B-05 UN DÍA EN LA VIDA

Mc 1, 29-39

  • ¿Recuerdan ustedes aquella canción de Los Beatles “un día en la vida”, en la que se describe el ritual mañanero de un joven? El antropólogo norteamericano Oscar Lewis narró en su libro (“Antropología de la pobreza”) un día en la vida de cinco familias de emigrantes de Tepozotlán a una vecindad de Tepito, describiendo con toda minucia todo lo que la familia hacen cada día, desde el primero que se levanta hasta el último que apaga la luz. Fue una forma de exponer cómo viven los pobres, no por opción, sino por imposición. Para ellos, su meta de cada día es simplemente sobrevivir.
  • Una especie de test o prueba para conocer el nivel de madurez de una persona es pedirle que escriba detalladamente todo lo que hizo un día cualquiera, desde que despierta hasta que apague la luz (no uno especial, sino uno cualquiera). Es un buen ejercicio que podemos hacer solos, y puesto así, por escrito, quizás colocando incluso el horario, nos daremos mejor cuenta de cómo empleamos nuestro tiempo.
  • En efecto, el tiempo no es otra cosa que la vida misma, que nos es dada para desarrollarnos, para ser felices, para aprender a amar… Al perseguir una meta, al orientar nuestra vida hacia un ideal o una causa, quisiéramos estirar el tiempo lo más posible para conseguir mejor nuestro proyecto. En cambio, el activismo sería una especie de avaricia temporal, como si pudiéramos llenar espacios de tiempo frenéticamente, siendo así que como mejor podemos aprovechar la vida es permitiéndonos momentos para la meditación, contemplación u oración.
  • Los filósofos griegos la llamaban “ataraxia” y para ellos, esta sería la finalidad en la vida, como también para los filósofos romanos, el “otium”. Ahora bien, lo opuesto al “otium” es su negación: el “nec-otium”; el “negocio” como negación del ocio: las necesarias tareas productivas cuyo fin era obtener mayor tiempo de ocio: el tiempo que necesitamos para serenarnos y estar en la presencia de Dios, dejando pasar el tiempo, atentos a todo lo que pueda suceder. En cambio, en nuestra sociedad utilitaria, el “negocio” es el fin de la vida, y para reparar la máquina utilitaria se nos regatea cierto tiempo, que empleamos para “estar de ociosos”, apoltronados frente a un televisor.
  • San Marcos nos presenta ahora un día en la vida de Jesús, si bien hay que advertir que no fue un día cualquiera. Temprano, caminando por el lago, encuentra a cuatro pescadores ya conocidos y los invita a seguirlo. Llegan a Cafarnaum y siendo sábado, asisten a la sinagoga de la ciudad, en la que –como vimos el domingo pasado- hablaba “como quien tiene autoridad y no como los escribas. Cura a un endemoniado, demostrando que tiene autoridad sobre ellos. Al salir, se dirige con sus cuatro amigos a la casa de Andrés y Simón, cuya suegra yace en cama con algo de fiebre. Jesús la sana y la mujer, agradece el servicio recibido poniéndose, a su vez, a servir a Jesús y sus acompañantes. Es posible que después de la sobremesa se entretuviera un poco platicando y jugando con los niños, como le agradaba. Ya empezando a caer el sol le llevaban muchos enfermos, y Él, compadecido, los sanaba. La vida en aquellos poblados, dado que no había luz eléctrica, terminaba prácticamente con la luz solar; pero a Jesús le agradaba madrugar: se retira a una loma para ver salir el sol, haciendo oración –imaginemos cómo sería su oración, al ponerse en contacto directo con su Padre-, y en ocasiones importantes, como esta, dedica una oración especial, ya que va a tomar una decisión crucial para su estrategia. Los apóstoles le interrumpen, pues hay mucha gente enferma que solicita curaciones… Pero Jesús se da cuenta que no puede instalarse en un lugar y convertirse en El Curandero de Galilea. Su misión habrá de ser itinerante, ir recorriendo de pueblo en pueblo…
  • Como podemos ver, sin activismos ni precipitaciones, Jesús emplea su tiempo admirablemente, combinando la predicación, la convivencia, la compasión y la oración. Quizás revisando lo que escribimos en nuestro ejercicio nos hayamos dado cuenta del tiempo que perdimos, en el chateo, programas insulsos de TV, el chismorreo, la pereza, las adicciones o las rutinas diarias realizadas como en “stand-by”. O tal vez nuestra ambición o compulsión convierta nuestra vida en un frenético ajetreo, yendo de aquí para allá, metiéndonos en todo, ambicionando ganar y ganar, escalar y competir por mejores puestos… para llegar al final de la vida con las manos vacías, descubriendo que el tiempo se nos coló de entre los dedos. Habiendo revisado nuestro día, ¿qué cambios podríamos hacer para utilizar mejor nuestro tiempo?

