Clase 10. El ciclo de las estaciones

1. MITOLOGÍA Y RITUAL

  • El cosmos emerge a la conciencia en su doble aspecto, fascinación y terror. Tratando de escrutar el Misterio es como las colectividades construyen su mitología. La mitología, empero, no se queda en lo mero cognitivo (el afán de saber), sino por necesidad de la sobrevivencia misma.
  • Cuando los mitos se derivan de la contemplación, se traducen en “comportamiento” –los animales no tienen ritos: el león que devora una cebra no la ve como algo distinto de sí mismo; ambos están inmersos en la inmediatez de la naturaleza–. Es la conciencia la que introduce la objetivación. La naturaleza se evidencia entonces como algo más que lo “ya dado”, y es por esto que la colectividad plasma sus mitos en instituciones culturales (trabajo, vestido, sistema de parentesco, dieta alimenticia, construcción de la vivienda o de la aldea, etc.).
  • Aquel comportamiento destinado a humanizar la naturaleza, deviene “perpetración”. Si deriva de lo racional, conduce a la técnica utilitaria. Si deriva del conocimiento mítico, se realiza a través del ritual. En el ritual no hay manipulación técnica, sino “sacrificio”, don.

Imbricación de mito y rito

El mito y el rito son inescindibles. En algunas ocasiones, el ritual que rememora una cosmovisión mítica; en otras, la narración misma de un mito constituye un ritual

  • Un ejemplo: el mito mexica del nacimiento de Huitzilopochtli. Su madre, la Coatlicue (“la de la falda de serpientes”), era una diosa importante, rostro femenino de Ometéotl. Era la diosa madre de la Tierra, y por esto, mu temible. En su figura mortal, era una sacerdotisa, cuya función era mantener limpio el templo de Coatepec (“Cerro de la Serpiente”). Un día en que estaba barriendo el templo le cayó encima una bola de plumas de ave (¿paloma?,¿colibrí?). Ella recogió algunas y se las metió en su cinturón; pero luego ya no las encontró. Al poco tiempo, se dio cuenta que estaba encinta (por la pluma), engendrando a Huitzilopochtli, el dios del Sol y de la Guerra. Ya durante la gestación misma, podía hablar con su madre. La hija de Coatlicue, la Coyolxauhqui, la poderosa diosa Luna, muy fuerte. Ella se disgustó, pues, se desconocía al que embarazó a su madre. Quería matar al niño, y para ello, fue a hablar con sus 400 hermanos, los Centzon Huitznahua (‘Cuatrocientos Huiztnaua’), que eran las estrellas. Uno de estos 400 hermanos, no estuvo de acuerdo y subía para hablar con Huitzilopochtli, avisándole por donde andaban sus hermanos, y cuando ya estaban por entrar al templo, el niño nació, azul, totalmente armado, con un escudo y una espada de pedazos de obsidiana, y un poderoso rayo de sol. Los descuartizó a todos; pero en primer lugar, la la “Coyolxauqui”, a la cual, despedazada, la arrojó por las escalinatas del templo.

En la fiesta de Huitzilopochtli, se hace una representación del mito: Se sacrifica a un esclavo, al cual, un año anterior al rito, era venerado como encarnación del dios, bien alimentado y bien vestido; pero el día de la fiesta, ya muy conciente de que lo iban a sacrificar, subía orgulloso y tranquilo, pues sabía que con su corazón alimentaría a la divinidad, y el pueblo quedaba expiado. Entre tanto, 400 guerreros, danzando, daban la vuelta en torno al Templo Mayor.

