“ACTUAR” Es el tercer momento de la Pastoral Social Urbana Transformadora. Como sabemos, los tres momentos no son secuenciales, sino cíclicos, o más bien, en espiral (ver- juzgar -actuar -volver a ver lo actuado- revisar lo juzgado a la luz de la acción, etc.). Parodiando a Marx: en los análisis de realidad “no se trata de comprender la realidad, sino de transformarla”. Para un cristiano dedicado a la praxis académica -la “práctica-teórica” maoísta es una práctica valorable-, tampoco se justificarían los análisis; aunque fuesen buenos, si no van encaminados a la instauración del “Reino de Dios”, es decir, una sociedad nueva, basada en la fraternidad, la justicia, la paz, la libertad y la verdad.
En esta III Parte, a partir de nuestros tres estudios de caso, visualizaré los mecanismos de resistencia de estos habitantes, y sus estrategias empleadas ante las injusticias sufridas, y evaluaré mi acción pastoral en estos procesos, esperando que, incluso de las inevitables fallas, puedan ser de utilidad a otros.
LA RESISTENCIA
- Movimientos Sociales Urbanos (MSU). Hace cincuenta años, la sociología urbana prestaba atención a estos movimientos de resistencia. Se gestan cuando un conjunto de agentes de las clases subalternas decide separarse de los roles y funciones que las clases dominantes les asignan, dentro de la lógica de la dominación, en determinado sistema socioeconómico. En lo urbano concretamente, para resistir la política de la organización del espacio con fines de la acumulación capitalista y modificarlo en función de la población. Tales movimientos no son necesariamente revolucionarios: muchos son pluriclasistas, y casi nunca rebasan la reivindicación para la que se levantaron, sin embargo, tienen un considerable efecto político, al menos, para la toma de conciencia.[1]
I LA COLONIA HIDALGO
- La regularización de la tenencia de la tierra conducida por la CORETT, no fue un simple trámite administrativo, como se podría suponer, sino un proceso complejo y contradictorio, en el que se dieron negociaciones, intimidaciones, controles y represión. Finalmente, se impuso la política urbana capitalista y sus relaciones sociales dominantes para la posesión y tenencia del suelo, mediatizando, controlando o copando líderes de los movimientos urbanos de resistencia.
La resistencia a la regularización de la tierra
“Excursus autobiográfico”. Leí en la prensa una invitación a sumarse a un movimiento sacerdotal, que siguiendo las orientaciones de la II CELAM de Medellín (1968), podrían hacer Aquellos sacerdotes con una “opción por los por los pobres”. El movimiento era semejante a otros similares de Sudamérica, tales como el movimiento sacerdotal Golconda, de Colombia, y a los “Sacerdotes del Tercer Mundo”, de Argentina. Una de las condiciones de admisión que requería la nota es que trabajasen en alguna parroquia pobre. Para los sacerdotes diocesanos esto no representaba mayor problema (ningún otro querría estar en esos lugares); pero los religiosos dependíamos también de las alternativas que tenían nuestras respectivas Congregaciones. El único barrio que teníamos los misioneros claretianos en la CDMX, era la Vicaría Fija de María Reyna, en la Colonia Miguel Hidalgo, de Tlalpan, así que solicité sumarme a dicha comunidad.
- La sede de la extensa Vicaría estaba en el barrio obrero de la “Fama Montañeza”, perteneciente a la fábrica textil del mismo nombre. Tales empresas necesitaban abundancia de agua, y la construyeron junto al manantial de las “Fuentes Brotantes”, al sur de la ciudad. El territorio de la Vicaría era inmenso: el límite sur estaba donde la Av Insurgentes se vuelve hacia la salida a Cuernavaca, entre la Villa Olímpica (por la fábrica de papel de Peña Pobre), pasando el parque del manantial de Las Fuentes Brotantes, hasta llegar al Restaurante Campestre Enríquez. El límite norte subía hacia el Cerro del Ajusco, más arriba de actual la carretera Picacho Ajusco, entonces, un simple camino vecinal. Pertenecía al Ejido de Tlalpan; aunque la Vicaría también comprendía, al Oriente, los pueblos de Santa Úrsula Xitle y Tepechimilpa (pueblo que vivía del cocimiento de ladrillos en hornos); y al Poniente, un parque de reserva.
