3. SANACIONES Y CONFRONTACIÓN (1, 21 a 3, 6)

Cada cultura concibe de modo peculiar la enfermedad. Los israelitas no las vivían como algo biológico, sino religioso, como castigo por Dios. Marcos nos presenta los tres primeros milagros – endemoniado, leproso y paralítico- y tímidamente, da comienzo con la confrontación contra los fariseos.

  1. Enfermedad y sanación en los márgenes
  2. La enfermedad no es sólo un hecho biológico. Es una experiencia que el enfermo procesa y sufre según su modelo cultural, vivida diversa en cada cultura. En el siglo I, en la cuenca del Mediterráneo, eran tres las zonas afectadas: el pensamiento y la emoción (ojos, corazón), la comunicación (boca, oídos) y la actividad (manos y pies). Eran las mismas que suele haber en países pobres y subdesarrollados (cojos, ciegos, leprosos, paralíticos). Muchos enfermos incurables deambulaban arrastrando su enfermedad y mendicidad.
  3. Reacción de la comunidad.- Los enfermos vivían la enfermedad no tanto como dolencia, sino como incapacidad para la convivencia con los demás. Se veía la enfermedad, no desde el punto de vista médico, sino religioso. La causa no estaba en algo orgánico, sino en que Dios le retiraba su espíritu vivificador. Se los veía como pecadores (“¿quién pecó? ¿él o sus padres?”), como poseídos, por lo que no debían entrar en el Templo ni en la ciudad para evitar profanarla; es decir, además de los dolores de la enfermedad, la vivían como estigmatizados y excluidos.
  4. Medicina.– En Israel no había muchos médicos. En  Grecia había algunos notables (Hipócrates y sus humores, Esculapio y sus baños, etc.). Acaso en podrían encontrarse en Séforis, Tiberíades o la Decápolis. En Galilea había pocos curanderos y caros. Recurrir a ellos se veía como una desconfianza de Dios. Para sanar había que arrepentirse y pedir perdón -la curación era una bendición de Dios-.
  5. La acción sanadora de Jesús.  De los 18 milagros que registra Marcos, 15 se narran en esta parte. Los milagros narrados son para ser interpretados: Ante los sufrientes, Jesús se interesaba por su enfermedad, antes que por su pecado o impureza. Antes que como profeta, Jesús fue conocido, como curandero o exorcista de prestigio. Los medios que usaba no eran propios de una terapia; su sanación era integral: no sólo curaba al organismo, sino de su situación de humillación e impotencia, mediante la práctica eficaz en favor del ser humano: Simplemente daba una orden a la enfermedad y esta desaparecía. La sanación era parte de su anuncio del Reino: ir contra el mal que daña al ser humano y contra la Ley que marginaliza.

Su estilo de curar: Jesús habla con el enfermo, toca a los impuros, bendice a los malditos, comunica fuerza a los impotentes, reaviva su fe y da confianza en la bondad salvadora de Dios. Trabaja el corazón del enfermo, lo libera de su culpabilidad, lo reconcilia con la comunidad y lo libera de la marginación.

  • Texto del Evangelio
  • Expulsa al demonio el sábado en la sinagoga (1, 21-28). La primera manifestación de Jesús fue como exorcista. Los “endemoniados” en aquel tiempo eran, en realidad, enfermos mentales (epilepsia, esquizofrenia, histeria, estados alterados de conciencia). Podría tratarse de una estrategia subconciente que algunas personas oprimidas utilizaban de manera enfermiza para defenderse de una situación insoportable, y para hacer lo que en circunstancias normales no podrían hacer (v.gr., rebelarse contra Roma, como la “legión” de demonios en Gerasa, a quienes Jesús los hizo entrar en los cerdos y arrojarse al mar, de dónde vinieron). Jesús no utiliza los recursos de otros exorcistas (anillos, amuletos, leche materna), ni conjuros, ni oraciones: usa su propia fuerza, da órdenes despiadadas, los malos espíritus gritan y se revuelcan; expulsa al demonio que esclaviza y cura de la Ley (en sábado). La autoridad es suya, no de los escribas.
  • Curación de un leproso e inicio del conflicto por la pureza (1, 40-45). La lepra es una enfermedad repugnante –ver cómo la carne se pudre en vida-. Hasta hace poco se la tenía como sumamente contagiosa (hoy ya no parece tanto). Entonces se veía al leproso como una amenaza mortal contra el pueblo y contra la vida, por eso se le condenaba al ostracismo: se le segregaba y condenaba a la soledad, al oprobio y a la excomunión. Algunos parientes o personas de buena voluntad dejaban en una piedra un cántaro con agua y un mendrugo de pan; eran obligados a llevar al cuello una campanilla, y si algún pastorcito escuchaba la fatídica campana, huía despavorido.

(Se puede leer el texto)

     Un leproso es objeto de milagro en la primera gira misionera de Jesús. Se muestra ganoso de sanación y creyente en el poder de Jesús. Esto lo hace vencer los sentimientos de vergüenza y de humillación, y postrado, expone su fe: “si quieres, puedes” (“querer es poder”). No duda del poder de Jesús, ni tampoco de su compasión. Éste, simplemente lo toca (podría haberlo sanado sin tocarlo), la lepra se va, Jesús lo envía al sacerdote (el servicio sanitario de entonces), para que, examinándole, le expida su constancia de sanación y pueda así

reincorporase a la convivencia urbana. Le manda presentar la ofrenda prescrita y le exige enérgicamente no divulgar el milagro. El leproso –quizás sintiéndose, equivocadamente, obligado a cumplir con una deuda de gratitud- desobedece. Se trata de una inversión de situaciones: tocar al leproso implica contaminarse de impureza, y por consiguiente, condenado automáticamente al ostracismo, y ya no puede entrar en ninguna ciudad para no contaminarlas, y tiene que quedarse en despoblado para atender a la gente.