  • Otro ejemplo: la misa católica. Toda la liturgia prepara el momento central, la Consagración, en la que el sacerdote recita la narración del memorial sagrado, de la muerte de Jesús. El celebrante va escenificando cada gesto de Jesús, cuando instauró la Eucaristía: “mientras cenaba con sus apóstoles, tomó el pan en sus santas y venerables manos, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo las palabras mismas que, según los evangelios, recitó Jesús: “Tomen y coman todos de él, porque esto es mi cuerpo”. Y después, volviendo a darte gracias, tomó el cáliz con el vino, y dando gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo: “tomen y beban todos de él, porque este es el cáliz de la alianza, nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos, para el perdón de sus pecados”. Y entonces sucede la “transfiguración”, es decir, en ese preciso momento, el pan se convierte en el cuerpo de Jesús y el vino en su sangre. Mito y rito se han fundido en el momento más sublime del principal rito católico, y el mito trasciende los dos mil años del suceso y se hace presente, y el comulgante, al recibir la Hostia consagrada, se identificará con Jesús mismo, muriendo en ese instante, con la muerte misma del maestro (dos saltos mortales, temporal y espacial: el otro cuerpo.)
  • Rito, juego y teatro. Parece que el rito tuvo su origen en el juego. La actividad lúdica es previa a todo producto cultural -incluido el lenguaje- y acompaña a las culturas hasta la muerte. Huitziga afirma que el juego, el rito y el teatro tuvieron el mismo origen, y describe el juego como “una acción libre, ejecutada ‘como si’ sentida como una acción fuera de la vida corriente; pero que a pesar de todo, puede absorber por completo al jugador sin que haya ningún interés material, ni se obtenga de ello provecho alguno; que se ejecuta dentro de un determinado tiempo y espacio, que se desarrolla en un orden sometido a reglas y que da origen a asociaciones que propenden a rodearse de misterio o a disfrazarse para destacarse del mundo habitual”. Como vemos, esta descripción podría aplicarse con facilidad a los ritos. Pienso, por ejemplo, en el “Pedimento”, lugar cercano al Santuario de Juquila, donde hay lodo. Allí, los peregrinos a visitar a la Virgen, hacen reproducciones en barro de los bienes que esperan obtener de ella. Incluso, un cerdo puede ser una bellota a la que se amarra un cordel; o una casita o coche de juguete, o un enamorado lleva del brazo a una novia invisible, etc.

• Pero el hecho que no haya un provecho utilitario en el rito, no quiere decir que no haya trabajo. A veces hay mucho trabajo; pero no es productivo ni remunerado. La preparación de culto requiere de actividades intensas, a veces, agotadoras. Un ejemplo es el rito del “descendimiento” del viernes santo en las comunidades rurales de Oaxaca (bajar de la cruz a Jesús muerto, y ponerlo en el ataúd). Este acto tiene lugar terminado el sermón de las Siete Palabras, a eso de las tres de la tarde. El sacerdote predica desde el púlpito, en medio del templo. El presbiterio esta cubierto con un gran velo morando. El sacerdote debe decir en su sermón la expresión convenida: “el velo del templo se rasgó”; entonces se corre el velo y se deja ver un escenario de la imagen un Cristo articulado, delante de un entramado cubierto de plantas verdes, traídas desde lejos la noche anterior. A ambos lados de la cruz, están sendas escaleras sobre las cuales dos “santos varones” (José de Arimatea y Nicodemo) proceden, de inmediato a bajar al Jesús: primero desclavan el letrero INRI, quitan la corona de espinas. Luego desclavan un brazo, con un martillo que golpea algún objeto metálico oculto. Como decíamos que el Cristo está articulado, con cuidado se baja el brazo, y de igual manera se procede con el otro brazo y con las piernas. Entonces, con sumo cuidado, uno de los “Varones”, con un lienzo en la mano, baja muy despacio y con delicadeza, el cuerpo del Crucificado. Entre tanto, la gente esta de pie, a la expectativa, sin moverse ni perder ningún detalle. Pareciera que, si sucediera algún percance, recaería sobre el pueblo alguna desgracia. Ungen con oleo el cuerpo y lo depositan en el ataúd, que posteriormente lo llevarán en peregrinación a otra capilla, donde será velado.

