6. RÉGIMEN COLONIAL

Introducción

Empezamos explicando una nueva categoría metodológica que nos ayude a comprender mejor esté período. Hasta ahora nos hemos venido manejando con la de “modo de producción” (MP), del modelo historiográfico marxista. Supone que la economía -y de modo específico, el modo como una colectividad ordena la producción de satisfactores-, ha sido determinante (o al menos, condicionante) para organizar formas de dirección política, y que (si exceptuamos el período de clanes cazadores y recolectores) ha sido preponderantemente dicotómica (es decir, con dos polos diferenciados, uno de dominio explotador y otro, subordinado y explotado); y ya que la dominación no sería posible sin cierta legitimación aceptada, va acompañada por una serie de ideas, valores, instituciones que legitimen la dominación (ideología). La producción, pues, configura a la sociedad en su conjunto: economía, política e ideología.

Ahora bien, esta categoría; aunque útil para la comprensión, es abstracta e insuficiente, pues la realidad total es más compleja que el simple modelo de producción dominante, pues casi nunca aquella se adecúa a este. Por eso se ha construido otra categoría complementara: la de “formación social”, para referirse a una sociedad concreta. En éstas, si bien prepondera determinado MP, éste no se encuentra puro, sino combinado con otros modos de producción -anteriores o en construcción- que dejan también su impronta.

Esto lo veremos ahora en el régimen colonial, una vez terminada la guerra de conquista. El “MP feudal”, como era previsible, fue el dominante; pero las sociedades autóctonas anteriores a la llegada de los invasores no pudieron menos que dejar su impronta. Es decir, el neolítico o “MP despótico tributario o ´asiático´” estaba también presente, si bien degradado y subordinado. Con la importación de esclavos africanos, cazados y aprisionados, el “MP esclavista”, destinados a los trabajos más duros, que excedían la fuera de los cuerpos indios. Una bula promulgada por el Papa Urbano VIII, el 22 de abril de 1639, prohibió la esclavitud en las colonias americanas de España y Portugal. La medida fue aprobada por el Rey de España, Felipe IV; pero sólo aplicable a los indígenas. En cambio, permitió la esclavitud de los esclavos africanos. Los esclavizadores (muchas veces ingleses o portugueses) cazaban en África a los nativos separándolos de su familia y hasta de sus compañeros de grupo étnico. Algunos, conocidos como Cimarrones consiguieron su libertad al escaparse y refugiarse en las montañas de Veracruz. Al mismo tiempo, comenzaba a gestarse, en embrión, un nuevo modo de producción: el “MP Capitalista”, en los obrajes, las minas y los ingenios de los criollos.

LOS HABSBURGO DURANTE LA NUEVA ESPAÑA (1521-1700)

          La primera modalidad del régimen novhispano llevó la impronta de esta dinastía, mantenida en España por los reyes Carlos V y Felipe II, III, IV Carlos II. La sinceridad de su fe hizo que tomaran en serio la voluntad del Papa y la insistencia de los frailes, en el interés por la evangelización y el trato más humano a los indios.

La Metrópoli, para facilitar su control sobre las colonias, multiplicaba las instancias, para que éstas compitieran entre sí: (los reyes y su corte, el virrey, el cabildo, la Real Audiencia, el Consejo de Indias, los Visitadores, los Regidores, el Ayuntamiento (las ciudades eran independientes), la Jerarquía Eclesiástica, Las Órdenes Religiosas, el Santo Oficio, etc.).

República de indios y república de españoles

La Corona, juntamente con los frailes, trataba de proteger a los indios de la voracidad y crueldad de los colonos. Esta fue una razón para mantener separadas a las dos razas, Tenían legislación distinta, respetaban su cultura, tributación en productos. Los pueblos indios preferían dividirse, con la esperanza de convertirse en cabecera municipal y tener otros poblados tributarios. En cambio, los misioneros preferían la concentración, por facilidades pastorales y desarrollistas. Las “reducciones” o reagrupamiento de los indios cristianizados en pueblos, fue la política demográfica. Trataban de alejar de estos territorios a los colones; en cambio, estos aceptaban la presencia nativa para recibir mercancías y servicios.

Por facilidades de gobierno, para protección de los indios de los colonos criollos y por fines pastorales de los evangelizadores, se separaron claramente las residencias de los indios y de los españoles, incluso con sus respectivas legislaciones. Los colonos criollos querían que la Corona les dejase las manos libres para tratar a los indios; aunque a ellos les cobrasen los múltiples impuestos: gabelas (la sal), alcabalas (los bienes), la tonelada, el quinto real, los estancos, las aduanas, los diezmos, etc. En cambio, los “naturales” entregaban directamente su tributo a la Corona, principalmente productos y artículos que ellos mismos confeccionaran; aunque después se les fijaron lo que tenían que producir (p.ej., la “cochinilla”, una plaga de cierto gusanito que se criaba en los nopales y del que se extraía la “grana”, elemento muy apreciado para tintura de la industria textil de entonces).

            Como ejemplo de la comprensión y tolerancia que tenían las autoridades novhispanas de entonces hacia las costumbres y creencias de los indios, se conserva el texto de 1563 –uno de los primeros procesos encargados a la Real Audiencia–, en contra de abusos del regidor de Yagavila, en la Sierra Norte de Oaxaca, Don Francisco Tenorio. Este personaje había participado como soldado durante la Guerra de Conquista, y como premio, fue nombrado Corregidor de la Provincia de los Zapotecos. La Audiencia dio entrada a una denuncia de los naturales, acusándolo de malos tratos: había torturado con una antorcha a tres indias, ahorcado a otra con sus propias manos y aventado sus terribles perros mastines a un anciano chamán. El justificativo fue que había oído ruidos muy extraños y según testimonio de aquellas indias, eran la gente del pueblo convertida en leones (claro caso de un nagualismo). La audiencia no le creyó, y el acusado adujo otro testimonio más verosímil, el anciano cacique (Yagaeche) era sodomita, sacrificador y antropófago. La audiencia relativizaba esos hechos, pues no había pasado mucho tiempo de la conversión de los naturales, y la Corona recomendaba comprensión ante las costumbres anteriores. En este caso, era normal que los sacerdotes autóctonos fueran homosexuales (signo vocacional). La antropofagia se reducía a que, en cierta ocasión, un grupo rebelde de otros pueblos habían matado a dos cristianos y habían hecho tamales con ellos, yendo a todos los pueblos a presionar a personas de autoridad a que se los comieran, pues siendo delito, pretendían involucrarlos en caso de ser descubierta la conspiración. La Real Audiencia no cedió a condenar al Corregidor hasta que edujo el propio testimonio de vera los indios convertirse en leones, lo que cuadraba con la creencia española de entonces para casos de brujería, mujeres que se convertían en gatos u otros animales. Entonces lo absolvieron; pero le quitaron su cargo, prohibiéndole ejercer otro de por vida.

Por la situación del Patronato Real, por el que se reconocer que se trata de un Estado Confesional, la Iglesia fue su principal pilar. Su poderse manifiesta por las funciones que se le encomienda: además de evangelizar, a la Iglesia se le encomienda la asistencia social, la educación, la salud, las mediciones demográficas, la ideología oficial aglutinante, y por tanto, ser parte del aparato represivo, la Inquisición: vigilar a los idólatras (indios), a los apóstatas (judíos conversos) y a los herejes (cristianos disidentes). Es parte importante del régimen colonial.

La encomienda y el repartimiento

España recibía del Nuevo Mundo preciados artículos -sobre todo, otro y plata-, que la colocaron en el la hegemonía europea. Pero por el Patronato Real, la Corona queda comprometida con la Santa Sede para la evangelización y protección de aquellos pueblos. Ambos aspectos quedaban complementados, y en la práctica, la protección y educación en la fe, quedó supeditada al derecho abusivo de explotación. En el siglo XVIII había varias modalidades, siendo la primera, la esclavitud, la más desprotegida.

