Origen del ser humano
Versión maya- (Popol-Vuh)
- Tepeu y Gucumatz –los dioses progenitores– crearon primero a los animales; pero estos no hablaban y, por tanto, no pudieron alabar a los dioses.
- Luego crearon a los hombres de barro; pero no se sostenían
- Luego los crearon de madera; pero no tenían memoria
- Por fin los crearon de maíz mezclada con sangre de esos dioses (venimos del maíz)
Versión azteca
- Para la creación del ser humano, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca trajeron a la diosa Tlatecuhtli, llena de ojos y de bocas por todas partes, y la partieron en dos. Así fue como se crearon la tierra y el cielo.
- Entonces todos los dioses encendieron una fogata. Algún dios tenía que sacrificarse, para que de su sangre surgiera el ser humano
- Tezcatlipoca (apuesto, elegante alto) era el favorito: pero también se apuntó como candidato Quetzalcóatl, un dios jorobado y llagado. Pero llegado el momento del sacrificio, Tezcatlipoca retrocedió por miedo, de mod que fue Quetzalcóatl quien se lanzó al fuego.
- Otro mito dice que los aztecas surgieron de un árbol, en la cueva de Temoachán, en Aztlán.
Versión mixteca
- Según el mito mixteco, sus antepasados, cuatro seres salieron de un gran árbol que se encuentra en Apoala (otros dicen que un semidiós horadó ese árbol y copuló con él).
- Leyenda del flechador del cielo- Relata un antiguo mito mixteco, que uno de los hijos del Gran Árbol de Apoala fue “El Flechador del Sol”: un humano gran flechador, quien al emerger, vio al Sol (Ndicanhndíi) y pensó que era el Señor del lugar, por lo que pensó matarlo en un combate, y al atardecer, cuando el horizonte se colorea de carmesí por el poniente, pensó que, finalmente, lo había herido de muerte, con alguna de sus flechas, y así ganó para su descendencia el derecho a gobernar en Nuu Tnoo Huahi Andehui (Tilantongo). Obviamente sus flechas no llegaron al Sol; pero él se convirtió en el mejor flechador del mundo, y no fallaba nunca, ni aunque quisiera fallar. Los otros hijos del árbol ocuparon los otros rumbos de la Mixteca.
Componentes anímicos[1]
La antigua antropología mítico-filosófica mesoamericana distinguía tres entidades anímicas, más o menos distintas, las cuales, aun estando distribuidas por todo el cuerpo, se concentran en ciertos centros anímicos: el “tonalli” en la mollera, el “yolía” en el corazón y el “ihíyotl”, en el hígado.
El imprescindible artículo de López Austin se ha enriquecido con varios trabajos de campo en distintos lugares, los cuales comprueban que dicha filosofía mítico filosófica sobrevive en la actualidad entre los pueblos originarios, sobre todo, entre los agentes dedicados a la salud. Sin embargo, dadas las dificultades de comunicación, la dispersión de los poblados y las formas sincréticas y de aculturación que ha implicado la colonización y modernización a la que han sido sometidos dichos pueblos, se encuentran confusiones, diversificaciones y variantes, no sólo entre estados y regiones, sino incluso entre informantes del mismo poblado. Incluso, al ser traducidos estos conceptos, del nahua al castellano de las comunidades de los pueblos originales (el “ihíyotl” se ha traducido como “sombra”, “espírito” (sic), “alma”, “ánima”). En concreto, me valgo del magnífico trabajo de campo de Alessandro Luppo / Italo Signorini, entre los nahuas de Cuetzalan (Sierra Norte de Puebla) (AL);[2] el de Mario Ortega entre los nahuas de Tzapotitlán (cuenca de México) (MO)[3] y mi propio trabajo de campo en todo el Estado de Oaxaca (EM).[4]
a) Yolía
Es el alma,el corazón, la vida.[5] (Su nombre se deriva del “ollin”, centro y movimiento del viviente; “yolotl” = corazón, “yol”= vida).Es Inseparable del cuerpo, hasta la muerte (desde ese momento adquiere la categoría de “ánima” y “ancestro”). Es don divino, vitalidad, conocimiento, volición, afectividad, memoria. Los males del corazón (afección cardiaca por hechizo, o mala conducta) le afectan y provocan estupidez o epilepsia. Acompaña siempre al ser humano, hasta cuatro días después de muerto (hoy, el novenario), cuando inicia su viaje de ultratumba a su paraíso correspondiente (EM).
