ADORADORES EN BUSCA DE SU DIOS[1]

El Misterio

Adorar es una actitud de respuesta ante el “Misterio”, esto es, lo oculto, lo ignoto, la experiencia sacral. Suele suscitarse ante un evento impactante (un rayo, una tempestad), o también, ante el embeleso ante una experiencia de gran belleza (un ocaso en la playa). Irrumpe en un instante efímero -el relámpago de una tormenta eléctrica, que ilumina fugazmente todo el firmamento-, causa un profundo impacto y, luego se evanesce, esfumándose; pero cuyo recuerdo perdura convertido en memoria. Algunos creyentes lo llaman Dios; aunque según Rudolph Otto,[2] ese impacto se infunde ante presencias que hacen que “se paren los pelos” o que se “ponga la carne de gallina”, que no necesariamente son deidades, pues también puede ser una aparición fantasmagórica, un “espanto” o incluso, el demonio mismo. Otto lo describe como “Mysterium Tremendum”, pues se trata de algo que sobrecoge, una forma de “temor y temblor” (Kierkegaard) y suele conocerse como “temor de Dios” (diferente del miedo a condenarnos). Es el “pavor” ante la inmensa grandeza divina y su enceguecedora iluminación,[3] contrastado con el “sentimiento de creatura” (“Somos polvo, ceniza, pura nada, y peor aún que la misma nada, a causa de nuestros pecados”).

El evangelio nos presenta el siguiente pasaje hierofánico:

Los apóstoles viajan en la barca sin Jesús, quien se quedó despidiendo a la gente. Les señaló la playa adonde los encontraría después. Al poco rato se desencadenó una tormenta inusualmente fuerte: el mar encrespado y un fuerte viento en contra. El agua inundaba la barca, ganándoles a quienes trataban de “achicarla”. Todos tenían miedo, incluso Pedro, capitán de la barca y experto marinero; pero era un miedo especial, según su cosmología cultural: Era de noche, la “Hora de las Tinieblas”, cuando actúan sin límite algunas “Fuerzas” llamadas “daimones” (no necesariamente malignas; pero sí peligrosas); las mismas que habitaban bajo el mar, como Leviatán, el monstruo marino, o que irrumpían a través del viento. La situación era de “terror”. En eso, ven un espectro caminando sobre las aguas del mar, y que, al parecer, se dirige hacia ellos. Les gana el “pánico” y gritan aterrorizados. Jesús los calma, “´Soy yo’.[4] No teman”  Pedro le propone: “Si eres Tú, Señor, mándame ir a tu encuentro sobre el agua”, y Jesús le responde –“Ven”-. Entonces Pedro, aún sin darse cuenta cabal de lo que pidió, baja de la barca, embelesado, con los ojos fijos en Jesús, y confiado camina hacia Él. De pronto cobra conciencia de lo que está sucediendo: “¡¡¡Estoy caminando sobre el agua!!!” Recobra la razón y se hunde. Jesús le toma del brazo y le reprocha –“¿Por qué dudaste? Hombre de poca fe”. Ambos suben a la barca. Jesús, puesto de pie, increpa fuertemente al mar –“¡Cálmate”!- y al viento –“Enmudece!”. Entonces, lejos de tranquilizarse, su pánico se transforma en “pavor”: ¿Quién es ese Jesús? Maestro y amigo, ciertamente; pero también alguien a quien “el viento y el mar obedecen”? y postrado, agobiado por el “sentimiento de creatura”, Pedro exclama: “Apártate de mí, que soy un pecador”.

Inmanencia y Trascendencia[5]

Quienes han profundizado en el “misterio”, distinguen en él dos dimensiones: la “trascendencia” y la “inmanencia”. Algunos tratan de compaginar ambas y otros, optan por una de ellas excluyendo – o dando simplemente más preponderancia a la otra.

La “Trascendencia”.

  • Dios, desde la dimensión trascendental, sería el “totalmente Otro”, el absolutamente diferente a sus creaturas, al punto que, según la “teología negativa”, sólo podríamos referirnos a Él de forma negativa, afirmando “lo que no es”: incomprensible, inabarcable, infinito, infalible, inconmensurable, intemporal, impecable, etc… La trascendencia de Dios sobre todo se manifiesta en la creación: “Los cielos proclaman la Gloria de Dios”

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?” (Salmo 8, 3-6).

  • La astronomía actual habla de “polvo cósmico”, compuesto –según conocemos- por sólo los 63 elementos químicos encontrados en la tabla periódica de Mendeleiev, los cuales se fueron agrupados en átomos – moléculas – cuerpos- estrellas – soles – sistemas planetarios –galaxias – miles de millones de nebulosas cada una con sus miles de millones de estrellas y “sistemas planetarios”[6], que se separan unas de otras. Esto hace presuponer que hubo un “Big-Bang” inicial que estalló hace unos 15 mil millones de años y que, según Newton, al moverse en el vacío y sin fricción alguna, se distancian a velocidades vertiginosas. ¿Habrá en el inmenso espacio otros Big-Bangs similares? Esas regiones llamadas “hoyos negros” (la mayor parte del espacio), donde no hay luminosidad que refracte y haga visible ciertos cuerpos, ¿serán la simple ausencia de materia? La biología balbucea rastreando el origen de la vida, en este pequeño planeta azul, que reúne las condiciones óptimas para hacerla posible.[7]  También  asombran las formas tan variadas de su evolución, que han llegado a alcanzar la complejidad del cerebro humano. Y si de la inmensidad espacial pasamos a la inmensidad microscópica, el asombro crecerá aún más. El creacionismo teísta constituye la hipótesis más racional y plausible que la ingenuidad del ateo (es por azar)… si bien, el “motor inmóvil” de Aristóteles a nadie ha convertido.
    • Pero, si bien la trascendencia describe la “omnipotencia divina”, nuestro Credo también reconoce otro atributos complementario: el “Padre”, ese “Otro” contra-distinto al “nos-otros”, que nos invita a un diálogo de intimidad. Podemos aceptar su invitación y relacionarnos con Él, mediante el “habla” y la “escucha”, con las características dialogantes del “personalismo comunitario”.[8] Muchos devotos le hablan a su modo: repitiendo oraciones piadosas redactadas por otros (algunas, muy bellas, de autores místicos, otras, las del pietismo ingenuo, se enredan en peticiones y palabrerías).

La “Inmanencia”

  • Es la otra dimensión del Misterio, opuesta a la anterior. Se trata de lo más cercano, lo más íntimo, lo más profundo. Los cristianos nunca hemos negado esta característica; pero durante mucho tiempo, preferimos la “trascendencia” y descuidamos la “Inmanencia”. Recientemente, con la moda orientalista del New Age, pudimos conocer mejor el panteísmo budista como forma inmanente del “Ser en su totalidad”. Esta intuición alerta a quien practica la meditación trascendental, contra la supuesta ilusión del “ego”: un “sujeto” contrapuesto a un “objeto”.                                        
  • La conciencia de que existo dentro de una totalidad de la que formo parte, y su conclusión lógica -no existo por mí mismo, pues si así fuera, sería inmortal- me lleva a concluir que mi ser depende de Alguien más íntimo y profundo que yo: el Espíritu Santo, quien actúa en mí con su Gracia y con quien puedo relacionarme, adorándolo sin necesidad de palabras. Esta introspección contemplativa, según testimonian los místicos, provoca un estado de gran bienestar, semejante al del enamoramiento.
  • Este inmanentismo  contemplativo es legítimo y gratificante; pero corre el riesgo de que este embeleso nos ancle en una actitud intimista, olvidando la realidad del pavoroso mundo que asesina día con día a millones de hermanos nuestros. Una contemplación indiferente al sufrimiento de estas multitudes, nos enajena y nos aleja de la “misión transformadora”.
  • Si, como vimos, la dimensión “trascendente” nos condujo al Dios todopoderoso, algunos místicos y poetas testimonian que también desde la dimensión “inmanente” se puede llegar al Dios creador, no mediante la razón, sino mediante la búsqueda apreciativa. Se trata del Espíritu, a quien San Juan llamó “el Amor”. El arrobamiento embriagó a estos místicos, quienes también vivieron ese momento “evanescente” y fugaz, que los flechó; pero que se fue esfumando, despertando el apremio de la búsqueda: “Como busca la sierva, corrientes de agua, así mi alma te busca a Tí, Dios mío”: mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios”? (Sal 41) (“No lo buscarías, si no lo hubieses ya encontrado”).
  • A esa nostalgia de un gran amor fugazmente experimentado, San Juan de la Cruz llamó “Noche Oscura del Alma”. En su Cántico Espiritual comunica esa conocida añoranza:

“¿A dónde te escondiste, amado, y me dejaste con gemido? Como el ciervo huiste, habiéndome herido; salí tras ti clamando, y ya eras ido”.

Con Isaías, San Juan podría exclamar: “Es verdad: tú eres un Dios escondido” (45, 25). Pareciera que Dios juega a las escondidillas, incentivando nuestro anhelo: “Pastores los que fuéredes allá por esos sotos sin fronteras, si por ventura viérdes a aquel que yo más quiero, decidle que adolezco, peno y muero” (San Juan de la Cruz).

Y esos “pastores” (“deseos, afectos, gemidos”) le responden al alma nostálgica: “Mil gracias derramando, pasó por estos sotos con presura, y yéndolos mirando, con sola su figura, vestidos los dejó de su hermosura.

  • La Revelación es la “palabra segunda” de Dios; pero la creación es su “palabra primera”; y así como el artista deja su firma en la obra pictórica o escultórica, Dios deja su huella en las creaturas, que -excelentes y bellas- alaban al Creador (cántico de alabanza de las creaturas, de Daniel 3, 57-88). Por eso, San Francisco de Asís, extasiado ante ellas, las consideraba sus “hermanas”, hijas del mismo Dios (hermano sol, hermana agua, hermano fuego).
  • Pero ni siquiera los místicos mismos conocen ahora a este Ser, “cara-a-cara”, sino tan sólo en enigma, “como en un espejo”, en las múltiples imágenes de Dios que, muchas veces, las creamos a nuestra imagen y semejanza.

¿Con que Dios identificamos al Misterio?

