9. CUATRO DOGMAS FINALES

Los dos “credos” concluyen con cuatro dogmas finales, las cuales se hayan en ambos credos y en el mismo orden. Estos son los siguientes:

  1. LA SANTA IGLESIA CATÓLICA
  2. LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS
  3. EL PERDÓN DE LOS PECADOS
  4. LA RESURRECCIÓN DE LA CARNE Y LA VIDA ETERNA
  1. LA SANTA IGLESIA CATÓLICA

El Credo Niceno-Constantinopolitano añade cuatro atribuciones para la Iglesia: “Una, Santa, Católica, Apostólica y siglos después, la tradición añadió una quinta: “Romana”.

  1. Una.

Quizás los Padres Conciliares se hayan querido “curar en salud” de eventuales cismas, divisiones o teologías antagónicas, lo que podría fragmentar a la Institución o por lo menos, debilitarla. Pero ahora, el riesgo es que el precio de esa cohesión es derivar en una disciplina uniformizadora, que conlleva un modelo eclesial piramidal, jerárquico y por tanto, limitante. En estos momentos, el Papa Francisco pretende devolverle a la Iglesia su carácter sinodal primitivo.

  • Santa.
  • La Iglesia es “santa y pecadora” a la vez. En sus más de dos milenios, la Iglesia ha tenido en su historia, páginas gloriosas, santos ejemplares y sabios teólogos, que la siguen enriqueciendo: pero también, páginas vergonzosas- No me refiero tanto a los actos lujuriosos, como los que se suele pensar cuentan del Papa Alejandro Borgia, sino, sobre todo, de la tentación de poder temporal: A partir del siglo IV, con la convenenciera «conversión” del Emperador Constantino, la Iglesia fue copada por los poderes terrenales y convertida en principal apoyo del antiguo Imperio Romano. A cambio de esto, Constantino, supuestamente, legó a la Iglesia un inmenso territorio, los Estados Pontificios (el Vaticano). 
  • En el siglo VIII, el emperador Carlo “Magno”, rey de los francos, unificó gran parte de Europa central y occidental, con cierto beneplácito de Europa Oriental (con reticencias por haber aceptado la famosa fórmula “filioque”). Formó el Sacro Imperio Romano Germánico y combatió a los musulmanes, los eslavos, los sajones y conquistó Italia. Para obtener mayor legitimidad, se apoyó en el Papa León III, a cambio de que el cristianismo fuera la ideología oficial de su Imperio.
  •   Para ratificar este pacto, hizo que el Papa León III lo coronara emperador, en la Navidad del año 800 y en la Basílica de San Pedro. La aparente subordinación de la Iglesia al poder imperial, no tardó en invertirse. Si el Papa corona al emperador, significa que el Papa da legitimidad; pero también puede revocarla. Esto pudo constatarse en el siglo XVI, cuando el rey de Francia Enrique IV abrazó el galicanismo (teoría política que subordinaba a la Iglesia al poder secular). El Papa lo excomulgó, quitándole al pueblo la obligación de obedecer al monarca, con lo que el rey abjuró del galicanismo, y se le oyó musitar al monarca: “Paris bien vale una misa”. Así continó hasta que Napoleón, al ser coronado por el Papa, le arrebató la corona y se coronó a sí mismo, en nombre del pueblo,
  • Este contubernio dio pie a la llamada “Alianza Trono-Altar”, con la que se configuró el “Estado Confesional”, mantenido, incluso, durante la Reforma protestante, que a pesar de dividir a Europa entre “católicos” y “reformistas”, ambas denominaciones acordaron el principio “cujus regis, ejus religio” (En un Estado Confesional, toda la gente debe tener una única religión, que no es otra que la religión que profese el rey).
  • En la Nueva España, según el Patronato Real, la Iglesia encomienda a los Reyes Católicos la organización de la Iglesia: El Rey –o en su caso, el Virrey, guardadas las proporciones-, es quien envía misioneros, cobra el diezmo, construye templos y monasterios, vela por la conducta del clero y de las religiosas, etc… a condición que para el nombramiento de los obispos, el Papa deba elegir alguno entre una terna que le presente el rey, lo que subordina la Iglesia al poder secular; aunque ésta goce, a cambio, de gran poder terrenal. Así, en la Nueva España, no había lugar para musulmanes, judíos o herejes (estos, o bien eran expulsados, o puestos en brazos de la Inquisición); pero las autoridades virreinales debían obedecer las directrices morales y doctrinales de la Iglesia.
  • La Iglesia, a su vez, se ocupaba también de tareas que ahora son competencia del Estado: el control demográfico (su embrión ya eran los  libros parroquiales), la salud, la asistencia pública, la educación, e incluso, el aparato represivo (la Inquisición). Sin embargo, también, hubo frailes sensibles, que utilizaron su facultad de legitimación religiosa para defender a los indios de la voracidad de los colonos.
  • Católica, Apostólica y Romana.
  • Decimos que la Iglesia es “apostólica”, porque aquella unción consecratoria con la que Jesús comunicó a sus apóstoles la facultad de transmitirla “en memoria suya” (la “sucesión apostólica”), la cual  se ha mantenido sin interrupción: determinado obispo transmite a un nuevo obispo esa consagración, hasta llegar a los obispos de una “Iglesia madre” -fundada por uno de los Doce-. La Iglesia Católica garantiza y tutela esta continuidad ininterrumpida; pero también la han conservado, al menos, la Iglesia Anglicana y las Iglesias “ortodoxas” de Oriente. (en estas últimas sus Patriarcados se remiten a determinados apóstoles).
  • La Iglesia es “católica”, es decir, “universal”. No entendemos esta universalidad en el sentido que el modelo cultural, social o teológico tenga que imponerse a todos los 1,300,000 católicos de todo el mundo. De hecho, se da actualmente un sano pluralismo teológico, cultural, ritual, ideológico, etc., que es, precisamente, lo que ha permitido su unidad a través de tiempos y lugares.

