C-17 CUANDO HAYA QUÉ PEDIR

Lc, 11, 1-13

  • En la vida social, por nuestra condición de interdependientes, frecuentemente necesitamos de otros. La autosuficiencia, aparte de ser una ilusión, responde a actitudes de soberbia -no hay nadie tan rico que no tenga que pedir alguna vez, y no hay nadie tan pobre que no pueda dar alguna vez-. En sí mismo, el pedir no humilla; aunque hay que saber cómo hacerlo.
  • Nuestro ser de creatura nos coloca en situaciones de precariedad en varios aspectos, y es lo que justifica nuestra necesidad de dirigirnos a Dios, reconociéndole su disposición de atendernos dados su inmenso poder y bondad.
  • Sin embargo, hay que hacer algunas precisiones:
    • Dios no es un proveedor ilimitado; ni podemos recurrir a Él para conseguir cualquier cosa que deseemos; ni su poder se manifestará quebrantando las leyes naturales que Él mismo fijó y contando con el inevitable azar (el mundo sería un caos sin regularidades). Dios no es un titiritero que mueva a su capricho sus piezas, y sería absurdo pretender chantajearlo ofreciéndole algo a cambio (¿qué podríamos darle que lo beneficiara a Él?). Un ejemplo de esto es el regateo que hace Abraham intercediendo por la pecadora Sodoma.
    • Por otra parte, Dios conoce mejor que nosotros mismos lo que necesitamos (no tenemos que indicarle lo que nos debe dar), y sufre con nosotros nuestra precariedad y vulnerabilidad de creaturas. Esto nos lleva a precisar lo que podemos pedir y podemos esperar.
    • La oración del “Padre nuestro” nos proporciona los contenidos de nuestras peticiones. Parte del reconocimiento de la Gloria de Dios, que se manifiesta en un proyecto central para nosotros. El núcleo central de nuestras peticiones es cabalmente, que nos permita sintonizar nuestra voluntad con la suya, concretizada con el ideal formulado por Jesús –el “Reino de Dios”, que será a la vez, don suyo y conquista de nuestra lucha. Pedimos en plural la satisfacción de nuestras necesidades (el pan nuestro) -que también es don y conquista-, y pedimos el perdón, condicionado al que nosotros demos a nuestros agresores, y que nos mantenga libres de mal.
    • Para ello, nos exige una actitud permanente y atenta hacia su presencia eficaz –insistencia en la petición (pedir los tres panes a una hora inoportuna), no para ablandarlo, que no es necesario, sino para nosotros, mantener “la presencia de Dios”.
    • Una petición confiada, pues no nos dará lo que no nos convenga: ni dará serpiente si pedimos pescado, o alacrán si pedimos huevo; pero tampoco nos dará algo que nos perjudique (como la niña que pida a su madre el cuchillo de la cocina para jugar con su hermanita).
    • La oración de petición puede fomentar actitudes pasivas: atenernos a que todo nos venga de Dios, conformándonos con hacerle “mandas” para moverlo. Pero el texto más bien espera de nosotros actitudes activas: “A Dios rogando, y con el mazo dando”. Buscar con ansia y método; tocan insistentemente; pedir con sabiduría. Como los padres de los 43 y todos los familiares de desaparecidos, que tocan puertas, buscan sin desesperar y piden y exigen investigaciones.
  • La mayoría de nuestras oraciones son de petición, debido a nuestra situación precaria. Dios no las necesita para atendernos, ni nuestras súplicas mueven su corazón. La constancia en la oración es más bien para nosotros: mantener una actitud de confianza hacia nuestro Padre Dios. Mantengámonos sintonizados con Él y más bien escuchémoslo a Él, para ver si no nos está pidiendo algo a nosotros.