Hay que hacer notar que previamente a esta ceremonia, durante toda la noche anterior, un grupo de hombres estuvo trabajando para cimentar la cruz en el presbiterio, quitando una losa del piso, y un armazón de madera sobre el cual se fueron poniendo todas las plantas. Este trabajo se realiza detrás de la cortina morada; entretanto, un rezandero canta algo. Nadie -y menos las mujeres- puede ver esto. Y todo este trabajo para que se corra el telón morado, un soldado le da una lanzada al Cristo, y de inmediato comienzan a desmantelar todo. La gente se lleva los ramos de planta o las flores, de modo que todo se deshace. ¡Todo este trabajo efímero no dura sino un minuto!

Reiteración rubricista y migración de significado

Un rito se convierte en culto, cuando se dirige hacia una deidad y que, además, se den reiteración de actividades detalladas, en secuencia preestablecida y eventualmente y en fechas precisas del calendario. Mediante tales rúbricas se institucionaliza y así logra su estabilidad en el tiempo. El ritual, entonces, permanece más allá de la mitología. La gente sigue asistiendo a lugares “sagrados”, en fechas precisas; aunque no se recuerde su origen mitológico.
Por ejemplo, en la ciudad de Oaxaca, el “lunes del cerro” (primer lunes después de la fiesta de la Virgen del Carmen), muchas personas suben al cerro de El Fortín, a la orilla de la ciudad, para comer tlayudas; aunque nadie relacione ésta tradición con el despeñamiento de una doncella noble, según ritual practicado cuatro siglos atrás en aquel bastión azteca, ni tampoco piensen que aquella doncella fue sustituida por la Virgen del Carmen. Pudo perderse la “memoria peligrosa”; pero el rito permanece, incluso en una cultura secularizada.
Otro ejemplo de cómo un significante permanece con un cambio de significado, lo encontramos en el símbolo cristiano de la cruz. Originalmente, instrumento de pena capital reservado a quienes osaran rebelarse contra el Imperio Romano, y disuadir a sus simpatizantes (de ahí que se alentara todo tipo de tortura y humillación). La Legión Tebea, un ejército que destacaba por su valentía y heroísmo, integrado en su mayoría por cristianos, optó por grabar en su casco el signo de la cruz, provocando a las autoridades, pues no se les podría acusar de desobediencia o traición. De ahí pasó a ser símbolo de la fe cristiana; pero sincretizado por la cruz celta de Whiteleaf, como amuleto para defenderse del fiero dios Cernnunus, de los grupos paleolíticos del Norte, quienes, con armas menos poderosas que las de los celtas, sin embargo, por su conocimiento del terreno y su agilidad, no podían ser vencidos, lo que sus enemigos atribuían a la protección de aquel dios de cuernos y pesuñas de ciervo. Luego se convirtió en amuleto contra los vampiros, en la novela sobre el conde Drácula, habitante en un castillo en los Montes Carpatos, de Transilvania, Rumania, y en explica que en desde la Colonia Novhispana, se pusiera una gran cruz en la boca de las cavernas, donde los nativos habían escondido a sus dioses, que para los misioneros eran en realidad, demonios. La migración del significado no fue causada tanto por la banalización de sus repeticiones, cuanto a la variación del contexto sociocultural.

  • Los mortales se comunican con la divinidad a través de los rituales. Se trata de una “comunicación participativa” de tipo platónico, en la que el ser que posee una cualidad en forma plena es causa formal de todos cuantos participan de ella en forma degradada o menguada, sin que, por ello, su cualidad se vea menoscabada. Es así como la comunidad, por medio de ritos, se incorpora al ámbito de lo sagrado, pudiendo adquirir ciertos beneficios, gracias a la acción benevolente de los seres sobrenaturales.
  • Ya que el poder se deriva del saber, los ritos, al ser interpretados, constituyen un sistema de señales capaz de comunicar información, verbal y gestual (símbolos, danzas, dramatizaciones), que es el lenguaje religioso primitivo. De este modo, según Durkheim, por medio de los ritos, la comunidad se comunica consigo misma, congregando multitudes y contagiando sentimientos de euforia y exaltación, otorgándole cohesión y unidad. Por esto, quizás sin ritos no pueda existir ninguna colectividad (al menos, los ritos secularizados que aún conservamos). Concluyo afirmando cómo el contenido de esta comunicación es nada menos que la forma como la comunidad organiza su “mundo” (mitología), es decir, todo aquello que considera dignos de ser transmitido a las nuevas generaciones.