Como el concepto de “alma” cristiano, se infunde en el seno materno. Tiene que ver con la inteligencia y la emoción. Se concentra sobre todo en el corazón. Informa el cuerpo. Desde antes del nacimiento; como una suerte de predestinación, depende del “destino”, su signo, por ejemplo, en la forma de morir. Se simboliza por la vela encendida (que puede ser apagada por un soplo y no dejarse consumir totalmente).
Un accidente o muerte prematura, fuera de la voluntad divina, impide al Yolo que alcance su destino ultraterrenal, y queda vagando por la tierra, como “ánima”. Pueden meterse en un niño recién nacido. En este caso, parece como si coexistieran dos almas en un mismo cuerpo, y es motivo de enfermedad (a no ser que entre antes de que se infunda el alma en el niño, y entonces sería reencarnación). También durante un espanto, al salir el espíritu, puede entrar el Yolo vagabundo; pero ocasiona enfermedad y muerte (AL).
Otro motivo para que el Yolo no llegue a su destino, es tener cosas pendientes, por motivos religiosos (cumplir una misa o mayordomía) o terrenal (herencia no repartida, tesoro enterrado). En ese caso, busca quien se responsabilice, recompensándolo. El incesto provoca reencarnaciones (AL).
El Yolo se queda en la vivienda durante el novenario, hasta que se lleva la cruz al panteón. Entonces emprende su viaje hasta Mictlán, reino de los muertos, que puede ser “infierno”, o bien, a la Gloria. Después de siete años, se les concede regresar el Día de Muertos, a veces en forma de mariposa o ave (AL).
b) Tonalli
Se ubica en la parte superior de la cabeza. Elemento celeste, luminoso y solar (cosmos), da fuerza y calor.
De este depende el valor y el temperamento de la persona o sus cualidades. Dependiendo del día en que nace, según el libro del Tonalamatl, recibe su nombre, se fija su destino. El dios Ometeotl lo insuflaba en el feto. En el sincretismo de reinterpretación religiosa, se ha sustituido aquel libro del por el Calendario de Galván. El nombre del niño corresponde al día y hora en que nació. (EM)
Puede abandonar el cuerpo de la persona, voluntaria o involuntariamente. Lo hace durante el sueño, con los hongos o en el coito; pero también por brujería o por espanto. En ese caso, hay que llamarlo por medio de ciertas prácticas terapéuticas (tales como ver el reflejo en el agua de una jofaina, o invocarlo desde dentro de un jarro). De lo contrario, si se deja pasar mucho tiempo, la persona muere. Para recuperar el “tono” perdido, es preciso llamar a la persona por su nombre propio (el del bautismo). Por esto, no parece conveniente que dicho nombre bautismal se conozca fuera del círculo familiar, pues podría ser utilizado por los brujos para hacerle daño, por lo cual, además de su nombre propio, a los niños les pone otro nombre, por el que será conocido en el pueblo (incluso un tercer nombre que se da a los fuereños). Después de la muerte, se cortaban cabellos del difunto o cenizas, con la creencia que allí se concentraban parte del tonalli (fuerza), que podría pasar a los descendientes.
En algunas partes de Oaxaca (v.gr., en la Costa), se relaciona con el “tona” (o “tono”), el “alter ego animal; en todos los humanos, al nacer, nace al mismo tiempo un animal, con quien se comparte este elemento. Los poderes mágicos del animal, que daban nombre al día del nacimiento, podrían ser conferidos a la persona, o bien, la facultad de convertirse en ese animal. Parece que este concepto es más tardío, por influencia de Centroamérica o, según Aguirre Beltrán, de África. Se puede conocer cuál es el “tono” del bebé, pues se supone que, al nacer, llega su “tono” a conocerlo. Por eso, algunos ponen una capa de ceniza alrededor de su cuna para detectar sus huellas, o lo dejan en algún cruce de caminos para que el animal lo olfatee (el padrino se esconde para estar al pendiente) (EM).