   El adjetivo romana”, únicamente se entiende en el sentido que el obispo de Roma es el sucesor de San Pedro, quien recibió el “primado” (“primum inter pares”= primero entre sus iguales), pues según antigua tradición, en caso de algún conflicto entre iglesias, las partes recurrían al obispo de Roma para dirimir sus diferencias.

  Sin embargo, la historia puede testificar cómo, esa condición, derivó en un papado demasiado protagónico, reforzado, con Pío XI por el dogma de la infalibilidad, y en un modelo piramidal eclesial uniformizadora (que ahora, el Papa Francisco pretende invertir la pirámide y recuperar el modelo “sinodal”). Ante la actual crisis vocacional de Occidente, la dicotomía entre países “misionados” (paganos) y países “misioneros” ya se ha borrado: actualmente, los antiguos países “católicos” están muy secularizados, han disminuido su feligresía y casi no tienen vocaciones, por lo que ahora, sus parroquias son atendidos por sacerdotes asiáticos o africanos, y todo mundo está de acuerdo en la necesidad de un “diálogo de religiones, de culturas y de generaciones”.

  1. LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS

   La Iglesia es la comunidad de los seguidores de todos los que siguen o han seguido a Cristo, a quienes, en los primeros momentos de su historia, eran llamados “santos” (“saludos a los santos de la Iglesia de tal lugar”, es decir, “consagrados”, ungidos por el bautismo de Cristo mismo, justificados y salvados por Él.

      Las “postrimerías”

Los “santos”, decíamos, todos los que vivieron, han vivido o vivirán eternamente, configurados a Cristo, en esta o en  la otra vida. Se trata de la “Iglesia triunfante” (que goza de la salvación celestial), “la Iglesia purgante” (que debe aún purificarse antes de entrar en la Gloria) y la “Iglesia militante” (que aún está decidiendo su suerte eterna “militando” -luchando- en este mundo). Hay mucha imaginería en torno a las “postrimerías” y su suerte, en estos tres estados:

  1. La Iglesia “Triunfante”. En general todos coincidimos en que la salvación completa se da hasta que hayamos resucitado “en cuerpo y alma” y, aunque podría haber, en la Gloria, “grados” de felicidad plena, dado que en aquel estado de Gracia y santidad no hay envidias, ni competencias, ni comparaciones. Se me ocurre un recuerdo personal, de cuando trabajaba en las vecindades de Puebla:

En cierta ocasión, me tocó un tremendo aguacero, estando en una casa de vecindad que carecía de agua. La gente guardaba tambos a la puerta de su vivienda, para recoger al agua de las pipas que comportaban colectivamente, de modo que todos los vecinos, en aquel aguacero, sacaron al patio tinacos, cubetas, ollas, etc…. y una niñita sacó también su tasita. Después del aguacero, todos los cacharros quedaron desbordantes hasta el tope. Me imaginé que algo así podría suceder en la Gloria, pues, como decía el adagio escolástico, “quidquid recipitur, al modum recipiendi recipitur” (“lo que se recibe depende de la capacidad recipiente”). De lo que se trata es que cada cual se llene hasta el tope de Gloria de Dios. Es cierto que hay mucha diferencia entre exponer a la lluvia la tasita de la niña, o aunque sea, un dedalito, a no poner nada.

  • La Iglesia purgante” ya casi nadie concibe el Purgatorio como lugar de tortura y de llamas (sin oxígeno no habría combustión), ni en una condena temporal (tiempo y espacio son sólo categorías de pensamiento y no existen en realidad). Las “indulgencias”, calculadas en días y años, tampoco son ya tomadas en cuenta. Con el desconocimiento de la existencia agustiniana del “limbo” para los recién nacidos, se abrió la puerta a nuevas interpretaciones del “purgatorio”. Desde la eternidad, el tiempo no es duración, sino un sólo instante que, quizás, se pudiera dar al momento mismo de la agonía previa a la muerte: en sólo un instante tremendamente doloroso (como arrancarse una cicatriz).

La participación en el Cristo total

  • Todos los cristianos estamos llamados a configurarnos con Cristo; pero dada la perfecta y multifacética figura de Jesús, nadie -salvo la Virgen María- puede configurarse plenamente con Él. Por lo mismo, el Espíritu Santo dones a diversos “santos” (canonizados o no), para que cada cual imite, preferentemente, cierta faceta determinada de la personalidad de Cristo. De manera especial a algunos santos son llamados a fundar una familia  de cristianos, discípulos de aquel santo, y les comunica su “carisma” espiritual. Algunos ejemplos:

S Antonio M Claret  —-Xto misionero                     S Camilo de Ledlis —Xto sanador

S Pablo de la Cruz ——Xto Doliente                        S Juan Bosco –——–Xto con niños

S Fco de Asis ————Xto Pobre, ecologista        S Benito—————-Xto sacerdote

S Domingo—————Xto maestro                         S Juan de Dios——–Xto exorcista

                Sta Teresa—————Xto orante

    Es así cómo, entre todos los santos, reconstruimos el “Cristo total” (su compleja espiritualidad). Este sería el fundamento de la “comunión de los santos

  • Además del “carisma”, cada santo (o familia religiosa) tiene una “misión” o tarea encomendada, dentro de la compleja comunidad eclesial; un proyecto del Padre a reflejar y encarnar en un momento determinado de la historia; un aspecto del Evangelio (EG, Papa Francisco).
    • Según la concepción platónica, cada “forma” posee una cualidad plena y total, y es “causa formal” de todos aquellos que participan de ella, de modo gradual y limitado.
    • El Espíritu Santo comunica un Carisma y/o una misión al santo fundador en forma plena y total, quien a su vez, lo comunica a su familia espiritual de modo “participativo”, degradado.
    • Sus seguidores, a su vez, enriquecen el Carisma con sus reflexiones teológicas, su testimonio ejemplar, su forma de transmisión, su organización, etc.
    • La tarea histórica de cada familia religiosa es “descontextualizar” la situación social y la sicología del fundador, para “recontextualizarla” después, adaptándola a los nuevos “contextos” o situaciones sociotemporales.
  • Es así como se forma una determinada espiritualidad, con lo que se enriquece a toda la Iglesia.
    • Espiritualidad no es algo que suceda en el interior de la persona (“intimismo”), o que se relacione exclusivamente con el alma o con el más allá
    • Espiritualidad es una fuerza, una pasión, un “espíritu”. Son principios y actitudes que mueven a la acción.
    • Es una vivencia que centra toda la persona en algo esencial, a lo que entregamos plenamente nuestro ser.
    • Produce un gozo desbordante, que se desea compartir y difundir para ese ideal impregne toda realidad.