- Lo primero que hice fue conocer el lugar, y luego dividí la Colonia Hidalgo en siete sectores. La parte de abajo de la Colonia Hidalgo llegaba hasta Insurgentes y estaba ya semi urbanizada; en cambio, la parte de más arriba (la “Ampliación Miguel Hidalgo”) apenas se estaba empezando a poblar, sea por hijos de ejidatarios, sea por avecindados pobres, y cada solicitante hacía una casita provisional, adaptándose a las exigencias del terreno (piedra volcánica negra del Xitle, en medio de un encinar). Mi primer objetivo pastoral fue formar en cada uno de los siete sectores un embrión de Comunidad Eclesial de Base en la que la formación en la fe se daba simultáneamente a la reflexión sobre la problemática del lugar.
- Poco después, un colega del movimiento “sacerdotes para el pueblo” me informó que nueve párrocos, a todo lo largo del camino Picacho Ajusco, se estaban organizando ante la oposición a la tenencia de la tierra, similar a la que teníamos en la parroquia, y me invitó a sumarme a ellos. La organización de estos párrocos abarcábamos una gran franja que iba desde San Pedro Mártir, por la salida a Cuernavaca (Chucho Ramos), donde está el Campo Militar Num. 1, hasta el pueblo de la Magdalena Contreras (Rafael Reygadas): una franja de nueve parroquias unidas para responder a la propuesta de la CORETT.
- El Centro Operacional de Vivienda y Poblamiento (COPEVI),[2] fue la institución que nos dio el enorme fundamento que necesitábamos. Se trataba de una organización independiente de arquitectos católicos, perteneciente al llamado “Catolicismo Social”: movimiento promovido por el famoso sacerdote Pedro Velázquez, quien fundó una exitosa red nacional de Secretariados Sociales, Semanas Sociales y agrupaciones sectoriales.
- COPEVI fue la primera institución no pública que se dedicó a analizar, reunir datos, plantear hipótesis… sobre políticas habitacionales. Además de la investigación, el Centro apostó por formar técnicos dentro de equipos interdisciplinarios. Más adelante, constató que el involucramiento de la población en su problemática habitacional se lograría mediante su participación en las decisiones. Su motor fue la investigación sobre la vivienda y la política poblacional, y para dar respuestas habitacionales, promovió el diálogo entre sus profesionales (no sólo arquitectos e ingenieros) y las comunidades. Finalmente, en aquellos años, al constatar que una política social de vivienda no podía abordarse sin una planeación urbana, se abrió a este objetivo. Su alianza con nuevas organizaciones sociales preocupadas por la vivienda en sectores de las periferias urbanas y de los núcleos rurales, le empujó a incidir en planteamientos de política habitacional como parte de la política social del Estado mexicano, y esto pudo hacerlo gracias a su bagaje teórico-práctico.
