Marcos encomienda a Juan Bautista -el “mensajero que preparará el camino”- que introduzca a Jesús. Hombre del desierto, que detectó la crisis decisiva de la Alianza de Dios con su pueblo, y diseñó un rito fluvial original, como signo de consagración a su movimiento renovador. Jesús se hace presente como buscador de una misión presentida, que se la revela en el momento de su bautismo.
El bautismo de Jesús (1, 1-13)
- El título del evangelio de Marcos es “Comienzo de la Buena Noticia de Jesús”, reconocido como Mesías. A continuación, presenta al presentador -Juan el Bautista-, con una caracterización tomada de Isaías -“mensajero que preparará el camino” (10,3)- o sea, un pregonero que “grita en el desierto”. Juan es un habitante del desierto: vestido como ellos -“piel de camello, ceñido con cinturón de cuero”- y se alimenta como ellos –“chapulines y miel silvestre”-. Juan presenta a Jesús: “alguien que viene detrás de mí y con más autoridad que yo”.
- Hijo del sumo sacerdote Zacarías y de la anciana estéril Isabel, a Juan le hubiese correspondido suceder a su padre en el servicio al Templo; pero siendo todavía joven, se retiró al desierto para analizar la situación religiosa del pueblo. Diagnosticó que Israel, el “pueblo de Dios”, se había desviado de la misión, encargada por Dios a Abraham, sellada por un solemne pacto de alianza: ser “luz de las naciones”. Tratando de recuperar la actitud que tuvieron los primeros israelitas al cruzar el Río Jordán, para entrar a la tierra prometida. Juan, se instaló en la Perea, en un recodo en la parte oriental del río. Desde allí, exhortaba a sus discípulos con su slogan: “Dios ya está harto de tanta prevaricación. Ya el hacha está puesta a la raíz del árbol. Esta es la última oportunidad”, ypara comprometerlos, debían someterse a un ritual fluvial. Ya había algunas piscinas de carácter lustral (en Qumram , en el Templo mismo y en otros sitios religiosos); pero el ritual de Juan implicaba agua “corriente”, pues su “bautismo” constaba de dos partes: la primera era arrepentirse de las complicidades personales con la degradación de la Alianza (de ahí la inmersión en el río, para que al agua se llevase los pecados), y la segunda, consagrar su vida a la recuperación de la Alianza. El bautizado atravesaba el río, sumergido bajo el agua (allí el río no era muy profundo) para salir frente a Jericó, repitiendo así, liderado por Josué, aquella entrada de Israel a la tierra prometida. Se trataba, pues, de un bautismo, que si bien implica arrepentimiento de pecados personales, se trataba de algo mucho más allá: un “bautismo detonante de un cambio de vida”; una vocación a consagrar la propia vida a la recuperación personal de la misión del antiguo Israel (“metanoia”).[1] Esta idea fue muy bien recibida en aquel momento crítico para el pueblo, y “toda la gente de Judea y Jerusalén acudía a él.”
- Jesús, por su parte, allá en Nazaret de Galilea, vagamente se sentía ser llamado por Dios para una misión especial. Buscando alguna luz, se dedicó a revisar las principales corrientes religiosas de su tiempo: los “esenios” (los “piadosos”), secta judía fundada desde el siglo II A.C., que vivían en el desierto, aislados del pueblo; los monjes del Qumrán (los “elegidos”), se encerraban en su “kibutz” sobre una meseta de calcita cercana a Jericó, para practicar mejor la ley; Los zelotas, al menos, se preocupaban por la situación de un pueblo humillado y conquistado por una potencia pagana a la que trataban de expulsar, a base de guerrillas, imitando la gesta de los Macabeos; pero, aparte de que su lucha era suicida, a Jesús lo repugnaba la violencia… la propuesta con la que más se identificaba Jesús era la del movimiento desencadenado por su primo Juan en el río Jordán. Su discernimiento se volvió acuciante con a la muerte de José. El patriarcado recaería en el varón de mayor edad. No sabemos la edad que tendrían sus primos; pero, independientemente, habría consenso entre los miembros del clan para que Jesús ocupara el patriarcado. Cuando comunicó a sus familiares su decisión de incorporarse al movimiento de su primo Juan, se provocó un fuerte conflicto familiar; pero para Jesús, los primero era seguir el llamamiento divino, antes que acatar las expectativas familiares.