  • Curación de un paralítico (2, 1-12). Después de su primera gira, Jesús, regresó a Cafarnaúm. Ya está “de vuelta a casa”, no se hace referencia tanto a la casa de Simón, cuanto de su espacio de intimidad, donde descansa, instruye a los suyos  y nutre su espíritu. “Se reunieron tantos, que no quedaba espacio ni siquiera junto a la puerta” (si bien, se les habían reservado asientos un grupo de “letrados”). En eso, llegaron cuatro personas llevando en una litera a un paralítico, y como no hallaban modo de acercarse a Jesús, se treparon al techo, corrieron las hojas de palmera y por el boquete, descolgaron al enfermo, el cual quedó en el portón, justo frente a Jesús. Toda la gente está a la expectativa esperando la sanación; pero Jesús, “viendo la fe del paralítico” le dijo: “hijo, tus pecados te son perdonados”. Quizás muchos que deseaban ser testigos de un milagro portentoso, se hayan decepcionado; pero Jesús, fue a la raíz: hay ciertas actitudes negativas -el miedo, la culpa o la inferioridad- que paralizan. Por lo tanto, lo que Jesús hace es quitar la causa (el sentimiento de culpabilidad) y el enfermo salió curado y alegre, sanado del cuerpo y del alma.

   Esta perícopa[1] es importante por ser la primera mención sobre el tema que será central en este capítulo: la confrontación de Jesús con las autoridades religiosas (los “letrados”). Por ahora, no dicen nada y se contentan con tan sólo  “discurrir  en su interior: ¿Cómo puede éste hablar así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios” Los escribas saben que “sólo Dios perdona”, y lo hace, mediante sacrificios en el Templo: pero Jesús sana mediante la práctica eficaz en favor del hombre. Por eso, para el pensamiento “letrado”, decir “tus pecados te son perdonados” sería una blasfemia merecedora de la muerte. Jesús conoce y recrimina sus pensamientos: “¿Qué es más fácil, decir “tus pecados te son perdonados?”. Atendiendo sólo a lo meramente constatable, cualquiera puede decir eso; pero decir: “levántate, toma tu camilla y vete a tu casa” únicamente puede hacerlo quien demuestre tener ese poder. Es así que el milagro denota que Jesús lo tiene.

  • Llamamiento de Leví

    El pasaje se inserta aquí como paréntesis narrativo, según el esquema mencionado “A-B-A”: continuando el tema “integración del equipo interno de colaboradores” y el de “milagros de sanación”, abre al tema siguiente (“B”): “confrontación con el Centro” (escribas y ahora, fariseos).

Los “publicanos”.

  • Toda sociedad tiene sus “oficios sucios” -necesarios y legales; pero mal vistos por la ciudadanía- (hoy, serían policías, prostitutas, cantineros, cabareteras, etc.). Los publicanos constituían en el Israel de entonces, un “oficio sucio”: Eran los recaudadores del tributo que los romanos exigían al pueblo de Israel, y que recaía sobre todo en los campesinos. El tributo exigido por Roma era de dos clases: el “tributum solis” (a las tierras cultivadas) y el “tributum capitis” (por cada miembro del clan), y podía entregar en especie o en moneda y negarse a pagarlo se consideraba rebeldía contra Roma. Este tributo representaba una pesada carga (un 12% de la producción); pero su razón era abastecer de grano a Roma o a las legiones ante eventuales crisis de alimentos. A las clases gobernantes de las colonias, se justificaba el tributo por las construcciones, carreteras, acueductos, vigilancia y seguridad. Los reyes vasallos eran los encargados de la recaudación: Herodes Antipas tenía su propio sistema de impuestos y contrataba recaudadores: después de pagarle  la cantidad determinaba, se les permitía extraer para ellos lo que pudieran, a modo de comisión, y para facilitar esta tarea, Herodes ponía soldados de apoyo, todo lo cual se prestaba a muchas extorciones. Había publicanos de “primera” -encargados de aduanas, puentes y carreteras importantes (Zaqueo, uno de ellos)- y publicanos de “segunda” (como Leví), encargados de los oficios más “sucios”. La gente los veía como “traidores” (trabajaban para el invasor) y como pecadores públicos; la religión los condenaba, ya que para ser absueltos tenían de devolver lo robado, y como esto difícilmente podían hacerlo (por ejemplo, si su puesto estaba en  un camino, donde no verían de nuevo a quienes habían extorsionado), quedaban irremisiblemente condenados.
  •    (“A”) Leví (Mateo) tenía su banco de recaudación junto al lago. Jesús, pasando por ahí, lo vio y lo invitó a seguirlo, y Leví, renunciando a su banco, “se levantó inmediatamente (pasó de la muerte a la vida) y lo siguió” (es decir, se convirtió en su discípulo). Para celebrar su conversión, Leví ofreció a sus colegas (los que estaban “del otro lado” de la sociedad judía, no los israelitas “buenos” y “puros”) una cena de despedida, a la que asistieron Jesús y sus discípulos.
  • (“B”) Aparece en escena un grupo de fariseos, y como adversarios que serán, increpan a Jesús -a través de sus discípulos- sobre lo que “no se puede hacer”:  -“¿Por qué su maestro come con recaudadores de impuestos y pecadores?”- (compartir la mesa significaba comunión de ideales). Jesús recoge la crítica: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. No vine a llamar a los justos, sino a los pecadores”