Política urbana hegemónica para la zona
- La hipótesis sostenida por COPEVI era que la política urbana dominante en la zona que trabajamos estaba diseñada por sectores del gran capital: los fraccionadores, la industria de la construcción y la industria del automóvil. Estos empresarios veían que, ecológicamente, había potencialidades para convertir la zona, en territorio para colonias residenciales de lujo –el privilegiado sur de la ciudad-. Bien comunicado (la carretera Picacho- Ajusco se conectaría con el viaducto), era un encinar arbolado y fresco, y la lava volcánica misma aportaba para material de construcción y para una arquitectura creativa (como se exhibía en el fraccionamiento del Pedregal de San Ángel); pero eran concientes de que el estatus de “zona urbano-ejidal” impedía que la tierra entrara al mercado de vivienda. Se requerirían también costosas inversiones para acondicionar los terrenos. Para esto, habría que aprovechar una mano de obra barata (gratuita) para ir haciendo habitable la región, con lo que se añadiría un plus de trabajo no remunerado. Una vez que la “zona urbano-ejidal” se hubiera convertido en colonia residencial privada, aumentaría pronto su valor catastral y los impuestos se elevarían, de modo que los actuales colonos tendrían que vender sus lotes. La propuesta de COPEVI era, pues, oponerse a la regularización y presionar para que la zona siguiera conservando el estatuto de Ejido, y por serlo, legalmente no se podría vender. Otro tanto habría que hacer con la oposición a ciertos servicios públicos.[3] Ya que la resistencia la llevábamos nueve parroquias, constituíamos un importante frente ante la CORETT, que trató de descalificarnos o de irse ganando poco a poco a los vecinos, con el falso aliciente de “seguridad”
Medidas pastorales
- Teniendo conocimiento de esta contradicción entre políticas de urbanización, me planteé algunas metas pastorales:
- La construcción de templos obedecía al impulso constructivista que se vivía. Nos propusimos construir uno en cada sector (esto consolidaría los siete sectores y evitaría la dispersión). Nos informamos de que en el reglamento para la zona urbano-ejidal se señalaban algunos lotes para servicios públicos (mercado, escuela, etc.) y que para la Zona Urbano-Ejidal de Tlalpan se tenía destinado un gran predio para la sede parroquial, en la parte de más arriba (por ahora, la más precaria; pero que una vez abierta la carretera a Ajusco sería la más cotizada). Se eligió un vallecito, y en él se talló la pila bautismal directamente en la roca, y se puso en junto a ella una gran cruz. Se talló y acondicionó igualmente un anfiteatro, el cual fue cubierto con una lona. Los ejidatarios nos regalaron una gran raíz de encina como base para una tabla como altar, y un restaurante campestre cercano regalo un techito de palapa. Esa fue nuestra “capilla ecológica de Cristo Obrero”.
- Las homilías, como ocasión para hacer conciencia. Sin violentar los textos litúrgicos, los domingos celebraba sendas misas en cada sector. Llegaba cuando la gente hacía su “tequio” o faenas ejidales (la nivelación y aplanamiento de las calles), entonces se suspendía el trabajo, y los picos y barretas se colocaban junto al altar. Informaba cómo iba el proceso en los diversos sectores y en otras parroquias vecinas.
- Nuestras prioridades: el sentido comunitario y el interés por los demás. Formamos una caja de ahorro. Los jóvenes jugaron un papel importante: fui con algunos de ellos al Registro de Propiedad y copiamos (a mano) la historia del ejido de Tlalpan. Luego, los jóvenes utilizaron aquella información para una obra de teatro popular.[4]
Triste final
- Se preparaban las elecciones presidenciales de 1976. El Partido Comunista, bajo la conducción de su valioso líder Arnoldo Martínez Verdugo, conocedor de Antonio Gramsci, se estaba reformando. En su Congreso decidió disolverse para facilitar la necesaria unión de las izquierdas. También se incluyeron en el nuevo Partido a ciertos sectores sociales que, si bien sus reivindicaciones, en sus orígenes, habían sido demandas de la burguesía, ésta las había abandonado y ahora la Izquierda las retomaban haciéndolas suyas (feminismo, ecología, homosexualidad). Entre estos “nuevos sujetos” entraron también algunos cristianos, bajo el tutelaje del conocido diputado Gilberto Rincón Gallardo. Por supuesto, esto no se dio sin debate, pues hasta entonces, los cristianos tenían prohibido entrar al PCM (ahora ya el Partido Socialista Unificado de México: PSUM). Estos cristianos, formados en la Teología de la Liberación, publicaron un tríptico de gran difusión titulado: “¡Cristianos: a votar por el PSUM!”. El cardenal Corripio Ahumada, en respuesta, publicó una carta pastoral prohibiendo a los cristianos votar por el PSUM.[5]