B-04 LA VOCACIÓN DEL MAESTRO

Mc 1, 21-28

  • Entre las numerosas pérdidas que ha traído consigo la modernidad neoliberal es la de las vocaciones. Desde luego la disminución de vocaciones sacerdotales; pero quizás no sea lo más grave. Me refiero a esas vocaciones que antaño marcaban la elección de una profesión: la vocación del médico (ahora mercaderes de la salud), la vocación del político (ahora negociantes desde los puestos de mando), la vocación del abogado (ahora asesores de fraudes), y de modo especial, la vocación del maestro.
  • México tuvo momentos de gloria para el magisterio: después del período revolucionario, bajo la inspiración de Vasconcelos, se gestó una pléyade de maestros rurales, jóvenes generosos, entusiastas e idealistas, quienes suplían su poca formación con la generosidad y entrega. Ellos no se reducían a trabajar en el aula, sino que influían en todo el pueblo, cuidando la alfabetización de los adultos y echando a andar algunos programas desarrollistas donde no había.
  • Muchos de nosotros guardamos en nuestro recuerdo, con cariño y admiración, a algún maestro, a quien reconocemos, quizás, un lugar especial en nuestro proceso educativo. Los maestros de vocación no se conforman con la mera transmisión de conocimientos (la información que podemos encontrar en Google), sino que se preocupan de educar, de formar buenas personas y buenos ciudadanos, que el día de mañana construirán un México mejor. Estos maestros se preocupan ante todo en conocer a sus alumnos y el ambiente dónde se desenvuelven. Son sensibles a los problemas de estos estudiantes y cuidan que en la propia vida personal puedan ser ejemplo y modelo de los muchachos a ellos confiados.
  • Los maestros de vocación logran borrar la brecha entre educador y educando, pues son concientes de que el verdadero educador también es un educando, y que los educandos, también pueden ser educadores de los maestros mismos. Son concientes de que nadie puede enseñar nada a otro, y que al maestro, humildemente, tan sólo le toca coadyuvar para que los alumnos descubran por sí mismos la realidad. Hemos de reconocer que los conocimientos de mayor utilidad que adquirimos, los que realmente nos sirven para la vida, no son tanto la información, cuanto la que se origina con una relación recíproca con el “mentor” o “tutor”; con aquel que nos acompañó en años y con quien en esos años acaso hayamos pasado más tiempo que con nuestros padres mismos.
  • Ahora, en cambio, la falta de apoyo, bajos salarios, malas condiciones de las escuelas, así como los controles sindicales, han convertido a los maestros en burócratas mal pagados, que muchas veces tienen que completar su salario con otras “chambitas”. Suele criticarse a la reciente Reforma Educativa de que parece perseguir como objetivo formar técnicos de empresas trasnacionales (computación, inglés, matemáticas), olvidando la criticidad que implica todo verdadero aprendizaje. Se han suprimido de la currícula las materias humanistas –tales como el civismo, la filosofía, la historia o la antropología-. El resultado es que muchos maestros se conforman con transmitir conocimientos, conforme a los guiones uniformizados y evaluables.
  • Entre estos maestros con quienes nos relacionamos en la vida, un lugar importante son los “maestros de la vida espiritual”. Antiguamente eran los profetas, tales como Moisés lo fue para el pueblo, según nos lo narra el Deuteronomio, a quien merece ser escuchado. La gente que se relacionaba con Jesús sabía distinguir entre aquellos maestros de la ley, los escribas, que acaso conocieron perfectamente las Escrituras y que convertidas en “doctrina”, las podían hasta recitar de memoria. Tantas veces educar en la fe se entiende como la mera transmisión (de memoria) de fórmulas doctrinales, de dogmas que deben ser aceptador sin cuestionar. Así no se forman “discípulos creyentes”, sino fanáticos apologetas.
  • La autoridad de los maestros academicistas proviene de los conocimientos que nos transmiten y que acaso nos hicieron aprender de memoria; mientras que la autoridad de los maestros de vocación proviene del testimonio de vida, en la empatía que lograron establecer con sus alumnos. En cambio, la autoridad del verdadero formador de la fe proviene de su ejemplo, y acompaña al niño para que vaya descubriendo a Dios, a Jesús como un “alguien” vivo y que exige nuestra entrega. Jesús “hablaba como quien tiene autoridad”, provocaba asombro, puesto que su enseñanza estaba respaldada por sus obras en favor de sus discípulos, exorcizando los demonios que se suelen colar con los aprendizajes (ambición, vanidad, exclusión de quienes menos saben, etc.). Era por esto mismo que sedujo a tantos buscadores de verdad, por lo que “su fama se extendió por toda Galilea”.