La Ley contra la Compasión:Lo que se puede y lo que no se puede hacer” (2,13 a 3,6)

Los fariseos

  • Fueron los principales adversarios de Jesús. Eran burócratas y administradores, una secta rigorista y observante, que difundía por todo el país la religiosidad del Templo: la observancia estricta de la Ley (Torah). Su principal preocupación era asegurar la respuesta fiel de Israel al Dios Santo, que les había dado la ley y los había distinguido como pueblo escogido. De ahí su desvelo por observar u exigir el cumplimiento de todas las prescripciones (olvidando su espíritu). Representaban al Templo; pero sólo estaban en las ciudades. Se desconoce cómo era su organización interna. Les gustaban, ciertos aspectos de Jesús (como su interés en recuperar la Alianza); pero les irritaba que hablase directamente en nombre de Dios, y no en nombre de las tradiciones, o que fuese amigo de perdidos y pecadores.
    • La Ley (la Torá) era el orgullo de Israel; lo mejor que habían recibido de Dios (en las sinagogas se guardaban los rollos en un cofre, en un lugar espacial). No sentían la Ley como carga fastidiosa, sino que lo hacían con alegría, como un tesoro imperecedero. Especialmente apreciaban los aspectos que les deban identidad de pueblo (el abstenerse de carne de cerdo, la circuncisión, el reposo sabático); pero con el tiempo, la Ley se fue degradando y cayendo en legalismo.

    En cambio, para Jesús, la verdadera identidad de Israel no era excluir a paganos o impuros, ni a vivir “separados” (Qumrám), sino acoger a todos, preferentemente a los marginados. Jesús no vive pendiente de leyes, sino apasionado por el Reino. Es verdad que, en principio, en la Ley estaba la voluntad de Dios; pero no era un lugar central (su aplicación dependía de cada caso): Jesús iba más allá de la Ley; no le importaba la casuística moral, sino que buscaba el bien de las personas, especialmente, los débiles; respetaba la libertad ante los “impuros” (come con ellos), y no cuida de “lo que entra del exterior”.

  • Las “impurezas” no eran pecado, sino “tabú”; pero para los fariseos, éstas apartaban de Dios, impedían entrar en el Templo y tomar parte en el culto en la sinagoga. El reposo sabático, por ejemplo, para los monjes del Qumram, ni siquiera se podía salvar a una persona o a un animal; los fariseos eran menos extremistas: sí se podía, en sábaso, participar en guerras defensivas o salvar una oveja.
    • El ayuno (2, 18-22) -privarse de alimento- suele ser un obsequio a Dios (en tiempos de barbarie, cuando los cuerpos son fuertes y las pasiones también, puede ayudar a fortificar la voluntad y ayudar a pensar mejor); pero también hay ciertas formas de ayuno que no agradan a Dios (v.gr. el ayuno forzado de los que tienen hambre crónica); el ayuno naturista como forma de purificación del cuerpo; el ayuno de “protesta” (la “huelga de hambre”), en público, para llamar la atención de la gente sobre una causa justa, estando dispuestos a dejarse morir por la misma (la Iglesia la permite, pero sin arriesgar la vida). El ayuno que Dios quiere (“romper las cadenas injustas”) es el ayuno solidario: privarse de algo, para que quienes ayunan habitualmente, puedan comer al menos ese día.

   Los fariseos –y los discípulos de Juan- al ayunar, cumplían con ciertas tradiciones (que, en realidad, no obligaban a nadie más que a los sacerdotes, durante “los tiempos sagrados” y sólo mientras estaban en servicio ministerial del Templo). Jesús relativiza esos principios idolatrados, propios de piadosos bien comidos –“No pueden ayunar los invitados a una boda, mientras el esposo está con ellos”, pues cumple con las profecías, que comparaban los tiempos mesiánicos a “un festín con manjares exquisitos y vinos de solera”. Quienes estaban con Jesús no solían pasar hambre, pues vivían el “tiempo de fiesta”; aunque lo más probable era que “les fuera quitado el esposo y tuvieran que ayunar.”

    El ayuno ascético, aunque originalmente haya tenido justificación, desde la novedad festiva del Evangelio, se evidencia como tradición obsoleta. Jesús da un criterio para el discernimiento: tomar en cuenta el contexto temporal, juzgar lo “viejo” (la tradición del ayuno) con categorías “nuevas” (la práctica festiva de Jesús), aquella resulta “vetusta”; al pretender mantenerla en el nuevo contexto, con algunas aparentes innovaciones (el parche nuevo rasga el vestido viejo); pero si se rescata el sentido original de la tradición desde su contexto original (parche viejo para vestido viejo), se podría reconocer su propio valor. Algo así sucedería si pretendemos traer una “Buena Nueva”, simplemente “camuflajeando”, con algunos parches, las estructuras antiguas (el carácter alegre del discipulado), entonces Jesús sería un “bebedor, amigo de publicanos y pecadores”, –el vino nuevo echa a perder el odre y con él, el vino-; pero al juzgar la tradición desde su contexto original, quizás se compruebe que “el vino añejo es mejor