El Ciclo de las Estaciones

Espacio y tiempo son categorías del ser humano, no son cualidades intrínsecas de la naturaleza. El animal vive en la inmediatez -el león se considera a sí mismo y a su presa como una sola entidad. El ser humano se concibe como “cosa”, ubicado en un tiempo y un espacio. No existe una especie de reloj cósmico donde se colocarían todos los movimientos astrales, ni tampoco una especie de brújula cósmica que ubicara la dirección de sus desplazamientos. Estos son conceptos elaborados por nosotros.

Ritualización del Espacio

  • El tiempo y el espacio son categorías meramente gnoseológicas. Las necesitamos para pensar, e incluso, para percibir y manejarnos en el mundo. Cada época y cada cultura poseen su propia manera de concebir el espacio y el tiempo: en Occidente, las consideramos como cualidades homogéneas; divisibles en segmentos iguales indefinidamente (el punto y el instante no tienen dimensiones, son sólo realidades matemáticas). En las culturas primitivas, se “separan” ciertos fragmentos y se les considera con cualidades diferentes, la oposición binaria más antigua que se conoce –antes de “bien/mal; “bello/feo”; sano/enfermo– es la oposición entre “sacro” y “profano”.
    • Sin embargo, pueden darse desplazamientos entre una realidad y otra. Concretándonos al espacio, existen los “lugares sagrados”, separado de la profanidad general del mundo, y de ahí vienen rituales espaciales, como la procesión y la peregrinación. En la procesión, lo sagrado sale de su espacio propio e irrumpe en el espacio de la profanidad, santificándola. En la peregrinación, al contrario, es lo profano que se desplaza hacia el lugar sagrado, para entrar en su contacto y obtener bendiciones sobrenaturales.
  • Peregrinación. El ser humano ha sido siempre un perpetuo itinerante -su sedentarismo data de apenas 6000 años-; las migraciones siguen siendo un preocupante fenómeno actual. Las causas saltan a la vista: las oleadas de emigrantes salen de su pueblo y patria natales, pues ya la sobrevivencia no se le garantiza ahí, e incluso, para ayudar a su familia. Pero es posible que en su inconciente se agazape, tal vez, la curiosidad milenaria por querer investigar qué hay detrás de aquellas montañas.
  • La peregrinación es un ritual muy antiguo: los registros de visita a ciertos lugares sagrados se remontan a hace unos 20,000 años. Pero no basta el mero desplazamiento hacia aquellos lugares, sino que se requiere del “romero” o peregrino de ciertas actitudes. No es difícil distinguir al “peregrino” del mero “visitante”. El devoto deja por un tiempo sus horizontes habituales, sus “hábitos” donde “habita”, para incursionar hacia la fuente de todo; al encuentro del radicalmente Otro.