En la Sierra de Puebla, es el componente anímico que más ha variado. En lugar de estar ligado al destino del individuo, es capaz de abandonar el cuerpo ante emociones intensas. Aunque allá no existe el término “tono”, sí parece que existe este componente anímico con la palabra “ecahuil” o “sombra”, probablemente de origen meridional. El humano y el animal comparten su coesencia indisoluble mientras ambos vivan. Remedio a la carencia de energía vital; liga más fuerte con la naturaleza. Puede separarse del cuerpo, durante el sueño. Tiene su sede en el hombre; pero su fuerza deriva del tonal. Transmite a la persona las características de su doble animal. Su separación del cuerpo (susto) debilita a la persona y la lleva a la muerte. La persona comparte los rasgos de carácter de su alter ego animal (quien tiene tono jaguar es agresivo y malvado, etc.). El polo fuerte es el del animal. El “ecahuil” está en el hombre, pero es influido por el animal. Lo que le sucede a uno, repercute en el otro (AL).
La sede del “tonalli” es todo el cuerpo; pero principalmente en la cabeza. Por eso, cuando por algún susto esta entidad sale del cuerpo, hay “vacío de cabeza” (anda atarantado); sale en figura de un airecillo (en el sueño, los gatos lo pueden comer). Se introduce en el bebé en el momento del parto. Este momento del nacimiento es muy importante, pues del “tonalli” depende el temperamento, la resistencia física y el destino. Los que nacen por la noche tienen un “ecahuil” más fuerte, sobre todo si hay luna llena. Los que nacen en luna creciente son más débiles. Los que nacen en martes o viernes, lo tienen más fuerte, y están inclinados al mal (AL).
El ecahuil puede transmitirse después de muerto al descendiente con el mismo nombre. A veces se piensa que se tienen varios tonalme (tono), en orden jerárquico. Los tonalme suelen vivir en lugares protegidos, pues hay riesgo de que un cazador lo mate y entonces la persona también muere (AL).
Cuando matan al hombre, el animal muere, no inmediatamente, sino días después; pero no al revés, pues si matan al animal, el hombre muere de inmediato. A veces se queda en la tierra un tiempo, como “sombra” (no confundirlo con las ánimas errantes). No hace daño a los vivos (AL).
c) Ihíyotl (respiro, aliento, soplo)
Se arraiga en el hígado. Es un hálito o emanación. Se puede separar del individuo, como emanación luminosa. Puede ser usado para el bien o para el mal. Después de la muerte, sale como emanaciones del cadáver. Espeluznantes apariciones de difuntos (“aire de noche”) Se relaciona con las facultades metafóricas de los “nahualli”, el cual reviste concepciones: la popular -el nagual, su espíritu, se encarna en su tono-, o el de las élites -el “ihíyotl” emana y parte de ella se introduce en un animal, el que sería su cubierta exterior (MO).
Ahora Ya no tiene esa entidad propia que tenía antes. Es el aliento vital que anima al hombre dentro de su organismo. Quizás emanación fétida del cadáver, que perjudica a los niños o débiles (por eso se protegen con ciertas hojas en el velorio (MO) [o cebolla EM].
“Mal aire”: gas luminoso (por eso el castillo, los cohetes, lo revientan). Las curanderas lo curan con hierbas, y luego las dejan en el camino para que el mal se pase a un viandante, pues tiene que entrar en otro (MO).
Tenorio y “La Rebelión de los Leones” [6]
Consta en las actas del proceso judicial llevado ante la Real Audiencia en 1537, contra Francisco López Tenorio, regidor de Yagavila, pueblo de los zapotecos de la Sierra Norte de Oaxaca, se describen algunos abusos hacia los indígenas. Según su testimonio, en Zoogocho, escuchó ruidos extraños “como de doscientos hombres”. Por el terror mismo, apresó a tres indias, las cuales, bajo tortura, le confesaron que eran los indios del pueblo que se convertían en leones para devorarlo y, por el miedo, ahorcó a una india allí mismo. Dado que los jueces no le creyeron, reformuló su defensa aludiendo a otro hecho más creíble: la acusación de sodomía al cacique chamán Yagaeche, quién además era sacrificador y antropófago. Seguramente los jueces eran partidarios de la política de los Habsburgos, de mayor comprensión a las costumbres de los indios, pues el proceso de conversión debía ser gradual y, en efecto, se conocía que todos los chamanes de la Sierra eran homosexuales, y Las Casas justificaba los sacrificios como una forma de su religiosidad. Tenorio, ante esto, volvió a su primera acusación y relató casos de nagualismo (conversión en animales). Esto sí convenció a los jueces, pues ya para entonces, en España se estaba persiguiendo a las brujas, las cuales, se decía, por pacto con el diablo podrían convertirse en bestias. De todos modos, condenaron a Tenorio al destierro, privándolo de volver a ocupar ningún otro cargo de autoridad.