  • El sábado. La confrontación prosigue con una de las interpretaciones más rígidas del intocable reposo sabático:
  • Los discípulos restriegan semillas en sábado (2, 23-27). Jesús iba caminando por un sembradío. Sus discípulos tenían hambre, cortan algunas espigas del trigal y las restriegan entre sus manos para comérselas. Hasta aquí no habría problema: era costumbre muy extendida que los campesinos reservasen los primeros surcos para que los viandantes comiesen granos de trigo para saciar su hambre. El problema era que sábado estaba totalmente prohibido cualquier “trabajo”. Los fariseos denuncian a los discípulos ante Jesús, presionándolo para que los corrija. En lugar de esto, Él los defiende, aludiendo una anécdota del santo Rey David: cuando sus compañeros pasaron hambre, entró en la casa de Dios y tomó unos panes benditos para alimentarlos, y concluye: “el sábado  se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado, y el Hijo del Hombre también es duelo del sábado”. Jesús no se propuso abolir la ley del sábado, sino recuperar su sentido original: un regalo para descansar de trabajos y penalidades, y así experimentar la bondad del Padre; de ahí la importancia de curar en sábado (aun cuando no hubiera peligro de muerte). Ninguna ley que proviniera de Dios impediría aliviar las necesidades vitales de los sufrientes.
  • Curación de la mano paralizada en sábado (3. 1-6) Jesús entra en la sinagoga y ve un hombre con la mano paralizada. Todos saben que puede curarlo… ¡pero es sábado! Lo están espiando. Jesús pone al enfermo en medio: “¿Qué se puede y qué no se puede hacer en sábado? ¿salvar la vida o dar muerte?” sus adversarios callan; Jesús se indigna ante su hipocresía… y cura al tullido. Los fariseos salen y deliberan matar a Jesús.

Esta clase trató de contraponer la Ley y la compasión; el legalismo formalista y la imagen compasiva y misericordiosa del Abbá de Jesús.

Preguntas:

  1. Trata de hacer una crítica de la enfermedad y de la medicina científico-técnica, de la industria farmacológica y de la mercantilización de la salud, en la cultura consumista actual.
  2. ¿Qué enfermedades actualmente son objeto de estigma?
  3. ¿Tuviste oportunidad, durante el COVID de acompañar a algunos enfermos, aun corriendo algunos riesgos moderados?
  4. Revisa cómo es tu compasión para con los sufrientes.
  5. ¿Puedes detectar en tu alrededor algún legalismo que sientas limitarla?

  1. [1] “Perícopa”, según el diccionario de la Real Academia Española, es “un pasaje de la Biblia que se lee en determinadas ocasiones del culto religioso”.

2. ¿QUIÉN ES JESÚS? (Caps. I, 2 y 3)

Marcos encomienda a Juan Bautista -el “mensajero que preparará el camino”- que introduzca a Jesús. Hombre del desierto, que detectó la crisis decisiva de la Alianza de Dios con su pueblo, y diseñó un rito fluvial original, como signo de consagración a su movimiento renovador. Jesús se hace presente como buscador de una misión presentida, que se la revela en el momento de su bautismo.

El bautismo de Jesús (1, 1-13)