B-03: PLANIFICANDO SU CAMPAÑA

Mc 1, 14-20

En julio próximo serán las elecciones para nuevas autoridades en distintos niveles de gobierno (3,600 cargos), y aunque todavía no comienzan formalmente las campañas, de hecho ya las estamos viendo (o sufriendo). Hay presentimientos de que las campañas sean mal realizadas, reiterativas y poco planeadas. Para ser efectiva, cualquier empresa o campaña (comercial o política) tienen que planificarse con detenimiento. Los publicistas ya tienen bien estudiadas ciertas técnicas que combinan elementos que deben ser aplicados al detalle.

En este tiempo -“verde”- la liturgia nos invita a seguir a Jesús en la importante misión que el Padre Dios le confió como “Mesías”. Él no era ningún “espontaneísta” (en el sentido que se suele dar a los “espontáneos” en las corridas de toros), como nos puede dar impresión la liturgia, que nos va presentando el Evangelio en forma fragmentada (saltamos de un episodio a otro ubicado en capítulos diferentes e incluso, hasta en diversos evangelistas): pero si leemos de corrido a San Marcos, el evangelista actual, vemos que su actuación obedeció claramente a un plan. Se supone que en los 40 días que pasó en el desierto habría estado pensando en esta campaña y detallando cada uno de sus elementos, tal y como puede apreciarse si nos fijamos en el pasaje de hoy:

  • Objetivo.- Toda planificación comienza precisando claramente el objetivo que deba cumplirse. Los políticos no suelen manifestar sus verdaderos objetivos; aunque pretendan ser sendos proyectos de nación. A veces ocultan que lo que realmente les interesa son sus beneficios personales. Pero todo buen gobernante busca lealmente organizar el país o el Estado dentro de determinado modelo y cumplir algunos fines claros. El objetivo último de Jesús –hacer la voluntad del Padre “así en la Tierra como en el Cielo”- fue su “utopía”, todo un ambicioso proyecto a nivel global (el primero de “globalización”) que habría de ser implementado a largo plazo: hacer de todo el mundo una sola familia, teniendo como único Padre a Dios.
  • Slogan.- Políticos y empresarios conocen la importancia de encontrar un “slogan”, es decir, una frase breve, cargada de contenido emotivo, que resuma y exprese sintéticamente el objetivo y el programa que se pretende realizar. Todos podemos recordar algunos slogans que se nos pegaron: “Mover a México”, “la Solución somos todos”, “Arriba y adelante”, “la chispa de la vida”, etc. Jesús denominó a su objetivo, el ideal del Padre, “Reino de Dios”, que para un pueblo teocrático, cautivaba: un mundo normado por la paz, la justicia, la verdad, la solidaridad, el amor. Se slogan, como nos presenta Marcos, fue “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”, y con él entusiasmaba a la gente.
  • Estrategia y tácticas.- Según los planificadores, son los medios con que nos vamos a valer para implementar nuestro objetivo. Para Jesús, su estrategia no era instalarse en algún lugar (Cafarnaum, por ejemplo), como hizo el Bautista, para desde allí difundir su propuesta. Su actuación sería una misión itinerante, ir recorriendo los pueblitos, comenzando por Galilea para llegar finalmente a Jerusalén. En cada pueblo, predicar en la sinagoga, curar enfermos y expulsar demonios, y desenmascarar la religiosidad acartonada, formal y estéril de los escribas y fariseos, en que había caído la fe de Israel. Su táctica pedagógica sería predicada en los caminos, ante discípulos que lo iban siguiendo, enseñándoles por medio de las “parábolas” o ejemplos tomados de la realidad cotidiana.
  • Recursos.- Toda campaña parte de los recursos que se cuenta o se puedan allegar. En México, las autoridades electores han fijado un tope límite para recursos, a fin de hacer más equitativa la elección, aunque hay partidos que se las ingenian para obtener recursos ilegales, incluso desviando del presupuesto para otras necesidades. Tenemos unas de las elecciones más costosas del mundo. En cambio, Jesús no necesitó de recursos. Prácticamente envía a sus agentes con lo que llevan puesto. Cuando el producto que se ofrece es de calidad, se propaga solo; mientras que productos falsos (mercantiles o políticos) requieren de cuantiosos medios.
  • Programa.- Todo plan se cristaliza en un programa de acciones, de fines concretos y específicos. Jesús lo formuló valiéndose de un texto del profeta Isaías: “He venido para anunciar el Evangelio a los pobres, dar luz a los ciegos, liberar a cautivos y oprimidos… y proclamar un “año de gracias”
  • Lanzamiento.- Los publicistas concuerdan en la importancia de un lanzamiento, es decir, fijar el lugar y la fecha de inicio de la campaña, y prepararlo del mejor modo posible. Seguramente que los candidatos de diversos Partidos ya habrán elegido el lugar de inicio de su campaña, buscando algún lugar estratégico, con cierta connotación simbólica. Jesús eligió la sinagoga de Nazareth, el pueblo donde se había criado.
  • La fecha, en las campañas políticas ya están fijadas: tentativamente el 1° de marzo de 2018. En el caso de Jesús, el inicio de su campaña fue coyuntural: Herodes, molesto por la predicación de Juan Bautista, lo mandó arrestar. Jesús se dio cuenta de que si no actuaba pronto no podría aprovechar todo el movimiento encabezado por suprimo, de modo que esta circunstancia le hizo ver que era momento de tomar el relevo.
  • Equipo central de colaboradores.- Toda campaña requiere de un equipo central de colaboradores, pues no es tarea de una sola persona. Jesús comienza a reclutar su equipo. Tenía a su favor su gran capacidad para conocer a las personas. Hoy vemos cómo llamó a sus cuatro primeros apóstoles, a quienes ya había conocido en el Jordán, como discípulos del Bautista -Simón y Andrés, Santiago y Juan-. La pedagogía del llamamiento era no presentarlo tanto como renuncia, sino como cumplimiento a un nivel más elevado de aquello que se gustaba hacer. Así, encontrando a Simón y Andrés echando sus redes en el lago, y más tarde, Santiago y Juan remendando sus redes en la barca de su padre, los invitó: “Así que les gusta pescar, ¿verdad?, pues síganme haré de ustedes pescadores de hombres”. Sonaba bien, interesante y atractivo, y no les dolió dejar sus redes o su barca. Así llama Jesús, no para frustrar nuestras actividades más satisfactorias, sino para darles otra finalidad más elevada.

Pues ahora, con esta exposición, podremos seguir a Jesús en su “vida pública” en este tiempo litúrgico llamado “ordinario” –y que por cierto no tiene nada de ordinario, pues es nada menos que la misión de Jesús como Mesías. Nos invita también a nosotros a seguirlo. Para eso tenemos que dejar nuestras “redes” (¿redes sociales?), para elevarnos en otra dimensión apasionante y cautivadora.