- Jesús localizó a su primo y escuchó con interés su diagnóstico y sus propuestas. Fundamentalmente las compartía; aunque no le parecía adecuada la imagen justiciera de Dios que Juan parecía tener. Jesús le pidió a su primo que lo bautizara, orando al mismo tiempo a Dios, para que le dijera la misión que le tenía reservada. Cuando Jesús salió del agua, Jesús y Juan vieron el cielo abierto y que el Espíritu bajaba sobre aquel, como lo hace una paloma, y se posaba sobre su cabeza (Marcos interpreta esto como una “unción”) [2], y se oyó una voz del cielo que exclamó: “Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto”. Los evangelios no mencionan ningún cambio de la gente hacia Jesús (los discípulos de Juan probablemente sólo habrían escuchado un trueno). Jesús saldría del río anonadado, y Juan le recomendaría irse un tiempo al desierto, como él ya lo había hecho, con provecho.
- El Espíritu, pues, llevó a Jesús al desierto, donde pasó cuarenta días (recordando los 40 años de travesía de Israel). Los pobladores del desierto -recolectores y cazadores-, para alimentarse dedican mucho tiempo: recogen raíces y hierbas, preparan trampas para atrapar alguna ratita, encienden fogatas (sin leña, ni cerillos, ni gasolina)… y esto les ocupa gran parte del día. Lo más práctico para Jesús, fue ayunar todo este tiempo (lo cual incluso algunos naturistas recomiendan). Entonces, Jesús inició su discernimiento para diseñar su misión. Podemos suponer que Jesús empezaría sistemáticamente, comenzando por la idea de “mesías” que sostenían las autoridades religiosas y difundían los letrados: una misión desde el poder (personal y social), rey-guerrero poderoso y milagrero. Sería tarea sencilla y contaría con el apoyo de los fariseos y quizás, hasta de los mismos sumos sacerdotes. Pero sabía que Yahvé prefiere siempre lo discreto y el no-poder.
Planificando su campaña
- Además de ayunar y superar tentaciones, Jesús realizó un trabajo sistemático de discernimiento y diseño estratégico para su misión. Suponemos que fue así, “a posteriori” (“a toro jugado”, dicen en Jalisco), pues la narración de Marcos presupone una planificación detallada (con cierta flexibilidad). Repasemos algunos elementos:
- Formular un objetivo principal
- Jesús comenzó clarificando una “utopía” como su objetivo principal. La llamó “Reino de Dios”, expresión de resonancias teocráticas (su modelo tomado del reino davídico), que tampoco era original: los distintos grupos sociales lo esperaban, desde otros contenidos: los “saduceos” (grupo de escribas helenizantes), legitimaban el reinado de Roma. Los “fariseos” lo interpretaban como el cumplimiento general de la Ley, y creían que el pueblo, con sus inobservancias, lo retrasaba. Los monjes del Qumram creían que sólo iba a ser para ellos y lo ganaban a base de purificaciones lustrales. Los “zelotas” lo reducían a este mundo, y debían lograrlo mediante la expulsión de los romanos, profanadores del Pueblo de Dios. Poco tiempo atrás, en la rebelión de Judas y Sadoc, ya se había hablado del “Imperio (“basileia”) de Dios”, y la gente del pueblo esperaba un “milenio” similar, en el que Israel reinaría sobre todas las naciones.
- Jesús no se opondría directamente a Roma (aunque implícitamente lo haría): aunque el poder romano era muy poderoso y recelaba de las sediciones, los romanos no vieron en Jesús un peligro: Herodes no lo detuvo (quizás temía el descontento popular por la muerte del Bautista) y Jesús ya le había enviado un mensaje tranquilizador: “díganle a esa zorra” que no se preocupe, que ya iba a ir de sus dominios. A Pilato tampoco le preocupaba demasiado. Jesús pensaba que ir contra Roma hubiese significado no denunciar la ideología religiosa del Centro, que para Jesús, era su adversario principal. Jesús, recogiendo esa expresión arraigada, le dio otro contenido, que deducido de su práctica, lo podíamos describir como una sociedad basada en la fraternidad, con los valores de justicia, verdad, paz, libertad.
