PASTORAL JUVENIL VOCACIONAL[1]

El desafío de la modernidad


I CRISIS EN OCCIDENTE DEL CATOLICISMO Y DE LAS VOCACIONES

Hecho de vida

Un ejemplo personal: pasé 15 años como maestro en el Instituto de Formación Filosófica Intercongregacional de México (IFFIM), institución donde dieciocho congregaciones religiosas se encargan de los estudios filosóficos de sus formandos. En los primeros años como maestro, tenía tres grupos de 25 alumnos cada uno; más tarde se redujeron a dos grupos de 25 alumnos y luego a uno solo. En 2021, último año en que impartí clases, tuve un solo grupo, de 10 alumnos y en total eran 35 (para 15 maestros). Algunas casas de formación –varias ubicadas en grandes terrenos a las orillas de la ciudad- están siendo vendidas. Es evidente que la vida consagrada en México, ha dejado de ser atractiva para las nuevas generaciones.

Crisis de práctica religiosa.

  • El problema no es exclusivo de la Provincia claretiana, ni de algunos institutos (incluso los más importantes la padecen), ni tampoco es exclusivo de nuestro país (el fenómeno es más angustioso en otros países católicos occidentales). La crisis no es sólo del sector juvenil de la población, pues las estadísticas registran disminución de filiación confesional y de práctica sacramental: sólo el 50% de las parejas católicas en México se casan por la Iglesia. En 1950, los católicos pasabamos del 99% de los mexicanos, y en el 2020, éramos el 77.7%, con tendencia hacia la baja (22 puntos porcentuales en 70 años).
  • Esta crisis de la práctica religiosa se circunscribe más bien países euroamericanos. A Latinoamérica llegó más tarde, por su reservorio de religiosidad popular; pero ahora, el consumismo occidental aprendió a aprovecharla convirtiéndola en folklore, o a degradarla en magia o en mercancía. Por lo mismo, las nuevas generaciones ya no se identifican tanto con sus prácticas. La crisis vocacional no se resiente tanto en las Iglesias católicas de Asia y África: hay regiones -de la India, del sudeste asiático, de la Polinesia y de África, que son una reserva vocacional, al punto que se habla de la “orientalización de la vida religiosa”.

El discurso religioso se desplaza del templo a las aulas

  • Esta crisis no significa que a la población abandone la fe, ni que deje de interesarle lo que el cristianismo opine acerca de los principales problemas que les inquieta. Un indicador de esto, son las numerosas investigaciones que se realizan en el campo de las ciencias sociales: cada año, en México, hay ocho congresos de investigadores sobre lo religioso, y en muchas universidades hay algún centro de estudios de ciencias sociales y religión. Cuando estuve participando en el medio académico mexicano, la religión fue el tema que suscitaba mayor interés, quizás debido al tipo jacobino de laicismo jurídico de México, que extendía la prohibición de hablar de este tema en las aulas, a hablar de lo religioso como fenómeno social, lo cual afectaba al desarrollo científico del tema, respecto a otros  países latinoamericanos.

Inquietudes religiosas insatisfechas  de la juventud actual

  • Platicando con un maestro de preparatoria, me decía que sus alumnos tienen muchas inquietudes religiosas; pero que nadie los escucha: sus padres no lo hacen -sea por no sentirse capaces o por no querer dedicarles tiempo para este asunto irrelevante-. En las librerías, el estante que suele haber sobre religión, está ocupado por tendencias religiosas orientalistas o de evangélicos, y en cuanto a las librerías católicas (que los jóvenes no frecuentan), la mayoría de sus publicaciones, salvo pocos importantes escritos teológicos o espirituales, son textos catequéticos de la teología oficial y no abordan las grandes cuestiones de nuestro tiempo. Al último a quien consultan es al párroco.

II  INCULTURACIÓN DEL EVANGELIO

La catolicidad de la Iglesia implica la inculturización del evangelio, del carisma y de la misión. Esto es parte del ser de la Iglesia misma. El destino misionero “ad gentes” se cumplía en una situación distinta y distante de donde se dio la llamada -otra cultura, otra época, otro contexto-. Por tanto, había que salir de la propia “zona de confort” e “ir a la periferia”. La crisis vocacional hizo que aquel eurocentrismo occidental se haya debilitado, pues ahora, los países “evangelizados” (Iglesia “en misión”) se fueron volviendo países “evangelizadores” (Iglesia misionera), y en los países “misioneros” se ven párrocos de razas “de color” atendiendo la feligresía “blanca”.