LOS NAGUALES
- Este es uno de entre varios testimonios de misioneros, que narran haber sido atacados por naguales (uno de ellos narra que al atravesar un rio lo ataco un caimán, él le cortó una pata, y en el pueblo, el sacristán se presentó si una pierna).
- Entre los antiguos mexicanos no cualquiera podía ser un brujo, sólo algunas personas, ya predestinados desde su nacimiento (teciuhqui), tienen la facultad de que cuando duermen, su “ihíyotl” se puede encarnar en su “tono” (EM) [o su “tonalli”, según AL]. Estos son los nahuales. Suelen convertirse en coyotes o en perro negro, y aprovechan el espanto que producen para entrar en la persona (AL).
- El nagual es diferente de la brujería española, pues en Europa, cualquier persona, mediante pacto con el diablo, podía entrar en el cuerpo de cualquier animal para provocar daño.
- Los dioses mexicas, ya desde su estancia en Aztlán, tenían también un ser dual, un animal o nahual compartía su suerte. Por ejemplo, Tezcatlipoca solía obrar en la forma de su nahual coyote (o jaguar) (MO) y Huitzilopochtli, en forma de águila o de colibrí.
- Los tlacatecólotl u hombres búhos, llamados así en honor a los búhos representantes del inframundo; podían introducir hechizos en el cuerpo, que se manifestaban como trozos de hueso u obsidiana.
- Al nagual hechicero también se les conocía como “teyolloquani”, lo que significa “él que come el corazón de la gente”; o como “Teyolpachoani”, “él que oprime el corazón de la gente”. (en el corazón residía la fuerza anímica “teyolía”, entidad que dotaba de razón a las personas).
- Los brujos sacerdotes pertenecían a la elite mexica; eran consejeros del Tlatoani, pues podían predecir y detener sequías y enfermedades (MO).
- Como tlacatecólotl, era peligrosamente maléfico, se transformaba en búho, lechuza o mochuelo, y en otras animalías fieras y en tan insólita forma provocaba males y enfermedades sin cuento.
- El nahualli bueno era respetado por sabio; pero se tenía miedo a los hechizos del nahualli malvado, sobre todo cuando asumía la forma de hombre lobo (perro negro).
- Los nahuales acostumbran atacar por las noches, en la forma de animales, especialmente perros negros. Sus víctimas con los desvelados que salieron de juerga y dilapidaban su dinero en forma gozosa e irresponsable.
- La época propicia para los nahuales es la temporada de lluvias, pues en el altiplano mexicano con sembrados de temporal, su efecto beneficioso hace germinar el maíz. Se dice que los nahuales se refugian en las montañas, pero en su forma humana residen en los pueblos como las otras personas.
- Regresando en el tiempo, el sacerdote o nahual mesoamericano poseía las siguientes virtudes: Una gestación y un nacimiento insólito, pues desaparecía y aparecía en el seno de la madre encinta; conocía el reino de los muertos y del cielo; era el oráculo de la lluvia; aconsejaba a los príncipes, reyes y plebeyos; organizaba el ritual del sacrificio en honor a Tláloc, para pronosticar la lluvia; advertía sobre la amenaza de enfermedades y hambrunas; pronosticaba la muerte de los reyes y pueblos; advertía sobre el peligro de granizadas y podía conjurarlas; se mantenía en celibato y vivía en el templo donde ayunaba, por lo cual se le llamaba brujo, astrólogo (naualli, tlaciuhqui); y ejercía el oficio de brujo (tlacatecúlotl, hombre brujo) Su capacidad de transfiguración en diversos animales, y la asociación de su nacimiento al signo ce quiáhuitil (1-lluvia) son mencionados por Sahagún (Báez-Jorge 1998: 185-186).
- Aguirre Beltrán explica el respeto otorgado al nahual sacerdote, como tlaciuhqui, a partir de su poder sobre el granizo, las heladas o las lluvias torrenciales, catástrofes que desataban el hambre y la enfermedad entre los cultivadores agrícolas mesoamericanos.
- Con el sincretismo cristiano se mantuvo cierto nahualismo: Esos indios adoraban santos montados a caballo como Santiago Apóstol y San Martín Caballero y atribuían el carácter de nahual o de “de tono” a la serpiente que acompaña a las imágenes de San Jorge, San Juan Evangelista y San Miguel Arcángel, entre otros.