Ritualización del Tiempo

• La medición del tiempo suele ser de dos tipos: el tiempo ecológico, cósmico -ciclo de las estaciones-, y el tiempo y el tiempo estructural -ciclo vital del individuo)
• El tiempo -como el espacio- depende de la calidad de su influencia (tiempo sacro / tiempo profano): tiempo fasto o nefasto, según el período que se mida:
o Las horas del día: nosotros distinguimos 24 horas, día y noche; pero en otras culturas son 7 horas día o noche. Las 9 am es fasto, el mediodía también es fasto, la media noche es nefasto.
o Los días de la semana: Días fastos: sábado y domingo/ nefastos martes y viernes/ peligroso, lunes (ánimas)
o La semana (lunas) llena, menguante, nueva, creciente.
o Días del mes: 1 (fasto) 13 (nefasto).
o “Cabañuelas”: métodos tradicionales de predicción metereológica utilizado en España y América, durante el mes de enero. Para tales predicciones, el experto se basa en indicadores como las formas de las nubes, la dirección del viento, las características del Sol, la Luna, las estrellas, la niebla, el rocío de la mañana, el arco iris o el granizo, etc.
o El trimestre (estaciones). Para ello es necesaria la observación astronómica para fijar la fecha exacta de solsticios y equinoccios, y algunas etnias lo fijan arquitectónicamente: los mayas de Chichén Itza, por ejemplo, saben que en el solsticio de otoño baja Quetzalcóatl, y esto lo marca la pirámide de Chichén Itsá. Exactamente, el 23 de septiembre, un juego de luces y sombras deja ver cómo baja la serpiente emplumada. Los nahuas de Malinalco, en el equinoccio de primavera, el sol queda al centro de un monumento pétreo. Los Zapotecos de Monte Albán, construyeron en la escalinata de un edificio al que en uno de sus escalones le falta la piedra del fondo, y ese hueco da a un camerino, y en una fecha precisa, el rayo del sol poniente ilumina un jeroglifo.
En el medio rural, el cristianismo preconciliar celebraba las “témporas”, al inicio de las estaciones, Se hacían procesiones por los campos y se bendecían los terrenos y labores
o El año: años nones (fastos) / años pares (nefastos).

• Contra lo que pensamos (que primero se inventó el calendario y luego las fiestas), en realidad fue al revés: sin fiestas no habría calendario, y la vida social no tendría orden: sin domingo (reposo y culto) no habría semana.
• Las exigencias de las labores requirieron la medición del tiempo. Sin embargo, no todas las culturas reconocen el mismo número de estaciones (los chinos tienen 5; en otros lados, sólo dos -secas y lluvias-), y también, del tipo de labores que se realicen y de las latitudes (en el Cono Sur del Continente, la Navidad es tiempo de calor, por lo que no tiene sentido los trineos y los abetos). En las sociedades más complejas, los trabajos se diversifican, por lo que se requiere una medición más exacta del tiempo para coordinarlos:
o Los pescadores atienden a la luna, pues demasiado brillo impide que salgan los peces
o Los cazadores deben prever el tiempo de migración de las aves.
o Los campesinos necesitan saber el tiempo adecuado para sus labores del campo.
• Esto se realiza comparando dos movimientos distintos, y lo más práctico fue regirse por el movimiento de los astros, especialmente Venus, el Sol y la luna. Lo más común es acomodar el ciclo laboral (siembra/cosecha) con los cambios en la naturaleza: el ciclo astral (cambio de las estaciones), y para recordar el tiempo exacto entre la población mayoritaria, ajena a cálculos astrales, se estableció el ciclo ritual, en torno a los ejes litúrgicos de Navidad y Pascua.
• No siempre el movimiento de los astros determina las labores. Ejemplos:
Los huicholes no se guían por los astros, sino por el peyote, su planta sagrada. Este grupo étnico es seminómada y habita en el desierto potosino. Dado que la reserva de cosecha de maíz no alcanza para todos los habitantes del poblado, los varones, dejando en el poblado a mujeres, niños y ancianos, salen al desierto, y en recolección y cacería, se agencian el alimento de cada día. Cuando aparecen los primeros peyotes, los flechan y reconocen que el maíz ya casi está a punto de ser cosechado. Entonces cazan un venado y regresan al pueblo para celebrar la fiesta del maíz. Por el camino, hacen un minucioso examen de conciencia de sus pecados, que recuerdan por nudos en un cordel. Al llegar, cosechan el maíz y hacen su fiesta. En determinada fecha, peregrinan hacia la meseta de Viricota y comen peyote para comulgar con su dios Mezcalito, quien se deja ver.