  1. El politeísmoMuchos creyentes identifican a “Dios” con el “Misterio”. Pero la palabra “dios” nos confunde, pues existe gran variedad de dioses, en guerra unos contra otros. En el proceso de cristianización de la época colonial se dio un sincretismo de yuxtaposición: los antiguos mesoamericanos se convertían sinceramente al Dios cristiano, dándole el culto prescrito; pero luego, iban a ritos clandestinos a satisfacer a sus antiguas deidades. El sincretismo que Jesús condena es el que intenta combinar dos cultos antagónicos: “Nadie puede estar al servicio de dos señores, pues u odia a uno y ama al otro o apreciará a uno y despreciará. No se puede estar al servicio de Dios y de Maimón (el dios de las riquezas)” (Mt. 6, 24). O la condena de Josué al llegar a la tierra prometida, cuando los israelitas daban culto a Yahvé; pero también a Baal (el dios local de los cananeos).Los profetas luchaban contra los ídolos, considerándolos como “falsos”, fabricados de madera o piedra. Actualmente seguimos adorando ídolos; ahora más crueles y sofisticados: los ídolos del “tener”, del “poder” y del “placer” egoísta.Ateniendo a los orígenes etimológicos, nos muestra la insuficiencia del término “dios”, para nuestra adoración, pues la palabra se identifica con el politeísmo: La lengua de los pueblos indoeuropeos (su territorio abarcaba desde la India hasta Francia, pasando por los pueblos germánicos, eslavos, grecorromanos, etc.). En su lengua, el sánscrito, la palabra “dios” era “Dyaus” (el Cielo diurno),  que pasó al griego como “Theus” –participando de la mitología de aquella cultura: “Zeus”, padre de los dioses, sería la deidad del trueno. Del griego pasó al latino “Deus” y de allí a las lenguas germánicas o eslavas -Theo o Teo (“teología”), Thio, Dío o Día (el cielo diurno)-. La palabra original fue consubstancial al politeísmo griego, con sus abigarradas mitologías de dioses emparentados, quizás personificaciones de elementos de la Naturaleza; pero creados “a imagen y semejanza” de sus creadores, con sus mismos defectos, odios, envidias, adulterios, etc.[9]
  • El Monoteísmo
    • Las tres religiones monoteístas se remontan a un primer hombre, Abrahám, a quien Yahvé se le reveló pidiéndole que creyera que sólo Él era el único Dios verdadero. Para probar su fe, lo sacó de su ciudad -Ur de los caldeos- y lo mandó al desierto, prometiéndole la mejor tierra de Oriente Medio, Palestina. De él derivaron las tres religiones monoteístas -el judaísmo, el Islam y el cristianismo- que radican en esa misma región, que consideran a Jerusalén como su ciudad santa, las tres religiones se consideran descendientes de Abraham, el padre en la fe, si bien, una de ellas, desciende de la estirpe de Ismael, hijo de Agar, la esclava (en aquel entonces, cuando la esposa era estéril y le prestaba su esposo a una esclava para procrear, el hijo se considera descendiente legítimo del marido). Las tres religiones creen en el mismo Dios, cuyo nombre original sería Yahvé (Adonai), “Yo soy el que existo”: unDios sin nombre y sin imagen. Siendo el mismo Dios, recibió distintos nombres: el lejano Yahavé, el belicoso Alá o el compasivo Abbá. Las tres son “religiones del libro”, considerado su principal fuente de fe: (El Antiguo Testamento, el Corán, los Evangelios); las tres tienen su propio “enviado” (Moisés, Mahoma, Jesús); su tipo propio de “santo”: el “profeta”, el “kamikaze” (que se deja matar o mata por su fe), el “santo canonizado” (la Iglesia lo acredita como auténtico discípulo de Jesús). Su propia postura de orar (postrado rostro en tierra y brazos adelante; de pie, alabando con los brazos en alto; de rodillas).
  • Nuestro Abbá
  • El Dios de Jesús es el “Abbá”, padre compasivo y misericordioso. Pero Dios no posee ningún nombre ni con en ninguna imagen. Ni siquiera con este “Abbá”, pues también ese nombre está condicionado culturalmente: el fuerte patriarcado semita le impidió a Jesús llamar a Dios, p.ej., como “Madre” o como “Padre-Madre”. Además, la palabra “padre” connota imágenes de nuestras experiencias subjetivas del “papá” que nos tocó: el padre-juez castigador, implacable, que nos azotaba para corregirnos; el padre distante,  que delegaba en la madre la educación de los hijos y no se interesaba por ellos; el papá-cuate o “abuelito consentidor”, buena onda y compasivo, que nos deja hacer todo lo que se nos antoje, aunque así lo haga inseguro.
  • Más interesante es constatar que, más que diversos dioses, existe una gran pluralidad de “imágenes de Dios”. Cada uno de los “adoradores” construye su propia imagen de Dios y su forma de adorarlo. Se precisa de un trabajo de discernimiento, que implica la deconstrucción de la imagen que nos hemos formado, a partir de nuestra subjetividad, de nuestros recuerdos, de nuestra provisionalidad, para la reconstrucción de otra imagen que percibimos ahora como preferible a la que teníamos.
  • El criterio definitivo para elegir a nuestro Dios como objeto de adoración, lo aporta San Juan al término de su prólogo: “A Dios nadie lo ha visto jamás; la Palabra nos lo dio a conocer” (Jn 1, 18).Creo que la referencia es a la Segunda Persona trinitaria, el llamado “Dios-Hijo”, obedeciendo a cómo lo llamó Jesús, y esa es la Persona “por quien todo fue hecho”. Todo lo que conocemos de ella es por lo que Jesús nos mostró por sus enseñanzas; pero, sobre todo, por su vida. Es conociendo a Jesús -el Dios encarnado- como aprendemos cómo es ese “Abbá”: ¿Cómo pensaba, de qué le gustaba hablar, con quiénes se juntaba, que le hacía enojar, de que temas hablaba más y qué temas apenas los tocaba, como oraba, como planificaba y evaluaba, cómo descubrió y cumplió con la importante y difícil misión, aparentemente fracasada? El único camino para conocer a la Segunda Persona trinitaria es Jesús de Nazaret, y así se cierra una espiritualidad trinitaria: el Padre creador trascendente, la Palabra enviada del Padre para redimirnos y el Espíritu Santo, Amor y Santificador inmanente.

[1] Charla a exclaretianos (noviembre 2023)

[2] “Das Heilige”, en español traducido como “Lo Santo”; pero quizás fuese mejor “Lo Sacro”

[3] El Éxodo” narra que cuando Moisés hablaba “cara a cara” con Dios, su rostro quedaba resplandeciente y intimidante, por lo la gente le obligaba a cubrirse el rostro con un velo.

[4] “Soy yo”, expresión impronunciable, el nombre de Yahvé, “Yo soy el que existo”, que sólo se pronunciaba al revés, “Adonai”.

[5] Inspirado en Michael P. Moore: “Pedro Casaldáliga: Cuando la fe se hace poesía” Ediciones Claretianas, Buenos Aires, 2021.

[6] La nuestra, la “Vía Láctea”, tiene 7 sistemas planetarios

[7] La teoría más aceptada hoy sobre el origen de la vida, la atribuye a polímeros y aminoácidos, con préstamos de átomos de oxígeno y ayudados por la energía del sol.

[8] Manuel Mounier, Levinas, Laín Entralgo, etc.

[9] Zeus, esposo de Juno, comete adulterio con Selene, una humana mortal, con quien engendra a Dionisio. Juno, vengativa, le mete celos a la mortal Selene, diciendo que no se trataba de Zeus, sino de un impostor, y que le pida mostrarle su Gloria. A base de tanto insistir, Zeus se la muestra y su fuerte esplendor mata a Selene. Zeus esconde a su hijo dentro del muslo, mientras se desarrolle y nazca

11. LA REVOLUCIÓN MEXICANA 

  1. SE AVECINA LA INSURRECCIÓN 
  • La comprensión del Porfiriato partiría de las condiciones de posibilidad para un nuevo modo de producción, el Capitalista. Ahora bien, antes de iniciar y desarrollar este proceso, habría que “fabricar al fabricante”, lo que conlleva a allegarse un capital inicial, es decir, una “acumulación originaria”, lo que siempre ha implicado crueldad e injusticias.1 En El Porfiriato, la apropiación de las tierras comunales, la explotación de hacenderos, el robo en las tiendas de raya, la esclavitud por deudas (heredadas de padres a hijos), largas jornadas laborales con salario miserable, destrucción de la educación popular, represión inmisericorde, falta de libertad de expresión, etc. La inconformidad se extendía entre las mayorías, si bien se sofocaban la insurrección. La pregonada “Pax Porfiriana” era “La Paz de los Sepulcros”. No obstante, la supervivencia misma lleva a correr riesgos y se incubaban levantamientos por todas partes. Poe lo que toca a la Iglesia, al término del Concilio de Antequera, los seis obispos participantes enviaron a Díaz una carta de apoyo. De la misma forma, al concluir V Concilio Provincial Mexicano, los obispos participantes enviaron una felicitación al Presidente, pues a pesar de las nuevas leyes, “gracias a la sabiduría y al espíritu superior” del presidente de México (Arz. Montes de Oca) .
  • El Presidente Porfirio Díaz concedió una famosa entrevista al reportero James Creelman para su prestigiada revista “Pearson´s Magazine” (de cincuenta páginas). En ella, el Presidente afirmó que había esperado pacientemente el momento en que el pueblo de México pudiera elegir a sus gobernantes sin revueltas armadas, y le parecía que ese tiempo había llegado. Deseaba que apareciese alguien, a quien consideraría como bendición y no como adversario, pues ya anciano, estaba cansado. Sin embargo, Díaz no cumplió la promesa hecha en aquella famosa entrevista, y se reeligió para la Presidencia, imponiendo a Ramón Corral como vicepresidente, para el periodo de 1910 a 1916. En las elecciones de 1910, se eligió democráticamente a Francisco I Madero; pero fue duramente atacado. Las nuevas fuerzas democráticas destituyeron a Porfirio Días, siendo exiliado a Francia, en el barco “Ipiranga”. 

LA REVOLUCIÓN MEXICANA

La Revolución Mexicana fue la primera revolución importante del siglo XX (antes que la de Rusia). Transformó radicalmente, de arriba abajo, todas las estructuras sociales y políticas del país, al alto costo de un millón de muertos, desórdenes, violencia y rapiña. Sus principales caudillos no lucharon en un movimiento unificado, sino cada cuál por su lado, para solucionar las reivindicaciones de su región, por lo que se enfrentaban entre sí. Al llegar a una población, los revolucionarios asaltaban casas de personas prominentes, raptaban a muchachas, decomisaban cobijas y víveres e incluso, editaban billetes fiduciarios, invalidando los editados por otros grupos armados rivales que circulaban.  

¿Cómo interpretar esta guerra civil entre 1910 y 1917? Hay diversos intentos de comprensión, como “Revolución Interrumpida” (Adolfo Gilli), “Revolución Traicionada” o simplemente, “La Bola”, como se le conoció originalmente. La interpretación que me ha parecido mejor es la que distingue dos revoluciones paralelas: La primera, la de grupos de la incipiente burguesía nacionalista (el grupo de Sonora: Pascual Orozco, Obregón, Carranza, Múgica, Calles), y la segunda, conducida por líderes populares (Villa –Felipe Ángeles- y Zapata).  

En 1910 terminaba un período presidencial de Porfirio Díaz. Francisco I Madero había publicado en 1908 su polémico libro “La sucesión presidencial en 1910”, sobre las principales cuestiones políticas que inquietaban al país, el cual tuvo mucho éxito. En 1909 fundó el Partido Nacional Antirreeleccionista (PNA), el cual lo postuló como candidato a la elección presidencial; pero fue encarcelado en San Luis Potosí por orden del gobierno. Convocó a un levantamiento armado para defender el derecho a voto, programándolo públicamente, para el 20 de noviembre de 1910, en Piedras Negras, Coahuila, pero debido a la poca fuerza que logró reunir (pocos obedecieron la consigna, como los hermanos Serdán, en Puebla). Partió hacia Ciudad Juárez y escapó hacia Estados Unidos- Desde San Antonio, Texas, promulgó el Plan de San Luis, con el lema Sufragio Efectivo No Reelección, que contribuyó a la renuncia del presidente Díaz en 1911, exiliándose a Francia en el buque “Ipiranga”. El grupo revolucionario de Sonora (la facción burguesa nombro a Venustiano Carranza como Jefe Supremo del movimiento, quien en noviembre de 1914 convocó a una Convención para lograr algunos acuerdos que los unificaran sobre objetivos y medios. 

  1. La Convención de Aguascalientes.2 

La Convención había excluido a Emiliano Zapata y a Pancho Villa; ante este impase, se decidió invitarlos. Zapata llegó con su Plan de Ayutla, que había redactado desde el 28 de noviembre de 1911. La primera prioridad de dicho Plan era el reconocimiento de los títulos primordiales de tiempo Colonial, ante los despojos de los hacendados, y promover el “ejido” y las “tierras comunales”. Los ideales de Villa y Zapata convencieron y unificaron a la mayoría, retirándole a Carranza la Jefatura armada, conviniendo en nombrar a Eulalio Gutiérrez Ortiz como presidente provisional. Carranza, se declaró en rebelión y partió, con su personal de administración a Veracruz . Ahí reorganizó su ejército, con apoyo de los varios generales connotados (Álvaro Obregón, entre otros).  

En aquel año 1914, el embajador de Estados Unidos, sin el consentimiento del presidente electo Woodrow Wilson, apoyó con armas a Félix Díaz y ocuparon Veracruz. Finalmente, el 19 de octubre de 1915, su enviado especial en Washington le anunció a Carranza, estando en Torreón, anunciándole el reconocimiento de su gobierno por parte del gobierno de los Estados Unidos. 