- En el sincretismo colonial, los indios sustituyeron a las antiguas deidades o corazones del pueblo, por los santos patrones. Dichos santos quedaron a cargo de las rondas nocturnas en las comunidades, para luchar contra quienes intentaran agredir a sus protegidos. Así ocurre en el pueblo de Tzapotitlan, donde Santiago Apóstol combate sobre su corcel a los santos de otros pueblos: como San Francisco, el patrono del vecino pueblo de Tlaltenco, quien le quiere robarle a su Señora Santa Ana, la otra santa dual del pueblo objeto de esta investigación (MO).
- Así, los santos patrones católicos heredaron de los nahuales estos oficios: El control de las lluvias; la preservación de las milpas; el cuidado de las cosechas; la regulación de los naguales de menor rango; la protección de la comunidad frente a las acciones negativas de los naguales (o rayos) de otras localidades; el cuidado de las cosas de los antiguos (figuras sagradas, etc.); y la protección contra los desastres naturales (Báez-Jorge 1998: 187).
- Tras la conquista española, en el nuevo continente: Los disidentes indios adoptaron formas variadas de resistencia no sólo política sino cultural. Entre los nahuas, son los transformistas, los nahuales, quienes se ponen al frente del movimiento contracultural advirtiendo males sin cuento para quienes adopten a los dioses de los conquistadores. De aquí le viene al nahual una nueva característica comprensible en el contexto colonial: velar por la pureza de las costumbres, por la preservación de la cultura, lo que hoy se manifiesta en su capacidad de defensor de las normas éticas comunitarias.
- Los naguales atacan por la noche, en figura de perros negros. Sus víctimas son los desvelados que salieron de juerga y dilapidaron. También cuidan de las buenas costumbres y atacan a los mujeriegos y cobardes (MO).
- Cuando la víctima se defiende (piedras, palos, machetes), al día siguiente la persona-nagual tiene magulladuras o heridas (EM).
- Se dice que los naguales, transformados en animal, pueden trabajar son cansarse; pueden recorrer distancias a la velocidad del rayo. Así transformados, pueden robar, ladrones (pero a veces son ladrones disfrazados de animal para robar, v.gr, un bote de manteca) (EM)
- Fabregas comenta que entre los cronistas los nahuales eran vistos como una suerte de sociedad secreta opuesta a la difusión del cristianismo. Brinton llegó incluso a asignarles características de grupos misteriosos en lucha contra el gobierno, aprovechando sus demoníacas facultades(Fabregas 1998: 192).
- Otros les atribuyen la misión de velar por el respeto a las buenas costumbres –suelen atacar a los mujeriegos y cobardes-. Acaso por alguna institución femenina para amedrentar a los maridos crapulosos.
Andrés Fabregas Puig estudio del imaginario popular sobre la existencia de los nahuales en los pueblos nahuas de Chalco-Amecameca. Describe a los nahuales como gentes con la capacidad de transformarse en animales; distingue al hombre nahual de la mujer que se conoce como nahuala o bruja. La metamorfosis del hombre en nahual es muy sencilla, simplemente se envuelve en su gabán, se acurruca y se concentra hasta lograrlo (o pide a otro nagual que brinque por encima de él). En cambio, la mujer lo hace al brincar en forma de cruz sobre el tlecuil o fogón.
Las brujas “chupamolleras” (MO)
- Las brujas españolas lo eran por vocación. Si alguna mujer deseaba volverse rica y disfrutar de los placeres carnales, podía hacer un pacto con el “innombrable”, quien la marcaba y concedía sus deseos.
- Gracias a los archivos de la Inquisición sabemos que las hechiceras del viejo continente integraban bandas de cien o más miembros, en sus masivas reuniones celebraban misas de magia negra y orgías sexuales (en realidad se trataba de supervivencias de un antiguo culto dionisíaco).
- La brujería actual en México es resultado de una mezcla entre las tradiciones mesoamericanas y las españolas el sincretismo se facilitó en la Nueva España, pues las brujas de uno y otro lado del Atlántico podían volar, transformarse en animales, matar personas y provocar enfermedades.
