se realizaban por aspersión desde el campanario, simplificando ritos y sin preparación previa.
  • Coactiva: Aunque se les leía un “requerimiento” (en latín, que no entendían), rehusar la conversión tenía implicaciones (el destierro de la comunidad, “ostracismo”). Ej.: Fr. Domingo de Grijelvo, auxiliado del brazo secular, amenazando a 15 indios de quemarlos si no se convertían, los ató a sendos palos y puso leña. Los indios se mofaban, pues sabían que por ley eso no era permitido; pero accidentalmente (el viento cambió de dirección) se prendió fuego. Mientras el fraile invocaba a Dios. Se creyó que había hecho bajar fuego del Cielo.
  • Creativa: En los inicios, se permitió gran creatividad a los misioneros. Implementaron una catequesis táctil y sincrética, aprovechando la cultura (las “posadas” traídas de Andalucía, el dibujo, dibujo, las pastorelas, etc.)
  • Desculturalizadora:  Si bien, la fe debe “inculturarse” en las culturas, también, a veces, es necesario ser crítica de las culturas, p.ej., los sacrificios humanos. Pero también se perdieron muchas formas culturales religiosas que podrían haberse permitido (la religiosidad popular resistió más que los grandes cultos oficiales, como esos idolitos entre la milpa o en altares domésticos).
  • Itinerante: Los misioneros recorrían los poblados. Existían circuitos atendidos por un convento, del que salían dos parejas de frailes, en direcciones opuestas, para visitar comunidades distanciadas una de otra a una jornada de camino. En cada localidad se quedaban para atención espiritual (catequesis, celebrar una fiesta religiosa, etc), y recorrían el círculo para regresar al convento. Allí descansaban y salían otras dos parejas. También había una ruta de Oaxaca a la Ciudad de México, con conventos a una jornada de camino.
  • Celosa y compasiva: Muchos frailes fueron defensores de los derechos humanos de los indios, y los defendían ante los encomenderos. Les impactaba a los indios cómo esos patrones tan crueles y déspotas se arrodillaban y acataban a frailes andrajosos.
  • Humanista: Del diálogo entre los frailes ilustrados y los jóvenes indios educador en Tlaltelolco, salieron las primeras descripciones etnocientíficas (etnobotánica, crónicas) y lingüísticas, exigidas por la Corona de los Borbones, lo cual posibilitó el desarrollo científico en Europa.
  • Educativa: Los misioneros implementaron ingeniosos métodos pedagógicos, para formar a los indios, en especial en colegios para la joven nobleza, por r Pedro de Gante.
  • Desarrollista: juntamente con los nuevos obrajes de los Colonos, los frailes compartieron innovaciones tecnológicas y elementos artesanales europeos en los pueblos indios.

Los Mártires de Cajonos

Un ejemplo de esta situación, lo tenemos en el caso de “los mártires de Cajonos”: La tarde del 14 de septiembre de 1700, en San Francisco Cajonos, el párroco dominico recibe la delación de los dos fiscales -Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles-, de que al día siguiente, el pueblo iba a idolatrar. Para que el fraile se cerciorara, lo suben al campanario y desde ahí ven que en la casa vecina están desplumando unos guajolotes para una comida (luego dirán que era para una mayordomía). El párroco, alarmado, escribe sendas cartas, a su Provincial y a la parroquia vecina de Villa Alta, donde había una guarnición. Retiene a dos viajeros que iban de paso y llama a los dos oficiales del municipio. Por la tarde, ven al presidente municipal entrar a la casa, con una capita especial.