  1. La Constitución de 1917.  

Cuando las fuerzas convencionistas fueron derrotadas, Carranza creyó conveniente consolidar el movimiento revolucionario reformando la Constitución de 1857. El 14 de septiembre de 1916 se anunció la convocación a un congreso constituyente. Se estipuló que por cada 70 000 habitantes se nombraría un diputado; pero se excluyeron los constituyentes más radicales. Dicho Congreso fue, por tanto, una asamblea de políticos conformada principalmente por abogados, profesores, ingenieros y militares de clase media. La lucha armada había sido hecha por gente rural, mientras que los diputados constituyentes fueron de gente urbana. Las regiones que habían sido más activas en la lucha armada tuvieron menos representantes en el constituyente.; pero los diputados más progresistas repudiaron el texto. La visión carrancista era insuficiente en temas de suma importancia para los diputados revolucionarios obreros, campesinos y militares que se habían solidarizado con villistas y zapatistas durante la Convención. Este bloque exigió al Primer Jefe que se incorporaran las disposiciones que luego serían conocidas como derechos o garantías sociales. Los constituyentes juristas y maestros en derecho, creían inadecuada la incorporación de tales derechos de los trabajadores en la ley suprema. SE opusieron a que la nueva Constitución hablara de la duración de la jornada, salario mínimo y del trabajo de las mujeres, pues según ellos todo eso era legislación secundaria. El proyecto presentado por Venustiano Carranza fue modificado sustancialmente, y tuvo que adaptarse a ideales de sus antiguos enemigos irreconciliables. De este modo, el 5 de febrero de 1917 fue promulgada la Constitución, con algunos conceptos sociales muy avanzados para su época, como los artículos 123, 3 y 27 (las relaciones obrero-patronales, las reformas educativa y agraria). Se reconoció el derecho de los trabajadores de contar con una jornada de trabajo de ocho horas y un salario mínimo, la reforma agraria, la capacidad del Estado para expropiar las tierras y formar ejidos, así como la separación entre la Iglesia el poder político. 

  1. PERSONAJES DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA 

Don Francisco Ignacio Madero (Parras Coah. 1873- CDMX 1913).3  

Fue un demócrata convencido, que ya en 1905 había establecido contacto con la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano. Madero apoyó económicamente a dicho Partido para la reanudación de la edición del periódico Regeneración; pero le retiró su apoyo a dicho Partido debido a las diferencias ideológicas con Ricardo Flores Magón. Siendo Presidente, pretendió satisfacer las aspiraciones de cambio social; pero no supo cómo hacerlo, por lo que los líderes revolucionarios lo desconocieron. Él envió a Victoriano Huerta a sofocarlos y se enfrentaron en la llamada “Decena Trágica” (del 9 al 19 de febrero de 1911), Finalmente, el 22 de febrero de 1913, tras un golpe de Estado por Victoriano Huerta, Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez fueron acribillados por Huerta, quién se autonombró Presidente. 

EMILIANO ZAPATA SALAZAR 

 (Anenecuilco, Mor. el 8 de agosto de 1879–Chinameca, Morelos, 10 de abril de 1919). Conocido como El Caudillo del Sur. Fue un campesino y militar  que participó en la Revolución  como comandante del Ejército Libertador del Sur. Emerge por sus profundas convicciones, al margen de cualquier pretensión personales. Zapata destacó como uno de los principales líderes revolucionarios y es considerado un símbolo de lucha y resistencia campesina en México. Sus consignas: “La tierra es de quien la trabaja” y “Tierra y Libertad” obtuvieron reconocimiento de todos los grupos revolucionarios. Fue ideólogo e impulsor de las luchas sociales y las demandas agraristas, así como de justicia social, libertad, igualdad, democracia social, propiedad comunal de las tierras y el respeto a las comunidades indígenas, campesinas y obreras de México, víctimas de la oligarquía y el latifundismo de los hacendados del Porfiriato. A él se debe el constitucionalismo social, especialmente el artículo 27. Finalmente, murió asesinado en la Hacienda de Chinameca, el 10 de abril de 1919, por órdenes de Pablo González y Jesús Guajardo. 

PANCHO VILLA (San Juan del Río, Durango, 1878 –  Hidalgo del Parral, Chihuahua, 1923)  

José Doroteo Arango Arámbula, conocido por su seudónimo Francisco Villa. Pancho Villa, o también como El Centauro del Norte. Destacó como uno de los principales jefes de la Revolución. Su actuación militar fue decisiva para la derrota del régimen del entonces presidente Victoriano Huerta, asesino de Madero.​ Comandante de la División del Norte y caudillo y Gobernador provisional del estado de Chihuahua entre 1913 y 1914. Su dominio al norte de México terminó en 1915,​ a través de varias derrotas en León, Celaya, Guanajuato y Agua Prieta (Sonora), a manos de los generales Benjamin Hill, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles respectivamente. Después del artero y fallido ataque de Villa al pueblo de Columbus, Nuevo México Columbus, en 1916, fue declarado criminal en EE UU y se le trató infructuosamente de capturar durante un año. Villa y sus seguidores expropiaron las tierras de los hacendados para distribuirlas a los campesinos y soldados. Se apoderó de trenes porfiristas, con los cuales, la División del Norte pudo trasladarse hasta el Centro del país.  

JOSÉ VENUSTIANO CARRANZA DE LA GARZA4  

(Cuatro Ciénegas, Coah; el​ 29 de diciembre de 1859 – Tlaxcalantongo, Pue, 21 de mayo de 1920). 

Político, militar y empresario mexicano.  Presidente municipal de Cuatro Ciénegas de 1894 a 1898. Diputado local al Congreso de Coahuila y diputado y senador al Congreso de la Unión. Apoyó tardíamente a Madero, quien lo nombró Gobernador de Coahuila. Participó en la Revolución Mexicana tras el asesinato de Madero,​ así como en el derrocamiento del gobierno de Victoriano Huerta. Los grupos revolucionarios lo nombraron como primer jefe del Ejército Constitucionalista, y como tal, estuvo a cargo del Poder Ejecutivo desde el 13 de agosto de 1914 hasta el 30 de abril de 1917.​ Fue presidente constitucional de México desde el 1 de mayo de 1917 hasta su asesinato en 1920. ​ 

Álvaro Obregón Salido5 

(Navojoa, Sonora; 19 de febrero de 1880 – San Ángel, DF; 17 de julio de 1928) ​  

Para fines de 1909 se enroló en las fuerzas de Francisco I. Madero que combatían al general Porfirio Díaz. Tras la caída de Díaz y el aparente triunfo revolucionario, Obregón se retiró a la vida privada, pero regresó en 1913 para apoyar a Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila, en su lucha contra Victoriano Huerta. Fue jefe de la división del Ejército Constitucionalista y como tal derrotó a los federales en muchas batallas. Al producirse la ruptura entre el grupo de Emiliano Zapata y Francisco Villa con Carranza, a raíz de la Convención de Aguascalientes, Obregón se mantuvo leal a Carranza y fue el encargado de perseguir a Villa en el norte del país. Lo derrotó en la Batalla de Celaya, donde una bomba le arrancó el brazo derecho, dejándole manco. Una vez que lograron su triunfo, marchó escoltando a Carranza a Querétaro donde se redactó la Constitución de 1917. Fue nombrado secretario de Guerra y Marina, pero renunció el 30 de abril de 1917. En 1920 encabezó la Rebelión de Agua Prieta contra Carranza, y tras el interinato de Adolfo de la Huerta, fue elegido presidente el 19 de diciembre de 1920. Logró el reconocimiento de Estados Unidos de América en 1923 por él Tratado de Bucareli. En 1928, en plena Guerra Cristera, se presentó de nuevo como candidato a la presidencia tras una reforma constitucional realizada el año anterior. Fue elegido nuevamente, pero fue asesinado por el cristero José de León Toral, el 17 de julio, en el restaurante «La Bombilla«, de la Ciudad de México. 

  1. EL MAXIMATO 

Bajo este apartado, abarcaremos la historia que va desde el asesinato de Álvaro Obregón (1928), hasta el inicio del gobierno del Gral. Lázaro Cárdenas (1934). Estos años fueron llenados por la personalidad de Plutarco Elías Calles. Impulsó la presidencia de Álvaro Obregón desde el Plan de Agua Prieta de 1920 a 1924, y entonces, Obregón lo propuso para sucederlo como presidente de México entre el 1 de diciembre de 1924 y el 30 de noviembre de 1928. Obregón y Calles habían acordado entender la prohibición que la Constitución de 1917 restringir el lema maderista “sufragio efectivo, no reelección”, a no reelegirse inmediatamente, y conforme a esta interpretación, los sonorenses habían acordado irse alternando la presidencia; pero el asesinato de Obregón modificó las tácticas. Durante su gobierno creó el Banco de México, ordenó la construcción de carreteras, creó la primera línea aérea, profesionalizó el Ejército, fundó los bancos Ejidal y Agrícola, restauró la Escuela de Agronomía de Chapingo y fundó la Escuela Médico-Veterinaria, construyó presas, sistemas de riego y numerosas escuelas rurales.  

Gran conciliador, Elías Calles convenció a los jefes revolucionarios locales a dirimir sus diferencias al interior del Partido Nacional Revolucionario (PNR), que más que Partido era un mecanismo de aglutinamiento entre disentimientos rebeldes. Calles era reconocido como Jefe Máximo de la Revolución, aprovechando sus dotes. Esto pacificaría bastante al país y daba al Gobierno estabilidad. Dado que la reelección no era posible, como Jefe Máximo nombró en tres ocasiones a sendos políticos “títeres” para postularse y gobernar sucesivamente, conforme a las líneas de Gobierno dictadas él. 

  • Emilio Portes Gil (1° dic. 1928 a feb. 5 de 1930). Se propuso impulsar el país capitalista. Le otorgó su autonomía a la Universidad Nacional.  
  • Ortiz Rubio (5 de feb. 1930 a 2 de sept 1932). A él le tocó la crisis de la economía de EEUU de 1929; se promulgó la Ley federal del trabajo, la de Crédito Agrícola y el Código Penal. México fue reconocido como miembro de la Sociedad de Naciones. Se amplió la red telefónica del país y se construyó la Carretera más larga del país.  
  • Abelardo Rodríguez (4 de sept 1932 a 30 de nov de 1934). Impulsó la Industria y el Comercio. Promulgó importantes leyes: la Ley de Naturalización y Nacionalización, la Ley de patrimonio ejidal, la Ley orgánica de la Universidad Autónoma de México. Además, estableció el salario mínimo. Modificó la constitución en el artículo 3° en donde le agrego el término “Socialista” a la educación. 
  • No es posible negar los apoyos dados por la jerarquía católica al régimen de Porfirio Díaz, a pesar de que hubo sectores que apoyaron a Madero (como el Seminario Palafoxiano de Puebla). Durante el conflicto armado, no hubo una toma de posición uniforme de parte de los obispos, pues hubo algunos que apoyaban a uno u otro grupo revolucionario.  

EL CONFLICTO RELIGIOSO

Esta etapa es de máxima importancia para comprender la actuación de la Iglesia a lo largo del Siglo XX. La gesta heroica y de gran participación entusiasta del laicado –tanto entre el campesinado, como en las clases medias-, marcó a importantes sectores de la Jerarquía y algunas organizaciones laicales, que posteriormente identificarán a la Iglesia con la Derecha, sea en su vertiente partidista (PAN y del Movimiento Sinarquista Mexicano), sea en organizaciones laicales ( “ProVida”, La Unión Nacional de Padres de Familia UNPF), en general relacionados con la erótica (familia, género, aborto, libros de texto gratuitos, etc.)

  • Con Calles, el impulso revolucionario se traicionó o- al menos, menguó-: la “no reelección” se violaba, se frenó la dotación de tierras a ejidos y comunidades agrarias, retornaron los despojos y los latifundios, se modificó la ley reglamentaria del petróleo, etc. Como cortina de humo, para encubrir el viraje de su Gobierno, promovió una violenta persecución religiosa, simplemente poniendo en práctica las leyes constitucionales que desconocían la personalidad jurídica de la Iglesia Católica. El anticlericalismo tenía larga historia, al menos desde el período liberal. Estaba aún fresca la rabia hacia los prelados fastuosos al lado del Dictador o los capellanes comiendo en la mesa de los hacendados, a pesar de que hubo sectores que apoyaron a Madero (como el Seminario Palafoxiano de Puebla). Pero ahora, entre algunos grupos revolucionarios de tendencia anarquista (el Grupo de Sonora), pasó del anticlericalismo a la franca antirreligión.[1]

     Al inicio del Maximato, hubo varias profanaciones a los templos (metían caballos a los templos, lazaban imágenes, algunas masacres a creyentes a la salida de la misa, etc.) Esta política irritó a las mayorías de creyentes, que ya desde 1917, apoyados por el Papa Benedicto XV, se venían oponiendo a algunas leyes constitucionales que violaban la libertad religiosa: (arts. 3, 5, 133, etc).