  • El título del evangelio de Marcos es “Comienzo de la Buena Noticia de Jesús”, reconocido como Mesías. A continuación, presenta al presentador -Juan el Bautista-, con una caracterización tomada de Isaías -“mensajero que preparará el camino” (10,3)- o sea, un pregonero que “grita en el desierto”. Juan es un  habitante del desierto: vestido como ellos -“piel de camello, ceñido con cinturón de cuero”- y se alimenta como ellos –“chapulines y miel silvestre”-. Juan presenta a Jesús: “alguien que viene detrás de mí y con más autoridad que yo”.
  • Hijo del sumo sacerdote Zacarías y de la anciana estéril Isabel, a Juan le hubiese correspondido suceder a su padre en el servicio al Templo; pero siendo todavía joven, se retiró al desierto para analizar la situación religiosa del pueblo. Diagnosticó que Israel, el “pueblo de Dios”, se había desviado de la misión, encargada por Dios a Abraham, sellada por un solemne pacto de alianza: ser “luz de las naciones”. Tratando de recuperar la actitud que tuvieron los primeros israelitas al cruzar el Río Jordán, para entrar a la tierra prometida. Juan, se instaló en la Perea, en un recodo en la parte oriental del río. Desde allí, exhortaba a sus discípulos con su slogan: “Dios ya está harto de tanta prevaricación. Ya el hacha está puesta a la raíz del árbol. Esta es la última oportunidad”, ypara comprometerlos, debían someterse a un ritual fluvial. Ya había algunas piscinas de carácter lustral (en Qumram , en el Templo mismo y en otros sitios religiosos); pero el ritual de Juan implicaba agua “corriente”, pues su “bautismo” constaba de dos partes: la primera era arrepentirse de las complicidades personales con la degradación de la Alianza (de ahí la inmersión en el río, para que al agua se llevase los pecados), y la segunda, consagrar su vida a la recuperación de la Alianza. El bautizado atravesaba el río, sumergido bajo el agua (allí el río no era muy profundo) para salir frente a Jericó, repitiendo así, liderado por Josué, aquella entrada de Israel a la tierra prometida. Se trataba, pues, de un bautismo, que si bien implica arrepentimiento de pecados personales, se trataba de algo mucho más allá: un “bautismo detonante de un cambio de vida”; una vocación a consagrar la propia vida a la recuperación personal de la misión del antiguo Israel (“metanoia”).[1] Esta idea fue muy bien recibida en aquel momento crítico para el pueblo, y “toda la gente de Judea y Jerusalén acudía a él.”  
  • Jesús, por su parte, allá en Nazaret de Galilea, vagamente se sentía ser llamado por Dios para una misión especial. Buscando alguna luz, se dedicó a revisar las principales corrientes religiosas de su tiempo: los “esenios” (los “piadosos”), secta judía fundada desde el siglo II A.C., que vivían en el desierto, aislados del pueblo; los monjes del Qumrán (los “elegidos”), se encerraban en su “kibutz” sobre una meseta de calcita cercana a Jericó, para practicar mejor la ley; Los zelotas, al menos, se preocupaban por la situación de un pueblo humillado y conquistado por una potencia pagana a la que trataban de expulsar, a base de guerrillas, imitando la gesta de los Macabeos; pero, aparte de que su lucha era suicida, a Jesús lo repugnaba la violencia… la propuesta con la que más se identificaba Jesús era la del movimiento desencadenado por su primo Juan en el río Jordán. Su discernimiento se volvió acuciante con a la muerte de José. El patriarcado recaería en el varón de mayor edad. No sabemos la edad que tendrían sus primos; pero, independientemente, habría consenso entre los miembros del clan para que Jesús ocupara el patriarcado. Cuando comunicó a sus familiares su decisión de incorporarse al movimiento de su primo Juan, se provocó un fuerte conflicto familiar; pero para Jesús, los primero era seguir el llamamiento divino, antes que acatar las expectativas familiares.
  • Jesús localizó a su primo y escuchó con interés su diagnóstico y sus propuestas. Fundamentalmente las compartía; aunque no le parecía adecuada la imagen justiciera de Dios que Juan parecía tener. Jesús le pidió a su primo que lo bautizara, orando al mismo tiempo a Dios, para que le dijera la misión que le tenía reservada. Cuando Jesús salió del agua, Jesús y Juan vieron el cielo abierto y que el Espíritu bajaba sobre aquel, como lo hace una paloma, y se posaba sobre su cabeza (Marcos interpreta esto como una “unción”) [2], y se oyó una voz del cielo que exclamó: “Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto”. Los evangelios no mencionan ningún cambio de la gente hacia Jesús (los discípulos de Juan probablemente sólo habrían escuchado un trueno). Jesús saldría del río anonadado, y Juan le recomendaría irse un tiempo al desierto, como él ya lo había hecho, con provecho.
  • El Espíritu, pues, llevó a Jesús al desierto, donde pasó cuarenta días (recordando los 40 años de travesía de Israel). Los pobladores del desierto -recolectores y cazadores-, para alimentarse dedican mucho tiempo: recogen raíces y hierbas, preparan trampas para atrapar alguna ratita, encienden fogatas (sin leña, ni cerillos, ni gasolina)… y esto les ocupa gran parte del día. Lo más práctico para Jesús, fue ayunar todo este tiempo (lo cual incluso algunos naturistas recomiendan). Entonces, Jesús inició su discernimiento para diseñar su misión. Podemos suponer que Jesús empezaría sistemáticamente, comenzando por la idea de “mesías” que sostenían las autoridades religiosas y difundían los letrados: una misión desde el poder (personal y social), rey-guerrero poderoso y milagrero. Sería tarea sencilla y contaría con el apoyo de los fariseos y quizás, hasta de los mismos sumos sacerdotes. Pero sabía que Yahvé prefiere siempre lo discreto y el no-poder.