INCULTURACIÓN DE LAS ÉPOCAS Y DE LOS TIEMPOS: LA MODERNIDAD

  1. LA SECULARIZACIÓN[1]

La “inculturación” de la fe no se reduce a los espacios geográficos, sino también a los tiempos históricos. Desde hace ya unos tres o cuatro siglos, Occidente derivó hacia la emergente cultura  de la modernidad: el agotamiento de la monarquía y su alianza “trono y altar”, el liberalismo de los siglos XVII y XVIII, los avances de la ciencia y de la técnica, la filosofía positivista de Augusto Comte (veía el “estadio religioso” como “la infancia de la humanidad, producto del miedo y la ignorancia”); [2] el desarrollo de las ciudades, el aumento del nivel de conocimiento y escolaridad, el ansia de libertad y el rechazo de la población a ser controlada, la emancipación del Estado respecto a los controles eclesiásticos, etc. Todo esto generó un cambio cultural importante, la “secularización”: aquel proceso irreversible, por el que las “culturas sacrales” pasan, de una sociedad centrada en la religión, a otra donde lo religioso ha perdido relevancia:

  • En las culturas sacrales  (con sus “cuatro emes”: maravillosismo, milagros, misterio, magia). La religión era la cosmovisión compartida por todos, con la firme adhesión del sentido común. La Iglesia, rica y poderosa, informaba todos los sistemas culturales y se encargaba de muchas funciones sociales: la educación, los registros demográficos, el arte, la beneficencia social, la regulación de la sexualidad (los matrimonios), la legitimación y deslegitimacion de la autoridad política (si el rey desobedecía al obispo, este lo excomulgaba, con lo que se le dispensaba al pueblo la obligación de obedecerlo) y hasta la dieta alimenticia (la cuaresma).
  • En las sociedades seculares hay poca asistencia al templo, los sacramentos son meros signos de status, faltan vocaciones a los seminarios, disminuye la influencia de la Iglesia, el Estado se emancipa de los controles eclesiásticos, etc. Estas sociedades tienen las siguientes características:
    • Racionalización:Las sociedades son más burocráticas y menos jerárquicas; las verdades no se aceptan por autoridad, sino por coherencia argumentativa.
    • Diferenciación funcional:la religión se relega a una sola área específica. Las funciones que antes ejercía la Iglesia ahora son sustituidas por instituciones autónomas, independientes (los sacerdotes asumen roles de sicólogos, trabajadores sociales, entrenadores deportivos, etc. Ahora la Iglesia se pertrecha en la erótica, como último bastión… y que ya la sexología actual se lo disputa). Las Iglesias dejan de ser las que legitiman y pierden plausibilidad y monopolio del control social. Las anteriores tareas de las que se ocupaba la Iglesia, ahora son llevadas por instituciones especiales más pragmáticas (registro civil, panteón civil, hospital civil, escuela pública), la autoridad moral de la Iglesia es sustituida por éticas seculares, etc.
    • Individuación: el capitalismo, a fin de explotar mejor al trabajador, lo “libera” de los apoyos corporativos que regulaban su vida cotidiana (familia, poblado, parroquia, gremio). El individuo queda fragmentado e inerme, y se refugia en la religión, pero separada de las Iglesias; como cosa de la vida privada.
  • Secularización y cristianismo.
    • Algunos analistas ven en el judeocristianismo mismo, el origen de la secularización: La creencia en la creación “desencantó” a la naturaleza y a la consecuente idolatría: ni el sol, ni la luna, ni el cocodrilo, ni el rayo… son deidades, sino simples creaturas de Dios y no imágenes de piedra o de madera. La predicación de los profetas se oponía al fetichismo del dinero (Mammón) y a los ídolos de la fertilidad (Baal). Jesús la retoma esta misma denuncia y deslinda: “el que sirve a dos señores, con alguno queda mal: no se puede servir al mismo tiempo, a Dios y al dinero”, o confronta los “tabúes” de las “impurezas” de los fariseos; contrapone la compasión a la Ley (convertir el Sábado, de día festivo del Señor, a agobiante impureza tabú).
    • El viejo “Estado Confesional” corrompió a la Iglesia, debido a su connivencia con el poder temporal, le delegó el control al pueblo y el sometimiento a las autoridades neoliberales.
    • La evangélica “opción por los pobres” es retorno a lo más auténtico del Evangelio
  • EL ESTADO LAICO