El Partido Católico Nacional

  • Durante el conflicto armado, no hubo una toma de posición uniforme de parte de los obispos, pues hubo algunos que apoyaban a uno u otro grupo revolucionario. La misma divergencia notada entre los obispos, la hubo entre los católicos laicos. No hay que olvidar la juvenil militancia cívico-política de la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM). Pero el objetivo principal de los católicos críticos fue la formación del Partido Católico Nacional. Partido bien organizado y disciplinado (“propiamente, era el que más merezca el nombre de Partido, pero que ha sido desconocido por muchos historiadores”), cuya fuente de inspiración era la reciente encíclica del Papa “Rerum Novarum” de León XIII.
  • El PCN Gobernó en Zacatecas y Jalisco, y tuvo mucha fuerza en el Estado de México, Michoacán, Guanajuato y Querétaro. Se le acusaba de ser “el brazo de los obispos”; pero en realidad, la mayoría de éstos se le opusieron. El PCN perdió poder al haber apoyado a Victoriano Huerta, en 1905. Este Partido siguió existiendo durante el cardenismo, y el Sindicato Obrero Católico llegó a tener mayor membresía que la misma CTM.

Liga Defensora de la Libertad Religiosa

  • Los jóvenes de la ACJM y los Caballeros de Colón fundaron, en marzo de 1925, esta Liga por sus derechos cívicos. El conflicto entre la Iglesia y el gobierno se agudizó cuando el arzobispo de México José Mora del Río, realizó protestas contra las disposiciones que se referían a las cuestiones religiosas en el artículo 130 de la Constitución. Calles ordenó al procurador de Justicia la detención del arzobispo, lo cual produjo numerosas protestas de los católicos y de varios embajadores extranjeros. Los católicos sostuvieron una vigorosa oposición a las leyes que atentaban contra la libertad religiosa: levantaron dos millones de firmas para modificar el art. 5 de la Constitución, organizaron un “boycott” que suprimían gastos superfluos para perjudicar la economía (no comprar sino lo elemental, no asistir a diversiones, etc.)​. Anacleto González Flores fundó la Unión Popular. El Vaticano alertaba que un movimiento armado sólo se justificaba cuando ya se hubiesen agotado todas las instancias y tácticas no violentas.

La Suspensión de Cultos[2]

  • Todos los historiadores consideran que la suspensión del culto público por parte de la Iglesia católica fue un factor decisivo en el levantamiento cristero. Estaba lejos de existir unanimidad, tanto entre los obispos mexicanos, como en el seno de la Curia Vaticana; pero una minoría radical logró convencer al Papa de que existía un consenso de todos los obispos y en el respaldo laico, de modo que Pío XI aprobó la suspensión de culto, contra el parecer de su Secretaría de Estado. Fue muy significativo el papel que tuvo un grupo de jesuitas mexicanos, que se movieron en México y en Roma para promover esta suspensión. La Compañía tenía gran influencia en las organizaciones más importantes del laicado: los movimientos de la Acción Católica, el sindicalismo católico y otras organizaciones, que posteriormente, cristalizarían en la “Liga para la Defensa de la Libertad Religiosa”. Finalmente, el episcopado mexicano publicó una “Carta Pastoral Colectiva”, en la que se decretaba la suspensión del culto público en toda la nación, a partir del 31 de julio de 1926, dejando los templos a cargo de una junta de vecinos.

La Ley Calles

  • Calles no fue quien cerró los templos. Esta disposición la tuvieron los obispos, para enardecer a los grupos laicales; pero el Presidente reaccionó a esta provocación con la “Ley Reformando el Código Penal para el Distrito y Territorios Federales sobre delitos de fuero común y delitos contra la Federación, en materia de culto religioso y disciplina externa”, conocida como “Ley Calles”, que entró en vigor el 31 del mismo mes y año.

Dicha Ley, de cuño galicano, limitaba el número de sacerdotes en cada Entidad y establecía que todos los sacerdotes del país debían registrarse ante cada presidente municipal, y solamente podrían ejercer sus funciones quienes tuvieran una licencia otorgada por el Congreso de la Unión o por el Congreso del Estado correspondiente. La Ley no solamente no separaba Iglesia y Estado, sino que supeditaba la primera al segundo, quien adquiría «carta blanca» legal para inmiscuirse a su antojo en los asuntos estrictamente internos de las Iglesias (la Iglesia Católica en particular). En el decreto, Calles hacía saber las reformas del Código Penal donde establecía penas severas por violaciones a la Constitución en lo referente a cultos o enseñanza.

  • Como efectos de la Ley «Calles», fueron clausurados arbitrariamente 142 templos en el País, así como varias capillas en asilos de beneficencia privada abiertos al público; se suprimieron las actuaciones de religiosos en todas las instituciones de beneficencia, se cerraron 73 conventos y se expulsó a numerosos sacerdotes extranjeros.

Atentado a Obregón

  • Obregón había dado muestras de mayor moderación (por ejemplo, después de la expulsión del nuncio con motivo a la inauguración del Monumento a Cristo Rey, trató de congraciarse con el Vaticano); pero, a fin de cuentas, pertenecía al mismo grupo que Calles. El 13 de noviembre de 1927, el ingeniero Luis Segura Vilchis atentó contra el general Álvaro Obregón, por entonces candidato a la presidencia de la República. En Chapultepec, alcanzó el automóvil donde Obregón se movilizaba y le arrojó una bomba; pero el artefacto explosivo sólo hirió al general Obregón. Sus guardias respondieran al atentado y responsabilizaron al sacerdote Miguel Agustín Pro y a su hermano Humberto. La única conexión entre el atentado y los hermanos Pro fue el automóvil Essex usado para el ataque, que anteriormente había pertenecido a Humberto. ​Pese a que Luis Segura confesó ser el autor intelectual y material de aquel atentado, Calles sumó su culpabilidad a la de los hermanos Humberto y Miguel Agustín, ​y decretó su muerte por fusilamiento sin previo juicio.​ ​Investigaciones concluyen que el padre Pro no tuvo un liderazgo militar o político en el conflicto cristero, sino que solo prestaba los servicios religiosos que habían sido suspendidos por el Estado. ​La Iglesia católica consideró que la muerte de Miguel Agustín Pro fue un martirio por causa de la fe, y fue beatificado el 25 de septiembre de 1988 durante el pontificado de Juan Pablo II. ​

La “Cristiada”

  • En Vaticano recordaba que no era lícito un movimiento armado, hasta que no se agotaran todas las instancias posibles. Los sublevados alegaban que ya se habían agotado tales instancias. La Liga pedía a los obispos que, al menos, no condenaran el levantamiento armado, y ejercieron funciones de coordinación. La Jerarquía aceptó algunos puntos (pero se opuso a obligar a los ricos a apoyar la lucha) y permitieron a los sacerdotes que lo solicitaran, ser capellanes del ejército cristero y dieron apoyo moral.
  • El pueblo cristiano apoyó de forma compacta a los obispos. Su manifestación más fuerte fue el movimiento armado en el medio rural (incluyendo grupos de indígenas), principalmente en los estados de Guanajuato, Colima, Querétaro, Michoacán y Jalisco, y alcanzó su momento más álgido entre 1926 y 1929. Los campesinos levantados en armas fueron conocidos como “cristeros”, por a su grito de batalla “¡Viva Cristo Rey!”
  • La feligresía resentía la suspensión del culto (sacramentos y devociones populares). Hubo profanaciones del Gobierno, y la respuesta espontánea y popular de los campesinos fue defender sus derechos con palos y piedras; pero pronto se fue formando un “ejército liberador”, amando por el Gral. Gorostieta, para enfrentarse al ejército federal. Se añadía también las expectativas abiertas por el reparto de tierras: los “agraristas” eran reprobados por los curas -el “no robar”-, y la frustración de muchos pueblos que no se beneficiaron del reparto agrario, también empujaban la rebelión. El entusiasmo de los rebeldes suplía su falta de armamento, descarrilaron algunos trenes, y pretendieron –en vano- conectarse con el líder revolucionario Adolfo de la Huerta (lo que habría cambiado la historia).

Emilio Portes Gil había comenzado una larga negociación, en la que participó como mediador, con el recién nombrado embajador estadounidense, Dwight Morrow. Se logró un acuerdo de amnistía general para todos los levantados en armas que quisieran rendirse. Se acordó devolver las casas curales y episcopales, y en lo sucesivo, evitar mayores confrontaciones. El gobierno de Calles invirtió enormes recursos económicos, materiales y humanos en el combate a los rebeldes, empleando en ello a más de 200.000 soldados.

La “Iglesia Nacional Mexicana”

En febrero de 1925 los dirigentes de la Confederación Regional Obrera Mexicana, CROM, concibieron la idea de formar la Iglesia Católica Apostólica Mexicana, separada de Roma, y pusieron en práctica su proyecto en un templo de Ciudad de México, el cual tomaron violentamente, y donde instalaron al sacerdote renegado José Joaquín Pérez para que fuera el patriarca de la nueva Iglesia. ​ Por ese tiempo, los gobernadores anticlericales de los Estados de Veracruz y Tabasco dictaron decretos para limitar las funciones de los sacerdotes.

“Los Arreglos” de 1929

Las compañías petroleras expropiadas se consideraban afectadas por la política callista y deseaban dar marcha atrás a la legislación que consideraba que la nación era propietaria del petróleo (lo que está bajo tierra), y había convergencia entre los petroleros y los católicos. Estados Unidos consideraba a Calles como comunista y bolchevique, de modo que el 22 de septiembre de 1927 se nombró como embajador a Dwight Morrow, dispuesto al acercamiento entre las partes. A Portes Gil le tocó la larga negociación, en la que participó como mediador el mismísimo embajador estadounidense. Se logró un acuerdo de amnistía general para todos los levantados en armas que quisieran rendirse. Se acordó devolver las casas curales y episcopales, y evitar mayores confrontaciones en lo sucesivo. Los obispos, presionados por Roma (los vieron como “un mal menor”, atendiendo las necesidades espirituales de los feligreses), confiaron en la palabra de Calles y firmaron los acuerdos. Estos no tomaron en cuenta a los 50,000 combatientes del ejército cristero que para ese momento habían sufrido 25 000 bajas. Muchos combatientes continuaron durante varios años en la lucha, aún contra las autoridades eclesiásticas; pero la mayoría de los cristeros, pese a su indignación y oposición, obedecieron y entregaron las armas, a sabiendas de que el Gobierno no respetaría el arreglo. Poco tiempo después, confirmarían sus sospechas, pues poco a poco fueron asesinados.

EL CARDENISMO

INTERPRETACIÓN: el “populismo” cardenista

La palabra “populista” es la peor descalificación que la Derecha actual endilga a los regímenes de izquierda -incluso a aquellos que, simplemente, toman en serio la búsqueda de paliativos al empobrecimiento de las mayorías (“por el bien de todos, primero los pobres”). [3] Para precisar esta categoría política, habrá que empezar indGnso los orígenes del término.

Los “narodniki” rusos.[4]

  • El concepto “populismo” nació hacia 1860 en Rusia, en el marco de la pregunta sobre las particularidades que el camino socialista revolucionario debía asumir en el atípico caso ruso, donde las condiciones materiales del desarrollo capitalista apenas eran germinales y los sujetos políticos del proyecto marxista (la burguesía y la clase obrera) oscilaban entre la inexistencia y la debilidad orgánica.
  • Tras la muerte del zar Nicolás I (1855) se abrió una nueva etapa de liberalidad antizarista en Rusia, que incluyó la conformación de una opinión pública no perseguida, la amnistía a los “decembristas” encerrados en Siberia y la liberación de los siervos. Pero el “despotismo ilustrado” de los “kulaki” (nobleza liberal) reprimió sin tregua a las manifestaciones de campesinos y siervos liberados.
  • En ese contexto, apareció el movimiento de los “narodniki”, que la historiografía europea tradujo como “populista” (“narod” = pueblo). Este movimiento pugnaba por una reforma agraria que propiciase el paso a una república de pequeños propietarios, sin necesidad de atravesar el estadio de la sociedad capitalista –idea que desarrollará Mijaíl Bakunin– y que suponía el desarrollo de la industria. Las expresiones antizaristas extremistas de los narodniki alentaban el derrocamiento de la monarquía y su cambio por una confederación republicana que allanase el camino militante hacia el socialismo.