III EL PERDÓN DE LOS PECADOS

  • El pecado, en abstracto, es un desorden que pervierte nutro ser de creatura;  en concreto, requiere para cometerlo, “pleno conocimiento, libre consentimiento, voluntad de pecar”. Estas características toman en cuenta nuestra naturaleza pervertida por el desorden original, que llega, incluso, a debilitar nuestro consentimiento (por ejemplo, en casos de adicción) o voluntad de pecar (“no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, y en ese caso, ya no soy yo quien peca, es el Pecado quien peca en mí. ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?”). Incluso Jesús, fue tentado por el maligno; por eso, en el “Padre Nuestro” no le pedimos al Padre que nos quite las tentaciones, sino que “no nos deje caer en ellas”.
  • Dios nos perdona generosamente; pero nuestro perdón está condicionado a que perdonemos a nuestros hermanos, “del mismo modo” como nosotros perdonemos a quienes nos ofenden (por eso es riesgoso rezar el Padre Nuestro), y cuenta la parábola de aquel siervo, a quien su señor le perdonó una deuda impagable, ante lo cual, lo que procedía en tales casos era venderlo a él, a su familia y a sus bienes, para recuperar algo de la deuda; pero que aquel mismo siervo fue incapaz de perdonarle a un compañero una ridícula deuda, por lo que lo el señor lo entregó a la justicia (Mt. 18, 23-35). Aunque San Lucas matiza en otros casos: “Si tu hermano te ofende, corrígelo, y si se arrepiente, perdónalo” (Lc. 17, 3): El perdón está condicionado al arrepentimiento, y éste, a su vez, se facilitará si se sabe corregir debidamente (corrección hecha con amor, momento oportuno, palabras suaves).
  • Le pedimos a Nuestro Padre Dios nos perdone y Él está dispuesto siempre a perdonar; pero para ello, se nos pide el arrepentimiento; pero dada nuestra voluntad enferma, dicho arrepentimiento a veces nos cuesta, de donde haya delegado a la Iglesia la absolución (“a quienes perdones sus pecados, quedarán perdonados, y a quienes no se los perdonen, quedarán sin perdonar”); se trata del “poder de las llaves”. La Iglesia es signo del amor misericordioso y compasivo de Dios (“aunque tus pecados sean rojos como la grana, quedarán blancos como la nieve”). Pero hay circunstancias en las que la Iglesia tiene el poder de negar la absolución. Para dar la absolución, la Iglesia requiere de siete requisitos: examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de la enmienda, restituir el daño, confesar los pecados, cumplir la penitencia y recibir la absolución. Esto lo podemos constatar más fácilmente en casos de injusticias sociales graves, de dominio público, en las que sacerdotes u obispos valientes (como Pedro Casaldaligas o Oscar Arnulfo Romero) negaron la absolución. En tales casos se pudo mostrar el “poder de las llaves” en defensa del pueblo contra los poderosos. Revisemos las  siete condiciones para dar la absolución pública (como podría ser en el caso de Ayotzinapa, cuando se lesionó a la sociedad:
    • Examen de Conciencia: se requiere de una investigación pública de “crímenes de Estado” que intentaron esconder; pero que ya consta jurídicamente que tales hechos acaecieron. Ej., la comisión de la Verdad de Mons. Gerardi, en Guatemala, investigación que le costó su asesinato.
    • Arrepentimiento: Se tienen que reconocer las faltas y dar muestras de dicho arrepentimiento (no esconder pruebas, por ejemplo). Como hizo el presidente Díaz Ordaz, cuando personalmente asumió la responsabilidad de los crímenes de los estudiantes (aunque él no fuera el que directamente los realizó).
    • Confesión verbal: Que sea pública y clara, sin verdades a medias (no como la “verdad histórica” del Procurador).
    • Propósito de la enmienda: Comprometerse a poner candados y leyes estrictas para que tales hechos no vuelvan a repitirse.
    • Cumplir la penitencia: Para que no haya impunidad, se tiene que cumplir la condena (p.ej., ir a la cárcel).
    • Restituir el daño: el daño moral es irreparable; pero puede darse algún tipo de indemnización a los familiares de las víctimas, reparar el daño moral seguido por el perjurio o calumnia. En algunas partes, esto implica a hacer un monumento que recuerde tales hechos (“las muertas de C. Juárez”, sobre los feminicidios, el monumeto a los normalistas de Ayotzinapa).
    • Dar la absolución: Una vez que se hayan cumplido estos requisitos, la sociedad puede plantearse el perdón: Perdón y olvido como es el perdón que otorga Dios. Perdón; pero no olvido:Custodiar la “memoria peligrosa” es una deuda histórica para con las víctimas, aun cuando no se llegue al perdón (“2 de octubre 68 no se olvida”). Conozco a mujeres casadas que supieron de la infidelidad del marido, y le decían: “te perdono; pero no olvido, para que no me lo vuelvas a repetir”. Algunos más intransigentes, ante graves crímenes sociales y para evitar la impunidad, dicen ni perdón, ni olvido… y hasta hay otros que olvidan y no perdonan, pues ya se olvidaron del agravio; pero les queda el rencor, que terminan sin recordar su causa.