  • El “Estado laico” es una adquisición de la modernidad. Se contrapone al “Estado Confesional”, es decir, a la “Alianza Trono y Altar”, como la que se dio a partir de la legación de Constantino (los Estados Pontificios). Al inicio, la Iglesia era una institución más fuerte que las monarquías. El obispo coronaba al rey, y el Papa al emperador. Este esquema se mantuvo incluso después de la Reforma de Lutero: para evitar confrontaciones bélicas, se llegó al acuerdo: “cujus regis, ejus religio” (“la religión oficial de cada Estado, será la que tenga el rey).En la Nueva España asumió la forma del “Patronato Real”: los Reyes Católicos eran los responsables de la Iglesia Colonial (envío de misioneros, construcción de templos y conventos, cobro del diezmo, monopolio católico, etc.), a cambio de que el Papa, para nombrar obispos, tuviera que elegir entre la terna que la Corona le enviara. Este modelo terminó con el Galicanismo, cuando el poder real trató de imponerse sobre la Iglesia (los conflictos de investiduras):
  • El Estado Laico, en una sociedad plural como la del México actual -en la que los católicos ya sólo somos el 75% de la población-, ninguna denominación (religiosa, agnóstica o atea) tiene el derecho de valerse del aparato de Gobierno para imponer a toda la sociedad su propia visión del mundo. A la Iglesia católica en México le cuesta mucho trabajo renunciar a sus privilegios, y recurre a la filosofía jurídica del “iusnaturalismo” o “derecho natural” (aun cuando los católicos ya no fuésemos mayoría, la Iglesia no puede aceptar leyes inmorales, sino que nos guiamos por la “ley natural”, es decir, la que Dios escribió en la naturaleza misma y que todo mundo la conoce por instinto). Se objeta que según épocas o culturas, muchas veces se confunde esa “ley natural” con costumbres dominantes (para Locke, la propiedad era derecho natural, en otras partes lo es la subordinación de la mujer al varón). Por eso, el “positivismo jurídico” parece más práctico para la convivencia social, en aquellas sociedades donde existan concepciones éticas o religiosas opuestas, con tal de que las defiendan con argumentos suficientes. El Estado laico tiene que velar para que ninguna institución imponga su opinión a toda la sociedad, ni le corresponde optar por alguna de las partes, sino más bien convocar a todas, para que lleguen a un acuerdo, desde la “ética de los mínimos”.
  • LOS DERECHOS HUMANOS
  • La modernidad comenzó con la Revolución francesa, uno de sus legados fundamentales fue la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente, el 26 de agosto de 1789. Dicha Declaración fue muy bien recibida y actualmente tiene un valor universal. El mundo acordó reconocer a todos los humanos los derechos civiles y políticos que han de tener cabida en cualquier democracia moderna.
  • La primera generación de los derechos humanos: Los derechos civiles y políticos,  reconoció las libertades  de pensamiento, de expresión, de mercado, etc: La primera modernidad fue gestada por el Primer Mundo para la legitimación del Capitalismo.
  • La segunda generación de derechos humanos: Los derechos económicos y sociales. Los DH “de primera generación” fueron creación del “Primer Mundo”, y en el clima de la “Guerra Fría”, de la posguerra, utilizarlos para desprestigiar al “Segundo Mundo” -la URSS y el bloque socialista, incluyendo a China y a los países europeos de la órbita soviética- aprovechando las inocultables violaciones a los derechos humanos de aquellas las tremendas dictaduras (las atroces persecuciones religiosas durante el comunismo leninista-stalinista).  Para ello, requerían el reconocimiento de todos los países. Pero este bloque condicionaba su firma de aceptación a la Declaración Universal, a la aceptación del Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) (derechos laborales, derechos a la vivienda, a la alimentación, la salud, a la no-discriminación, etc.). De modo que los países occidentales se vieron en la necesidad de incluir estos derechos, y sólo así se pudo firmar en la Declaración de las Naciones Unidas de 1948.
  • La Tercera Generación de derechos humanos -los de “solidaridad” o “derechos colectivos”- proclaman los derechos a la paz, al desarrollo, a un ambiente sano, a la asistencia humanitaria (al apoyo internacional ante desastres naturales, guerras), etc.
  • “La Cuarta Generación son lo derechos diferenciados”: si los derechos anteriores obligaban a todos los humanos, por igual o en colectividad, ahora obligan de forma diferenciada: el respeto a los diferentes: los ancianos, los niños, los negros, los minusválidos, las mujeres, los homosexuales, de los pueblos indígenas, etc. (Ahora se pretende extender derechos a los no humanos: la Madre Tierra, los animales, etc.).

Todo este conjunto de derechos han ido sensibilizando a las personas, especialmente jóvenes, concientes de lo afirmado en la Declaración de Viena de 1993: “Todos los derechos son universales, indivisibles e interdependientes y están relacionados entre sí”.