La esclavitud. Principalmente negros cautivos y comprados al esclavista. Era considerado como una mera mercancía, como cualquier objeto. No tenían ningún derecho (ni siquiera a la vida), y quedaba sujeto de por vidaLos navoríos eran los indios residentes en las haciendas como peones: operarios de asiento, sirvientes de pie, gañanes o «asalariados libres», cuyo contrato se podía rescindir. Las “encomiendas”. En ellas, el beneficiario (encomendero) disfrutaba el tributo de sus indios, en dinero, en especie (alimentos, tejidos, etc.) o en trabajo (construcción de casas, cultivo de tierras o cualquier otro servicio); pero a cambio de ello, debía amparar y proteger a los indios encomendados e instruirles en la religión católica, por sí o por medio de una persona seglar o eclesiástica (doctrinero) que aquel mantenía. Por lo tanto, la encomienda no implicaba la propiedad sobre los nativos; era una concesión no heredable. Al quedar vacante (sin poseedor) ésta volvía al monarca, quien podía retener a los indígenas bajo administración real o entregarlos a otro encomendero.El repartimiento forzado. Era un trabajo rotativo y obligatorio del indígena, para proyectos de obras públicas o trabajos agrícolas considerados vitales para el bienestar de la comunidad. Esta modalidad de trabajo se basaba en reclutamientos laborales precolombinos, como fueron el coatequitl (“tequio”) mexicano. Podía incluir la construcción de templos o conventos, considerados como públicos, directamente a las órdenes del regidor local,                                                              

LA PRIMERA EVANGELIZACIÓN

En otro lugar vimos ya los rasgos de la evangelización regulada por la Corona de los Habsburgo, Isabel y Fernando, y posteriormente, Calos V. A petición de Cortez mismo, la Corona trató de enviar los mejores misioneros. Los Doce Apóstoles franciscanos eran “sabios y santos”, como fuero requeridos, Erasmianos y abiertos, dieron pie al asombro y a la Caridad empática con los conquistados, si bien, cumplieron también con las exigencias del régimen colonial coactivo.

Rasgos de la primera evangelización:

a) Por coacción.- La Corona de los Habsburgo tenía claro que la fe cristiana no debía imponerse a los indios, y que, por tanto, la conversión tenía que ser libremente consentida. Pero en la práctica, los celos apresurados de los españoles caían en presiones. Se les leía a los indios un “requerimiento”, en el que se exponía una síntesis del credo y se solicitaba una aceptación explícita. Pero dicho requerimiento se leía en latín, como mero expediente[2]. Podían no aceptar el bautizo; pero ya que la política demográfica y evangelizadora colonial era la de “reducción” o “congregación” (congregar a los indios dispersos y diezmados por las epidemias), y ya que en los nuevos poblados más numerosos únicamente se aceptaban a cristianos, quienes permanecían en sus antiguos dioses tenían que vivir aislados en los bosques, con la involución civilizatoria consecuente, como se muestra en algunos mitos. Un mitema, recogido por Roger Bartra, es el de El Salvaje, que, según varios testimonios, se solía encontrar en los bosques. Igual sucede en los “mitos de conversión”, como el siguiente, recuperado e incluso citado por Julio de la Fuente, en donde, incluso, los no conversos sufrían una especie de involución biológica:

“Cuando apareció el Sol [la Fe. Cristo es el Sol], muchos habitantes de estas tierras murieron achicharrados [los horrores de las guerras], otros huyeron a los montes [el Salvaje] o se convirtieron en monos [involución mítica, los dioses primero crearon a los monos] y otros se refugiaron bajo la tierra [el “undeground” o clandestinidad. SE dice que viven debajo de las tierras, con acceso por las cuevas, sitio de la clandestinidad], de dónde volverán un día [el mito mixe del Rey Condoy, de quien se dice que vive bajo tierra y regresará a reinar]”.

b) Precipitada y masiva.- Fr Martín de Valencia calculó que, entre 1524 y 1531, se bautizaron como 1,200,000 indios (cada fraile bautizaría a unos 3,000 indios). Para Fr Pedro de Gante, cada día se habrían bautizado como 14,000, y Motolinía calculaba que cada fraile habría bautizado unos 100,000 indios… De modo que para 1536 habría ya unos cinco millones de nuevos cristianos bautizados. Obviamente, para ello no se requería demasiada instrucción, y parte de los rituales se perdonaban. Los bautizos eran por aspersión, desde la torre del campanario. Una pareja española serían los padrinos de toda la camada (los varones llevarían el nombre del padrino y las mujeres, el de la madrina).

c) Desde el poder.- En virtud del Real Patronato, el “brazo secular” protegía y controlaba la Iglesia (cobraba el diezmo, castigaba a herejes, construía templos y conventos, etc.); mientras que el “brazo religioso” legitimaba la dominación colonial.

d) Creativa.- Los frailes mostraron gran creatividad catequética, utilizando medios “táctiles”: las “posadas”, el dibujo, el teatro, las pastorelas, etc.

e) Pedagógica.- Estos misioneros mostraron grandes capacidades pedagógicas, en especial para la evangelización. Se valieron de ingeniosos medios audiovisuales y aprovecharon los aportes de la joven nobleza india.

f) Inculturada.- Siguiendo los sabios consejos del Papa Gregorio del Grande, para la evangelización de los anglosajones –“No olvidéis nunca que no debéis estorbar ninguna creencia tradicional que pueda armonizarse con el cristianismo”-, aprovecharon muchos elementos de las culturas nativas. Dicha inculturación tenía los límites propios de la fe, pues al mismo tiempo de la necesidad de “inculturarse”, la fe es “crítica de las culturas”. Por ejemplo, la prohibición de los sacrificios humanos. De este modo, se perdieron muchos elementos (códices, esculturas templos) que habrían podido salvarse, al menos por razones culturales.

g) Itinerante.- Los misioneros iban recorriendo los poblados. Organizaron circuitos a partir del convento central. De él salían dos parejas de frailes, una hacia la derecha y otra hacia la izquierda. Habían construido los poblados a una jornada de camino a pie uno de otro, teniendo cada pueblo su pequeño conventículo. En ellos catequizaban, bautizaban, vigilaban las obras. Al regresar al convento las dos parejas, se quedaban a descansar y a estudiar y salían otros cuatro. Procuraban que también las fiestas patronales coincidieran en dicha sucesión, y se quedaban más tiempo para celebrarlas. De este modo, visitaban a todos los pueblos unas nueve veces al año. Además, permitió que los neoconversos organizaran por sí mismos su propia vida religiosa (v.gr., la decoración de los templos, las dejaban en manos de los mayordomos, quienes, a veces, incluían algún elemento autóctono).

h) Compasiva y denunciante.- Algunos de estos misioneros -especialmente los dominicos- fungieron como defensores de los indios, de las barbaries y crueldades de los encomenderos. Fray Antonio de Montesinos, en La Dominicana, lanzó su famoso “grito”, excomulgando a los encomenderos, lo que convirtió a Bartolomé de Las Casas. Dado el poder que tenía la institución eclesiástica, los explotadores los respetaban; aunque algunos hayan muerto debido a su compromiso (Antonio de Valdivielso, en Nicaragua).