- Una de las Comunidades de Base de la Colonia Hidalgo, que tenía conciencia política, pero poca experiencia, escribió en el diario “Uno más Uno” un texto en que alegaba que no había razón para esta prohibición. Esto disgustó al cardenal, quien pidió a los superiores claretianos que le devolviéramos la Vicaría Fija de María Reyna -hasta entonces, los claretianos la teníamos “ad nutum Sanctae Sedis”, es decir, “hasta que lo dispusiera la Santa Sede”. Además, chantajeó al Provincial para que guardara el secreto “in péctore” (no hacer público el proceso), hasta nueva orden. Poco tiempo después, el Provincial nos visitó y nos dio la noticia, diciendo que el cardenal nos daba una semana para dejar la Vicaría. La gente -ya conciente, gracias a la luchas contra la regularización de la tierra de la Colonia Hidalgo, y por su apoyo a invasiones de tierra en Tepechimilpa-, salió en nuestra defensa (sin consultarnos, para no responsabilizarnos). Fueron a ver al cardenal, que no los recibió, y una reportera les pasó la voz de que el cardenal iría a Huipulco a inaugurar unas instalaciones. La gente decidió hacerse presente en el evento, colando para quedar en los primeros lugares a la entrada del templo, llevando unas pancartas escondidas entre la ropa. Los organizadores notaron el movimiento de gente extraña, y confundiendo las pancartas con armas, lanzaron a un grupo de choque a golpear a los feligreses, quienes lo que pretendían era hablar con su pastor. Ese fue el triste fin de nuestra experiencia.
Conflictos posteriores a nuestra salida.[6]
Continuaron dándose conflictos por la regularización de la tierra en zonas ejidales, agudizándose entre los años 1976 y 1978. Fueron de varios tipos:
- Conflictos entre la CORETT y los ejidatarios de la Liga de Comunidades Agrarias del Distrito Federal, ligada a la CNC, sector campesino del PRI, disputándose el control de las mesas regionales directivas y desde ellas, mayor tajada de las utilidades de regularización, o también, por expropiar más hectáreas para fines de especulación (esto no se dio en los ejidos del sur de la CDMX).
- Conflictos al interior de los ejidos, entre el sector rentista especulador de los ejidatarios y las comunidades de campesinos (por la renovación de comisariados ejidales, contra el despojo de alguna inmobiliaria, por servicios públicos, etc.) Esto sucedió en el la Ampliación Miguel Hidalgo del ejido de Tlalpan (8 de abril 1978, diario “El Día” p. 10).
- Conflictos de ejidatarios contra la Delegación Política del DF (por despojo de lotes).
- Conflictos contra invasiones de colonos, cuando los comisariados ejidales eran ocupados por el sector ejidal rentista y especulativo y las invasiones de colonos afectaban sus intereses de comercialización. Por eso, los ejidatarios intervinieron en la expulsión violenta de invasores. CORETT y los ejidatarios manipulaban el sentimiento de inseguridad de la posesión de lotes de los colonos residentes. Tales fueron los casos de las invasiones de esos años en la ampliación Miguel Hidalgo y en las zonas aledañas a la carretera Picacho-Ajusco.
- Resistencia Urbano Popular ante la política de regularización por CORETT (1976-1982)
Varios diarios (en abril 1978) hablaron de conflictos en la Ampliación de la Col. Miguel Hidalgo, de Tlalpan, como resistencia frente al fraccionamiento de lotes y reventa en zonas habitadas, y también debidos a que en los contratos de escrituración aparece un menor precio de venta (se valuaban los terrenos a un mayor precio que el pagado a los ejidatarios como indemnización, para incluir en ello el pago en dinero y en faenas de trabajo dadas por los colonos durante el proceso de formación de la colonia). Incluso se asignaban distintos precios de venta en una misma colonia, al considerar la renta comercial potencial de los lotes ubicados en las calles principales, esquinas y cercanos a vías rápidas de comunicación.