c-16 LA ATENCIÓN Y LAS ATENCIONES

Lc 10, 38-42

  • Dicen que los mexicanos somos buenos anfitriones. Serlo es todo un arte. En nuestros pueblos, todavía se conserva esa tradición. Te reciben en sus casas y te colman de atenciones: cuarto muy arregladito, comida con los antojos locales, sábanas calentadas, botanas o colaciones entre comidas, paseos programados… A veces llegan a hostigar un poco con tantas atenciones, pues nos sentimos con poca libertad. En cambio, en las ciudades actuales, el hospedaje que se está imponiendo ahora es “siéntete como en tu casa. Nosotros salimos a trabajar, tú tienes las llaves, aquí está el refrigerador, la cafetera, cómo se enciende el calentador… y el sábado salimos a comer fuera, de paseo”. Son dos estilos de acogida; pero a veces a lo que fue el huésped es a visitar a conversar con sus amigos y lo que espera es que le presten un poco de atención.
  • Esto lo podemos ver en nuestras lecturas de hoy. En la primera, vemos a Abraham descansando fuera de su tienda de campaña, a la sombrita en un pequeño oasis del desierto a la hora de mayor calor. Se le acercan tres caminantes, que dada la dureza de aquella naturaleza van siempre necesitados, por lo que el hospedaje se vuelve un imperativo. Abraham los acoge y les proporciona las mejores atenciones que puede: agua para refrescar su cuerpo, prepara pan, mata un ternero y lo acompaña de leche y requesón… en fin, se muestra como excelente anfitrión, y al ponerles atención, descubre que –como siempre- Dios está en el necesitado.
  • Igualmente en el texto evangélico. Jesús, cerca de Jerusalén, va a hospedarse a una villa cercana -Betania- con una familia amiga: dos hermanas, cuyo recibimiento ejemplifica sendas formas de ser anfitrionas. Marta, la mayor, se preocupaba por darle a Jesús las mayores atenciones posibles: se la veía en todas partes, preparando los alimentos, el cuarto, el arreglo de la mesa… Entre tanto, María, la menor, se encontraba a los pies del Maestro, prestándole toda su atención. En cierto momento, con un enojo contenido, le llama la atención… ¡al huésped! y lo corrige no sin cierto autoritarismo: “Señor: ¿no te has dado cuenta [¿qué, no pones atención?] que María me ha dejado sola con todo el quehacer? [y le ordena] ¡Dile que me ayude!”.
  • Al quedarse en aquella casa, Jesús sólo quería descansar y compartir su pasión evangelizadora con alguien capaz de comprenderlo. No buscaba “atenciones”, sino “atención”. Había encontrado en María unos oídos atentos y una magnífica interlocutora. “¡Marta, Marta!: muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte, [y advierte con energía] y ¡nadie se la quitará!
  • Algunos han visto en este episodio la contraposición entre dos “vías” para acercarse a Dios: la “vía activa”, del apostolado, las obras, y la “vía” contemplativa. Quizás esta distinción en la práctica no sea tan pronunciada. Jesús está consagrado plenamente a su misión y nunca se distrae de ella, por lo que en aquella conversación va afinando su campaña. Al mismo tiempo, mientras va de camino, es un contemplativo en la acción y presta atención a los detalles, aún insignificantes: las florecillas, los pájaros, el sembrador, el pastorcillo… Pero en la escena sí hay cierta crítica al activismo religioso. En nuestro tiempo, llevamos la vida a un ritmo frenético, “muchas cosas nos preocupan e inquietan”, empezando con los traslados y las tecnologías de comunicación. La “rapidización” denunciada por el Papa Francisco. En medio de tanto ajetreo, es importante replegarnos con frecuencia y estar “a los pies del maestro” en actitud de contemplación y escucha, justamente para reorientar nuestra actividad (un huésped es magnífica ocasión para escucharlo y aprender de él). Pero es igualmente importante desplegar nuestras actividades en servicio de los más necesitados, y trabajar y fatigarnos, pues en la acción misma podemos también ser contemplativos y descubrir en ellos el rostro de Jesús.

C-14 CONTRAPUBLICIDAD CRISTIANA

Lc 10, 1-12. 17-20

  • Jesús está preparando la última fase de su campaña mesiánica, misma que planea terminar en Jerusalén. Viajará despacio, aprovechando para visitar los más pueblos posibles, para lo cual enviará una avanzada que le vaya preparando el terreno, los poblados a los que consideró que tenían más oportunidades de acogida. Está satisfecho con los resultados, pues ha provocado una verdadera movilización, e incluso podría visitar más poblados, de tener cuadros confiables suficientes –“La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”- Sin embargo, no le interesa reclutar indiscriminadamente colaboradores -los números no le interesan-, se conforma con los discípulos indicados; pero entrenados y entregados. Elige a 72, número preciso, simbólicamente calculado -12 tribus de Israel X 12 apóstoles = 144 ÷ 2 = 72-, a quienes da instrucciones precisas:
  • Los envía en parejas, algunas de ellas seguramente serían esposos. No envía a un discípulo solo, para evitar protagonismos o subjetivismos y para dar testimonio de integración –clave para su proyecto-, así como para protección y apoyo. Los envía directamente a la misión, sin “detenerse a saludar a nadie por el camino”. Obviamente no está prohibiendo dar los buenos días, sino más bien “detenerse”, desviarse de la misión, cultivando relaciones distractoras.
  • Más que preocuparse por sus medidas de seguridad, fortaleza y protección, los envía totalmente vulnerables, “como ovejas en medio de lobos”. No sólo les manda no llevar dinero; pero ni siquiera un morral para guardar los mendrugos que le regalasen, como el que tenía Antístines, filósofo griego de los llamados “cínicos”, poco antes de Cristo. Ni siquiera sandalias, para echar a correr en caso de peligro… Otros evangelistas descartan incluso un bastón para defenderse de los perros y ni siquiera una muda para cambiarse… los envía prácticamente con lo que llevan puesto.
  • Hoy en día quizás valoramos demasiado los recursos para una buena campaña publicitaria. Pensamos, con Joseph Goebbels (ministro de propaganda de Hitler), que la eficacia de la recepción de cualquier producto es su visibilización y grabación en el oído (“repite una mentira un millón de veces y se convertirá en una gran verdad”). Se sabe que los costos de publicidad van en proporción inversa a la calidad del mensaje:
    • un anuncio comercial de 20 segundos en Televisa cuesta $278,600.
    • En 2014, en horario de 9 a 10 pm, se cotizaba en $1.400,000 de pesos.
    • Un comercial a la hora de la sobremesa, en la televisión española, puede costar hasta 20,000 euros.
    • En EEUU un comercial de 30’’ en un programa de “American Idol” puede venderse en $475,000 dls.
    • Los partidos políticos se repartieron $5,356 mdp para las elecciones de 2015 (al PRI le tocaron $1,376 mdp).