III  LA CRISIS VOCACIONAL EN OCCIDENTE

DESDE LA CULTURA MODERNA

  • Si la crisis vocacional no es exclusiva de la Provincia claretiana de México, sino que es común a todos los institutos religiosos;
  • si tampoco es exclusiva de México, sino de los países de Occidente, y no de otros continentes;
  • si la crisis no es únicamente vocacional, sino que afecta a la práctica religiosa y a la disminución de católicos en general,
  • si esto no indica que haya desinterés por lo religioso (el creciente interés por el tema religioso en el medio universitario y académico)

Entonces, queda la hipótesis de que esta crisis obedece a una falta de inculturación pastoral ante la cultura emergente: la “modernidad”.

Esto ya se había demostrado en el Concilio Vaticano II: El evento empezó a despertar gran interés en los mass-media, cuando el Papa Juan XXIII hizo su conocida proclama: “Abramos las ventanas para que entre el aire fresco de la modernidad”. A partir de esta declaración, el Concilio sacudió de la inercia en que se había pertrechado la Iglesia, sintiéndose acechada, como una fortaleza, justamente, debido a la modernidad. La renovación conciliar provoco entusiasmo en los sectores progresistas, y a la vez, temores y confusión entre los conservadores, dividiéndose así la Iglesia. Este gran “tsunami” arrollador, en Latinoamérica, después de reafirmarse en la II CELAM de Medellín, se fue desvaneciendo a partir de la CELAM III de Puebla, cuando las fuerzas tradicionalistas –golpeadas; pero no vencidas, y apoyadas por la Nueva Derecha neoconservadora y neoliberal- lograron recuperarse y elevar al solio pontificio al Papa Juan Pablo II, y que actualmente, ahora contra el Papa Francisco, están volviendo al ataque.

En este contexto cuando resuena la voz del Papa Francisco, con esta obviedad:

El modo en que estábamos acostumbrados a desarrollar esta pastoral [“Juvenil Vocacional] en la Iglesia ya no va más, porque no responde a las inquietudes, necesidades, problemáticas y heridas de los jóvenes”. (Papa Francisco, “Christus Vivit”).[3]   

Cambios en la realidad juvenil de México.

La situación de la juventud en México es muy distinta actualmente respecto a la que teníamos los claretianos mayores hace apenas 50 años, cuando entramos al seminario:

  • La Iglesia ya perdió el control social: cuando Ruiz Cortines, había enormes colas de penitentes para confesarse y poder comulgar los Primeros Viernes, y los jóvenes teníamos que presentarles a nuestros padres la calificación de las películas en cartelera, publicadas por la Liga de la Decencia, distribuidas en los templos.
  • México ha transitado, de una sociedad rural a otra urbana. Los claretianos mayores, provenientes de comunidades pueblerinas, confirmarán que sus pueblos natales se han convertido en ciudades pobladas, con calles pavimentadas y con mucho tráfico. En aquellos espacios, donde de chicos cuidaban sus animales y jugaban futbol, ahora sus sobrinos tienen estudios preparatorianos o universitarios, tienen familiares en el extranjero, visten a la moda, tienen celular e internet y en las fiestas religiosas, hay más jóvenes en las ferias y juegos mecánicos, que en las misas.

Ya ni pensar aquellas “cosechas” de niños que, en las giras vocacionales, traía el reclutador de vocaciones (le llamaban “robachicos”), pues sus padres estaban contentos de que su muchacho entrase al seminario, donde tendría facilidades para estudiar su secundaria en la ciudad, tenía control y disciplina, y estaban más contentos todavía, si después se salía. No podemos, seguir haciendo lo mismo, esperando tener ahora mejores resultados que antes (pensando, simplemente, con un “vocacionero” mejor).

Reubicación de la pastoral juvenil vocacional

  • Se tiende a ver la “pastoral juvenil vocacional” como dirigida a un sector específico, desmembrado de la pastoral de conjunto de la comunidad parroquial. Es verdad que se puede estudiar la sicología social de la juventud actual -al menos la de México- y es probable que esto ayude al discernimiento vocacional por parte del sacerdote encargado; pero la causa determinante de la crisis vocacional es la cultura moderna, en la que los jóvenes están inmersos; la reciben en las clases de preparatoria, en las universidades, en los libros que leen y películas que ven en  el cine, en “Netflix”, en las series de TV, en las redes sociales, en YouTubes, las modas, etc…. Esta cultura ambiental les plantea desafíos a su fe, pues además, crecieron ya en ambientes secularizados. Sus mismos padres no saben o no les interesa responderles, y recurren a sus compañeros, igual de confundidos que ellos… Al último lugar al que recurren es a los templos, cuyos sacerdotes y feligreses pertenecen a otras generaciones, y que tal vez comprendan menos que ellos a la cultura moderna.