- La toyollaquani, bruja mexica. William Madsen antropólogo norteamericano, investigó las tradiciones de brujería en Tecospa un pueblo indio de origen nahua. Donde encontró un gran temor al tlacique, palabra nahua que designa a un hechicero-vampiro, quien podía ser un hombre o una mujer, destinados desde su nacimiento a desarrollar poderes malignos sin necesidad de recibir ningún entrenamiento. También reporta que las brujas mujeres no podían heredar los poderes a su hija.
- Como una tlacique no se podía alimentar con carne, debía consumir sangre humana. Por las noches la tlacique se transformaba en un guajolote, que salía a volar iluminado su camino con una olla de fuego. A fin de evitar ser descubierta provocaba un largo y profundo sueño a las personas; pese a que succionaba el precioso líquido en forma animal, dejaba marcas de dientes humanos en sus victimas (Madsen 1966: 202).
- En Tzapotitlan, sin embargo, los relatos de brujas no las asemejan a los vampiros europeos, chupando la sangre, sino que chupaban la mollera, lugar donde se encontraba el tonalli uno de las entidades anímicas según la concepción mesoamericana.
- Las brujas pueden convertirse en guajolote, tecolote, culebra… o en una bola de lumbre que vuela
- En el caso de las brujas o nahualas es el fogón donde al cocinar los alimentos, la naturaleza se transforma en cultura: por eso también ahí ocurre el proceso inverso. Es en el tlecuil donde la bruja o nahuala logra trascender su naturaleza humana y convertirse en un ser sobrenatural. Hace un baile sobre el tlecuil, saltando en forma de cruz, y luego se quita sus piernas y las deja en forma de cruz.
- Para defenderse de las brujas, dejan detrás de la puerta una escudilla con agua y con una navaja de obsidiana sumergida, lo que las asustaba al ver su rostro reflejado con la navaja en el cuello
- Las brujas mexicanas, “chupamolleras”: se quitan las piernas frente el tecuil y las dejan en forma de cruz. Salen volando en forma de bola de fuego. Los varones son naguales; las mujeres, brujas. Chupan la mollera, el flujo vital (donde está el tonalli: corazón e hígado los otros componentes anímicos). En realidad, “empacho” (diarreas virales, mal curadas por médicos)
- Se estudian niños “chupados”, que presentan marcas negras y azules en el pecho, nuca y espalda, así como algunos rasguños en su cara
- En la realidad, la creencia puede ser explicación ante bebés asfixiados en la cama por sus padres, durante el sueño. Para disculparse hablar que la bruja se lo chupó (muerte de cuna o por descuido).
LA MUERTE EN EL MEXICANO
- Perspectiva existencial de la muerte- Perecer es la condición inevitable de todo ser vivo. Gracias a que morimos, es posible la continuación de la vida, pues muriendo las personas singulares es como la vida se adapta a las cambiantes condiciones del entorno ecológico. Sin embargo, la muerte propiamente dicha es patrimonio exclusivamente humano, ya que, el poder preverla, causa angustia e incertidumbre por el futuro. Por eso muchas religiones creen en una realidad “más allá” de este mundo.
- La muerte en “el mexicano”. El ser humano vive inmerso en una cultura determinada, que es la que nos construye como “humanos”. No extraña, por tanto, que, si vivimos “enculturados”, también muramos “enculturados”. En la primera mitad del siglo XX, inspirados por la ideología nacionalista postrevolucionaria, aparecieron numerosos estudios sobre “El Mexicano”. El supuesto desprecio que siente el mexicano por la muerte y su cinismo con que de ella se carcajea, podría corresponder a la época revolucionaria, cuando se fomentaba entre los pobres la disposición de morir o matar. Sin embargo, es posible indagar las diversas influencias que han ido configurando nuestra realidad cultural y descubrir así si existe una manera propia nuestra de encarar la muerte.