Los Populismos en América Latina

  • El “populismo” de nuestro subcontinente es un término poco preciso y con múltiples significados. Esta ambigüedad terminológica se debe a que se refiere a varios movimientos políticos que no cuentan con un programa coherente o con un cuerpo doctrinario común. También, a que ciertos sectores académicos dan al término una connotación meramente negativa, resaltando aspectos tales como las políticas basadas en la manipulación de las masas a través de discursos paternalistas, por parte de un líder carismático y programas sociales de asistencia sufragados con recursos públicos.
  • Algunos autores coinciden la aplicación de las siguientes características:[5]
  • El discurso y movimiento político que se legitima con base en la inserción de las masas al sistema político, respondiendo a diferentes demandas sociales que no han sido consideradas por los viejos regímenes;
  • Construye un poder ejecutivo fuerte, a menudo autoritario, basado en un presidencialismo y en el líder o caudillo carismático, para controlar a los distintos sectores de la sociedad;
  • Redefine el papel del Estado como un Estado interventor que centraliza, administra y controla todos los aspectos de la economía, la política, la sociedad y la cultura. El Estado intermedia entre el capital (empresariado) y el trabajo (proletariado) a través de un modelo de organización corporativa y mediante la movilización masiva de distintos sectores sociales;
  • Se sustenta en el nacionalismo para unificar a las distintas tendencias ideológicas y los intereses económicos del pueblo por encima de las diferencias sociales, económicas e ideológicas;
  • Fomenta el antiimperialismo para defender los intereses nacionales y para replantear la relación entre el capital extranjero y el mercado interno.
  • Una característica común a los populismos latinoamericanos de los años 30’s, sería una alianza de clases, que en otro contexto serían antagónicas: sectores de la burguesía industrial, del proletariado urbano, militares, grupos de clase media, intelectuales, estudiantes universitarios, incluso campesinos y proletariado rural, etc. Esta extraña alianza se explica por la situación que atravesaban estos países: el atraso económico-social, la dependencia excesiva del monocultivo, los enclaves, la oligarquía y el imperialismo.
  • Ante estas realidades, el nuevo Gobierno procurará una política económica con pretensiones de favorecer a los sectores populares, centrada en el desarrollo del mercado interno y en la sustitución de importaciones (depender menos de las exportaciones y adecuarse mejor a la economía mundial). Para esto, habría que consolidar el papel rector del Estado liberal y las libertades individuales, económicas y políticas, e impulsar el desarrollo de un Estado fuerte y centralista.
  • Hay que tomar también en cuenta el contexto internacional de la inminente II Guerra Mundial. En estos países había sectores sociales de una ultraderecha religiosa que simpatizaban con los países del Eje. La amenaza que representaban para los Estados Unidos de tales simpatías hacia los países del Eje, y por otra parte, la necesidad de mano de obra ante la falta de varones debido al reclutamiento en el ejército, obligaba a Estados Unidos a cierta cautela, y favorecía la “sustitución de importaciones.”
  • A esto, se añadía (“the last, but not the least”), las pretensiones de una clase media ascendente que aspiraba a una nueva hegemonía contra la desgastada oligarquía liberal, y que dada su debilidad, convocaba a otras clases subalternas, a quienes prometía ciertas reivindicaciones, a cambio de un incondicional apoyo al Gobierno: nuestros “populistas” hablan mucho de “pueblo”, para encubrir sus verdaderos intereses de clase.

LÁZARO CÁRDENAS DEL RÍO (1895 -1970)

Biografía

  • Nació en Jiquilpan, Mich. en 1895. En 1913 se incorporó a las fuerzas revolucionarias de Martín Castrejón y a los 25 años fue nombrado General. Fungió como secretario de Gobernación en el gabinete del presidente Pascual Ortiz Rubio, y más tarde, dirigente del Partido Nacional Revolucionario. Finalmente, fue electo Presidente de México entre 1934 y 1940 y dejó el cargo sin enriquecerse.
  • Después de su Presidencia, se retiró a una modesta vivienda cerca del Lago Pátzcuaro y trabajó el resto de su vida supervisando proyectos de riego y promoviendo clínicas gratuitas y educación para los más desposeídos.
  • Siguió comentando asuntos de política internacional y abogando por los derechos humanos y el fortalecimiento de la democracia en Latinoamérica. Durante los movimientos –obrero de 1959 y estudiantil de 1968– fue estrictamente vigilado por el mismo PRI y por la CIA , dadas sus vinculaciones y simpatías con los movimientos izquierdistas. En 1960 Cárdenas fue invitado a Cuba Fidel Castro mismo,​ con motivo de la conmemoración de las revoluciones mexicana y cubana, así como por la fundación del “Instituto Lázaro Cárdenas”, para la Investigación de la Universidad de La Habana.
  • Murió de cáncer el 10 de octubre de 1970. Sus restos reposan en el Monumento a la Revolución, junto a los de Madero, Zapata, Villa, Carranza y Calles. Consagró su vida a la lucha por la sociedad socialista y la abolición de la propiedad privada.

Actos relevantes de Gobierno:

  • Brindó asilo político a los refugiados de la guerra civil española, entre ellos, asiló a 456 niños (“los niños de Morelia”).
  •  Igualmente, a demanda de la Liga Comunista, asiló a León Troski.
  • Su política de organización de los sectores populares, condicionaba la satisfacción de sus legítimas reivindicaciones, al claro apoyo que debían dar a su Gobierno. Esto se logró mediante el control de líderes sindicales incondicionados (los sindicatos de la Confederación Regional Obrera Mexicana –CROM-, por Luis Napoleón Morones y de la Confederación de Trabajadores Mexicanos –CTM- por Vicente Lombardo Toledano).
  • Ei 18 de marzo de 1936, aprovechando una huelga de los sindicatos obreros, nacionalizó el petróleo, y se creó PEMEX. El principal beneficiado, más que las exportaciones, fue el sector interno. También, aprovechando la huelga de los ferrocarrileros, nacionalizó este servicio.
  • Para la política agraria se centró en la Central Nacional Campesina (CNC), dotado de 18 millones de hectáreas de tierra a ejidos y tierras comunales. Otro tanto aconteció a los burócratas y maestros de la Central Nacional Obrera Popular (CNOP) y a los militares.
  • El Partido Nacional Revolucionario (PNR), que había sido fundado por Calles, quedó convertido en el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), incorporando al nuevo Partido a los sectores populares.
  • Aumento un 40% el gasto público, mediante un déficit controlado. Realizó importantes obras en carreteras, irrigación y créditos. Cuidó su política monetaria.
  • En la cuestión académica, creó el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y el Colegio de México (Colmex).

Organización populista

  • Los populismos latinoamericanos arriba mencionados, se concretizan en el “populismo cardenista” de la siguiente manera: la Revolución Mexicana había golpeado fuertemente al régimen porfirista; pero éste conservaba aún fuerza suficiente de recuperación. Las clases oligárquicas estaban hartas de los desórdenes revolucionarios y tuvieron fuerza suficiente para copar a la nueva clase enriquecida por la Revolución, en algunos casos, valiéndose de los matrimonios para trocar “alcurnia” por privilegios. Si bien las nuevas industrias expropiadas (petróleo, ferrocarriles, luz. etc) funcionaban bien, hacían falta inversiones y especialistas para el desarrollo del país, ante la nueva coyuntura mundial.
  • La nueva clase dirigente emanada de la Revolución estaba formada por burócratas de la incipiente clase media, no podía, por sí sola, someter a la oligarquía porfiriana que mantenía riqueza, poder y nexos con el extranjero. El medio que se valió Cárdenas, fue acercarse a los sectores populares, organizarlos de forma corporativa y con cierta autonomía, respondiendo a muchas de sus demandas y reconociéndolos en el PNR como “sectores” del Partido, con sus respectivos sindicatos -el sector obrero (CTM), el sector campesino (CNC), el sector burocrático social (CNOP) y el sector militar-. Copó a sus líderes, permitiéndoles que se quedaran indefinidamente al frente de sus agrupaciones y solapándoles sus maniobras, como lo muestra su inveterado líder Fidel Velázquez, etc., todo esto, a cambio de que apoyaran incondicionalmente al Gobierno y al Partido.

La Educación Socialista

  • Cuando Cárdenas asumió su cargo, ya la Revolución se había consolidado y nadie cuestionaba su hegemonía. Se le presentaban ahora nuevos desafíos, tales como la reconstrucción nacional y la formación de un nuevo Estado, mediante la incorporación de las masas. Se preocupaba principalmente por la “incorporación” de los indígenas, crucial para la ideología de la Revolución Mexicana. Como se comprobó en el Congreso de Patzcuaro, dicho “indigenismo” era entendido como desculturalizar a los indígenas (acabar con su lengua, su vestimenta, sus tradiciones religiosas, etc).
  • Calles había pretendido manejar a Cárdenas como a sus “peleles” anteriores, sobre todo para continuar la política antirreligiosa represiva. Los primeros años de gobierno cardenista estuvieron marcados por el enfrentamiento con el Gral. Plutarco Elías Calles, a quien finalmente obligó a abandonar el país en 1936 y se exilió en Estados Unidos. Sin embargo, dentro del régimen de Gobierno, Calles logró infiltrar algunos partidarios, lo que prolongó el conflicto con los católicos.

Cárdenas accedió a la política antirreligiosa callista, principalmente en la “Educación Socialista”, en la que lo “socialista” estaba ausente (en realidad su contenido era racionalista y ateo). Sus agentes fueron, sobre todo, los “maestros rurales”. Estos eran jóvenes, muchos de ellos con pocos estudios; pero con gran entusiasmo y mística. Iban dispuestos a llevar los logros de la Revolución hasta los lugares más apartados, viajando al destino asignado a pie, muchas veces a través de bosques habitados por fieras o serpientes. No se reducían sólo a enseñar a los niños, sino que procuraban que la escuela fuese “la Casa del Pueblo,” alfabetizando a los adultos y organizando campañas de medicina e higiene, huertos familiares, vivienda, o proyectos desarrollistas como las carreteras o la introducción de la electricidad.

Pero sobre todo esto, importaban las campañas “desfanatizadoras y antialcohólicas” (como las denominaba el funcionario evangélico Moisés Aarón Sanz). Al llegar al pueblo, los “maestros rurales” tenían que hacer un juramento público delante del pueblo y de las autoridades del municipio, el cual, de entrada, comenzaba así: “Soy ateo, y me comprometo a alejar de las mentes infantiles tan nefasta influencia”. En caso de rehusarse, las autoridades del pueblo tenían obligación de denunciarlos ante las autoridades estatales… o viceversa, si alguna autoridad no reprimía algún acto religioso fuera del templo (peregrinaciones, procesiones, etc.), los maestros lo denunciaban a la cabecera estatal. En las clases, se tocaban temas antirreligiosos y se introyectaban estas ideas en los niños. Los padres de familia reclamaban; pero se les reprendía. Finalmente, los padres de familia estos se organizaron, primero, para no asistir a las juntas escolares, y después, para no enviar a sus hijos a la escuela. Hubo también excesos de los católicos en contra de aquellos Maestros Rurales. Algunos maestros que no aceptaron dejar sus escuelas y comunidades, fueron reprimidos por la gente (a algunos les cortaron las orejas y se llegó, incluso, al linchamiento o asesinato).

  1. “La Segunda”

Pese a las convicciones del nuevo presidente (“la división debe darse entre nacionalistas y traidores y no entre creyentes y no creyentes”), la persecución proseguía, si bien, con menor saña. Algunos cristeros que habían escondido sus armas cuando los “arreglos”, constatando que la persecución no había menguado, volvieron a levantarse sin contar con los obispos. Este repunte persecutorio es conocido como “La Segunda”.