Desde el descubrimiento mismo de América, la Corona española se sintió con la responsabilidad de una protección a los nativos, de donde las Leyes de Indias, promulgadas por los Habsburgo. Incluso, parece que los reyes llegaron a cuestionarse, incluso, si fuese ético mantener su presencia en el Nuevo Mundo. Para aclarar este punto, se convocó, entre 1550 y 1551 la Junta de Valladolid, la llamada polémica de los naturales (indígenas americanos o indios). Los temas tratados fueron: los derechos naturales de los habitantes del Nuevo Mundo, las justas causas para hacer la guerra a los indios y la legitimidad de la conquista. Se enfrentaron dos posiciones, la primera estaba representada por el obispo de Chiapas Fr Bartolomé de las Casas, y estuvo auxiliado por algunos discípulos del célebre jurista Francisco de Vitoria, precursor de los defensores de los derechos Humanos. La segunda posición, era defendida por el célebre jurista Fr. Juan Ginés de Sepúlveda, quien sostenía el derecho que tenía España a la conquista y al dominio de los nativos, considerados como inferiores, en la situación actual. Además de que tenían que expiar su idolatría y sus pecados (por los sacrificios humanos) Aunque no hubo una resolución final, la Junta fue el inicio de un cambio que se tradujo en más derechos para los indígenas. Todos los contendientes eran dominicos, pues ellos tenían las universidades, y con buenos argumentos de ambas partes, que abarcaban aspectos jurídicos, teológicos, filosóficos y morales

i) Humanista.- Con la llegada de los Borbones, la Corona exigía a los misioneros descripciones de etnobotánica y zoológica de gran rigor. Esto incluía ilustraciones de las plantas y sus nombres locales, propiedades y riesgos. Igualmente, se les pidió la elaboración de gramáticas y diccionarios en las lenguas locales. Al principio, pese a los mandatos del Rey, los frailes no les enseñaron el castellano a los indios, sino más bien el latín, pues esto los hacía traductores e intermediarios indispensables entre indios y españoles. El trabajo dialogado entre los frailes renacentistas y los jóvenes de la nobleza india, educados en Tlaltelolco, fue el elemento catalizador para la ciencia moderna de Europa.

j) Desarrollista.- Por mediación de los frailes, muchas innovaciones tecnológicas de los colonos españoles se incorporaron a la cultura autóctona, ya que los indios mismos las hicieron propias.

Los mártires de Cajonos.

            Un ejemplo de este clima lo tenemos en un suceso que terminó en tragedia. Acaeció en el pueblo de San Francisco Cajonos -uno de los cuatro pueblos Cajono), en la Sierra Norte de Oaxaca, el 14 de septiembre de 1700. Los dos fiscales del templo[1], Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, acudieron al párroco, un dominico joven, denunciando que esa noche, en el pueblo se iba a idolatrar. Para probarlo, invitaron al cura a subir al campanario y ver, desde ahí, cómo estaban desplumando unos guajolotes (después se alegaría de que esa era la casa del mayordomo de una imagen, cuya fiesta llegaría pronto). El fraile se espantó. Escribió sendas cartas, a su Provincial y al Munícipe de Villa Alta, donde había destacamento militar -que no acudieron-. También retuvieron a dos españoles que estaban de paso por el pueblo y recurrieron al alguacil y a otra autoridad del municipio, ambos españoles. En efecto, por la tarde vieron al síndico indio, con una esclavina, entrar en la casa vecina. Poco a poco iba llegando la gente, y cuando calcularon que ya estaba teniendo lugar el ritual, el grupo español junto con los dos fiscales entraron sigilosamente sin ser percibidos. Ya se había sacrificado una venada, cuyas vísceras habían sido extraídas. Entonces, espada en mano, arremetieron con los celebrantes, y profiriendo injurias, secuestraron la ofrenda y la llevaron al convento, depositándolas en uno de los cuartos de abajo. Aquella noche un tamborcito no dejaba de convocar al pueblo; una multitud del pueblo, reforzado por otros quince pueblos vecinos, con la cara pintada para no ser reconocidos, haciendo circular el aguardiente. Se trataba, pues, de una abierta insurrección india. El cura trató de apaciguarlos, saliendo al balcón con el estandarte de la Virgen, y escuchó el grito —¡Quita esa!–. Les decían que a los frailes no les harían nada; pero que les entregaran a los delatores.Por supuesto, ya habían abierto el cuarto y recuperada la ofrenda. Entonces el alguacil salió al balcón y les preguntó qué querían. Ellos respondieron que a los frailes no les harían nada; pero que querían les entregaran a los delatores. -¡Imposible! Los protege el derecho de asilo del convento-.  Pero como ya algunos insurrectos habían trepado al techo del convento u comenzaban a quitar las tejas, el alguacil dijo que se los iban a entregar, a condición de que no los hicieran nada. Los fiscales, concientes de que los esperaba su martirio, pidieron confesión y comunión. Con la entrega de los “traidores”, el motín se apaciguó y todos se fueron. Al día siguiente llegaron los soldados de Villa Alta, y ante sus ojos, el pueblo destruyó las casas de los fiscales. Cuando los frailes pidieron al síndico qué habían hecho con los fiscales, les dijo que los habían soltado a condición de que se fueran del pueblo. Días después encontraron sus restos. Finalmente, vino el escarmiento: a las autoridades de los quince pueblos insurrectos las decapitaron, colgando su cabeza como alimento de los buitres.

            Los fiscales fueron beatificados por el Papa Juan Pablo II -no sin oposición de algunos maestros, historiadores y presbíteros-, el 1° de agosto de 2012, en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.

n a congregarlos. Con la expulsión de los jesuitas, los conversos desarrollaron una espiritualidad ignaciana que les dio su impronta.


[1] Los fiscales entraban en el sistema de cargos, como servicios prestados sin remuneración. Había dos escalas, la del municipio y la de la iglesia. En esta estarían los mayordomos y los topiles del templo. Entre sus tareas, los fiscales tenían obligación de denunciar las idolatrías de los ya conversos.

[2] MARROQUÍN, Jaime: “Diálogos con Quetzalcóatl: humanismo, etnografía y ciencia (1492-1577) Iberoamericana – Vervuert- Madrid, 2014

4. FEUDALISMO ESPAÑOL

Modo de Producción Esclavista

Por razones de los condicionamientos contextuales, he pensado hablar algo del Modo de Producción esclavista, pues además de que completa este modelo de interpretación historiográfico, ayuda a comprender el tema de esta sesión        

Las ciudades del neolítico asiático fueron entrando en contradicciones. Los ciudadanos iban siendo cada vez más golpeados por el déspota y su élite de funcionarios; tenían que pagar impuestos más gravosos, al mismo tiempo que encargarse del trabajo de su predio asignado. Las obras para mejorar su ciudad (avenidas, acueductos y palacios de sus autoridades) se encargaban a extranjeros, organizados en pequeñas colectividades, con sus respectivas lenguas y tradiciones, siendo apenas alimentados: eran capturados por la fuerza como esclavos, que no llegaban a constituir un modo propio de producción. A pesar de las murallas, que ellos mismos fueron obligados a construir, huían y se constituían en hordas más numerosas.

            Fue así que nació el imperio grecorromano, que controlaría el Mediterráneo, llegando a las Galias y la tierra de los anglos. Las ciudades griegas alcanzaron gran esplendor, con el florecimiento de la arquitectura y del pensamiento filosófico y escultórico. Pero el mayor auge urbano habido hasta entonces se realizó en Roma, capital del Imperio, gracias a descubrir el cocimiento de los ladrillos. Los romanos dominaron la organización militar, con la que pudieron dominar todo el mar Mediterráneo, controlando una superficie de 6.5 millones de kms2, abarcando tierras de los celtas, iberios, galos, británicos, griegos y macedonios; también el norte de África (Egipto, Mauritania) y Asia menor (Turquía, Armenia, Palestina) . Magníficos constructores, hicieron las grandes Vías, con las cuales los ejércitos podían trasladarse con rapidez, así como también los acueductos, gracias al adiestrarse en las matemáticas y el cálculo. Todo esto lo pudieron lograr mediante conquistas, obligando a los pueblos sometidos a fuertes tributos y la captura de esclavos (Cesar, por ejemplo, capturó de las Galias y llevó a Roma un millón de esclavos).

