B-002 Adviento II: ¿CUÁL PERSONAJE ELEGIR?

Mt, 3, 1-12

¡Ya se acerca la Navidad! Si queremos tener una buena fiesta, conviene prepararla, y para el tiempo prenavideño aparece un personaje singular que se nos presenta como guía. Se trata de un personaje singular, exótico y fuera de serie. En realidad, son dos los personajes que compiten para desempeñar esta función de guía prenavideño, y los vamos a comparar:

Complexión somática:

Un anciano bajito, obeso, rechoncho, de barba blanca

Un hombre joven delgado, fuerte, enérgico

Vestuario:

Vestido con traje de franela rojo (como un pijama con su gorro de dormir)

Vestido con piel de camello, ceñido con un cinturón de cuero

Dieta alimenticia:

Chocolatitos, galletas, pastelitos

Chapulines (a lo oaxaqueño) y miel silvestre.

Lugar de proveninencia:

El Polo Norte, lugar de nieve, trineos, renos, pinos

El desierto: lugar agreste y duro.

Una vez descritos ambos personajes -Santa Claus y San Juan Bautista- hay que fijarse en sus propuestas–antagónicas- de preparación a la Navidad.

  • La propuesta de Santa Claus alienta el consumismo -“¡Compre en esta Navidad! ¡Consuma esta Navidad! ¡Cene y beba en esta Navidad! ¡Regale esta Navidad!”-. Para festejar el Nacimiento de un niño que no tuvo para nacer sino un pobre pesebre, la Sociedad de Consumo realiza su Gran Venta de Fin de Año, en la que los regalos no son pan y requesón -como los de los pastores-, sino esas mercancías que nos encandilan prometiendo felicidad, prestigio, éxito, juventud; pero que apenas las compramos se nos vuelven inútiles, superfluas y obsoletas, y que a la postre, nos desencantan
  • Pero, finalmente, ¿Quién es Santa Claus? [¡Shhhh, hay niños!]. En vida se llamó Nicolás (sus amigos le decían “Colás”) y celebramos su fiesta esta semana. Nació en Parara, ciudad de Licia, antigua provincia de Asia Menor, hacia el año 280. Sus padres murieron cuando era muy joven, dejándole una gran fortuna. Sobre su caritativo corazón se cuentan muchas leyendas: en una de ellas, ayudó a un vecino para que casara a su hija mayor, evitando así que la prostituyera -arrojó por la chimenea un saquito de monedas de oro-. Cuando la segunda hija se debía casar, intentó hacer lo mismo; pero con más mala puntería, y el saquito cayó en una media colgada en el tendedero (medias, chimeneas). Se hizo monje y se decía que por la noche se escapaba del monasterio con alimento en un burrito o colgar alguna fruta en el arbolito, para socorrer a los niños pobres. Posteriormente fue consagrado obispo de Mira, capital de Licia, donde durante la persecución de Dioclesiano, fue arrestado y martirizado. Cuando los sarracenos conquistaron Mira, unos marinos rescataron su cuerpo y lo llevaron a Bari, en la costa Adriática. Su culto cobró auge en Amsterdam y unos marinos holandeses lo llevaron a Nueva York. Cuando lo canonizaron, los holandeses le decían “Saint Colaus”, y el nombre se fue deformando (“Sant Nichocolai—Saint Colaus – Sint Klaes”). En Nueva York se le imaginaba como un hombre generoso y bonachón, con sombrero de anchas alas y pipa holandesa, y que montado en un caballo volador, en Navidad echaba regalos por las chimeneas… hasta que la Coca Cola, para su campaña publicitaria de 1930, lo plasmó en la figura que hoy conocemos. Lo malo es que como Santa Claus vive en el Polo Norte, comienza a repartir los juguetes de norte a sur y nunca alcanza a cruzar el Ecuador. Así que en la Navidad, los niños pobres –los más cercanos al niño Jesús- deben conformarse con mirar los juguetes en el aparador.