Al anochecer el grupo de los españoles, los dos frailes y los dos fiscales, descubren al pueblo “in fraganti”, con una venada sacrificada. Secuestran la ofrenda y les asestan algunos golpes a los presentes. El atrio se va llenando de gente de ese pueblo y de otros comarcanos. Un tamborcito repiquetea invitado a la rebelión. El cura sale al balcón para calmarlos, con un estandarte de la Virgen y alguien grita que la quiten a esa imagen. El aguardiente ha circulado y la gente lleva la cara pintada para no ser reconocidos. El pueblo ha abierto el almacén donde tenían la ofrenda, y algunos ya habían podido subir al techo y estaban quitando las tejas. Entonces, el presidente municipal, con miedo, sale al balcón y les dice que les entregarán a los delatores a condición que les aseguren que no les harán nada. Los fiscales piden confesión y comunión y son entregados, con lo que la revuelta se disuelve.

Al día siguiente llega la guarnición de Villa Alta, y delante de ellos, la gente quema las casas de los fiscales. Días más tarde, encuentra sus restos con signos de linchamiento. En escarmiento, arrestan a las autoridades de los 15 pueblos rebeldes, los decapitan y cuelgan sus cabezas en postes para que las devórenlas aves de rapiña.

Estos son los “Mártires de Cajonos”, beatificados por el Papa Juan Pablo II, en la Basílica de Guadalupe, el 1 de agosto 2002; aunque el acto fue antecedido por un debate en que se renunciaron en contra del proceso historiadores, maestros del pueblo, y en favor, un sacerdote oriundo del pueblo y las autoridades del mismo.

Grandes Figuras de los Evangelizadores:

  Entre los frailes que llevaron a cabo la primera evangelización, destacan grandes figuras, como: Fr. Bernardino de Sahagún, padre de la Antropología en México, por sus descripciones de la cultura mexica; Fr. Toribio de Benavente, conocido como “Motolinía” (el “pobre”), por su testimonio, que viajaba descalzo: Fr. Pedro de Gante, célebre educador del Colegio de Tlaltelolco, para jóvenes de la nobleza india; Vazco de Quiroga, el “Tata” Vazco, desarrollista, que especializó a los pueblos purépechas en talleres de artesanías, y Fray Bartolomé de las Casas, arzobispo de Chiapas (que comprendía Guatemala), quien fue incansable defensor de los derechos humanos de los indios, y que, con fr. Francisco de Victoria, tuvieron la célebre discusión contra Antonio de Sepúlveda, sobre la legitimidad o deslegitimación de la conquista.