            La estructura social del imperio era claramente piramidal. En la cumbre estaba el emperador, que ejercía su gobierno apoyado en los patricios, los cuales vivían en el lujo, especialmente los senadores, con grandes mansiones artísticamente adornadas, quienes se constituían como poder político. Más abajo estaban los “plebeyos”, ciudadanos libres, que recibían semanalmente su dotación de trigo; pero que vivían en la pobreza, rentando cuartuchos de multifamiliares; y a la base, había gran número de esclavos (había un senador, por ejemplo, que tenía 3,000 esclavos). Estos no tenían ningún derecho; a cualquier insurrección, su propietario podía crucificar a muchos de ellos o incluso, a todos. Los senadores de mayor fortuna, entrenaban a esclavos como gladiadores, para que lucharan a muerte en el Circo, para sus apuestas con otros. Pero aparte de la vida licenciosa de algunos de estos senadores, entre gula y orgías, la mayoría de los patricios llevaban una vida bastante moral, imbuidos del platonismo griego. En cambio, la masa de plebeyos (la “plebe”) vivía de forma amoral.

Los cristianos en Roma. El sistema religioso romano estaba tomado, adaptado, de la religión griega: un politeísmo antropomórfico, en el que los dioses reproducían el modo de vida de los humanos (con sus envidias, celos, poder y libido). SE comprende que el cristianismo inicialmente haya sido visto con interés, por representar una forma religiosa superior. Sin embargo, esto cambió con Nerón: en su loca megalomanía, quería reconstruir la ciudad y convertirla en la Nerópolis, de la que ya tenía la maqueta. Para ello era necesario destruir al menos una parte de ella. por otra parte, estaba -según él- componiendo una Oda al incendio de Troya, y quería aprovechar la ocasión para recitarla con su laúd. Sin embargo, se encontraron muchos detalles sospechosos: días previos, se encontró acumulación de leña en algunas partes de la ciudad, y las aguas del Tíber se desviaron, quedando seco el cause. Los senadores estaban muy irritados, dispuestos a castigar al emperador. Los cristianos podrían servir de chivo expiatorio. En efecto, estaban en boga entre los cristianos, escritos de estilo apocalíptico, que hablaban del fuego de que devoraría a la Gran Prostituta, en el estilo simbólico que sus cofrades entendían. De ello se valió Nerón para desencadenar una terrible persecución religiosa, arrojando a los cristianos al Circo, cuyo foro era decorado con escenografía selvática y bestias feroces. Hubo muchos mártires heroicos, entre ellos, nada menos que San Pedro y San Pablo (en tiempos sucesivos), entre los cuales, destacamos a San Mauricio y la Legión Tebana: se trataba de soldados valientes, reconocidos como héroes por la gente, quienes, en provocativo desafío, pusieron el signo de la cruz en sus cascos.

En el siglo IV, Constantino se convirtió en emperador absoluto, trasladando la capital del Imperio a Bizancio (Constantinopla). Entonces, el emperador se convirtió al cristianismo, después de una sucesión de emperadores perseguidores. Quizás la razón política estaba en el descrédito en que había caído la religión oficial, a cambio, del ascendiente que habían cobrado los cristianos. La leyenda habla de un signo: una cruz resplandeciente aparecida en el cielo, con la voz o leyenda, “cum hoc signo vincebis” (con este signo vencerás), posiblemente, sincretismo entre la cruz, señal de los cristianos, y el signo del “Sol Invictus”: después del solsticio de verano: en efecto, se observaba que, a partir del solsticio de verano, el sol amanecía después y se ponía antes. haciendo el día cada vez más breve. Esto provocaba el temor de que llegase un momento en que el sol ya no saliese más. Pero a partir del solsticio de invierno, el sol irá ganando la partida a las tinieblas, iniciando su crecimiento. De ahí que el 25 de diciembre se celebrase la fiesta de los Saturnalia, o del “Sol Invencible”.

Una vez que el emperador mismo se convirtiera al cristianismo, muchos senadores y patricios lo siguieron. La religión hasta entonces proscrita, con el Edicto de Milán, se hizo entonces la religión oficial, obligándose a todo el pueblo a convertirse a ella. Se dice que Constantino, antes de morir, hizo a la Iglesia el legado de un gran territorio, que después fueron los “Estados Pontificios”. La Iglesia salió de las catacumbas y se volvió parte del poder imperial (el Estado financiaba, incluso, los Concilios)

Para entonces, el modo de producción esclavista resultaba ya demasiado oneroso, pues se tenía que alimentar a un gran número de esclavos, que no solían aprovecharse en tareas productivas, ya que la metrópoli se beneficiaba de las colonias. En el siglo V, hordas de bárbaros (eslavos, francos, germánicos), empujados por los mongoles, invadieron Roma. Debido a la molicie y degeneración moral, y a que las legiones de soldados se encontraban distantes, no pudieron resistir. Las ciudades quedaron abandonadas, a merced de bandoleros; bastaron algunas décadas para que el bosque reconquistara Roma, no siendo extraño encontrar fieras en ella. 

MODO DE PRODUCCIÓN FEUDAL

El feudalismo es el sistema social, económico y político que se desarrolló en Europa, principalmente entre los siglos IX y XII. Para comprender la transición que favoreció este cambio de modo productivo, hay que remontarse al abandono y caída de las ciudades, ya desde el siglo III. Los antiguos citadinos, con otros grupos no integrados llegados desde las antiguas colonias romanas. buscaron lugares dónde establecerse y cultivar la tierra. Sin embargo, eran constantemente acosados por bandas de pueblos nómadas (germánicos, eslavosmagiaresmusulmanesvikingos). Extrañaron entonces la seguridad que ofrecía el antiguo Imperio Romano, con sus legiones disciplinadas vigilando las anchas calzadas. Ahora, cuando los campesinos eran asaltados por los vándalos, sacaban sus armas guardadas y les hacían frente, a veces con éxito y a veces víctimas del robo y la rapiña. Entonces, algunos vecinos, con habilidades para la guerra, les propusieron a los campesinos que, si les financiaban con el alimento, podrían capacitarse mejor para la defensa armada, integrando cuerpos de seguridad. Los campesinos, ciertamente, ganaron en seguridad ante los invasores nómadas; pero junto a la comida, alimentaron las ambiciones de sus “defensores”, quienes demandaban cada vez mayor pago. Éstos propusieron entonces la construcción de castillos-fortalezas (con fosos, puente levadizo, murallas y almenas), con el argumento de que, en caso de asaltantes numerosos, todo del grupo pudiera refugiarse dentro, con abastecimiento constante de agua y alimento. Con esto, se fue dando una división dicotómica de dominación interna, señores y vasallos, los cuales conservaban la tenencia de la tierra y la protección, a cambio de fidelidad. El grupo de guerreros profesionalizados, ya con el poder de sus armas, sometió al resto. De “vasallos” pasaron a “siervos” y el pago por servicio de defensa, se convirtió en tributo. Los caudillos locales se aliaban entre sí, subordinándose jerárquicamente según su rango y poder. Dado que en esta nueva situación la autoridad hegemónica era muy lejana, la única seguridad provenía de las autoridades locales, que la ejercían con efectividad y autonomía.

CARLOMAGNO

El emperador que unificó el área más vasta hasta entonces (prácticamente Europa Occidental y Central) fue Carlomagno. Gobernó a los germanos, los francos, los lombardos, los galos, los sajones, y tomando como justificante el supuesto legado de Constantino, conquistó también Italia. Había heredado el trono de Pipino el Breve, y fue rey de los francos desde 768. Fue instaurado como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico desde el 800, con lo que retornó la dinastía de los carolingios, sustituyendo a los merovingios. Combatió a los musulmanes, los eslavos, los sajones… convirtiéndolos al cristianismo. Algo importante para nuestro curso es que se apoyó en el Papa para obtener legitimidad, a cambio de proteger un cristianismo oficial, instaurando con esto la unión trono/altar, propia del sistema feudal. Fue coronado por el Papa León Con esto, el supremo jerarca del medievo no sólo tendrá la justificación que dan las armas, sino la justificación religiosa, que hace “sagrado” el Imperio Romano, es decir, querido por Dios, con lo que sus eventuales adversarios, al mismo tiempo, quedaban prácticamente excomulgados.

