Mc 1, 14-20
En julio próximo serán las elecciones para nuevas autoridades en distintos niveles de gobierno (3,600 cargos), y aunque todavía no comienzan formalmente las campañas, de hecho ya las estamos viendo (o sufriendo). Hay presentimientos de que las campañas sean mal realizadas, reiterativas y poco planeadas. Para ser efectiva, cualquier empresa o campaña (comercial o política) tienen que planificarse con detenimiento. Los publicistas ya tienen bien estudiadas ciertas técnicas que combinan elementos que deben ser aplicados al detalle.
En este tiempo -“verde”- la liturgia nos invita a seguir a Jesús en la importante misión que el Padre Dios le confió como “Mesías”. Él no era ningún “espontaneísta” (en el sentido que se suele dar a los “espontáneos” en las corridas de toros), como nos puede dar impresión la liturgia, que nos va presentando el Evangelio en forma fragmentada (saltamos de un episodio a otro ubicado en capítulos diferentes e incluso, hasta en diversos evangelistas): pero si leemos de corrido a San Marcos, el evangelista actual, vemos que su actuación obedeció claramente a un plan. Se supone que en los 40 días que pasó en el desierto habría estado pensando en esta campaña y detallando cada uno de sus elementos, tal y como puede apreciarse si nos fijamos en el pasaje de hoy:
- Objetivo.- Toda planificación comienza precisando claramente el objetivo que deba cumplirse. Los políticos no suelen manifestar sus verdaderos objetivos; aunque pretendan ser sendos proyectos de nación. A veces ocultan que lo que realmente les interesa son sus beneficios personales. Pero todo buen gobernante busca lealmente organizar el país o el Estado dentro de determinado modelo y cumplir algunos fines claros. El objetivo último de Jesús –hacer la voluntad del Padre “así en la Tierra como en el Cielo”- fue su “utopía”, todo un ambicioso proyecto a nivel global (el primero de “globalización”) que habría de ser implementado a largo plazo: hacer de todo el mundo una sola familia, teniendo como único Padre a Dios.
- Slogan.- Políticos y empresarios conocen la importancia de encontrar un “slogan”, es decir, una frase breve, cargada de contenido emotivo, que resuma y exprese sintéticamente el objetivo y el programa que se pretende realizar. Todos podemos recordar algunos slogans que se nos pegaron: “Mover a México”, “la Solución somos todos”, “Arriba y adelante”, “la chispa de la vida”, etc. Jesús denominó a su objetivo, el ideal del Padre, “Reino de Dios”, que para un pueblo teocrático, cautivaba: un mundo normado por la paz, la justicia, la verdad, la solidaridad, el amor. Se slogan, como nos presenta Marcos, fue “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”, y con él entusiasmaba a la gente.
- Estrategia y tácticas.- Según los planificadores, son los medios con que nos vamos a valer para implementar nuestro objetivo. Para Jesús, su estrategia no era instalarse en algún lugar (Cafarnaum, por ejemplo), como hizo el Bautista, para desde allí difundir su propuesta. Su actuación sería una misión itinerante, ir recorriendo los pueblitos, comenzando por Galilea para llegar finalmente a Jerusalén. En cada pueblo, predicar en la sinagoga, curar enfermos y expulsar demonios, y desenmascarar la religiosidad acartonada, formal y estéril de los escribas y fariseos, en que había caído la fe de Israel. Su táctica pedagógica sería predicada en los caminos, ante discípulos que lo iban siguiendo, enseñándoles por medio de las “parábolas” o ejemplos tomados de la realidad cotidiana.
- Recursos.- Toda campaña parte de los recursos que se cuenta o se puedan allegar. En México, las autoridades electores han fijado un tope límite para recursos, a fin de hacer más equitativa la elección, aunque hay partidos que se las ingenian para obtener recursos ilegales, incluso desviando del presupuesto para otras necesidades. Tenemos unas de las elecciones más costosas del mundo. En cambio, Jesús no necesitó de recursos. Prácticamente envía a sus agentes con lo que llevan puesto. Cuando el producto que se ofrece es de calidad, se propaga solo; mientras que productos falsos (mercantiles o políticos) requieren de cuantiosos medios.
- Programa.- Todo plan se cristaliza en un programa de acciones, de fines concretos y específicos. Jesús lo formuló valiéndose de un texto del profeta Isaías: “He venido para anunciar el Evangelio a los pobres, dar luz a los ciegos, liberar a cautivos y oprimidos… y proclamar un “año de gracias”
- Lanzamiento.- Los publicistas concuerdan en la importancia de un lanzamiento, es decir, fijar el lugar y la fecha de inicio de la campaña, y prepararlo del mejor modo posible. Seguramente que los candidatos de diversos Partidos ya habrán elegido el lugar de inicio de su campaña, buscando algún lugar estratégico, con cierta connotación simbólica. Jesús eligió la sinagoga de Nazareth, el pueblo donde se había criado.
- La fecha, en las campañas políticas ya están fijadas: tentativamente el 1° de marzo de 2018. En el caso de Jesús, el inicio de su campaña fue coyuntural: Herodes, molesto por la predicación de Juan Bautista, lo mandó arrestar. Jesús se dio cuenta de que si no actuaba pronto no podría aprovechar todo el movimiento encabezado por suprimo, de modo que esta circunstancia le hizo ver que era momento de tomar el relevo.
- Equipo central de colaboradores.- Toda campaña requiere de un equipo central de colaboradores, pues no es tarea de una sola persona. Jesús comienza a reclutar su equipo. Tenía a su favor su gran capacidad para conocer a las personas. Hoy vemos cómo llamó a sus cuatro primeros apóstoles, a quienes ya había conocido en el Jordán, como discípulos del Bautista -Simón y Andrés, Santiago y Juan-. La pedagogía del llamamiento era no presentarlo tanto como renuncia, sino como cumplimiento a un nivel más elevado de aquello que se gustaba hacer. Así, encontrando a Simón y Andrés echando sus redes en el lago, y más tarde, Santiago y Juan remendando sus redes en la barca de su padre, los invitó: “Así que les gusta pescar, ¿verdad?, pues síganme haré de ustedes pescadores de hombres”. Sonaba bien, interesante y atractivo, y no les dolió dejar sus redes o su barca. Así llama Jesús, no para frustrar nuestras actividades más satisfactorias, sino para darles otra finalidad más elevada.
Pues ahora, con esta exposición, podremos seguir a Jesús en su “vida pública” en este tiempo litúrgico llamado “ordinario” –y que por cierto no tiene nada de ordinario, pues es nada menos que la misión de Jesús como Mesías. Nos invita también a nosotros a seguirlo. Para eso tenemos que dejar nuestras “redes” (¿redes sociales?), para elevarnos en otra dimensión apasionante y cautivadora.