La mayoría de estas mercancías (un artículo, un candidato, un logo de Partido, una ideología, una versión de cierta noticia) no lo valen… Ya no creemos más en las supuestas “excelencias” de aquellos productos que nos ofrece la publicidad.

  • En cambio, la Palabra de Jesús se propaga por sí misma. Para que esto quede patente, Jesús exige a su avanzada de evangelizadores ir totalmente inermes, sólo armados de la Palabra. Con Ella podrán “aplastar serpientes y escorpiones” y quedarán protegidos “para que nadie pueda hacerles ningún daño”. Cualquier palabra de verdad, palabra fuerte, provoca siempre hostilidad en una sociedad que vive en la mentira; pero con un buen testimonio (cuando “sus nombres están inscritos en el libro de la vida”), tales ataques o calumnias no les dañarán. La Palabra de Verdad y de Vida no será acogida por aquellos que se benefician de palabras mentirosas y de muerte. En casos de esas colectividades que no la reciban, el discípulo amenaza serán tratadas con más rigor que la depravada Sodoma, y cuando se vayan, habrán de sacudir sus pies, para que se vea que “no se llevan ni el polvo”, pues su misión es desinteresada. Pero aún a aquellos que se bloquearon, de todos modos les dejan el anuncio esperanzador de la inminente llegada del Reino de Dios.
  • Les da también poder para curar enfermos. Actualmente, los sucesores de aquellos evangelizadores podremos también disfrutar de ese mismo poder -curar las enfermedades de nuestro tiempo (cada época y cada sociedad las tiene)-, ya que la Palabra es siempre sanadora, pues da consuelo, compasión y misericordia. Otro beneficio más: los evangelizadores compensarán a sus anfitriones con la Paz. Esa paz que no es resultado del equilibrio de los miedos, sino de la tranquilidad de la conciencia, y por lo mismo, transmisión de bendición.
  • La recomendación de Jesús es que se queden en la misma casa a la que llegaron, sin andar cambiándose de casa en casa para mayor comodidad, pues de lo que se trata es de que pongan los fundamentos de una incipiente comunidad. Comer lo que les pongan, sin remilgos; pero tomarlo con todo derecho, pues fueron a realizar un trabajo en beneficio de aquella comunidad, y como todo trabajador, se hacen acreedores a su justa remuneración. Igual que los maestros o los médicos, realizan una vocación en beneficio de los necesitados; pero a cambio, tienen derecho a un salario justo.
  • Por último, al ver los resultados, no alegrarse satisfechos, como si los resultados fueran recibido gracias a sus habilidades, esfuerzos o carismas. No. El efecto se debe en exclusiva a la Palabra (por eso mismo se difundió sin recursos). El evangelizador no es sino un mero mensajero, que no es responsable del mensaje que portó, ni para bien, ni para mal (entonces se “mataba al mensajero”, cuando la noticia no era grata o se le premiaba si era buena).
  • Creo que muchos evangelizadores actuales deberíamos releer este evangelio. La imagen que mucha gente tiene de la Iglesia es que es una empresa comercial, que cada semana pide dinero para algo, cuya utilidad no siempre es clara. No hagamos depender una acción pastoral de los recursos invertidos (incluso de las llamadas “nuevas tecnologías”, las TICs, la reclamación de tener canales televisivos propios, de costosas campañas vocacionales…). Lo que se precisa son cristianos auténticos que den testimonio de solidaridad y compasión, que hablen con la verdad y que ofrezcan sus bienes religiosos con desinterés, sin ambición, sin mercantilizar el culto… Entonces recuperaremos credibilidad.