  • Creatividad evangelizadora (1522-1550). Este período se destaca por la gran creatividad y libertad de los misioneros, para aprovechar elementos culturales y religiosos tradicionales, para una adaptación de la Fe, desde su propia cultura.
  • La etapa normatizadora (1550-1585)- Concilio de Trento y los concilios mexicanos. A dicho Concilio no asistió ningún obispo novhispano. Por tanto, si bien las disposiciones disciplinares respondían a las necesidades europeas, para América resultaron, en la práctica, restrictivas: por ejemplo, la prohibición de bailar en los templos (los canónigos rusos bailaban en la noche de Pascua rusa), la prohibición de las danzas quitó una magnífica oportunidad de incorporar danzas de indios en la liturgia). Se obligaba a los párrocos a ser “residentes” para la atención de los fieles (había párrocos que tenían el “beneficio” de la parroquia y casi no iban a ella, dejando que el vicario hiciera esas tareas), hizo que se terminara esa pastoral “itinerante”, cuando los frailes visitaban todas las comunidades, y ahora, eran los nativos que tenían que trasladarse a la sede parroquial para atender sus trámites. En la Nueva España, se suponía que ya todos los nativos estaban bautizados, que ya eran, pues, cristianos, y entonces, lo que hacía falta era prohibir la “apostasía”, de donde las “campañas antiidolátricas”, como vimos en el pueblo de Cajonos.
  •  Período de síntesis creativa (1585- 1650). Ya para este tiempo, los letrados nativos veían que ya la situación era irreversible. Que ya no era posible a volver a la antigua religión como antes. Necesitaban una síntesis, para que desde un cristianismo impuesto y a media comprensión, pudieran conservarse algunas de sus creencias y rituales. Fue el momento sincrético, con las manifestaciones ya vistas. Se requería de una estrategia de simulación. (El dios 13:No pararía inadvertido ponerle a una imagen 13 velas; pero encontraron la forma. Ponían sendas velas a 13 santos). Recurrir a veces al disfraz (esconder ídolos en las peanas de las cruces o en los altares mismos), aprovechar el consultorio del curandero para las consignas y prácticas antiguas, el sincretismo de yuxtaposición o de reinterpretaciones. Algunas de estas formas de síntesis fueron bastante bien logradas (el fenómeno guadalupano) y otras que requerían de astucia o de clandestinidad.
  • La secularización de las misiones (1650-1770). Una medida disciplinaria que afectó mucho, fue la recomendación conciliar de Trento, de formar un clero autóctono. Los impulsos independentistas de los clérigos criollos exigían relevo del personal en el campo. Se decidió “secularizar” las parroquias, es decir, la creación de un clero diocesano, que habría de ser criollo, mestizo o mulato. Este nuevo clero ya no tenía aquel impulso evangelizador de los frailes peninsulares, pues eran más comodinos. Incluso las imágenes de santos religiosos, fueron sustituidas vistiéndolos, a los mismos santos, de traje talar diocesano (sotana y cuellecillo). Los frailes conventuales (franciscanos, dominicos, agustinos y posteriormente, los jesuitas) tuvieron que dejar las parroquias para recluirse -y aglomerarse- en los conventos de las ciudades (Santo Domingo, en Oaxaca, tenía 150 frailes). ¿Y qué hacía tanto fraile en esos conventos? Pues, además de participar en las procesiones, se dedicaban a leer libros liberales prohibidos (entraban de contrabando como oleo para consagrar, organizado por el inquisidor mismo) y conjuraban para implementar el liberalismo y, quizás, la Independencia. Los pueblos originarios fueron desatendidos (algunos pasaron 40 años sin ver a ningún sacerdote), lo que permitió que la religión antigua pudiera manifestarse más.
  • Indigenismo criollo (1770-1824) Los criollos, descendientes de los primeros colonos; los que habían llevado a cabo las conquista y la colonización y organizado los obrajes, ya pugnaban por mayor autonomía. La Metrópoli, recelosa de posibles inquietudes independentista, no les daban ningún cargo de importancia, que los ocupaban los peninsulares (gachupines) recién llegados. Esto exacerbaba más los ánimos y aspiraban a la autonomía. Para ello, fue necesario forjar una nueva identidad, un nacionalismo criollo. Algunos jesuitas ilustrados que habían sido expulsados (Alegre, Clavijero), desde el exilio, exaltaban la tierra de este México, vituperada por los prejuicios, incluso por los científicos (Buffon, Hegel), y para ello, se volvieron a los indios -a los indios muertos, pues a los indios vivos seguían explotándolos- y los elevaron a nivel de los personajes clásicos (Cuauhtemoc, Moctezuma, Tezozomoc), y tomaron a la Virgen de Guadalupe para hacerse de su nueva identidad (“non fecit aliter omni natione”)