Entre los siglos IX y XII, ya se había arraigado un sistema jerárquico descentralizado, en donde el poder fluía desde la cúspide (emperador, reyes) hasta el poder local, mediante un escalafón aristocrático, según su fuerza, rango y dinastía de sangre (condes, barones, duques, marqueses, etc.). Este grupo, aparte de cultivar las artes (actividades “liberales”), se entrenaban en las armas, poniéndose a prueba en “torneos”, en los que ganaban prestigio y posibilidad de ascenso. El reconocimiento oficial de su autoridad lo daba el respaldo del superior, mediante un título nobiliario. LA lengua latina, que era la lengua franca hablada por todos en el imperio, iba deformándose en dialectos en que se mezclaba con gran variedad de lenguas locales proveniente de los grupos de bárbaros que habían dominado los distintos feudos de poca comunicación entre ellos.

La Iglesia en el feudalismo

Con Carlomagno se añadió una justificación muy importante, la religiosa, otorgada por el Papa (el emperador) el arzobispo (rey) o el abad monástico. Es el llamado “Estado de Cristiandad”, cuya esencia es la “alianza entre trono y altar”. La Iglesia (monasterios) recibe protección, beneficios económicos y poder político, a cambio de que delegue su poder sagrado como legitimación a las autoridades civiles

Los monjes

Ya desde el siglo III, cuando Constantino convirtió el cristianismo como religión oficial, algunos cristianos inconformes con esta mundanización y sometimiento, huyeron a los bosques como ermitaños y anacoretas, que posteriormente se instalaron en cuevas del desierto. Ante los peligros de fieras y bárbaros, se fueron congregando en cenobios (cada cual vivía independiente, tenían una iglesia central y los protegía una muralla). Finalmente, se convirtieron en monasterios, como el del Subiaco (Monte Casino), con San Benito, en el siglo VIII, comprometiéndose a obedecer al abad y a una regla común. Fue en este siglo cuando los monasterios fueron incorporados al sistema feudal. Apoyados por algunos nobles, muchos monasterios se enriquecieron, con lo que muchos de ellos se corrompieron. Los nobles ponían ellos a sus hijos e hijas (bastardos) como abades y abadesas, se inmiscuían en su vida interna, dando entrada a las pasiones políticas, aprovechando su fuerza y prestigio. En la biblioteca custodiaban los principales libros de importancia, con copista que los decoraban con plumas de ave, hasta que, en las ciudades, las universidades les arrebataron el monopolio del saber, pues se dedicaron a su difusión. En los monasterios se cultivó el arte culinario y la fabricación de vino. Hubo también monjes evangelizadores que se adentraron en territorios de los bárbaros, haciéndolos sedentarios.

 Los siervos:

El sistema feudal estaba asociado con la tenencia de la tierra. El productor directo (poseedor de algún terreno) tenía la obligación, basada en la ley o el derecho consuetudinario, de dedicar cierta parte de su trabajo o de su producción en beneficio de su superior feudal. Paulatinamente, estos tributos fueron creciendo; muchos siervos se endeudaban con su Señor, quien aprovechando esto, terminó a reducirlos a una condición de semi-esclavitud. Los siervos de la gleba, anclados a la tierra en la que habitaban, carecían de cualquier derecho individual y no tenían más garantías legales más que las que el amo de los territorios quisiera otorgarles.

Las ciudades

Cuando esta condición resultaba demasiado onerosa, muchos siervos huían del territorio feudal. Buscando refugio, se agrupaban, primero, en las antiguas ciudades romanas abandonadas, que aún podían ser aprovechables. También lo hicieron en las inmediaciones de los monasterios, los cuales gozaban de “derecho de asilo”, con el que protegían a estos vecinos. Luego ya se formaron nuevas ciudades (“villas,villanos”), más acondicionadas, que después se volvieron el nuevo espacio de poder. Las villas eran redondas y amuralladas, y las calles perpendiculares conducían a un centro. En ellas se instalaron las universidades, donde se transmitía el saber, anteriormente custodiado en las bibliotecas monacales. También se abrieron allí los primeros talleres artesanales, a los que llegaban los nuevos citadinos solicitando trabajo. El propietario los contrataba como “aprendices”, y como “maestro”, les iba enseñando el oficio, hasta que se convirtieran a su vez en maestros, abriendo su propio taller. En las ciudades se instalaron también los “comerciantes”, a quienes recurrían los nobles de los feudos, pues dado que la apariencia era un recurso para obtener prestigio, derrochaban sus fortunas en joyas y atuendos preciosos, irrepetibles, hechos a su gusto individual, o iban a endeudarse con los prestamistas judíos, el nuevo poder financiero. El comerciante, a su vez, encargaba tales mercancías los artesanos villanos. Las ciudades crecían y se enriquecían; mientras el feudalismo decaía. Estaba surgiendo un nuevo modo de producción: el capitalismo, en su forma inicial “mercantil” (el industrial y el prestamista subordinados al Comerciante).

LA REFORMA DE LUTERO

            Como ya sabemos, cada modelo de producción económica configura una determinada estructura política y social, la cual, a su vez, condiciona un sistema de ideas, valores y preferencias, que constituyen la “ideología” (su función estriba en la misión destinada a apoyar, en última instancia, la base económica. La religión forma parte importante de las ideologías (sea la dominante, sean las subordinadas).

            El monje agustino Martín Lutero encarnaba mucho descontento hacia las formas tradicionales de religión, promovidas desde Roma. Muchos nobles alemanes se encontraban fastidiados por las restricciones y gravámenes que les aplicaba el Papa desde Roma. En un viaje realizado a Roma fue testigo de formas de religiosidad popular poco coherentes con la doctrina de Cristo, y se escandalizaba del mundanismo en que había caído la jerarquía romana. Desde entonces, es Espira, exhortaba a reformar la Iglesia hacia sus orígenes. Se oponía al cobro de indulgencias, supuestamente para financiar una gran basílica del Vaticano que sería dedicada a San Pedro y San Pablo. Además, observaba que el pueblo cristiano desconocía la Biblia, que se leía en latín, cuando la gente ya había ido abandonando aquella lengua “muerta”. Por tanto, se propuso hacer una traducción de la Biblia desde sus lenguas originales, traducción que, hasta la fecha, goza de cierta autoridad. El descubrimiento de la imprenta ayudó no poco a su difusión, lo mismo que a su interpretación personal. Hasta entonces en el aula existía un solo libro, el del maestro, quien desde un estrado, leía (“lectio”) ese gran libro, decorado con plumas de pavorreal (por lo general, el “libro de las Sentencias” de Pedro Lombardo), del que cada maestro interpretaba a su modo, con entera libertad de cátedra. Los alumnos, monjes jóvenes, se sentaban en el piso de tierra sobre su manteo, bajo la luz de antorchas. Podían elegir libremente su maestro; pero en los debates, la última palabra interpretativa lo tenía el maestro en turno (“magister dixit”). El primer libro que se imprimió fue la Biblia en su traducción alemana de Lutero, por lo que ahora, cualquiera podía interpretar las Escrituras conforme le pareciera, y no desde un “magisterio” (el “libre examen”).