- La tradición mesoamericana. Para las antiguas etnias que poblaron este territorio antes de la invasión europea, los difuntos podrían ir a diversos paraísos, no dependiendo de su conducta ética, sino del género de muerte que tuvieron. La muerte era divinizada: El dual Mitlantecuhtli/ Mitlacíhuatl, Señor de la Muerte, vivía en su reino subterráneo: un lugar similar a este mundo, iluminado por el sol después de su ocaso, donde el trabajo era ligero y donde florecía el Zempaxuchitl, brotando del sexo de la diosa Xochiquetzal. Allá llegaba el común de los muertos (quienes morían de muerte natural), después de una larga travesía. Por eso, a los difuntos les ponen en el féretro un bule con agua y tamalitos o memelitas para el viaje; y a los niños, un biberón con leche materna, para que se lo den al perro negro- Xolotl, que los conducirá en el río subterráneo. En cambio, Huitzilopochtli se llevaba a los guerreros muertos en batalla o a las mujeres que morían de parto, y acompañaban al sol en su travesía (los varones, desde el amanecer hasta el mediodía, y las mujeres, desde el mediodía hasta el poniente), para resucitar, después de cuatr años de servicio, en forma de colobrí, junto al río. Tlaloc se llevaba a los muertos por el rayo, a los ahogados o a los enfermos de lepra o hidropesía, enfermedades de agua, y resucitaban como niños, jugando junto al agua, entre aves y flores (templo de Tonantzintla, en Puebla). El Dios Viejo llevaba a los ancianos al Temoachán; mientras los niños muertos prematuramente iban al Tonacantecuhtli, una especie de “limbo”, donde estaba el árbol Chichihualcuauhitl (árbol de los 20 senos).
- La figura de la calavera es muy frecuente en las esculturas, destacando el zompantle o receptáculo de los cráneos de los muertos en batalla. Algunos sacrificados a los dioses morían plenos de orgullo e investidos de carácter sagrado y creyendo alimentar al Sol con su sangre. La muerte era algo natural, que no espantaba. Lo que más aterrorizaba era, justamente, la vida, sujeta a las veleidades de Tezcatlipoca, dios del destino. Hacia fines de octubre, celebraban la fiesta de los Xocolohuetzi o antepasados, de donde viene la costumbre de poner el altar de ofrendas para esperar a sus antepasados. Esta costumbre: poner altar de ofrendas y la creencia de la venida de los muertos es bastante generalizada. Malinowski habla de la fiesta de Malimalia entre los Trobriand, más o menos a fines de octubre. En Italia, es aún costumbre poner ofrendas en el Panteón.
- La muerte medieval. La tradición europea que nos llegó estaba influida por el terror de los años de la peste. Todo mundo estaba amenazado y podía morir de un día para otro. El temor al infierno se volvió obsesivo, pues era probable la condenación eterna. Los poetas resaltan la caducidad de la vida y el reloj del tiempo que marca el momento predeterminado. El cuadro de Brueghel, “El Triunfo de la Muerte”, habla también de su inevitabilidad aterrorizante y fatídica. También había cierto aspecto de crítica social: la Muerte es democrática. Ante ella no vale el dinero ni el poder… Y en los frescos de los cementerios o en las farsas de los juglares y trovadores se repetía el tema de “La Danza Macabra”, en el que aparecía el Muerto bailando con el Papa, con el Emperador, con el Libertino o con el Labriego. Por cierto, en el cementerio de un monasterio femenino, el fresco del mural presenta a La Muerte (femenino) bailando con la reina, la abadesa, la prostituta y la campesina. Este fue también tema de los teatros de trovadores ambulantes durante el tiempo de la peste, donde se vivió obsesivamente el temor a morir (detrás de la muerte estaba siempre el Diablo). DE ahí viene la imagen de La Santa Muerte.
- Nuestro Día de Muertos. Tomando a Oaxaca como ejemplo, la fiesta se centra en el Altar de Muertos, donde se coloca la ofrenda: se recuerda a los muertos en lo que parece más vital: el alimento. Al terminar la cosecha, después del tiempo de penuria y sacrificio, el primer banquete y abundancia se comparte con los antepasados, para que sigan protegiendo. Este día, el mexicano se come a sus muertos, como el pan (a veces con su carita) y la calavera de azúcar. Los niños reciben juguetes de muertos. No es un día triste, pues se reúne toda la familia –incluyendo los antepasados- y se convive con ellos. Sólo después del mediodía del día 2, cuando los difuntos ya se han marchado, salen las “comparsas”, es decir, el baile de disfraces. Llama la atención que, a pesar de la contaminación de tradiciones extranjeras, nunca faltan los disfrazados de Muerte, Diablo, sacerdote, rico y prostituta (un trasvesti), vestigios de aquella “Danza Macabra” medieval, cuyos personajes suele representar un sketch cómico, en las casas dónde esperan que les den sus “muertos”[7]. El taller gráfico de Guadalupe Posadas difundió sus “calaveras”, continuando la tradición de sátira político social, así como los tipos populares representados con sendas “calaveras”.