Respuesta al gran desafío

  1. Si queremos que en nuestros templos y en nuestros seminarios haya más jóvenes (o no tan jóvenes, pues algunos entran al seminario con carrera universitaria y dejando una novia), toda la comunidad cristiana tiene que cambiar: la pastoral juvenil no puede entenderse como una pastoral desvinculada de la pastoral de conjunto. Una pastoral juvenil vocacional eficaz interpela y desafía a toda la Iglesia, al menos en Occidente, cuya viabilidad histórica dependerá de que dé una respuesta relativamente pronta a este desafío. Por tanto, queda fuera de nuestras posibilidades provinciales actuales, e incluso, hasta de las posibilidades reales de la cúpula eclesial, incluyendo al Papa Francisco mismo, cada vez más cuestionado. Esto no quiere decir que no hagamos nada y que nos sentemos a rezar, en espera que una solución nos venga del Cielo. La aportación de este trabajo pretende, simplemente, detectar la causa principal, esto, además de no desanimarnos, espero que aliente a continuar con nuestros pequeños pasitos, que si los damos en la dirección correcta, podríamos contribuir, con nuestros granitos de arena, a la inclinación de la balanza, ¿En qué dirección?
  2. Convertirnos hacia la cultura moderna actual: verla con otros ojos, tratar de comprenderla y no defendernos de ella… Quizás esta crisis vocacional y de identidad cristiana sea un “signo de los tiempos”, por dónde el Espíritu esté actuando en este momento de la historia. No nos arriesguemos a “estar dando coces contra el aguijón”.
  3. La “crítica de las culturas”. Toda tarea de inculturación de la fe conlleva esta tarea para la Iglesia: todaslas culturas tienen sus valores y sus contravalores. Evangelizar las culturas implica potenciar sus “Semillas del Verbo”, sus valores tendenciales hacia el Reino de Dios, y denunciar sus antivalores, sin pretender ir a “enseñarles”, sino caminar junto con ellos hacia la realización plena de la utopía de Jesús.
  4. Perdón; pero no olvido: Se requiere de una reconciliación cultural; pero sin caer en ingenuidades: persisten en la memoria las dos primeras formas de modernidad -el liberalismo jacobino capitalista y el comunismo leninista/stalinista-. En ambas, miles de cristianos fueron asesinados por persecuciones, y la Iglesia fue despojada de bienes y privilegios, que juzgada desde su misión, no les pertenecían, pues fueron acumulados en los Estados Confesionales, y le tocó pagar su precio.
  5. Pasitos de conversión: Que en nuestros templos se escuche hablar de derechos humanos, de las reivindicaciones femeninas, del respeto a la comunidad gay, de ecología, de los derechos a los ancianos, de los obstáculos a la paz, de las injusticias, de la inmoralidad de la llamada “posverdad” y las “fakenews”, etc. Que busquemos dar a los sacramentos y a las devociones populares un sentido más teológico, evitando su degradación.
  6. Que la formación permanente vaya en esta dirección, y que se facilite a los misioneros más jóvenes, una mejor formación, especialmente en carreras universitarias.
  7. Desvincularnos, como Iglesia, de esos movimientos semejantes a los ProVida (infiltrados por la ultraderecha y por fuertes capitales empresariales, como es la minería). Por ejemplo: oponernos proféticamente al aborto; pero no desde el poder (los aparatos de Estado), sino mediante el diálogo con otras corrientes, presentando nuestro punto de vista con humildad y respeto, como correspondería a un auténtico Estado Laico, etc.
  8. Necesitamos también revisar nuestros prejuicios a todo lo que huela a “izquierda” (o a los denigrados “populismos”) y tener más criticidad hacia la Derecha. Quizás nos sorprenda descubrir que la primera posición está más cerca del Evangelio, que la segunda.

Este es mi aporte; quizás sea un sueño; pero sin sueños no hay cambio posible.


[1] Se distingue la “secularización” –proceso sociocultural irreversible- del “secularismo” -ideología que califica a lo religioso como falsedad, producto del miedo y la ignorancia-.

[2] B. Malionowski y antropólogos funcionalistas, basados en sus trabajos de campo, afirman que en las culturas primitivas, magia, religión y ciencia no son estadios sucesivas, sino que siempre han coexistido; pero cumpliendo funciones distintas

[3]“Christus vivit”, num. 202-247, cita del conversatorio “Dimensión Juvenil y Vocacional, “El Papa Francisco y los Jóvenes” pag. 3. Idea que se repite en la parte “sueño congregacional y los jóvenes” (p. 4). 

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