            El Papa condenó a Lutero; pero él, en la Dieta de Worms, quemó la bula papal de condena, iniciándose una rebelión religiosa, apoyado por los príncipes alemanes, molestos por los gravámenes ocasionados por el sometimiento a Roma. Esta Reforma se diversificará en otras varias propuestas religioso-políticas que colorearon el mapa religioso de entonces. El Papa respondió con la institución de la “Santa Inquisición”, para perseguir a los herejes, encomendándola a los frailes dominicos (Torquemada). La cristiandad de la Europa occidental quedó dividida: supeditada a las autoridades, la conversión del rey implicaba la de toda la población (como sucedió con Constantino). Sin embargo, el Papa intentó en vano influir en la feligresía de los países protestantes. Las tensiones se dirimiendo mediante el acuerdo: “cujus regis ejus religió”. La catolicidad se redujo geográficamente y la Iglesia Católica perdió autoridad.

FEUDALISMO ESPAÑOL

            Con el matrimonio entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón unificó dos reinos muy poderosos y provocó, con los Habsburgos, el engrandecimiento de España. La cristiandad española, que en Europa había sido muro de contención frente al Islam, reconquistó Granada, y fue reconocida como la primera potencia en los siglos XV y XVI. Este auge se manifestó a nivel ideológico, reconocido como “El Siglo de Oro Español”: La literatura se cubrió con nombres de grandes escritores (Cervantes, Calderón de la Barca, Quevedo, Lope de Vega), la pintura otro tanto (Murillo, Diego Velázquez) y la mística, con figuras sublimes (Santa Teresa, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola).

Debido a su situación geopolítica, la península Ibérica (España y Portugal), en los siglos XV y XVI, quedó privada del comercio con el Oriente medio y lejano, necesario, sobre todo, por la demanda de la pimienta y la canela, especies muy apreciadas por las élites. Su aislamiento se debía por un doble bloqueo: por un lado, Constantinopla estaba tomada por los árabes, y por otro lado, las tensiones y conflictos con los países controlados por la Reforma. Era necesario encontrar alguna ruta comercial alterna, y la única salida era por la navegación a ultramar, lo que obligó a los dos países a aventurarse en los océanos. Además, esto brindaba oportunidades de crecimiento económico y de influencia política, por lo que sendos países decidieron aventurarse en los océanos, y en el camino, terminaron conociendo los continentes de África y América. El Papa Alejandro VI (Borgia), para evitar fuertes conflictos en la colonización de las nuevas tierras descubiertas, dividió el mundo en dos.

LOS HABSBURGO

La Casa de Habsburgo fue una de las más poderosas casas reales de Europa. Los Habsburgo ocuparon el trono del Sacro Imperio Romano Germánico de forma continuada entre 1438 y 1740.

Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y a la vez, Carlos I de España (1500–1558). Nació en Gante (Flandes). Reunió por primera vez en una misma persona las Coronas de Castilla, Navarra y Aragón. Nieto, por vía paterna, de Maximiliano I de Habsburgo y María de Borgoña de quienes heredó el patrimonio borgoñón, los territorios austríacos y el derecho al trono imperial, y por vía materna, de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, de quienes heredó Castilla, Navarra, “las Indias”, Nápoles, Sicilia y Aragón.

Regalismo español

            Ante los grandes desafíos que el nuevo contexto geopolítico presentaba a la Iglesia, el Papa había establecido con los Reyes Católicos el “Patronato Real”, el más emblemático ejemplo de la “Alianza Trono y Altar”. El Papa encomendó a los Reyes Católicos la vigilancia respecto a las herejías, el paganismo y la apostasía. También la reforma del clero mundano y sus costumbres. Les encargaba de la evangelización de nuevas tierras (envío de misioneros, construcción y mantenimiento de iglesias y conventos). En cambio, los Reyes tenían las facultades de cobrar directamente el diezmo, así como el “derecho de presentación” de los candidatos a obispados. Este acuerdo pronto dejó ver las inconveniencias para ambas partes: la Iglesia se sentía atada y los teólogos y juristas regalistas protestaban contra la injerencia del Papa en asuntos de Estado.

El Integrismo Español

La Contrarreforma fue la respuesta que dio la Iglesia Católica al duro golpe asestado por el movimiento desencadenado por Lutero, que minó a la autoridad eclesial. Muchas de sus críticas eran válidas y era necesario hacer reformas contra la los abusos y mundanidad de gran parte de la Jerarquía, así como replantear la teología. El evento más importante fue el Concilio de Trento, convocado por el Papa Clemente VII y en diversas sesiones entre 1545 y 1563. En él, los obispos reafirmaron la doctrina de la Iglesia sobre la Sagrada Escritura, la Tradición y los Sacramentos, con temas tales como el celibato sacerdotal, la supremacía de la autoridad papal, la fundación de los seminarios, etc. Se reafirmó la presencia real de Cristo en la Eucaristía, la justificación por la fe y por las obras, las indulgencias y la veneración de la Virgen María y los santos.

            Para poner en práctica el Concilio, el Papa se apoyó sobre todo en los Reyes Católicos españoles, con quienes se tenía concordato. No extraña, pues, que Iglesia de España haya sido “integrista”, es decir, baluarte de la más pura ortodoxia. A esto contribuyeron también medidas políticas, como la derrota del Imperio árabes. Quienes no aceptaran la normativa católica no tenían lugar en el país. Por lo mismo, se expulsó a los musulmanes y a los apóstatas (o “judaizantes”: judíos que por conveniencia se habían convertido al catolicismo; pero que en secreto seguían con sus prácticas). Los “herejes” (protestantes) o bien eran expulsados del país, o entregados a la Santa Inquisición. Otras minorías también sufrieron persecución, como las “brujas” (las “bacantes” -Baco-, corte de mujeres del dios Dionysios, reminiscencia de antiguos ritos prohibidos). El catolicismo integrista español enfatizó los símbolos rechazados por la Reforma: la Eucaristía, el Papa y la Virgen (junto con los santos). Este fue el cristianismo que nos llegó a América.

5. ENCUENTRO (Y DESENCUENTROS) DE DOS MUNDOS

Síntesis: Hemos conocido dos formaciones sociales, dos tipos muy distintos de organización social:

a. El feudalismo español

La dinastía de los Habsburgo estaba dominando gran parte de Europa. En España, el matrimonio entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, fortaleció mucho su reinado, a lo que contribuyó la reconquista de Granada, en poder del Imperio Otomano, y que había sido baluarte de contención para el resto de Europa. El Islam tenía en su poder Constantinopla, con lo que se bloqueaban las rutas comerciales hacia el Oriente, de dónde provenían las codiciadas especies (la canela y la pimienta). Entre tanto, se fue abriendo la idea de que la Tierra no era plana, sino redonda, por lo que era factible llegar a la India dando un rodeo. El navegante Genovés Cristóbal Colón logró convencer a la Reina de su hipótesis, la cual financió tres caravelas para una expedición que no dejaba de representar riesgos hacia lo desconocido. Colón tocó tierra el 12 de octubre de 1492, creyendo que había llegado a la India. Una vez reconocida la factibilidad de estos viajes y rectificado el punto de arribo –era una nueva Tierra, y no Asia–, se despertó en España y Portugal una euforia de viajes y descubrimientos, ante la necesidad de expandirse hacia fuera de Europa, con lo que Hernán Cortez, saliendo de Cuba, llegó a la tierra que denominó “Nueva España”.

  • El catolicismo que llegó a Mesoamérica fue caracterizado como “integrismo español”. Una religión cerrada sobre ella misma, defensiva de amenazas externas. El Papa Alejandro Borgia había encomendado a los Reyes Católicos, la defensa contra la herejía luterana, que avanzaba en Europa, y que era combatida por la Santa Inquisición; detectar y acabar con las “brujas”, reminiscencias de antiguos cultos dionisíacos. También recuperar Europa del Imperio Otomano -ocho siglos de dominación musulmana-, que recién había terminado con la conquista de Granada en 1492. Igualmente, luchar contra las apostasías: los “judaizantes”, convertidos precipitada y convenencieramente al catolicismo; pero que en secreto continuaban practicando su religión. Árabes y judíos fueron expulsados en 1942. Ante el Nuevo Mundo, el Papa encomienda a España la evangelización de los indios y posteriormente, combatir el paganismo (las “campañas antiidolátricas”).

b. El Despotismo tributario mesoamericano.