- Las formas de resistencia de los colonos se expresaron a través de diversos medios:
- Por la dominación de la contradicción ejidatarios-CORETT, donde las fracciones disidentes ejidales logran manipular a los colonos en sus demandas frente a CORETT; pero una vez logrados tales convenios de negociación, se aliaban con C0RETT y con la delegación política, para oponerse a los colonos.
- Por la mediatización, a través de las asociaciones de residentes en las juntas de vecinos bajo la dominación de líderes dentro del PRI.
- Por la acción de la Federación de Colonias Proletarias de la CNOP, sector popular del PRI que aglutina a las asociaciones civiles pro mejoramiento cívico material creadas en décadas anteriores.
- Por la acción de asociaciones civiles que, con procedimientos burocráticos de petición de información y presión, no pasan a la movilización ni realizan alianzas con otras colonias.
- Por la movilización como arma principal en el caso de organizaciones independientes con capacidad de alianza aglutinadas en la Coordinadora Nacional del Movimiento Urbano Popular (CONAMUP), quien levanta demandas no sólo en tomo a la regularización de la tenencia de la tierra y servicios públicos, sino demandas políticas contra la represión y por la libertad de organización y manifestación en solidaridad con las luchas populares.
- La Coordinadora Nacional de Movimientos Urbanos Populares (CONAMUP) fue el instrumento más eficiente y coordinado para la resistencia de los colonos ante CORETT. Esta organización frentista se describe a sí misma como una “fuerza social potencialmente revolucionaria en alianza estratégica con el proletariado para la revolución socialista”. Agrupaba 40 organizaciones en 11 Estados y utilizaba la movilización masiva como instrumento de lucha. A mi parecer, cuando me hablaban de ella, reconocía que, ante nuestra resistencia tan endeble, el frentismo utiliza el acarreo de los movimientos más débiles, lo cual, si bien obtiene más fácilmente sus grandes logros, es al precio de debilitar a las luchas menores.
- La estrategia de CORETT en la Colonia Hidalgo fue individualizar los lotes, con apoyo de los ejidatarios y del DIF, y luego, dividir la colonia en cuatro partes, con diferente rentabilidad, comenzando con las zonas de menor precio, y así se propició la división entre los colonos.
CUESTIONARIO
- Intenta hacer una periodización del conflicto en la Colonia Miguel Hidalgo en relación con la CORETT.
- El proceso de regularización de la tierra conducido por la CORETT dio pie a numerosos conflictos con los colonos. ¿Recuerdas algunas causas?
- ¿Recuerdas algunas formas de resistencia que se suscitaron entre los colonos o entre los ejidatarios hacia CORETT?
- ¿Cómo evalúas nuestra pastoral social urbana transformadora? ¿Qué logros y qué fracasos notaste?
[1] Ejemplos de estudios de tales MSU: Jordi Borja (1975), Lijkine (1979) Castells (1976), etc.
1 Conf. la propia Página institucional de COPEVI. Existe un artículo de Alfonso Castillo S.M.: “COPEVI, 50 años lidereando vivienda social (14 de abril de 2015)
[3] Ante la promesa de la CORETT de pavimentarles las calles, una señora comentó: “¿para qué, si ninguno de nosotros tenemos coche? Basta con que arreglen la calle principal para que entren las pipas con agua y los microbuses”.
[4] La parte más graciosa de aquel sociodrama fue cuando, después del recorrido histórico, se llegó al momento actual, para el cual el vestuario identificaba con claridad a algunos vecinos.
[5] Aquella Carta Pastoral fue respondida por un documento firmado por los ocho obispos de la XII Zona Pastoral Pacífico Sur (entre ellos, Samuel Ruiz, Bartolomé Carrasco y Arturo Lona, alentando a los cristianos de sus diócesis a votar libremente por el Partido que mejor les pareciera, tan sólo tomando en cuenta la “opción por los pobres”.
[6] ´Para esta parte me valgo exclusivamente del magnífico artículo, ya mencionado, de Fernando Bejarano o.cit.