- Slogan. La difusión exitosa de cualquier campaña, crea uno. El de Jesús (a diferencia del de Juan) era: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está entre ustedes: cambien su vida y crean en esta Buena Noticia.”
- Estrategia.
- Territorial- Comenzar por Galilea y de allá, ir bajando hasta llegar a Jerusalén. Aquella región tenía algunas ventajas: por ahí cruzaban importantes rutas comerciales, había cierto mestizaje (griegos y cananeos) y tenían buena formación religiosa, debido a dos causas: (a) habían sido trabajados por grandes profetas, como Elías y Eliseo. (b) Con el exilio y el cautiverio en Asiria, Galilea había sufrido fuerte despoblamiento, y siendo una tierra fecunda y bien comunicada, el Centro en Jerusalén diseñó una política demográfica, alentando una migración de judíos formados en la religiosidad del sur y dándoles, para ello, facilidades para instalarse allá.
- Ubicación- En principio, podría instalarse en algún poblado (Nazaret) y que la gente fuera allá a buscarlo; pero se inclinaba más por una misión “itinerante”: ir recorriendo los pueblos y haciéndose de discípulos que lo siguieran.
- Práctica- Mientras caminaba de un pueblo a otro, iría instruyendo a sus seguidores por medio de parábolas, para acercarles el Reino a su vida cotidiana; al llegar al pueblo, curaría a sus enfermos, expulsaría demonios, anunciaría su Buena Nueva, denunciaría aquella religiosidad legalista y acartonada difundida por los omnipresentes fariseos y los sábados, en las sinagogas, predicaría un sermón bien construido.
- Los milagros. Jesús era conciente de tener todo el poder divino para realizarlos; pero también sabía que su Abbá prefería una misión muy discreta, realizada desde el no-poder. Siendo Jesús “imagen visible del Dios invisible”, no realizaría milagros que no fuesen motivados por la compasión y la misericordia para con los enfermos y sufrientes, y no para el propio beneficio de su Hijo (p.ej., bajarse de la cruz), y ni siquiera para su misión; aunque esta pareciese un fracaso (“¿Por qué me has abandonado?”).
- Hacerse de un equipo central de colaboradores: elegiría doce, connotando las “doce tribus de Israel”.
- Preparar un “lanzamiento”. Toda campaña exitosa planifica uno, pensando sus elementos de lugar, tiempo y forma (tal como hacen actualmente los comerciantes, cuando “lanzan” al mercado un nuevo producto, o como los políticos “lanzan” su campaña), había descartado la tentación de un “lanzamiento” literal: desde el pináculo del Templo, en un día de fiesta y ante la multitud de peregrinos, “lanzarse” al vacío, confiando en que los ángeles lo tomaran con la punta de sus alas y lo depositaran suavemente en el suelo (aplauso general). El delanzamiento de su misión podría ser en la sinagoga de Nazaret, comentando una profecía de Isaías que la describía.
- En cuanto al tiempo, Jesús esperaba un signo, y éste llegó con el arresto de su primo Juan Bautista por parte de Herodes (1, 14). Jesús, que al regreso del desierto se había quedado ayudando a su primo, vio que era el momento de tomar su relevo, no prosiguiendo con los bautizos en el Jordán, pues ya tenía claro que su misión sería itinerante. De modo que se puso en camino hacia el norte.
I EL REINO Y LA VIDA DEL PUEBLO (de 1,14 a 8, 21)
Un día en la vida (1, 16-39)
Hay una dinámica sicológica que nos permite conocer cómo es nuestra vida (nuestros tiempos perdidos, las ocupaciones poco importantes que nos absorben, etc.), y también los antropólogos utilizan este recurso como técnica “de campo” para conocer una colectividad, y consiste en registrar detalladamente un día cualquiera (puede también elegirse un día especial). Un ejemplo lo tenemos en el libro de Oscar Lewis “Antropología Cultural”, que describe un día en la vida de cinco familias de Tepoztlán (Morelos), emigrantes a unas vecindades de Tepito. Para esto, el antropólogo tuvo que pasar varias semanas sin su trabajo de campo, hasta notar que su presencia ya no influía en sus habitantes (hábitos, lenguaje, conflictos, etc.). De manera similar, Marcos nos presentó “un día en la vida” de Jesús, el primer día de su misión.