  • Entre tanto, en la región mesoamericana del continente, gracias a la domesticación del maíz, estaban en su apogeo grandes civilizaciones -la mexica, la mixteco-zapoteca y la maya-, a semejanza del asiático “Modo de Producción Despótico-Tributario”. Los aztecas se constituían como “imperio”, sometiendo a grupos cercanos. A diferencia del imperio español, encerrada sobre sí mismo, este imperio era abierto a las culturas conquistadas, incluyendo a sus dioses en su panteón. El tributo exigido no era sobre productos que no produjeran (como el otro y la planta en los españoles), sino solamente exigían que se produjera un poco más para ellos. Junto con Azcapotzalco y Acolhua, constituyeron la Triple Alianza, acodando guerras periódicas (“guerras floridas”), con el único fin de hacerse de esclavos para sacrificarlos a sus respectivas deidades. Esto exacerbaba a los pueblos sometidos, especialmente tlaxcaltecas y cholultecas, que buscaban alguna forma de emancipación.

LA CRUZ Y LA ESPADA

El destino había de enfrentar estas dos formaciones sociales de desarrollo tan diferente y de forma tan desigual, resolviéndose por la conquista de los europeos. Lo que para nuestro objetivo importa es, en primer lugar, que el proceso de conquista tuvo la modalidad de la colaboración entre la Cruz y la Espada, y en segundo lugar, que la conquista fue a la vez armada, espiritual y cultural.

1. La conquista armada:

  • La modalidad de conquista armada era inevitable. Pero antes, fue lo religioso el que abrió la ilusión de que era posible evitarla, quizás con una rendición negociada. Se trataba de la mitología en torno a Quetzalcóatl o “Serpiente Emplumada”, un personaje histórico, rey sabio y autor de la filosofía central mexica, a quien los sacerdotes naguales expulsaron. El personaje huyó en una balsa (de serpientes) hasta Yucatán, donde fue adorado como Ku´kul´klán, el cual, antes de partir, prometió a sus seguidores su regreso. Los glifos ponen a este dios con la cara de una serpiente, que parece como una trompa de tapir. Cuando los aztecas conocieron a los españoles, la barba de estos les recordó aquellos glifos, y Moctezuma creyó que se trataba del regreso de aquel dios, vuelto a su reino en grandes barcos con velas desplegadas, que parecían llegar de las nubes. El Emperador recibió con sumo respeto a Cortez, le obsequió con costosos regalos (que más que disuadir, despertaron ambiciones) y lo invitó a su palacio. Cortez, abusando de la hospitalidad, convirtió a su anfitrión en prisionero. Cuando hubo cierta insurrección en el pueblo, el conquistador invitó a Moctezuma al balcón, para que los apaciguara, y fue entonces cuando Cuauhtémoc la lanzó una pedrada de su onda. Esto fue el principio de las hostilidades.
  • La guerra mostró pronto las desigualdades entre los contendientes, no sólo de armamento, sino también de las interpretaciones culturales que connotaron las nuevas armas:
  • El hierro, desconocido en estas tierras. Las armaduras y las espadas parecieron impenetrables, hasta que no murieron los primeros soldados españoles.
  • El caballo, también desconocido y sujeto a interpretaciones míticas: se dice que los nativos pensaron que se trataba de un solo ser, tipo centauro, hasta que no tumbaron del caballo a los enemigos.
  • Los fieros mastines. Aunque los aztecas ya conocían los perros, no esas razas, entrenadas para atacar y provocar graves heridas (“perrear” o lanzar a los perros a humanos).
  • La pólvora, de cañones y arcabuces: armas que mataban a distancia y producían el sonido del trueno
  • Los tlaxcaltecas y otros grupos, de pueblos vecinos que, por un mal cálculo, creyeron que, al colaborar con los recién llegados, podrían deshacerse de sus opresores aztecas. Participaron guerreros de varios pueblos en gran número, liderados por tácticas y armamento de los españoles. Fueron ellos los principales enemigos de los aztecas.
  • En los combates, el espíritu guerrero azteca se dejó sentir en todo escarnecimiento. Se defendieron con heroísmo. Hubo una victoria que pudo haber sido decisiva, la que Cuitlahuac infligió a Cortez, el 30 de junio de 1520, conocida como “Noche Triste” (para los conquistadores), en la que los españoles salieron huyendo de la ciudad. En esos momentos, no supieron la causa; pero la calzada de Tacuba se inundó. En realidad, el lago tenía obras hidráulicas que no se conocieron sino hasta el siglo pasado, como la separación de aguas dulces y saladas y compuertas, que, como en este caso, eran capaces de impedir el acceso o salida de la ciudad.
  • Nuevas epidemias y enfermedades. La viruela (“Cocoliztli”), que en Europa desde antiguo se había difundido, por lo que los soldados españoles ya habían desarrollado ciertas defensas; pero que, para el cuerpo del indio, era un virus nuevo y causó estragos. En 1545 causó entre 12 y 15 millones de muertos, y en 1576, otros dos millones más.
  • La dureza de los trabajos forzados fueron más allá de lo que el delicado cuerpo indio podía soportar, y muchos murieron por esto, hasta que se optó por importar esclavos africanos, más resistentes a estas prácticas. El caso es que, de los 16 millones en que se calcula la población del territorio que después sería la Nueva España, en poco más de un siglo había descendido a 1,5 millones
  • La estrategia de dominación de los españoles fue inteligente. No se trató de imponer nuevas estructuras de dominación, sino respetar lo que había. Como se recordará, las civilizaciones mesoamericanas seguían, sin saberlo, el Modo de Producción Despótico Tributario, según su modelo asiático: la tierra era propiedad del Tlatoani, quien la concedía en usufructo, a cambio de algunas obligaciones: aparte de cierta tributación en especie, realizar trabajos comunes no remunerados. En este caso, la construcción de la ciudad lacustre Tenochtitlan, con sus canales y calzadas. Así se propició la estructura de clases, que facilitaba el control: un grupo de nobles (“pilli”) era el que se encargaba de las medidas de gobierno. A la base estaba el pueblo (“macehuales”), habituado a obedecer al monarca, y finalmente, los esclavos, reclutados de los pueblos comarcanos (“tlatlacotin”). El sistema funcionaba. Lo que hizo Cortez fue dejar toda la estructura intacta y cambiar simplemente la cúspide, poniéndose Cortez mismo (y sus funcionarios) en lugar de Moctezuma.

2. La conquista espiritual

De modo semejante a la conquista armada, también lo religioso intentó evitar la conversión coactiva, impuesta con la espada. Conociendo que el envío de la fe a aquellas tierras era la única justificación que el “Ius Gentium” (el Derecho Internacional de entonces) podía permitir para la conquista armada y el saqueo colonial, Hernán Cortez mismo pidió a los Reyes que enviase misioneros “entre más santos y sabios, mejor”. Sabía de la crueldad y ambición de sus soldados, y que la carnicería que temía, impediría cualquier conversión auténtica, se tendría que garantizar una evangelización auténtica; aunque limitada a que no se impidiera el saqueo y enriquecimiento de aquellos españoles y de la Corona misma. LA Reina envió a los “Doce Apóstoles”, franciscanos, que ciertamente, fue lo mejor con que contaba España: celosos, sabios, ingeniosos y comprensivos. Quizás se hayan ilusionado, pensando nuevamente, en la posibilidad que lo religioso -como en la conquista armada- pudiera evitar también la “conquista espiritual” y suscitar una voluntaria conversión. Para ello, poco tiempo después de llegar (en 1524), habilitados algunos buenos intérpretes traductores, los Doce convocaron a las autoridades de los recién conquistados.