Planificando su campaña

  • Además de ayunar y superar tentaciones, Jesús realizó un trabajo sistemático de discernimiento y diseño estratégico para su misión. Suponemos que fue así, “a posteriori” (“a toro jugado”, dicen en Jalisco), pues la narración de Marcos  presupone una planificación detallada (con cierta flexibilidad). Repasemos algunos elementos:
  • Formular un objetivo principal
    • Jesús comenzó clarificando una “utopía” como su objetivo principal. La llamó “Reino de Dios”, expresión de resonancias teocráticas (su modelo tomado del reino davídico), que tampoco era original: los distintos grupos sociales lo esperaban, desde otros contenidos: los “saduceos” (grupo de escribas helenizantes), legitimaban el reinado de Roma. Los “fariseos” lo interpretaban como el cumplimiento general de la Ley, y creían que el pueblo, con sus inobservancias, lo retrasaba.  Los monjes del Qumram creían que sólo iba a ser para ellos y lo ganaban a base de purificaciones lustrales. Los “zelotas” lo reducían a este mundo, y debían lograrlo mediante la expulsión de los romanos, profanadores del Pueblo de Dios. Poco tiempo atrás, en la rebelión de Judas y Sadoc, ya se había hablado del “Imperio (“basileia”) de Dios”, y la gente del pueblo esperaba un “milenio” similar, en el que Israel reinaría sobre todas las naciones.
    • Jesús no se opondría directamente a Roma (aunque implícitamente lo haría): aunque el poder romano era muy poderoso y recelaba de las sediciones, los romanos no vieron en Jesús un peligro: Herodes no lo detuvo (quizás temía el descontento popular por la muerte del Bautista) y Jesús ya le había enviado un mensaje tranquilizador: “díganle a esa zorra” que no se preocupe, que ya iba a ir de sus dominios. A Pilato tampoco le preocupaba demasiado. Jesús pensaba que ir contra Roma hubiese significado no denunciar la ideología religiosa del Centro, que para Jesús, era su adversario principal. Jesús, recogiendo esa expresión arraigada, le dio otro contenido, que deducido de su práctica, lo podíamos describir como una sociedad basada en la fraternidad, con los valores de justicia, verdad, paz, libertad.
  • Slogan. La difusión exitosa de cualquier campaña, crea uno. El de Jesús (a diferencia del de Juan) era: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está entre ustedes: cambien su vida y crean en esta Buena Noticia.”
  • Estrategia.
    • Territorial- Comenzar por Galilea y de allá, ir bajando hasta llegar a Jerusalén. Aquella región tenía algunas ventajas: por ahí cruzaban importantes rutas comerciales, había cierto mestizaje (griegos y cananeos) y tenían buena formación religiosa, debido a dos causas: (a) habían sido trabajados por grandes profetas, como Elías y Eliseo. (b) Con el exilio y el cautiverio en Asiria, Galilea había sufrido fuerte despoblamiento, y siendo una tierra fecunda y bien comunicada, el Centro en Jerusalén diseñó una política demográfica, alentando una migración de judíos formados en la religiosidad del sur y dándoles, para ello, facilidades para instalarse allá.
    • Ubicación- En principio, podría instalarse en algún poblado (Nazaret) y que la gente fuera allá a buscarlo; pero se inclinaba más por una misión “itinerante”: ir recorriendo los pueblos y haciéndose de discípulos que lo siguieran.  
    • Práctica- Mientras caminaba de un pueblo a otro, iría instruyendo a sus seguidores por medio de parábolas, para acercarles el Reino a su vida cotidiana; al llegar al pueblo, curaría a sus enfermos, expulsaría demonios, anunciaría su Buena Nueva, denunciaría aquella religiosidad legalista y acartonada difundida por los omnipresentes fariseos y los sábados, en las sinagogas, predicaría un sermón bien construido.
    • Los milagros. Jesús era conciente de tener todo el poder divino para realizarlos; pero también sabía que su Abbá prefería una misión muy discreta, realizada desde el no-poder. Siendo Jesús “imagen visible del Dios invisible”, no realizaría milagros que no fuesen motivados por la compasión y la misericordia para con los enfermos y sufrientes, y no para el propio beneficio de su Hijo (p.ej., bajarse de la cruz), y ni siquiera para su misión; aunque esta pareciese un fracaso (“¿Por qué me has abandonado?”).
  • Hacerse de un equipo central de colaboradores: elegiría doce, connotando las “doce tribus de Israel”.
  • Preparar un “lanzamiento”. Toda campaña exitosa planifica uno, pensando sus elementos de lugar, tiempo y forma (tal como hacen actualmente los comerciantes, cuando “lanzan” al mercado un nuevo producto, o como los políticos “lanzan” su campaña), había descartado la tentación de un “lanzamiento” literal: desde el pináculo del Templo, en un día de fiesta y ante la multitud de peregrinos, “lanzarse” al vacío, confiando en que los ángeles lo  tomaran con la punta de sus alas y lo depositaran suavemente en el suelo (aplauso general). El  delanzamiento de su misión podría ser en la sinagoga de Nazaret, comentando una profecía de Isaías que la describía.
  • En cuanto al tiempo, Jesús esperaba un signo, y éste llegó con el arresto de su primo Juan Bautista por parte de Herodes (1, 14). Jesús, que al regreso del desierto se había quedado ayudando a su primo, vio que era el momento de tomar su relevo, no prosiguiendo con los bautizos en el Jordán, pues ya tenía claro que su misión sería itinerante. De modo que se puso en camino hacia el norte.

I  EL REINO Y LA VIDA DEL PUEBLO (de 1,14 a 8, 21)

Un día en la vida (1, 16-39)

   Hay una dinámica sicológica que nos permite conocer cómo es nuestra vida (nuestros tiempos perdidos, las ocupaciones poco importantes que nos absorben, etc.), y también los antropólogos utilizan este recurso como técnica “de campo” para conocer una colectividad, y consiste en registrar detalladamente un día cualquiera (puede también elegirse un día especial). Un ejemplo lo tenemos en el libro de Oscar Lewis “Antropología Cultural”, que describe un día en la vida de cinco familias de Tepoztlán (Morelos), emigrantes a unas vecindades de Tepito. Para esto, el antropólogo tuvo que pasar varias semanas sin su trabajo de campo, hasta notar que su presencia ya no influía en sus habitantes (hábitos, lenguaje, conflictos, etc.). De manera similar, Marcos nos presentó “un día en la vida” de Jesús, el primer día de su misión.

La víspera, Jesús la habría dedicado a viajar hacia Cafarnaúm. Ayudando a su primo Juan en sus bautizos, éste le envió dos excelentes prospectos para su equipo central de colaboradores, uno de ellos era Andrés, el cual invitó a su hermano Simón a conocer a Jesús, y había habido mucha empatía entre Jesús y ellos. Le dijeron que eran pescadores en Cafarnaúm, un pueblo pequeño; pero de cierta importancia. Estaba situada junto al Lago de Genezaret, donde podría comunicarse por agua y por tierra, cruzaban por allí importantes rutas comerciales. Por estos factores, a Jesús le pareció un buen lugar para su centro de operaciones.