“Agraristas y cristeros”. La aceptación o no aceptación de los “arreglos” dividió a los campesinos. Los “agraristas” aceptaban las tierras repartidas por el Gobierno (juntamente con un “máuser”); mientras los “cristeros” las rehusaban, obedeciendo a los curas que les decían que las tierras arrebatadas a los hacendados eran “robadas” (en todo caso, era robo legalizado y más bien, “tierras recuperadas”). Hubo pueblos vecinos de la misma región y con características similares que tomaron opciones distintas.

Precio de la persecución religiosa. La guerra cristera de aquella década, no sólo costó 70.000 vidas, sino también la caída fulminante de la producción agrícola y la emigración de decenas de miles de “braceros”. Para combatir a los rebelados, se invirtieron enormes recursos económicos, materiales y humanos, pues Calles tuvo necesidad de emplear más de 200.000 soldados.

La sucesión

  • La lógica del movimiento revolucionario hubiese requerido que la sucesión recayese sobre Francisco J. Múgica, de larga trayectoria revolucionaria. Nació en Michoacán, en 1884. En su juventud, ejerció el periodismo, colaborando en varios periódicos liberales, entre ellos, “Regeneración”, de los hermanos Flores Magón, en Zamora, Mich., lugar donde concluyó sus estudios de seminario y estableció su residencia. Participó en la Revolución Mexicana siendo general de división; fue constituyente en 1917 y gobernador de Tabasco y luego, de Michoacán, de 1920 a 1921. Secretario de la Economía Nacional de 1934 a 1935 y de Comuniciación y Obras Públicas en el gobierno de Lázaro Cárdenas.
  • Sin embargo, En una anticipada carrera electoral, Cárdenas se inclinó por Ávila Camacho, pues las presiones de las petroleras y de la Iglesia, cansada de las persecuciones religiosas, preferían alguien más moderado. Ávila Camacho contendió contra el anticardenista Juan Andreu Almazán, del Partido Revolucionario de la Unificación Nacional.

Manuel Ávila Camacho (1897-1955)

Biografía

  • En 1914 se unió a la Revolución mexicana, siendo nombrado segundo teniente y desde 1920, luego, como coronel. Ese mismo año se desempeñó como jefe del estado mayor del general Lázaro Cárdenas quien se desempeñaba como jefe militar y gobernador de Michoacán. En 1929 combate la rebelión obregonista del Gral. Gonzalo Escobar, y gracias a su desempeño obtuvo el grado de General de Brigada. En 1933–1934, se desempeñó como oficial mayor de la Secretaría de Guerra y Marina -antecedente de la actual Secretaría de la Defensa Nacional-, a la que regresaría dos años después para actuar como titular del ramo desde 1936 a 1939, durante la presidencia de Lázaro Cárdenas.

Algunos hechos de Gobierno

  • Para hacer visible la pretendida unificación nacional, el 15 de septiembre de 1942 convocó a todos los expresidentes; se frenó el reparto agrario cardenista: el ejido dejó de ser prioritario y se prefirió a los terratenientes, aumentando la dimensión de inafectabilidad de la tierra, y se privilegió su calidad. Ya desde su predecesor se sentaban las bases de control de los sectores populares: la CNC se convirtió en instrumento del Estado y la CTM empezó a ser controlada por el “charrismo” sindical, con Fidel Velázquez, tratando de justificar las restricciones (el derecho a huelga) con pretexto de la guerra.
  • Se decretó la Ley del Seguro Social y al mismo tiempo se creó el Instituto Mexicano del Seguro Social y diversos centros hospitalarios, como el Hospital Infantil de México y el Instituto Nacional de Cardiología. Su gobierno fue apoyado por diversas organizaciones: Vicente Lombardo Toledano fue remplazado por Fidel Velázquez para dirigir la Secretaría General de la Confederación de Trabajadores de México (CTM).

La II Guerra Mundial

  • Durante este período se libraba la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), con la amenaza del «nazifascismo». El gobierno avila-camachista resultó favorecido, debido a su aportación de materias primas agrícolas y minerales para la producción de materiales de guerra. A cambio, recibió maquinaria, herramientas, capitales y créditos. Se realizó una sustitución de importaciones, para producir algunos bienes de consumo. Se activaron la industria, la agricultura y la minería. Con el programa migratorio de los “braceros”, México contribuyó para las labores agrícolas del país vecino, pues muchos hombres fueron reclutados como soldados. Esto permitió el modelo económico capitalista, en favor de la nueva burguesía nacional, convirtiéndose en una clase poderosa y rica. Aunque también salió afectado negativamente, con la devaluación de la moneda y una crisis inflacionaria.
  • Posicionamiento bélico- México apoyó a los países del Eje, con la venta de su petróleo; pero fue víctima de aquel bloque. El 13 de mayo de 1942 el buque mexicano Potrero del Llano fue hundido por submarinos alemanes pereciendo cinco marinos mexicanos. ​ El 20 de ese mismo mes, el buque–tanque llamado Faja de Oro también es torpedeado y hundido. ​ Italia y Japón no respondieron a la protesta, y la cancillería alemana se rehusó a recibirla. México entró así a la Segunda Guerra Mundial. El gobierno mexicano envió al Escuadrón 201, integrado por 300 hombres, que fue una agrupación de la Fuerza aérea mexicana, enviada a combatir por México como parte de los aliados. El escuadrón desempeñó una misión digna, que fue reconocida por los Aliados.

Como expresidente

Con Ávila Camacho, la sucesión presidencial dio un viraje importante, pasando del mando de “los generales” a la de los políticos civiles, ahora “los licenciados”. Una vez terminado su sexenio, Ávila Camacho se retiró a su rancho «La Herradura» en unión de su esposa Soledad Orozco. La hacienda abarcaba tres grandes residencias lujosas, con espléndido mobiliario y obras de arte. Esto le permitió a una intensa vida social, siendo visitados por personajes de las altas esferas del arte y de la política. Falleció en su rancho el 13 de octubre de 1955. Sus restos y los de su esposa fueron sepultados en un mausoleo dentro del Panteón Francés de San Joaquín, ubicado en Ciudad de México. ​

Actuación de la Iglesia

Tras finalizar el Maximato y la Guerra Cristera, Estando todavía el Gral, Lázaro Cárdenas en el Gobierno, se implantó en México un sistema educativo “socialista” y se confiscaron varios millones de hectáreas de tierra a los hacendados que aún quedaban en el país, para redistribuirlos a los campesinos. ​ Esto representaba una nueva amenaza para la oligarquía católica y los grupos de derecha radical. Cárdenas realizó concesiones a la Iglesia para intentar apaciguar a estos grupos; pero algunos líderes iban más allá, y pretendían revertir por completo las políticas secularizadas del país, que amenazaban a la hegemonía de la Iglesia sobre la sociedad mexicana, y especialmente, sobre el campesinado. ​

La “Unión Nacional Sinarquista”

En este contexto, el 23 de mayo de 1937, en la ciudad de León, Guanajuato, se fundó una organización política  de extrema derecha, la “Unión Nacional Sinarquista”. En sus inicios, la UNS tenía como objetivo restaurar una suerte de teocracia católica (el “orden social cristiano”). ​ Aunque algunos de sus líderes se deslindaban de Hitler y Mussolini, simpatizaban  con el nacionalsindicalismo de Francisco Franco. ​En la política mexicana de entonces, se oponían al ejido y apoyaban la pequeña propiedad privada.

Una característica era la fuerte disciplina de su militancia. Por ejemplo, para un mitin realizado en el centro de León, la convocatoria se realizó en absoluto secreto. De varias partes del país fueron llegando los militantes, pagándose cada cual sus gastos y hospedándose en casas de simpatizantes, todo con absoluta discreción, hasta que el día fijado, sorpresivamente, se llenó la Plaza.

Ignacio Padilla, emocionado en un mitin cerca de la frontera norte, sugirió formar una comunidad utópica en las tierras norteñas regadas por el jesuita P. Kino, numerosas familias acogieron la invitación. Son embargo, Estados <unidos no la veía bien, dadas las inclinaciones del movimiento en favor de los países del Eje, durante la Guerra, temiendo que formaran un pie de playa en la frontera misma. Los obispos, que inicialmente los apoyaban, terminaron dejándolos solos. Ante la falta de apoyo, cayeron en la miseria, y curiosamente, el único que los apoyó fue el Gral, Múgica, comunista

Aunque no se sabe bien quienes fueron inicialmente sus líderes, se mencionan a José Antonio Urquiza, Salvador Abascal, Juan Ignacio Padilla, los hermanos Trueba y los Zermeño. Desde 1945, el movimiento ha sufrido numerosas divisiones, todas ellas nacionalistas, conservadoras y fascistas, culminando con el Partido Demócrata Mexicano.

CONCLUSIÓN FINAL

  • La Revolución Mexicana fue un conflicto de la mayor trascendencia para la historia de nuestro país. Trastocó todas las instituciones sociales, se acabó con la oligarquía feudal colonial, que el liberalismo no logró reducir del todo, produjo una revolución cultural (todos los ensayos sobre “El Mexicano”, expresan la ideología de esta revolución). Fue la primera revolución social del siglo XX, aún antes que la revolución bolchevique de Rusia y costó un millón de muertos.
  • En realidad, se trató de dos revoluciones clasistas superpuestas: un ala burguesa nacionalista contra la oligarquía porfiriana (Carranza, Múgica, Obregón, Calles), y otra ala popular (Villa y Zapata). El triunfador fue la burguesía nacionalista (el anarquismo de Sonora) que, para enfrentar a la oligarquía porfiriana o colonial, se alió a los sectores populares (obreros y campesinos), resolviéndoles algunas reivindicaciones, a cambio de que apoyaran a la nueva burguesía nacionalista, y al mismo tiempo, cooptando a sus líderes (CTM, CNC, CNOP).

La jerarquía eclesiástica, quizás como defensa ante el despojo de sus tierras en la época liberal, se alió con la clase entonces dominante, los conservadores, como la exhibición de algunos prelados con ínfulas coloniales, que irritaban a la feligresía popular más conciente. Esto ocasionó que cuando el anarquismo norteño desplegó su política de persecución religiosa, fueran sobrepasados en el conflicto armado de “La Cristiada”. En tiempos de Ávila Camacho, la lucha asumió a la Unión Sinarquista, de ultraderecha.


[1] No así los zapatistas del sur, algunos de cuyos grandes sombreros se volvían altares guadalupanos.

[2] MEYER, Jean: ¿Cómo se tomó la decisión de suspender el culto en México en 1926?, Tzintzun. Revista de estudios históricos no. 64, Michoacán, jul/dic. 2015

[3] De ahí la expresión de López Obrador: “Si dicen populista, que me apunten en la lista”

[4] Naródnik: wikipewdia:https://es wikipedia, la enciclopedia libre, consultado abril 2024

[5] Marisa Gallego (2006), Carlos Malamud (2010) y Loris Zanatta (2012)

10. EL PORFIRIATO

Su comprensión partirá de la generación de condiciones de posibilidad para el nuevo Modo de Producción Capitalista (MPC). Antes de iniciar su transición, respecto al MPF, habría que “fabricar al fabricante”, lo que conlleva a allegarse un capital inicial –la “acumulación originaria”-, que siempre ha implicado crueldad e injusticias.[1] En el Porfiriato, estas medidas fueron: la apropiación de las tierras comunales, la explotación de los hacenderos, el robo en las tiendas de raya, la esclavitud por deudas (heredadas de padres a hijos), las largas jornadas laborales, el salario miserable, la destrucción de la educación popular, la represión inmisericorde, la falta de libertad de expresión, etc. La inconformidad se extendía entre las mayorías, pese a los intentos de sofocar las insurrecciones. La pregonada “Pax Porfiriana” se revelaba como la “Paz de los Sepulcros”. No obstante, la supervivencia misma lleva a correr riesgos, de modo que los levantamientos se incubaban por todas partes.

Por lo que toca a la Iglesia, al término del Concilio de Antequera, los seis obispos participantes enviaron a Díaz una carta de apoyo. De la misma forma, al concluir V Concilio Provincial Mexicano, los obispos participantes enviaron una felicitación al Presidente, pues a pesar de las nuevas leyes y “gracias a la sabiduría y al espíritu superior” del presidente de México –como dijo Arz. Montes de Oca- era clara cierta mejoría en las relaciones con la Iglesia.