  • Los “Coloquios[1] El encuentro fue cordial y respetuoso, dando lugar a la escucha entre los participantes y la libre respuesta de argumentos.
  • Los frailes los iniciaron, exponiendo una síntesis doctrinal de la fe cristiana, según la teología pretridentina, del modo más adecuado para ser comprendida, aceptada y, de paso, justificar la invasión. Por ejemplo, les hablaban de sus dioses, con sus nombres propios; pero argumentan:

“Si ellos son dioses dadores del ser y de la vida, ¿Por qué son engañadores y burladores? ¿Por qué os atormentan y fatigan con diversas aflicciones? Esto por experiencia lo sabéis… y por eso, cuando estáis afligidos con impaciencia los llamáis de putos y bellacos, engañadores, viejas arrugadas… Demás de esto demandaban os vuestra propia sangre y corazones en ofrenda y sacrificio. Sus imágenes y estatuas son espantables, sucias y negras y hediondas…”

Pasan después a hablar del “verdadero Dios”, cuyo nombre es Jesucristo, quien derramó su sangre por nuestra redención. Este Dios está en todo lugar, todas las cosas ve, y todas las cosas sabe. En cuanto hombre, está en el cielo, que es su palacio real. Tiene un reino acá en el mundo, que se llama Reino de los Cielos, y por otro nombre, Iglesia Católica… Esta es regida por el Gran Sacerdote, que es el Santo Padre. Él sólo sobre la tierra es Vicario de Dios, nuestro Señor Jesucristo. El gran Sacerdote tiene superioridad y eminencia sobre todos los reyes de la tierra, y también sobre el Emperador, y ahora nos ha acá enviado, para que os demos a conocer del reino, y riquezas y grandeza de aquel por quien todas las cosas vive: nuestro Señor Jesucristo.

Entonces, después de exponerles la doctrina cristiana, los enviaron a descansar

  • Al día siguiente volvieron los Señores y Principales de México; escucharon nuevamente una síntesis del día anterior y dieron su respuesta. Antecedida de una introducción, con lenguaje de suma cortesía y urbanidad.

“Gozámonos de vuestra venida a nuestra ciudad (…). Sabemos que habéis venido de entre las nieblas y nubes del cielo, ansí nos es nueva y maravillosa vuestra venida (…) Parécenos que en nuestra presencia habéis abierto un cofre de riquezas divinas del señor del cielo y de las riquezas del gran Sacerdote, que es el Señor de la tierra (…). De lo que ahora tenemos pena es que los sabios y prudentes y diestros en el hablar según nuestra manera … son ya muertos. Los cuales, si hubieran oído de vuestras bocas lo que nosotros hemos oído, oyérades de su boca salutación y respuesta muy agradable. Pero nosotros somos bajos y de poco saber… aunque es verdad que tenemos cargo del reino, no tenemos ni saber ni prudencia; y no nos parece cosa justa que las costumbres y ritos que nuestros antepasados nos dejaron, tuvieron por buenas y guardaron, nosotros con liviandad las desamparemos y destruyamos. Demás desto, sabed que tenemos sacerdotes que nos rigen y adiestran en la cultura y servicio de nuestros dioses (…) Estos mismos tienen los libros de nuestras antiguallas, tienen cargo de las historias de nuestros dioses (…) Juntaremos a los ya dichos y decirlos hemos lo que hemos oído de las palabras de Dios: ellos es bien que respondan y contradigan, pues saben y los compete de oficio. No tenemos más que decir por ahora, ni queremos daros fastidio, pues deseamos vuestro reposo.

  • Al día siguiente, apenas amanecido, las autoridades y los sacerdotes fueron a ver a los Apóstoles, habiendo ya hablado entre ellos. Las autoridades pidieron a los misioneros repetir brevemente sus enseñanzas, y los sacerdotes, con la misma cortesía y humildad, los saludaron. Afirmaronn con humildad su ignorancia; pero no obstante, “con dos o tres razones responderemos y contradiremos las palabras de aquel que nos dio su ser, Nuestro Señor (…) “¿Por ventura provocaremos su ira contra nosotros y nos despeñaremos…” (…) “Si muriéramos, muramos; si pereciéremos, perezcamos, que a la verdad los dioses también murieron. (…) “Decís que los que adoramos no son dioses. Esta manera de hablar hacésenos muy nueva y esnos muy escandalosa… porque los padres y antepasados que nos engendraron y regieron no nos dijeron tal cosa. Antes bien, ellos nos dejaron esta costumbre que tenemos de adorar nuestros dioses (…) y que estos nos mereciéron para que fuéramos suyos y los sirviéramos durante innumerables siglos… Ellos dijeron que estos dioses que adoramos nos dan todas las cosas necesarias para nuestra vida corporal: el maíz, los frijoles, la chía… A estos demandamos la lluvia, para que se críen las cosas de la tierra. Nuestros dioses poseen deleites y riquezas grandes… habitan en lugares muy deleitosos do siempre hay flores y verduras y grandes frescuras… que se llama Halo can, donde jamás hay hambre, pobreza o enfermedad (…) “Cosa de gran desatino y liviandad sería destruir nosotros las antiquísimas leyes y costumbres que dejaron los primeros pobladores desta tierra (…) Grande advertencia debéis tener en que no hagáis algo por donde alborotéis y hagáis hacer algún mal hecho a vuestros vasallos. ¿Cómo podrán dejar los pobres viejos y viejas aquello en que toda su vida se han criado? Mirad que no incurramos en la ira de nuestros dioses. Mirad que no se levante contra nosotros la gente popular (…) Pena os damos, señores y padres, en hablar de esta manera… De una manera sentimos todos: que basta haber perdido, basta que nos han tomado la potencia y jurisdicción real. En lo que toca a nuestros dioses, antes moriremos que dejar su servicio y adoración. Esta es nuestra determinación: haced lo que quiséredes. Lo dicho basta en respuesta y contradicción de lo que nos habéis dicho: no tenemos más qué decir”.

3. Los primeros evangelizadores

Ante el rechazo de conversión dado por las autoridades civiles y religiosas (pretensión de una especie de ideología oficial, en la que el cristianismo fuese la ideología aglutinante de la Nueva España), se inicia el proceso de evangelización. Por fortuna, las tres primeras órdenes religiosas -franciscanos, dominicos y agustinos-, fueron gente muy capaz. Los franciscanos tenían una formación erasmiana (Erasmo de Rotterdam), no ya medieval. En continuidad con la teología de la historia de Joaquín de Fiori, pretendían abrir espacio a la “Primavera de la Iglesia”, conducida, nada menos que por los nativos de estas nuevas tierras, lo que significaba la tercera etapa de la Revelación: ante la Edad del Padre (el Antiguo Testamento), la Edad de Hijo (el Nuevo Testamento), ahora iniciaba la Edad Del Espíritu Santo. En efecto, veían en los indios personas de natural muy bien dispuesto para un evangelio auténtico. Viviendo casi en el Paraíso Terrena y casi sin Pecado Original, podían vivir tranquilamente desnudos, en gran honradez, de modales exquisitos y disposición religiosa. Es verdad que a veces, aparecía el otro discurso sobre el indio -esclavos de Satanás, borrachos, crueles. Idólatras-, que alternaban según conveniencias.

Notas

  1. Se conservan estos “coloquios”, escritos a responsabilidad de Bernardino de Sahagún. Está editado tanto en castellano como en náhuatl. SE descubrió y fue publicado por primera vez en 1924 por José Ma Pou y Martí en la Miscellanea Fol. 23r. Archivo Secreto Vaticano. DE los dos tomos sólo se conocen los primeros 13 capítulos. Un nuevo capítulo, el catorce, ha sido publicado recientemente por Miguel León Portilla.

  2. existen testimonios de coacción, por parte de los indios conversos mismos, como el de la madre del cacique Alba Ixtlixochitl, a quien su hijo la amenazó de quemarla en su casa si no se convertía