  • La propuesta de Juan el Bautista es la de gente del desierto (viste y se alimenta como ellos), y anuncia la llegada de un personaje mayor que el gran profeta mismo, de quien, dice, “no ser digno de agacharse y soltarle la correa de sus sandalias”. Hay que preparar su camino enderezando sus senderos, o como dice Isaías; “tracen en la llanura un sendero para nuestro Dios, que los valles se levanten, que montes y colinas se aplanen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se nivele…” Nos connota, pues, una cuestión de obras públicas de vialidad: al terminar la temporada de lluvias que después de los tiempos de lluvias, los Gobiernos deben hacer reparaciones en las calles: rebajar los topes y rellenar los baches. En el campo oaxaqueño nuestros hermanos indígenas acostumbran el “tequio” o trabajos comunitarios no remunerados: recibieron el anuncio de que los visitaría el gobernador y salen en cuadrillas a preparar el camino (… y para su “chasco”… llega en helicóptero). Para preparar la última venida del Señor también a nosotros nos toca preparar un camino llano, recto bien apisonado y cuidar de que no haya ni aquellas gigantescas montañas –las del 1% de la población que controla el 99% de la riqueza-, ni aquellos abismales hoyancos, -los más de 3,000 personas que viven en pobreza, de los cuales, casi 1000 millones sobreviviendo en la miseria-. Para que pueda gestarse un mundo de Justicia y de Paz procuraremos una luz que oriente caminos tortuosos y que ilumine nuestra confusión y extravío.
  • El nuevo mundo prometido por el Mesías no nos vendrá facilonamente, del Cielo. Lo tenemos que ir construyendo nosotros, ya desde ahora, en la Tierra, y esto implica un cambio de mentalidad; “un bautismo de penitencia”: el término que usa es el de “metanoia”, palabra griega que suele traducirse como “conversión”. Pero una conversión cualquiera: meta significa más allá y noia, mente. Significaría algo así como “más allá de la mente” es decir, más allá de nuestras ideas, racionalizaciones, ideologías o filosofías, y esto parece referirse a una conversión de corazón. Para ello se requiere vivir totalmente atento, pues como dice San Pablo, “el Día del Señor llegará como un ladrón en la noche”.
  • Ya hay que ir preparando nuestra Navidad. Como sea nuestra preparación, así será esa fiesta. Elijamos: En la Navidad de Santa Claus podremos pasarla contentos, puede ser “alegre”, puede ser seductora y atractiva; pero no feliz. Es como una esferita del árbol de Navidad: muy brillante y colorida; pero frágil, y si se aprieta un poco, se rompe… y se descubre vacía. A lo mejor decidimos preparar algo inusual para este año: una Navidad contracultural al estilo del Bautista o de San Nicolás. Esto requiere de una preparación especial, una “metanoia”. Acaso nos resulte dolorosa. Es “un bautismo de penitencia” (de ahí el color morado, como en Cuaresma); pero posibilitará el nacimiento de algo nuevo y eso garantizará una Feliz Navidad, que es la que les deseo.