  • La reforma liberal (1824- 1910). Finalmente, la Independencia, tan temida por los españoles, llegó. En los “Sentimientos de la Nación”, Morelos abolió el régimen de castas, dando los mismos derechos a los indios y a los criollos. En la realidad, la igualdad entre desiguales se vuelve mayor injusticia, y los “indígenas”[1] y entre las luchas entre conservadores y liberales. Los gobiernos liberales fueron ciegos hacia los indígenas y simplemente, los utilizaron. Benito Juárez, al desamortizar los bienes del clero, también expropió las tierras de las “Cofradías”, las cuales no eran del clero, sino del pueblo, pues era un “tesoro” del Santo Patrono, que el mayordomo en turno simplemente administraba, y era su orgullo entregarlo incrementado. Muchas tierras comunales fueron afectadas durante el Porfiriato y entregadas a las haciendas, en las cuales los indígenas se convirtieron en peones, y las fiestas religiosas perdieron esplendor. La Iglesia, preocupada por defender sus bienes, se olvidó de la pastoral rural, y su religiosidad se degradó.
  • El moderno indigenismo (1910-1950). Con la Revolución Mexicana, los gobiernos revolucionarios se preocuparon de la suerte de los empobrecidos -campesinos y obreros-, y la educación trató de llegar a los lugares más apartados, que coincidían con los de los indígenas. Los “maestros rurales” eran jóvenes idealistas, sin mucha preparación; pero que se aventuraban por aquellos parajes para llevar a aquellas comunidades los logros de la Revolución. La ideología hegemónica era el ateísmo anarquista, que veía la religión como un impedimento para el progreso, y él sincretismo indígena fue considerado como superstición y fue tratado de eliminarse. Se prohibieron todas las manifestaciones fuera de los templos y se perseguía a los sacerdotes no autorizados. La identidad indígena, compuesta en mucho por elementos religiosos, se debilitó, lo que favorecía su explotación.
  • El desarrollismo en las comunidades indígenas (1950-1965). En los tiempos modernos se abrió camino la conciencia de un “retraso” social (subdesarrollo), que podría ser superado mediante programas de desarrollo. Se invirtieron fondos para ello y se implementaron políticas económicas “desarrollistas”, que a la postre no dieron resultado. En la Iglesia se impulsó el Catolicismo Social, con proyectos desarrollistas, como Semanas Sociales, Cajas de Ahorro, cooperativas, etc. Sin embargo, una nueva generación de sociólogos latinoamericanos -los “Teóricos de la Dependencia”- probaron que más que retraso, lo que se constataba era una situación de dependencia, respecto a la explotación extranjera. Por lo tanto, más que la “Ayuda para el Progreso”, lo que se requería era la Liberación Nacional, siguiendo el ejemplo de Cuba.
  • La crisis y sus repercusiones (1965- 1979). La crisis en el campo provocó migraciones hacia las ciudades; pero nacía un nuevo impulso libertario, del que la Iglesia misma compartió en algunos sectores, la “Teología de la Liberación”. La Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín, Colombia (1968) y la de Puebla (1979) impulsaba a los cuadros de religiosos y religiosas de desplazar parte de su personal a las periferias urbanas y al campo, que estaban muy abandonados. Nuevos agentes religiosos bien preparados tuvieron experiencias de inserción y se esforzaron en comprender la cultura de la pobreza.
  • Pastoral liberacionista (1968-1990). Lo anterior dio lugar a experiencias pastorales de “inculturación” y la renovación de la pastoral social desde la línea de un cambio sociopolítico, que permitió que se generara un espíritu de creatividad y organización popular autónoma.
  • Neoconservadurismo (1990-2014). Lamentablemente, este nuevo espíritu fue sofocado por influencia de la Nueva Derecha norteamericana y el anticomunismo, remanente de la “guerra fría”, por miedo a que esta toma de conciencia se saliera de los causes e impulsara la necesaria liberación económica, pudieron obstaculizar la nueva teología. Ahora volvía a impulsarse la religiosidad popular; pero con fines de recuperar la hegemonía religiosa, ya cuestionada por la penetración de las iglesias evangélicas. SE trataba de permitir sus expresiones, sin reprimirlas; pero al mismo tiempo, evangelizándolas con “sano” adoctrinamiento, hasta la llegada del Papa Francisco.

[1] “Indígenas”, nuevo nombre dado a los indios por Pimentel. Ya no había castas, todos eran legalmente iguales; pero en justicia, había que darles cierto trato especial. Se les daba, no por ser “indios”, sino por ser “indigentes” (indigio= necesitar, necesitados).

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