Calculó bien el tiempo para llegar temprano a la playa del pueblo, justo a la hora en que los pescadores tendían sus redes para la pesca, y no habiendo muchos, no fue difícil localizarlos. Se veía que eran pescadores de vocación, y Jesús no pretendió quitarles esa vocación, sino elevársela a un nivel superior: ser “pescadores de hombres”. Ellos, dejando inmediatamente sus redes, lo siguieron (v 18). Simón le presentó a sus socios, Santiago y a Juan, hijos de Zabedeo, quien además era el propietario de la barca, de la que Simón era capitán. Estos hermanos, también, dejando a su padre en la barca con los jornaleros, siguieron a Jesús. En aquel día fueron a instalarse en la casa de Simón para  descansar un poco, y en ese mismo día (si fuese sábado) o al sábado siguiente, Jesús fue a la sinagoga, donde se puso a enseñar “como quien tiene autoridad (en nombre propio) y no como los escribas” (que se reducen a comentar las escrituras). Allí realizó su primer milagro: expulsar a un endemoniado, como signo de su lucha contra el Maligno. Marcos hace que sean los demonios mismos –ciertamente conocedores a Dios- los primeros en reconocerlo (“Se quién eres, el Consagrado de Dios”), obviamente, al “balconearlo”, se proponían obstaculizar su misión, para que la gente le demandase milagros espectaculares que denotase poder, por lo que Jesús hizo callar al demonio y lo expulsó del enfermo.

Al regresar a la casa, encontraron a la suegra de Simón con algo de fiebre; Jesús la sanó, y la mujer, agradecida, se puso a servirles (el agradecimiento se volvió servicio). Tal vez después de la comida, Jesús haya querido platicar un poco con los niños del clan, y al atardecer, todo el pueblo se congregó, llevándole sus enfermos para que los sanara. Ya que allí la vida en terminaba temprano, Jesús se retiró a descansar. Al día siguiente, muy temprano, Jesús se levantó y subió a un cerro a hacer oración.

Cuando los evangelistas hablan de que Jesús pasa la noche en oración, se trata de un discernimiento importante -imaginemos cómo serían esas oraciones de Jesús, en comunión íntima con su Padre-. Pero entonces, los discípulos subieron al monte adonde estaba Jesús: “Todos te están buscando”; pero Él les comunicó su decisión por una misión itinerante: “Vámonos de aquí a los pueblos vecinos, pues para eso he venido”. ¡Así pasó Jesús su primer día de misión!

Preguntas:

  1. ¿Ha tenido tu vida alguna conversión profunda en tu pensar y en tu actuar?
  2. ¿Esa conversión fue preparada por alguna búsqueda en discernimiento y oración?
  3. ¿Planificas detalladamente tus metas importantes?
  4. ¿Qué haces ante una tentación que quiera alejarte de tus buenos propósitos? ¿Simplemente la tratas de reprimir?
  5. ¿Recuerdas un día decisivo en tu vida?
  6. ¿Cómo empleas tu tiempo cotidiano?

[1] El bautismo de Jesús tiene poco que ver con el de Juan: el compromiso del seguidor de Jesús, será la inmersión del “neófito” en su sangre crucificada, y su salida de la piscina bautismal, será significante de su resurrección gloriosa.

[2] “Ungido”, en hebreo se dice “Mesías”, y en griego, “Cristo”

1. INTRODUCCIÓN

El evangelio de San  Marcos es el más antiguo, breve y fuente de inspiración de los otros dos sinópticos. Marcos fue primo y compañero de San Bernabé, escribano de San Pedro y fiel exponente de su enseñanza. Su lectura corrida permite comprender mejor su estructura y dar una mirada de conjunto de la vida de Jesús, que conocemos fragmentada por fines litúrgicos.

Preguntas iniciales

  1. ¿Por qué te parece importante conocer la vida de Jesús?
  2. ¿Has leído de corrido alguno de los evangelios?
  3. Al final del curso, escribe qué cambio de la imagen de Jesús que tenías.

Desde hace relativamente poco tiempo, se le había prestado poca atención a este evangelio; pero ahora es el que más estudios ha merecido. Es el Evangelio más antiguo, el más histórico y el que servido de base a los otros dos sinópticos. De entrada nos preguntamos: ¿Qué genero tienen los “evangelios”? ¿Se trata de una biografía? de entrada, vemos que no es igual a las biografías modernas; ni siquiera sería una “vida” novelada. ¿Un testimonio? En tal caso, sorprendería en nuestro texto la ausencia de la primera persona. ¿Una obra catequética? Es lo que opina la mayoría de los exégetas. En todo caso, es una Memoria de la primera comunidad cristiana.

Sus fuentes:

Los “logion”, término que en la antigua Grecia se designaba a una frase breve de la divinidad. En el cristianismo se comenzó a designar ciertas sentencias breves atribuidas a Jesús de Nazaret. La recopilación más importante se debe a Papías, obispo de Hierápolis (c. 60-139): “Exposiciones de los oráculos del Señor: Marcos recopiló las “logia” en lenguaje hebreo, y cada persona las interpretaba como podía”. El nombre “Logia Jesu” (“Jesús dice”) fue propuesto para una hoja de papiro encontrada en una excavación, en Oxirrinco, 1987, escrita a mitad del siglo III. En 1903 fue descubierto  un fragmento de papiro del siglo III, que se encuentra actualmente en el Museo Británico.

El autor.