Antecedentes

A fines de siglo, los ciudadanos estaban hartos de tantas guerras y asonadas, que dilapidaban presupuestos y causaban intranquilidad. El país estaba retrasado, a pesar de sus cuantiosos recursos; mientras el mundo entraba en una fase de rápida industrialización. Se pensaba que México había llegado a su madurez, y la mayoría juzgaba que había condiciones para satisfacer ambas aspiraciones y alcanzar un Estado moderno, seguridad y desarrollo.  

Por eso, el 1º de abril de 1877, apenas reconocida su victoria en la rebelión de Tuxtepec y asumida la Presidencia, el Gral. Porfirio Díaz como presidente, se dirigió al Congreso de la Unión fijando el programa de su gobierno: imponer la paz y promover el desarrollo económico;   

Personalidad 

  • Porfirio Díaz tenía personalidad conciliadora y vocación unificadora: integrar ideologías diversas, (liberales y conservadores), razas (su ser mestizo unificaba a blancos e indígenas: mis dos abuelos, Cortez y Cuauhtémoc) (Molina Henríquez); todo esto, a condición de que se apoyaran en la persona misma del “Señor presidente”. Era necesario un gobierno fuerte; aunque para ello sufriera la democracia (decía que “el pueblo no está maduro para la democracia”). Para facilitarle su Gobierno, modificó la Constitución. 
  • “Milita rote” de toda la vida, Porfirio era de carácter brusco y vulgar; aunque su esposa, Dña. Carmen Romero de Rubio, lo fue educando, para que adquiriera mejores modales (hasta su piel se blanqueó un poco) y se volvió “Don Porfirio”. 
  • Fue un liberal. No modificó las Leyes de Reforma. Pero gobernó para los privilegiados (muchos de ellos, conservadores), con poder absoluto y formas monárquicas (escenarios y vestuarios fastuosos). Se acercó a la Iglesia y la tranquilizó; pero, a cambio, le pidió su claro apoyo.  

Biografía: primeros estudios. 

  • José de la Cruz Porfirio Díaz Mori (Oaxaca1830 – Paris 1915). Hijo de padre criollo y madre mixteca. Su padre -pobre, pero trabajador-, se fue abriendo camino. En la ciudad de Oaxaca puso un mesón y se dedicó a la herrería. Su padre murió de cólera y la madre se hizo cargo de la familia, y fue así que salieron adelante. En 1843 entró al seminario, haciendo bachillerato en Artes. Cuando la intervención estadounidense, a varios seminaristas se les permitió reclutarse en las filas de los defensores; pero no hubo oportunidad de ir al Frente. Conoció a Juárez y siguiendo su ejemplo, salió del seminario, se inscribió en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, se recibió de abogado y fue maestro. 
  • Al salir del seminario, le interesó el ejército. Participó en la Segunda Intervención Francesa. Combatió en la Batalla de Puebla. En 1865 Juárez lo nombró General de División y el 28 del mismo mes le dio el mando militar de Veracruz, Puebla y Oaxaca (aquí organizó guerrillas contra los franceses) En el Plan de la Noria combatió contra Juárez y posteriormente, en el Plan de Tuxtepec, contra Sebastián Lerdo de Tejada. Presidente interino un mes de 1876, y otro en 1877, luego ocupó de manera ininterrumpida la Presidencia Constitucional de 1877 a 1880 y después, entre 1884 y 1911. 

Presidencia imperial 

  • Una vez concluida la intervención francesa, Juárez pensó que era conveniente postularse una vez más para presidente, en el período 1867 a 1871, cuyas elecciones ganó con amplia mayoría (2,344 frente a 785 para Porfirio Díaz). Díaz, abatido por la derrota y privado de la conducción del ejército, se retiró a La Noria, donde se dedicó a la función de cañones, elaboración de pólvora y municiones, así como a la agricultura. Llegado el momento, se decidió a contender a las elecciones de 1871, en las que Juárez se postuló nuevamente y ganó, quedando Días como segundo candidato, con 3,555 votos (frente a 5,000). El 8 de noviembre, lanzó el Plan de La Noria, convocando a todos los militares a unirse contra Juárez; pero fue entonces que éste murió. 
  • En las elecciones siguientes, Díaz contendió contra Sebastián Lerdo de Tejada, quien ganó la elección. Porfirio se instaló en Veracruz, viviendo modestamente, dedicado a la agricultura y a ingeniosos inventos. Ante las torpezas de Lerdo, Porfirio Díaz fue ganando partidarios, principalmente entre la clase alta. Lerdo intento reelegirse; pero su política contra el clero había disgustado a sectores influyentes, y fue así que el 18 de enero de 1876 Porfirio Díaz se levantó en armas, en la Revolución de Tuxtepec, apoyado por el clero, y obtuvo la Presidencia. Lerdo perseguía a Díaz, contando con la fidelidad de la mayor parte del ejército. Fue derrotado por Mariano Escobedo; pero Lerdo logró viajar a Cuba, donde se fortaleció. Se enfrentaron Mariano Escobedo y Díaz, siendo éste apoyado por Manuel González, haciendo huir a los lerdistas. Finalmente, se convirtió en presidente el 5 de mayo de 1877. 

Primer mandato presidencial (1877-1880) 

  • Su primera preocupación fue ganarse la confianza de Estados Unidos, cuidando su relación con el embajador John Foster y renegociando la deuda, que pagó por partes, durante 15 años. La segunda preocupación fue la pacificación del país, asolado por bandidos y caciques locales, con gente armada por todas partes. Procuró el control de los cacicazgos locales, mediante el establecimiento de guarniciones militares en varios puestos conflictivos. Su secretario de Hacienda, Yves Limantour, fue enviado a Estados Unidos para crear buena imagen de México y logró que una comisión de empresarios visitara el país con intereses de inversión. 

Manuel González (1881-1889) 

  • En este periodo, el nuevo presidente impulsó los ferrocarriles, concesionándolos al Reino Unido. También concesionó la red de telégrafos y fundó dos bancos -el Banco Nacional Mexicano y el Banco Mercantil Mexicano-, que, fusionados, en 1884 dieron lugar al Banco Nacional de México (Banamex). Sin embargo, estos avances en la economía se vieron empañados debido a frecuentes escándalos de corrupción. 

El “Porfiriato” hace referencia a los 35 años de gobierno personal y autoritario de Porfirio Díaz –entre 1886 y 1911–, sólo interrumpidos por los cuatro años del período de Manuel González. Sus indudables logros y también, sus grandes fallas 

  • En 1889 ya se inquietaban aires electorales. Lerdo aspiraba, y preparo una revolución (lo usual entonces), entrando por Veracruz; pero el Gobernador Cándido Aguilar, lo detuvo. Fue entonces cuando Díaz le envió su famosa frase; «mátalos en caliente y después averiguas». Pero Manuel González, el candidato de Díaz, lo sucedió durante un período completo. 
  • En este período, la esposa de Díaz, Delfina, se puso gravemente enferma y el General quiso casarse por la Iglesia. El arzobispo de Michoacán, D Pelagio Antonio Labastida y Dávalos accedió; pero le pidió que Díaz abjurara la Constitución liberal que había jurado. Poco después, en 1881, Porfirio conoció a Carmen Romero Rubio en una fiesta, y con pretexto de tomar clases de inglés, la cortejó y se casó con ella. 

ECONOMÍA 

  • La estrategia económica de Don Porfirio estaba dirigida a lograr el desarrollo económico, y desde el comienzo se centró en dos vertientes: fortalecer y consolidar los grandes capitales internos (constituidos fundamentalmente por los latifundistas) y franquear la entrada a los capitales extranjeros (regalos petroleros). En ello puso todos los medios a disposición del Estado, incluidos los de carácter represivo 
  • La inversión extranjera. – En la década de 1900 casi toda nuestra plata la exportaban la American Smelting and Refining; nuestro cobre, la Cananea Consolídate Cooper; nuestro henequén, la International Harverest; nuestro caucho, la International Rubber; nuestro petróleo, las filiales con nombre mexicano de la Royal Dutch Shell, la Standard Oíl, la Sinclair Oíl. A Estados Unidos se le dio la concesión de los ferrocarriles, cuyo trazado (aparte de rodeos inútiles) se orientaba hacia la exportación de recursos a aquel país. 
  • Los operadores en México de estas grandes empresas tenían nombres con olor de corrupción (José Yves Limantour, Olegario Molina, Enrique Creel, Francisco Bulnes, Porfirio Díaz Romero-Rubio). Eran los privilegiados del Régimen, que como en la Santísima Trinidad, una misma persona ejercía tres funciones distintas: las grandes trasnacionales, los latifundistas y la alta burocracia: Limantour poseía más de 200 mil hectáreas en Chihuahua, era operador de compañías petroleras, y secretario de Hacienda. Olegario Molina, secretario de Fomento y gobernador de Yucatán, era el gerente general de la International Harvester y uno de los mayores propietarios de Yucatán. Enrique Creel, secretario de Relaciones Exteriores y gobernador de Chihuahua, tenía 600 mil hectáreas y era operador de la Asarco y la International Rubber. La electricidad fue concedida a los alemanes, quienes mostraron su ingenio en base de turbinas impulsadas por la fuerza de la gravedad de los depósitos de agua subterránea. En 1879 se descubrieron en Veracruz importantes yacimientos de petróleo, que petroleras estadounidenses las explotarían.  

Los que cargaron los costos 

  • El Modo de Producción Capitalista se estaba consolidando; pero el Capital no puede darse sin una “acumulación originaria” (allegarse una fuerte cantidad de dinero, de otro origen), y esto suele darse de manera sucia (sobreexplotación, robos, saqueos). Así lo hicieron las potencias europeas, cuya industrialización fue posible por el saqueo de recursos de sus Colonias. (Como dijo Marx: “El Capital nace chorreando sangre y lodo por todos sus poros”) 
  • Ante el régimen corporativo (la hacienda y la comunidad indígena), la tarea de los nuevos capitalistas fue “liberar” al obrero, de la absorción de las corporaciones, a pesar de que éstas, a su vez, de alguna manera protegían al trabajador. Al capitalismo conviene un proletario que no posea nada, más que su fuerza libre de trabajo (libertad para morirse o no de hambre), dispuesto a la explotación más inmisericorde; pero que, al mismo tiempo, no fuese esclavo, pues entonces se tenía que hacerse cargo de su sobrevivencia.  
  • La misión histórica del Porfiriato se logró mediante la sobreexplotación: el esclavismo en haciendas henequeneras, las tiendas de raya en las haciendas, el despojo de tierras comunales, Guerras de exterminio a los indígenas (yaquis, mayas). En último término, los beneficiarios de esta sobreexplotación y saqueo fueron las grandes potencias colonialistas de siempre, las cuales, sin mucha dificultad, se repartieron la conveniente división territorial entre ellas, y bajo la forma de colonias formales e informales, así como esferas de influencia, en cuyo proyecto, el papel de México (y otros países de América Latina), fue la producción de materias primas. 