o Los Nuer basan sus actividades laborales en las dos únicas estaciones tropicales: tiempo de lluvias torrenciales, que inundan todo el valle, por lo que tienen que cambiarse a lugares elevados y sembrar mijo; y el tiempo de seca en que bajan a pastorear y cazar.
o Los Mursi (Etiopía) también alternan su cultivo en campo inundado y el pastoreo. Pero ellos no se guían por el sol, sino por las lunas. Tienen un calendario de 12 lunas, con nombres y actividades precisas para cada una de ellas; pero no es claro fijar cada año cuál será la luna inicial, lo que requiere de debates y acuerdos (nosotros decimos: “ya estamos en abril, ya van a llegar las primeras lluvias”; mientras que ellos razonan así “ya llegaron las lluvias, luego, estamos en abril”)
o Los Trobriand (Polinesia) inician el año después del plenilunio de otoño (entre octubre y noviembre), cuando el gusano “malimalia” coletea en el agua y emite su material reproductivo (octubre-noviembre)
o Los Huaves (Oaxaca) son pescadores que viven cerca de unas lagunas cercanas al mar. Las lluvias les son necesarias; pero si se prolongan, se unen aguas dulces y saladas. Por esto, en la fiesta patronal de San Mateo, hacen la danza de la tortuga (lluvia), para pedir lluvia; pero la suspenden, y la renuevan en la fiesta de Corpus Christi, para pedir el cese de las lluvias, para lo cual, degüellan a la tortuga.

• En Mesoamérica precolombina, los antiguos supieron calcular los cambios de estación mejor que los invasores. Mientras que, en Europa, antes de conocer los años bisiestos, sus cálculos tenían muchas fallas; mientras que, entre los Mexicas, los calculaban con exactitud, e incluso, supieron popularizar este conocimiento entre la población, gracias al símbolo del “Ollin”. Su cálculo lo lograron fijándose en el curso de los astros, tanto en el día como en la noche:
o En la noche lo hicieron mirando las estrellas de dos constelaciones, que hoy las conocemos como Osa Mayor y Osa Menor, las cuales giran en un año, en torno a la Estrella Polar (hasta hace poco, se confundía con el Planeta Venus). Notaron que su ciclo anual podía coincidir con los equinoccios y solsticios, y si gráficamente se dibujaban en los días de cada estación, forman una especie de cruz gamada. Además, sumando las siete estrellas de la Osa Mayor, las cinco de la Osa Menor y añadiendo el astro central de referencia (Venus), daría 13. Y si multiplicamos 13 por las cuatro estaciones, sumaría 52, el siglo mesoamericano.

o En el día, Se fijaron los puntos exactos por donde el sol salía y se ponía en el solsticio de verano y se trazaba una línea recta; y los puntos exactos en los que el sol salía y se ponía en el solsticio de invierno y se trazaba otra línea recta. Se trazaban sendos arcos de un sol a otro, resultando cuatro ámbitos, con referencia al punto de cruzamiento, lo que hacía una figura en forma de flor. Cada ámbito era un punto cardinal (no puntual, como nuestra brújula, sino más buen un ámbito extenso), teniendo el Norte arriba, Oriente a la derecha, Sur abajo y poniente a la izquierda. De este modo, midiendo los respectivos lugares del recorrido solar en el amanecer y el ocaso, se podía calcular los meses del año, conociendo por el sol, al mismo tiempo, el tiempo y el espacio, es decir, el calendario y la brújula. También pudieron calcular con exactitud los días sobrantes, que ritualizaban como “tiempo muerto” de descanso y culto. Todavía persiste en la actualidad vestigios del Ollin, en los pueblos originarios, como se supone, por ejemplo, en la Danza de los Voladores de Papantla; el centro, con el flautista, y los cuatro volcadores, los puntos cardinales, que dan 13 vueltas el ir desenredando el cordel. Se han encontrado símbolos del Ollin, por ejemplo, en las Estaciones Pozas de la parroquia de Huejotzingo, Puebla, en la corona de la Virgen misma, y para mayor sorpresa, se puede observar la flor de cuatro pétalos del Ollin en el vientre de la imagen de la Virgen de Guadalupe.