IV LA RESURRECCIÓN DE LA CARNE Y LA VIDA PERDURABLE

  • Las “postrimerías” (muerte, juicio, infierno y Gloria) hablan de un doble juicio después de la muerte: el “juicio particular”, recién acabando de morir, y que es cuando se decide la suerte eterna de la persona, y el “juicio universal”, que es cuando se evalúa la aventura de toda la especie humana, en la encomienda que le dio Dios a los humanos, de “custodiar la Tierra” (Dios la creó bella, y de haber cuidado más la ecología, podríamos haber tenido planeta para mucho tiempo más), y una vida más feliz para todos, mediante una convivencia más fraterna, justa, pacífica, verdadera, libre y –sobre todo- fraterna y amorosa (la “utopía” divina, que Jesús llamó “Reino de Dios”).
  • La humanidad se ha enriquecido, gracias al desarrollo de tantas cualidades personales, laborales y espirituales: santos, científicos, filósofos, artistas, educadores, obreros, madres y padres de familia, trabajadores del campo, juristas… y tantos héroes reconocidos o anónimos, que entregaron su vida por los demás, místicos y mártires, religiosos e inventores, etc. Pero también, se ha empobrecido con gente mala, ambiciosa, mentirosa y manipuladora, cruel y prepotente.
  • El texto de San Mateo (Mt. 25, ) presente que en el juicio final, existe una clara línea divisoria entre ambas clases de personas. Pero lo que, de hecho comprobamos, es que dicha distinción no es tan sencilla en nuestra historia: la línea de separación entre víctimas y victimarios pasa por en medio de cada persona, y no es fácil discernir el trigo y la cizaña en un campo dónde crecen juntas; así como tampoco entre el opio y la levadura. Tantas veces hemos sido partícipes de “responsabilidades compartidas, diluidas en múltiples complicidades”. No valoramos suficientemente que actitudes que creíamos de poca monta, pueden tener graves implicaciones: pecados de indiferencia, omisión, pasividad, miedos o pequeños egoísmos, etc., que estructurados, forman los tremendos “sistemas de opresión”; otras veces, “pasamos de largo”, como el sacerdote o el levita en la historia del Buen Samaritano. Propongo el siguiente ejemplo, de un hecho del que personalmente fui testigo:

En Ciudad Juárez, en una colonia popular en la que muchas viviendas del INFONAVIT quedaron abandonadas por emigrantes, que dejaron sin pagar sus créditos correspondientes, había varias pandillas que desmantelaban esas casas, que luego utilizaban como refugio. Se robaban puertas, ventanas, cables eléctricos, muebles de baño, etc. Allí pude constatar el siguiente caso de “responsabilidades compartidas por múltiples complicidades diluidas”. Fue el caso de un muchacho de la familia donde me hospedaba: ambos padres salían a trabajar a la maquila y él quedaba solo en casa, con su hermana menor acostada en el sillón y con el control de la TV. Se aburría “como una ostra” y salió a reunirse con su “banda”. Le dicen sus amigos: (1) “Ve con Don Vicente y pídele su mazo”. (2) El hombre sabía que no lo iban a utilizar para algo bueno; pero tuvo miedo de negarse. (3) La vecina de enfrente veía desde la ventana cómo desmantelaban la ventana; pero también tuvo miedo de avisar a la policía. (4) Los amigos del joven le dijeron “ya que no trabajaste en esto, llévate esta noche la ventana”. El muchacho llegó a su casa con la ventana. (5) Su madre le preguntó: “¿A dónde llevas esa ventana?”. Y él responde: “eso no te importa; es asunto mío”. La mujer se imaginaba de dónde había salido aquella ventana; pero no supo qué hacer (6) Al día siguiente llevaron la ventana al comprador de metales “de chueco”: no había duda de que era robada; pero no le importó. (7) Finalmente, un comprador se interesó en adquirirla. Era más que probable que la ventana era robada; pero se la dieron barata.

  • Para un juicio, hay que distinguir responsabilidades diferenciadas, y resaltar que hay algunos, cuya participación resulta definitoria, que son los que cargan con las responsabilidades más graves. Pesemos, por ejemplo, en los siguientes estos datos, los cuales, además, se van agravando rápidamente (las fechas no importan tanto, pues cambian rápidamente y para mal:
    • En el mundo, el 0, 05% de la población  (unos cuatro millones de personas) posee el equivalente a la mitad de la economía real mundial, que en 2021 sumó US$463,6 billones dls. Sin contar con la “economía financiera” o “de casino” (la compra y venta de acciones de empresas, los llamados derivados financieros -como las transacciones sobre los precios a futuro- y el intercambio de unas monedas extranjeras por otras).
    • 26 empresarios acumulan más riqueza que la mitad más pobre del mundo  (3,750 millones) (OXFAM, Davos, enero 2019)
    • El 1% más rico de todo el mundo (85 millones) concentra el 99.9% de la riqueza mundial
    • En México, Carlos Slim tiene una riqueza igual a la de 65 millones de personas (50% de población)
    • 350 familias de México tienen igual riqueza que la del 90% de la población
    • Al mismo tiempo, casi 1,000 millones de personas en el mundo padece de hambre crónica.
  • En el futuro, probablemente la desigualdad se acrecentará enormemente con la Inteligencia Artificial (tema elegido por el Papa Francisco en su mensaje para la LVII Jornada Mundial por la Paz). Las publicitadas ventajas de la robótica, por ahora, representan más temores que esperanzas: todos ya estamos supercontrolados, entregando nuestros datos confidenciales al Banco (cuánto dinero tenemos, cuáles son nuestros ingresos y salidas periódicas; el Uber nos dice con quienes nos relacionamos y cada cuando; la tarjeta de puntos del supermercado informa qué comemos y cada cuanto tiempo; el celular (que nunca se apaga ni se borra, almacena todo lo que registramos), etc.
  • Se prevén tres “castas” separadas entre sí:
    • La segunda, (ahora podrían ser unos 60 millones de personas, son quienes se benefician de la I.A. (robot sastre que antes de vestirse, presenta un traje recién planchado y le recuerda su importante cita de las 11 am), luego da “like” a los robots de servicio para las labores del día; el piloto automático de su automóvil le informa que después de haber consulado el tráfico. Todavía puede contar con una hora, de modo que ve las noticias en su pantalla tridimensinal.
    • La primera casta es la que programa los robots, después de subirle los datos demográficos y los recursos disponibles en los próximos 15 años, y le ordena que, para entonces, su grupo de programadores (unas 6,000 personas) tenga las mayores ganancias posibles…, y los robots –que ya piensan (más bien, calculan), aprenden y toman decisiones, y como carecen de moral y de sentimientos, proceden implacablemente; aunque abandonen a la cuarta parte de la humanidad. Pero también, los mismos robots y con los mismos datos; pero con otros dueños, pueden programarlos de modo que dentro de los mismos 15 años, todos los seres humanos puedan satisfacer sus necesidades básicas del mejor modo posible.
  • La tercera casta, la de los parias, vivirán mucho peor que ahora: careciendo de agua, de carne, de ambiente medio sano, etc.
  • El “juicio universal” servirá para  deslindar todo lo que en la historia está mezclado: la “justa transparencia”. Ese deslinde, San Mateo lo presenta, en mala alegoría, como grupos totalmente separados, cosa que en realidad no será posible (sólo en el cuerpo presente hay “espacio” y “tiempo”). La situación espacial (derecha e izquierda) no permite, pues, la separación pastoril entre rebaños de “diestros bovinos” y “siniestros caprinos”.[1]
  • Más arriba hablamos del “Infierno”, cuya situación espacial sería “abajo, en el “Inframundo”, con llamas y demonios sádicos. Pero cuesta imaginar cómo sería la “resurrección de la carne”: Si el cuerpo glorioso es “carne”, como la que tenemos en este mundo (se discutía, incluso, si la edad sería la de los años que cumplió Jesús), cuesta saber las ventajas de dicha resurrección, donde no necesitamos el “aparato reproductivo”, pues no tendremos descendencia; tampoco el “aparato respiratorio” donde no hay oxígeno: ni “aparato digestivo” donde no hay alimento, etc. Quizás sólo necesitamos el cerebro. Sin embargo, todo cerebro necesita un soporte físico ¿Cuál podría ser? Ciertos teólogos imaginan que cada cual tendrá su propio planeta, y la comunicación (sin pulmones ni boca) sería telepática (Santo Tomás de Aquino afirmaba que cada ángel piloteaba un planeta propio).
  • El “Cielo” no es ningún “lugar” sino la “unión con Dios”, incorporándonos a su propio ser, en una unidad interpersonal, plena y amorosa con nuestro creador, redentor y santificador. El “infierno”, su ausencia, de quien nos hizo para Él y de quien nuestro corazón sólo descansa en Él; pero cuya fusión no es forzada, sino libre, en una opción que tuvo que realizarse cuando éramos una corporeidad temporal, pues sin cuerpo, ya no hay cabida para las rectificaciones. Dios seguirá amando a los réprobos, y estos le echarán la culpa de su desgracia; en el infierno no hay rejas; pero los condenados prefieren el tremendo sufrimiento de Aquella ausencia, a rectificar lo que, mediante sus obras, eligieron, y “ante la libertad, Dios se arrodilla”.