POLÍTICA 

  • A su Gabinete, compuesto inicialmente con compañeros de armas, se les fueron uniendo buenos economistas, juristas, un juarista, un lerdista, un monárquico. Dentro de la sociedad cercana a Díaz destacó un grupo de políticos e intelectuales conocido como «Los Científicos», encabezado por el ministro de Hacienda, Limantour. También Justo Sierra, Joaquín Casasús, Francisco Bulnes, Pablo Macedo y Miguel Macedo, Manuel Marroquín y Rivera, quienes ocuparon importantes puestos políticos. Al paso de los años, permaneció el mismo gabinete con los mismos funcionarios, por lo que se podía hablar de una “gerontocracia” 
  • Prensa: La pacificación de la prensa en México fue otro de los objetivos políticos de la administración política. A fines de 1887, Guillermo Prieto escribió: «La prensa, nuestro cuarto poder, es el único bastión sobreviviente del liberalismo puro y original». Manuel González publicó en 1882 un decreto conocido como Ley Mordaza, en el que se establecía que cualquier periodista podía ser aprehendido, llevado a prisión y sometido a juicio por denuncias de cualquier otro ciudadano: en 1888 subsistían 130 periódicos, y en 1911 quedaban 54 (los demás clausurados).  
  • Represión- El régimen reprimía por la fuerza de las armas, no sólo a sus opositores políticos y a las numerosas rebeliones indígenas o campesinas, sino también a bandoleros. Se recurre al fusilamiento, o la “ley fuga”. Los rurales eran policías profesionales mejor pagados y entrenados que el ejército, un cuerpo de élite y fueron la herramienta en la cual Díaz se apoyó para pacificar el país.  
  • El exterminio de los yaquis. Hubo mucho descontento en el campo (en especial entre los grupos étnicos), que fue sofocado. La mayoría era inconformidad por el despojo de sus tierras comunales. Una de las represiones con mayor repercusión nacional y extranjera fue la llevada en contra de los indígenas yaqui. Se habían asentado en el Norte, sin ser molestados durante más de cien años. Sin embargo, hubo levantamientos contra la condición de servidumbre y de explotación laboral. Organizaron una guerra de guerrillas contra el gobierno. Los federales sufrieron muchas bajas…. hasta que, en 1896, el gobierno optó por una campaña de exterminio de los yaquis, siendo enviados como esclavos a Yucatán.  
  • Bajo ese signo, de 1877 a 1910 se avanzó en materia económica de modo tangible; pero se fue abriendo paso la idea de que la libertad no puede ni debe sacrificarse en aras del desarrollo económico. Esta idea es reforzada por una realidad: el crecimiento económico del país no se había reflejado en un mejor nivel de vida de los pobres; al contrario, los más pobres vivían peor en 1910 que en 1877, muchos incluso en condiciones de esclavitud.  

CULTURA 

  • Su primer mandato, estuvo inspirado en la filosofía positivista de Augusto Comte, que pensaba que la ciencia (positivista, racionalista) inauguraba el tercer estado evolutivo, después de la magia/religión y la filosofía. Como ideología, representaba las aspiraciones de la burguesía liberal, y adecuadas al momento que vivía el país. Su lema: “Orden y Progreso”, pero cuando la burguesía se consolidó en el poder, el slogan se quedó con el “orden” -la “Pax Porfiriana” o “Paz de los Sepulcros”- y se olvidó el “progreso”. 
  • Siendo Francia la patria del liberalismo decimonónico, el “afrancesamiento” de las élites influyó en la cultura mexicana: la cocina, el baile (el vals, la polca), la música, etc. La lengua francesa era el idioma diplomático de entonces y la lengua que se enseñaba en los colegios para la oligarquía. 
  • En su gobierno florecieron las artes y las ciencias, debido a que desde el siglo XVII, el país convulso no lo facilitaba. Especialmente destacó en la literatura, con las “veladas literarias” de Ignacio Manuel Altamirano, y grandes figuras, como Guillermo Prieto, Manuel Payno, Ignacio Ramírez (el Nigromante), Vicente Riva Palacio, Luis G. Urbina, Juan de Dios Peza y Justo Sierra. Se fomentó la investigación historiográfica y las lenguas de México. Se creó, por medio de Justo Sierra, el Ministerio de Educación Pública,   

LA IGLESIA CATÓLICA 

  • Díaz intentó conciliarse con la Iglesia católica, contra quien el gobierno liberal mantuvo un estado en conflicto a partir de la promulgación de la Constitución de 1857. A la Iglesia le mantuvo privilegios y dejó sin aplicar las Leyes de Reforma. La Iglesia se acercó al presidente y lo apoyó. Aprovechó su presencia pública, para acrecentar sus propiedades, reorganizarse y abrir centros de formación (seminarios, vocaciones) y crear 11 nuevas diócesis. 
  • Obispos influyentes y conciliadores de los que se valió el Dictador 
  • Dn Pelagio Labastida y Dávalos, arzobispo de México, quien casó a Díaz con Delfina Ortega, poco antes de que ella muriera.  
  • D Eulogio Gillow y Zavalza, hijo de hacendados poblanos y educado en Inglaterra. Se convirtió en amigo cercano de Díaz, lo casó con Carmen Romero Rubio. Fue enviado como representante de México a la exposición agrícola, a fin de atraer inversión norteamericana. Díaz le pidió a Gillow que le diera a Labastida este recado: “el jefe chicano de la Reforma, el soldado que escarmentó en Puebla y México a los austro-traidores, no es enemigo del clero. Le brinda su amistad, si el clero está dispuesto a facilitarle el camino de la unidad nacional” 

D Eulogio Gillow  fue investido como primer arzobispo dé Oaxaca, y para esa ocasión, Díaz le obsequió una esmeralda rodeada de brillantes y el nuevo arzobispo envió al presidente una joya traída desde Francia, que recordaba las Guerras Napoleónicas y un busto de Napoleón Bonaparte.  

  • D Ignacio Montes de Oca, obispo de Tamaulipas, quiso celebrar su cumpleaños con mucha pompa para mostrar la fuerza de la Iglesia. Díaz no quiso quedarse atrás y le envió para su fiesta un destacamento de soldados de élite impecablemente uniformados. Otra ocasión que utilizó la Jerarquía fastuosa para visibilizarse y mostrar su capacidad de convocatoria popular, fue la coronación de la Virgen de Guadalupe en 1895 y su proclamación como Emperatriz de las Américas 1910.  
  • El Obispo Eduardo Camacho fue obligado a dimitir por oponerse a la Coronación, negar las apariciones y proponer que la Iglesia se sometiese a las Leyes de Reforma.  
  • Los Concilios provinciales se habían suspendido desde 1792. Ahora preparan el Concilio plenario Latinoamericano en Roma 1899 (CELAM I). Reapertura de la Universidad Pontificia 1896. Se abren 26 seminarios diocesanos (“romanización” en la formación sacerdotal). 

Las denominaciones protestantes 

  • Hubo tensiones con Estados Unidos acerca de la colonización del Norte. Se requería poblar aquella región del país; pero los posibles colonos norteamericanos eran protestantes, de las denominaciones históricas, y presionaban por la libertad religiosa. Los liberales mexicanos veían esto con buenos ojos, para neutralizar a la Iglesia Católica. 

El catolicismo social 

  • La Rerum Novarum de León XIII (1891) no podía ser ignorada por el episcopado mexicano; aunque empezaron a actuar hasta 1903. Se organizaron “Congresos y Semanas Sociales”; pero en ellos sólo explicaban los buenos propósitos no logrados –mejorar las condiciones de las mayorías–, sin sugerir iniciativas de cambio. No se habló de los salarios de hambre, de los peones acasillados, de la esclavitud, ni de las rebeliones de indios del Norte y mayas.  
  • Los cuatro Congresos Sociales, diseñaron estrategias para mejorar las condiciones: mejorar habilidades técnicas, talleres de artes y oficios, cajas de ahorro. Se exhortó a los patrones para que diesen un día de descanso y que monto de salario fuese justo. El Congreso de Oaxaca 1909 trató sobre los grupos étnicos (médico, alcoholismo y adulterio): Pero se daba indicaciones a los indígenas para que respetaran la propiedad ajena. Más bien trataba de moralismo familiar. 
  • El Partido Católico Nacional. Muy bien organizado y disciplinado. Tuvo bastantes afiliados. Se constituyó en 1909, cuando Díaz le declaró al embajador Creelman que veía que el país ya estaba maduro para la democracia y no pensaba reelegirse. Algunos lo creían como brazo de los obispos; pero estos más bien lo combatieron. En 1904 apoyó a Madero y en 1905 a Victoriano Huerta (fue su perdición) 
  • También se formó el Sindicato de Obreros Guadalupanos, que llegó a tener más afiliados que la CTM. 
  • El campo político dejó de ser objeto de lucha por la jerarquía. Trataba de no involucrarse en problemas políticos, y callaba ante la creciente desigualdad social. 

Relaciones jerarquía/Gobierno. Periodización 

  • Búsqueda conciliatoria mediante relaciones personales (1876-1880).  
  • Intercambio de servicios. (1880-1892).  
  • Apoyo colectivo de los obispos a Díaz (1892-1909).- Seis obispos del Concilio de Antequera envían una carta de apoyo a su gobierno. Díaz fue quien los citó y ellos se plegaban: “la religión católica les previene respetar a las autoridades legítimas y tributarle los homenajes debidos” y manifiesta su satisfacción con este Régimen Primer reconocimiento a un Gobierno liberal. Con motivo de la felicitación de Díaz a los obispos asistentes al Congreso Plenario, el obispo Montes de Oca expresó: “gracias a la sabiduría y al espíritu superior del presidente, a pesar de las leyes, ha habido paz en el país”.  
  • Algunos sectores de la Iglesia no apoyaron a Díaz.  
  • Mons. Banegas Galván, obispo de Michoacán, fue uno entre varios obispos que no apoyaron a Díaz. Lo calificó como “el causante de la descatolización del país” (permitir a los protestantes, violación de DDHH, pensamiento positivista y destructor de la democracia). Al no modificar la Constitución, ésta se podía aplicar a los grupos de Iglesia críticos del régimen, lo que muchos lo tomaron como persecución. 
  • Hubo varias voces eclesiásticas discordantes. Algunos utilizaron la prensa católica para denunciar como “crimen” la autorización para que entren los protestantes a México, por atentar contra la unidad nacional. 
  • Algunos sacerdotes asesoran y se involucran en rebeliones campesinas e indígenas católicos, en luchas por sus tierras. 

En lo intraeclesial 

  • La Iglesia tiene autoridad al interior; es escuchada por la mayoría como dogma, como única verdad. No había diálogo; era sólo acatarla. El racionalismo había sido condenado por el Syllabus de Pío IX y Concilio Vaticano I y ratificado por el Concilio Plenario Latinoamericano de Roma. 
  • Consecuencia: gran pasividad de las mayorías, alimentada por el culto y el devocionalismo. Pasividad organizacional: sólo contaban los sacerdotes, nada de laicos, incluso ni en los Congresos y Semanas Sociales.  
  • Gillow –igual que aquellos capellanes de las haciendas que comían en la mesa del patrón– imbuía en los peones las virtudes de humildad, sumisión, mansedumbre, obediencia, laboriosidad y honradez. Pero también, crece el malestar hacia la Iglesia, por sus cobros exorbitantes en los estipendios 

Nuevas congregaciones religiosas 

  • La Iglesia, por tener su atención puesta en la defensa de sus bienes y ahora en sus intentos de conciliación, había descuidado mucho la pastoral rural. Ante este abandono, había rebrotes de idolatría, y surgían líderes religiosos, con supuestos dones místicos y curativos: uno se sentía reencarnación del Sagrado Corazón, otra, la Santa de Cabora, hacía curaciones (como después, el Niño Fidencio). Estos movimientos religiosos representaban problemas, y no sólo para la Iglesia. Díaz mismo solicitaba a la Iglesia que descuidar el campo y aquietar a los indios, que se estaban independizando religiosamente que podrían convertirse en signos de rebelión campesina. 
  • Respondiendo a estas razones, el arzobispo primado, D. Antonio Labastida, trajo nuevas congregaciones con vocación misionera (josefinos, pasionistas, claretianos), ya que no se confiaba en las antiguas Órdenes (franciscanos y dominicos), pues siendo peninsulares, solían ser muy revoltosos. Por ejemplo, la labor de los josefinos para pacificar a los yaquis y “colaborar por la paz.” Los jesuitas también regresaron. Los Claretianos en tuvimos el Colegio Hispano mexicano, en Toluca, para educar a las élites (españoles). 

Se avecina la insurrección 

  • El Capital requiere de la acumulación originaria para desarrollarse y así, “fabricar al fabricante”; pero al hacerlo, el nuevo empresario estaba gestando a quien sería su sepulturero: el proletario, el cual, como nuevo sujeto histórico, será el gestor de un nuevo Modo de Producción: el Socialismo. 
  • Había tendencias hacia cierto socialismo tipo Fourier (Plan de Chalco 1868): volver a lo comunitario; pero sin opresión al individuo (apropiación de las tierras comunales, explotación de hacenderos, robo de tiendas de raya, esclavitud por deudas de los padres a hijos, jornadas miserables). “El socialismo, decía dicho autor, es la forma más perfecta de convivencia social”.