o Para el cristianismo, acomodar las fechas litúrgicas a los equinoccios y solsticios exigió de cuidadosa adaptación. Por ejemplo, fijar la fecha de la Navidad. En los Evangelios no hay ningún indicio sobre la fecha del nacimiento de Jesús. La Iglesia procuraba aprovechar las fechas de tiempos de fiestas paganas de Roma para cambiar el contenido de dicha fiesta (La Iglesia es “romana”). En el solsticio de invierno (cerca del 25 de diciembre), los romanos celebraban la fiesta de los “Saturnalia” (al dios Saturno), en ella, los patrones servían a los esclavos y estos mandaban. También era la fiesta del “Sol Invictus”, pues cuando los etruscos comenzaron a interesarse por los fenómenos astrales, veían con preocupación que, desde el verano, el Sol iba amaneciendo cada día más tarde y se ponía más temprano. Temían, pues, que llegaría el momento en que el sol ya no saliera; más he aquí que, a partir de la noche más larga, el día comienza a crecer de nuevo. La claridad solar vencía a las tinieblas, y por eso se regalaban lucecitas y velas. Una vez fijada la fecha del nacimiento de Jesús, contaban seis meses atrás, en el solsticio de verano, cuando era el día más largo, para fijar la fecha del nacimiento de San Juan Bautista, recordando la frase del profeta, cuando sus discípulos recelaban que Jesús también estuviera bautizando: “conviene que Él crezca y yo disminuya, pues Él es más grande que yo”. El sol del Bautista disminuía y el sol de Jesús iría creciendo. Sin embargo, entre los pueblos originarios mesoamericanos, la Navidad no es tan celebrada como el Día de los Muertos, que en México es más importante, pues para esta fiesta, los emigrantes que pueden visitan su pueblo, se reúne toda la familia, incluso los difuntos son invitados a comer, y es día no de tristeza, sino de alegría.
o El otro eje litúrgico es la Semana Santa. El cristianismo trató de poner de relieve la noche de la resurrección, simbolizado por la luna llena. Esto implicaba una fiesta movible, se procuró entonces fijara en el plenilunio más cercano al equinoccio de primavera. los judíos ya celebraban la fiesta de la Pascua (“paso” a través del mar rojo. Cristo pasa de la muerte a la vida); pero para ellos era fiesta fija (el 14 de Nissán, por el mes de abril). En Roma, los árboles, que durante el invierno pierden sus hojas y parece que ya están muertos, en este tiempo florecen (Pascua Florida), aunque todavía no nazcan las hojas. Esas flores pronto caen y después de las hojas florecen otra vez y dan fruto. Tiempo de resurrección. En los pueblos rurales, la fiesta de Pascua marca, más o menos, el tiempo del inicio de las siembras. De modo que, teniendo los dos ejes del ciclo litúrgico, el tiempo es pendular. SE muere para resucitar; se nace para morir.
La tradición sajona de la Pascua sustituye a la fiesta en honor a diosa teutona de la luz y la primavera, “Easter”, que se remota al culto fenicio de la diosa de la fertilidad “Astarté” o “Istar” (easter), cuyos símbolos eran el huevo y la liebre (los huevos de pascua, traídos por un conejo)

LA FIESTA PATRONAL

• La primigenia dicotomía Sacro/Profano implica también a la dimensión temporal: Tiempo “profano” y tiempo “sagrado”. Se trata de un tiempo extraordinario. La fiesta patronal es fiesta litúrgica; pero sólo en el ámbito local, por lo que suele fungir como identidad del pueblo. Las mejores fiestas se realizan en ambientes pobres. El dispendio que aparentemente sería derroche (cohetes, flores, comida), resulta funcional, como una inversión para exorcizar la miseria. El núcleo original de estas fiestas era el sacrificio: desprenderse de un bien útil y destruirlo para compartirlo con la divinidad, por el mecanismo reciproco del “do ut des” (dar para que me des).
• En la fiesta, la comunidad se celebra a sí misma
En ella todo se trastrueca:
 La noche se vuelve día
 El trabajo intenso no es utilitario.
 Surgen nuevas autoridades
 Los varones se visten de mujeres
 Las normas se relajan

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