Preguntas”

  1. ¿Crees que las características de la Iglesia son las que mejor la identifican? ¿Añadirías alguna más?
  2. ¿Con los carismas de qué santos se identifica más tu espiritualidad?
  3. ¿Qué diferencias entre pecado y culpabilidad distingues?
  4. ¿Cómo concibes la “resurrección de la carne?

AMEN


[1] La metáfora del chivo evoca al antiguo dios “Cernnunus”, la imagen más antigua de un Dios (danzante cornudo pintado en la caverna “Des Trois Fréres” en Ariégie”), de los pueblos paleolíticos, habitantes de las marismas de la zona parte más norteña de Irlanda, cuyo animal que los sustentaba eran los renos (cacería y pastoreo). El dios era representado con cuernos, patas y cola de reno. Los Celtas no pudieron vencer a aquellos pueblos, pese a tener armas de bronce y aquellos, hachas de piedra, pero eran muy fieros y conocedores de las marismas. Cuando los romanos invadieron la región, llevaron a Cernnunus por todo el Imperio, convertido en Dyonisio griego y Baco Romano; pero manteniendo algunos rasgos en el Minotaruro, el Centaruro, el dios Pan, los Sátiros, etc.

  • Dyonisio fue un dios muy popular, y todavía en la Edad Media, encontramos ritos en los que, se decía, ciertas noches, Dyonisio convocaba a mujeres para el Sabbath, en los que danzaban desnudas en torno a una fogata y tenían relaciones sexuales con un gran chivo negro. Este rumor dio pie a la “cacería de brujas”, que costó que 50,000 mujeres fueran quemadas en hogueras, acusados de brujería. (Murray, Margaret, “El Dios de los Brujos”, FCE, 1986, México).
  • La alegoría de Jesús se prestó a denotaciones de prestigio o de desprestigio: se discrimina a los zurdos; se “sataniza” a las ideologías de “Izquierda” (“sinistra” en latín: los “siniestros”), que son las que favorecen al pueblo, y se prestigia a las “Derechas” oligárquicas.

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