San Marco era primo de San Bernabé. Acompañó a este y a San Pablo en el primer viaje misionero que hicieron estos dos apóstoles; pero a mitad del viaje, a donde -según San Pablo- “había peligro de ladrones, peligro de asaltos en los caminos, peligros de asaltos en la soledad” (II Cor.), Marcos se apartó de los otros dos misioneros y se volvió a su patria, quizás por temor. E el segundo viaje misionero, Bernabé quiso llevar consigo a su primo Marcos; pero San Pablo se opuso (no le daba garantías), por lo que los dos apóstoles se separaron y se fueron, cada uno por su lado, a misionar. Poco tiempo después, ya los vemos nuevamente muy amigos. Marcos llegó a ser secretario e íntimo de San Pedro, quien en sus cartas lo llama “hijo mío”. Marcos escucho directamente de San Pedro sus sermones y recuerdos de los hechos y palabras de Jesús. Cuando San Pablo le escribe a Timoteo desde su prisión de Roma, le dice “Traeme a Marcos. Necesito de su colaboración”. Se dice que San Marcos fue nombrado obispo de Alejandría en Egipto, donde fue martirizado un 25 de abril. La ciudad de Venecia (Italia) lo nombró su patrono y le dedicó su famosa catedral. En Roma señalan una casa donde, supuestamente, escribió su evangelio (se encuentra en la monumental plaza que lleva el nombre de “Piazza Venezia”.

El Evangelio

Marcos escribió su evangelio a petición de los cristianos de Roma; pero no está clara ni siquiera la fecha en que se escribió (¿años 70, 40, 26?). Es el primer evangelio que se escribió y el más corto; los otros tres evangelistas tomaron de él gran parte de su material, fue escrito en lengua hebrea. San Su fuente directa fue San Pedro, a quien servía como secretario, y recoge lo que Pedro presenció y retuvo en su memoria. Quizás por eso da la impresión de estar escuchando a un testigo ocular, que se fijaba en todo y repite con agrado, lo que ha escuchado del apóstol. Atiende más a los hechos de Jesús que a sus discursos. Sus narraciones son agradables por lo frescas y espontáneas. Alguien lo compara a un reportero gráfico, narrando lo que sus ojos vieron y lo que sus oídos escucharon, y otro lo califica como “un artista de la narración”. No deja de narrar lo que ayude a hacer agradable su relato. No es un texto triunfalista ni apologético, es la narración de un fracasado; es una “versión de los vencidos”, escrito desde un crucificado, un fracasado, desde los márgenes, el conflicto y la persecución.

Lógica narrativa

El método expositivo de este evangelio sigue el esquema A- B- A: El desarrollo de un tema (“A”) es interrumpido, a modo de “relax”, por el adelanto del tema siguiente (“B”), para volver nuevamente al tema que está tratando. Este nuevo tema (“B”) es nuevamente interrumpido por el adelanto del tema “C”  (B- C- B) y así sucesivamente.

Anotaciones a la lectura conjunta del evangelio de San Marcos:

  1. El género del curso será la teología bíblica, con perspectiva pastoral y  priorizando la hermenéutica sobre la imprescindible exégesis. Posibilitará una mirada de conjunto a la misión de Jesús -algo no fácil, de atendemos únicamente a la liturgia, en donde, de un domingo a otro, puede cambiar de evangelista (si bien cada ciclo privilegia a uno de ellos) y salta de una parte de la vida de Jesús a otra, perdiendo el contexto espacio temporal.
  2. El hilo conductor del curso será el excelente libro de Carlos Bravo, “Jesús, hombre en conflicto”, restringiendo mucho su formidable aparato crítico, para hacerlo más accesible.[1]
  3. Gustaré del género narrativo, disculpándome, si para mejor comprensión del texto, incorporo pasajes de otros evangelistas, o sin alejarme de fuentes teológicas confiables, recurro al género literario para mayor realismo.
  4. Seguramente, la lectura nos sugerirá reflexiones sobre nuestro actuar personal y comunitario, que es algo que se propone Marcos, pues escribe a los seguidores de Jesús, y no sólo los de su tiempo.
  5. Ya que el objetivo del curso no es tanto conocer a San Marcos, sino valernos de este evangelista para conocer mejor a Jesús, este gran personaje que bien merito que los siglos giraran en torno a su nacimiento.

Estructura.

Introducción: ¿Quién es Jesús? Presentado por Juan Bautista (1, 1-13).

  1. Reino y vida del pueblo (1, 14 a 8, 21) Galilea, Fenicia.
  2. Crisis y cambio de práctica: del ciego de Betsaida (8, 22-26) al ciego de Jericó (10, 52),  sucedido en Cesarea de Filipo (9, 49), Judea y Perea.
  3. En Jerusalén (11,1 -entrada- a 15, 47)

Epílogo: De Jerusalén a Galilea (16, 1-8)


[1] Libros consultados: BRAVO, Carlos S.J.: “Jesús; Hombre en Conflicto”, Centro de Reflexión Teológica. Universidad Iberoamericana, A.C., 1986, México. Lo complemento con otros libros que tuve a mano: BELLO, Fernando: “Lectura materialista del Evangelio de Marcos”, Ed. Verbo Divino, Pamplona, 1974. VILLALOBOS MENDOZA, Manuel: “Cuerpos Abyecytos en el Evangelio de Marcos”, Ediciones El Almendro/ Uniclaretiana, Córdoba, Argentina, 2014.  PAGOLA, José Antonio: “Jesús: Aproximación histórica”, PPC, Madrid, 2007, 8ª° edición. (Libro clásico por sus estudios arqueológicos, lingüísticos y ciencias afines).