- El Halloween. Es una tradición sajona, en la que la muerte tiene una connotación de terror y miedo. Su origen viene de una antigua fiesta celta en honor de Samhain, el Señor de la Muerte, en Gran Bretaña. Irlanda y Norte de Francia. Con ella se daba comienzo al Año Nuevo, del 31 de octubre al 1° de noviembre, cuando comienza el frío y la oscuridad. que en aquellas latitudes dura medio año. Se hacía una fogata sagrada, en la que se sacrificaba cosecha o animales. De ella se llevaba el fuego nuevo en linternas (calabazas) en figura de la muerte. Se creía que el dios, agradecido, dejaba que las almas de los muertos regresaran a sus hogares. Llegaban los espíritus con hambre y sed, envidiando a los vivos. Entre los germanos eran “las huestes furiosas de Frau Holda” (la diosa griega Diana), para las cuales, se les deja en el alfeizer de la ventana cerrada, un vaso de agua y algún pan, para que sigan de largo y no entren en la casa.
A diferencia de la muerte sajona, en este día, en México, los muertos son bienvenidos y se les recibe con familiaridad; nos visitan y los invitamos a comer, pasando un rato muy alegre. En el año 610 la Iglesia consideró que el Día de Muertos pagano debía cristianizarse bajo una fiesta dedicada a los mártires. El año 993 se agregó la fiesta de los difuntos mayores. En México está penetrando la tradición estadounidense del “Halloween”, lo cual es reprobable, no tanto por su origen pagano, como denuncian las campañas protestantes de boicot, sino por la colonización cultural que esto implica, habida cuenta de la riqueza de nuestra tradición mexicana.
[1] LÓPEZ AUSTIN, “Cuerpo humano e Ideología. Las concepciones de los antiguos nahuas”, UNAM, Mex. 1984, 2 vols.
[2] SIGNORINI, Italo y LUPO, Alessandro; Los tres ejes de la vida: almas, cuerpo, enfermedad entre los Nahuas de la Sierra de Puebla, Universidad Veracruzana, Xalapa, México, 1989, pp. 37-47.
[3] Dr. Mario Ortega Olivares, UAM-x. Ponencia para el XVIII Congreso de Religión, Sociedad y Política, ALER, UdeG
[4] “La Cruz Meciánica” o.c., pp 111-117
[5] En diversas culturas se encuentran otras formas: En África, los azande, hay dos almas, una corporal, que con la muerte se encarna en el animal totémico, y otra más espiritual, que llevará una vida tenebrosa cerca de los manantiales. Entre los trobriand, al morir el espíritu travieso”kusi” se hace presente, y el ánima, “baloma”, empor4nde su viaje de ultratumba a una isla.Los quiechuas de Cusco distinguen cuerpo, alma y panimo. Entr los tzeltales de Chiapaas, distinguen dos almas: el “chu´hul” y el”chanul”, el cual tiene 13partes y radica en el corazón; Los negros brasileños distinguen cuerpo (#esse”), “soplo” (emi) y temperamento (ori). Entre los zapotecos de Oaxaca, distinguen el “sien”, alma como espíritu vivificador, y “to”, viento, aliento, espíritu. ME remito a mi libro “La Cruz Mesiánica”, p. 116)
[6] Archivo General de Indias, Sevilla 1537: “Justicia”, legajo 141. Transcripción del Dr. John Keran Chance, 1978 (copia mecanográfica en poder del Lic Luis Castañeda Guzmán, Oaxaca), citado en mi libro “La Cruz Mesiánica”, Palabra Ediciones, 2ª Ed., 1999, México, pp 109-110.
[7] La “comparsa”, por la tarde del día2 de noviembre, visita algunas casas de personas pudientes, que suelen darles ese día algo de comida o de bebida. Los visitantes llegan cargando a un “muerto”, que se supone es el anfitrión. Desarrollan un “sketch”, en el que un actor como muerto representa al anfitrión. Llega la viuda (un travesti) y le llora, aludiendo en forma chusca a supuestas intimidades que hacen reír a la gente. Luego llega la amante (travesti), también a llorar; Después, el médico y el enfermero (con unas jeringa colosal) y siguen versos chuscos alusivos a la vida del anfitrión; Sigue el cura y el sacristán (con versos en supuesto latín), y finalmente, el chamán, quien descubre que el “muerto”, en realidad estaba sólo borracho.