B-001 Adviento I: CONJUGACIONES DEL VERBO

Lc 21, 25-28; 34-36

Hoy inicia el nuevo Ciclo litúrgico (el Año Nuevo religioso), y comienza con el tiempo de Adviento -palabra del latín “ad-venire” = “venir-hacia-aquí”-, en referencia a la venida de Jesús ¿A qué venida se refiere? como sea el Adviento, será nuestra Navidad. Este tiempo litúrgico juega con la polisemia del verbo “venir”, por lo que para interpretarlo habrá que conjugarlo en algunos de sus tiempos:

  • Jesús habría de venir.- perífrasis verbal de obligación, de poco uso fuera del ámbito religioso. El Adviento recoge los vaticinios multiseculares de los antiguos profetas, quienes oteando el horizonte futuro, vaticinaban: “cuando venga” (presente de subjuntivo), y entornaban sus ojos, soñando y vislumbrando un misterioso personaje esperanzador, que habría de venir… y lo anunciaban con alegría, expectación y fuertes imágenes poéticas que iremos leyendo como preparación a nuestra Navidad. Podremos exclamar como Isaías un grito de espera impaciente: “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes como vera!”
  • Jesús vino (tiempo pasado).- En cumplimiento de aquellas profecías, vino Jesús: un hecho histórico, pues nació el año 6 A.C. (por los errores en el calendario), cuyo día y mes no sabemos precisar, y cuyo aniversario de natalicio nos preparamos a celebrar esta Navidad.
  • Jesús viene (presente).- Jesús viene cada día, sobre cada altar, cuando el sacerdote consagra el pan y el vino para darnos en alimento su cuerpo y su sangre.
  • Jesús suele venir.- tercera persona del presente de subjuntivo: un presente que podría acaecer ahora. “Jesús está viniendo (gerundio): se trata del Kayrós o una venida del Señor que podría darse en cualquier momento. Viene con su Gracia, y quienes perciben, en los hechos históricos de la vida, esa presencia, se enriquecen con ella. Su llegada puede darse en cualquier momento, “no conocen el día ni la hora”. Por eso tenemos que estar siempre preparados, y algo ayuda estar atentos a los “signos de los tiempos”.
  • Jesús va a venir- Es una perífrasis verbal futura que alude a un hecho futuro como resultado lógico de lo que sabemos en el presente y que consideramos ya evidente. Jesús va a venir esta Navidad. No se trata un simple aniversario, como la fiesta del nacimiento de Benito Juárez. La liturgia piensa en una presencia mistérica en esa fiesta: Jesús nacerá en algún rinconcito de nuestro mundo (o de nuestro corazón) en donde aún no se encuentra.
  • Jesús vendrá.- Futuro con seguridad. Se trata de la última venida de Jesús al fin de los tiempos, cuando perezca el último sobreviviente de la especie humana, para juzgar la historia y la aventura humana sobre el Planeta, y poner en descubierto lo que cada persona contribuyó, para bien o para mal. El género usado por Jesús en estas profecías es el “apocalíptico”, utilizando imágenes cósmicas para impactar (“señales prodigiosas en el sol, la luna y las estrellas… olas del mar”); pero más que catastrófica, esta venida será esperanzadora, pues anuncia el fin de toda dominación. Es lo que acabamos de ver al final del pasado ciclo litúrgico: La serpiente mordiéndose la cola. Cristo volverá para llevar toda la creación de retorno a su origen, en Dios, su fuente.

Ante estas venidas, Jesús nos recomienda algunas actitudes. La primera es “estar alerta”, como el portero, a quien se encomienda que esté “en vela” (con su velita) esperando cuando venga el señor de la casa. La segunda actitud es estar despiertos, que cuando venga el Señor “no los encuentre dormidos”, es decir, enajenados, inmersos en los problemillas cotidianos, o disipados en vicios, adicciones, malos hábitos como el consumismo, o vivir inmersos en nuestras preocupaciones cotidianos, viviendo instalarnos en nuestra zona de confort. El Señor advierte: “estén prevenidos, porque no saben cuándo va a llegar el dueño de la casa, si al anochecer o a media noche o a canto del gallo o de mañana”. La tercera actitud es procurar una vida digna, pies como dice San Pablo: el Señor nos mantendrá firmes, “para que en el día de Nuestro Señor Jesucristo seamos irreprochables”. Nuestra mejor preparación para la Navidad será la conciencia vigilante –“velando en oración”– Viene bien la súplica anhelante de los primeros cristianos, puesta en imperativo: ¡”Maranhata”, ven Señor Jesús!”

B-34 ¡¡¡VIVA CRISTO REY!!!

Jn 18, 33-37

En el último domingo del Año Litúrgico, la Iglesia cierra el ciclo con la fiesta de Cristo Rey. Obviamente la advocación es una metáfora, que ha sido entendida de diversos modos:

  1. La Señoría cósmica de Cristo. Dios Padre creó el universo por medio de Dios Hijo, “por quien todo fue hecho”. Todo emana de Él y todo tiende hacia Él como a su meta y su fin: el “reino” mineral es asumido por el “reino vegetal”, que está en función del “reino animal”. Los animales son para los humanos y la humanidad, evoluciona y tiende a Cristo, quien siendo verdadero hombre y al mismo tiempo, verdadero Dios, es puente y culmen de la Creación.
  2. La advocación “Cristo Rey” también puede ser entendida al estilo de las monarquías mundanas. La iconografía de un Jesús con corona, cetro y capa. Pero el régimen monárquico concentra un poder absoluto, implica una dinastía de la misma familia (“sangre azul”) y suele ser despótico y parasitario. Se dice que nosotros tenemos añoranzas monárquicas, desde Iturbide y Maximiliano hasta la visita de Peña Nieto a la reina de Inglaterra.
  3. Evoca una “teocracia” o un gobierno ejercido por Dios, así como la “aristo-cracia” sería supuestamente el gobierno de los “mejores” (los oligarcas) y la “demo-cracia”, el gobierno del “pueblo” (o sus representantes). Pero como Dios está lejos, en el Cielo, lo deja a sus “representantes”, las jerarquías eclesiásticas. Connota la identidad entre religión y política, como en los Estados confesionales, en los que las autoridades religiosas de alguna manera controlan a quienes ejercen el poder político. En Occidente, la religión ungía a los gobernantes –el arzobispo, al rey, y el Papa al emperador-. Si el monarca no obedecía las directrices de la Iglesia, era excomulgado, y con ello, se quitaba al pueblo la obligación de obedecerlo (por eso Enrique IV, de Francia, fue a pedir perdón al Papa por su rebeldía, y se le oyó musitar: “Paris bien vale una misa”). Esto terminó cuando Napoleón, llegado de la Revolución Francesa en nombre de una supuesta “democracia”, le arrebató la corona al Papa, él mismo se coronó y coronó a la emperatriz.
  4. ¡Viva Cristo Rey!” fue el grito con que en México grupos de campesinos católicos –especialmente de Los Altos de Jalisco-, apoyados por clases medias urbanas (la Liga por la Defensa Religiosa) se levantaron en armas en defensa de su derecho a profesar su fe, y que llegaron a asesinar a un presidente electo. Ese grito evoca todavía reminiscencias de La Cristiada, esta etapa de nuestra historia dejó unos 300,000 muertos (de ambas partes), la mayoría civiles, y entre ellos un buen número de mártires. La advocación podría encerrar resentimientos y revanchismos que añoran una situación de poder político y animadversión a un Estado laico.
  5. Para comprender el reinado de Cristo es preciso recordar sus antecedentes bíblicos. Vemos que Dios fue renuente a la monarquía, pues prefería el régimen de los “jueces” o liderazgos naturales que surgían ante un peligro. De hecho, en el libro de Samuel aparece una de las críticas antimonárquicas más duras (I Sam 8, 10-18). Sin embargo, David fue visto como el prototipo de rey, pues a pesar de sus crímenes, supo llevar a Israel a su mayor grandeza. Su reinado fue utilizado como modelo para el “mesías” anunciado y con el que fue tentado Jesús mismo.
  • Jesús responde a Pilato: “mi Reino no es de este mundo”… “mi Reino no es de aquí”. En efecto, no es de este mundo, si entendemos por “mundo” todo el tinglado estructural de dominación; pero tampoco es extraterrestre, ni únicamente para el más allá. Comienza a construirse aquí en la Tierra; aunque su plenitud sea escatológica. Se trata de un rey que no reina desde el Poder, sino que “empodera” a los débiles, los oprimidos, las víctimas. Es ir trabajando y orando para que “venga a nosotros su Reino”, haciéndose aquí en la Tierra la voluntad divina, que ya se hace en el Cielo.
  • Hacer que Cristo reine no es construirle monumentos a guisa de supuesto desagravio, ni consagrarle países, ni pasear el Santísimo por las calles como si tomara posesión de la ciudad. Tampoco se trata de una irreversible recuperación del poder político de la Iglesia… es construir día a día una sociedad mejor. Comprender a este rey implica hacerlo desde el Reino cuya venida Él anunciaba. Sus características las enumera el Prefacio en la misa de hoy –“Reino de la verdad y de la vida, Reino de la santidad y de la gracia, Reino de la Justicia, del Amor y de la Paz”-. Se trata del primer proyecto de globalización: hacer de todos los habitantes del Planeta una sola familia, que tenga como Padre a Dios (y que, por tanto, todos seamos hermanos). Esta fue su “utopía”, su ideal.
  • Este “Reino” no nos llegará desde las nubes. Es tarea de los cristianos ir realizando lo que Jesús ya inició, para que cuando venga al final de los tiempos, pueda tomar posesión de lo iniciado en la Tierra, para que sea consumado plenamente en el “Cielo”.