La víspera, Jesús la habría dedicado a viajar hacia Cafarnaúm. Ayudando a su primo Juan en sus bautizos, éste le envió dos excelentes prospectos para su equipo central de colaboradores, uno de ellos era Andrés, el cual invitó a su hermano Simón a conocer a Jesús, y había habido mucha empatía entre Jesús y ellos. Le dijeron que eran pescadores en Cafarnaúm, un pueblo pequeño; pero de cierta importancia. Estaba situada junto al Lago de Genezaret, donde podría comunicarse por agua y por tierra, cruzaban por allí importantes rutas comerciales. Por estos factores, a Jesús le pareció un buen lugar para su centro de operaciones.
Calculó bien el tiempo para llegar temprano a la playa del pueblo, justo a la hora en que los pescadores tendían sus redes para la pesca, y no habiendo muchos, no fue difícil localizarlos. Se veía que eran pescadores de vocación, y Jesús no pretendió quitarles esa vocación, sino elevársela a un nivel superior: ser “pescadores de hombres”. Ellos, dejando inmediatamente sus redes, lo siguieron (v 18). Simón le presentó a sus socios, Santiago y a Juan, hijos de Zabedeo, quien además era el propietario de la barca, de la que Simón era capitán. Estos hermanos, también, dejando a su padre en la barca con los jornaleros, siguieron a Jesús. En aquel día fueron a instalarse en la casa de Simón para descansar un poco, y en ese mismo día (si fuese sábado) o al sábado siguiente, Jesús fue a la sinagoga, donde se puso a enseñar “como quien tiene autoridad (en nombre propio) y no como los escribas” (que se reducen a comentar las escrituras). Allí realizó su primer milagro: expulsar a un endemoniado, como signo de su lucha contra el Maligno. Marcos hace que sean los demonios mismos –ciertamente conocedores a Dios- los primeros en reconocerlo (“Se quién eres, el Consagrado de Dios”), obviamente, al “balconearlo”, se proponían obstaculizar su misión, para que la gente le demandase milagros espectaculares que denotase poder, por lo que Jesús hizo callar al demonio y lo expulsó del enfermo.
Al regresar a la casa, encontraron a la suegra de Simón con algo de fiebre; Jesús la sanó, y la mujer, agradecida, se puso a servirles (el agradecimiento se volvió servicio). Tal vez después de la comida, Jesús haya querido platicar un poco con los niños del clan, y al atardecer, todo el pueblo se congregó, llevándole sus enfermos para que los sanara. Ya que allí la vida en terminaba temprano, Jesús se retiró a descansar. Al día siguiente, muy temprano, Jesús se levantó y subió a un cerro a hacer oración.
Cuando los evangelistas hablan de que Jesús pasa la noche en oración, se trata de un discernimiento importante -imaginemos cómo serían esas oraciones de Jesús, en comunión íntima con su Padre-. Pero entonces, los discípulos subieron al monte adonde estaba Jesús: “Todos te están buscando”; pero Él les comunicó su decisión por una misión itinerante: “Vámonos de aquí a los pueblos vecinos, pues para eso he venido”. ¡Así pasó Jesús su primer día de misión!
Preguntas:
- ¿Ha tenido tu vida alguna conversión profunda en tu pensar y en tu actuar?
- ¿Esa conversión fue preparada por alguna búsqueda en discernimiento y oración?
- ¿Planificas detalladamente tus metas importantes?
- ¿Qué haces ante una tentación que quiera alejarte de tus buenos propósitos? ¿Simplemente la tratas de reprimir?
- ¿Recuerdas un día decisivo en tu vida?
- ¿Cómo empleas tu tiempo cotidiano?
[1] El bautismo de Jesús tiene poco que ver con el de Juan: el compromiso del seguidor de Jesús, será la inmersión del “neófito” en su sangre crucificada, y su salida de la piscina bautismal, será significante de su resurrección gloriosa.
[2] “Ungido”, en hebreo se dice “Mesías”, y en griego, “Cristo”