Saltar al contenido

Web de Enrique Marroquín

  • Religión y sociedad
  • Espacio personal
  • Religión y ciencias sociales
  • Religión y ciencias teológicas

Categoría: Religión y ciencias teológicas

Clase 3. LA CIUDAD EN LA HISTORIA

12 julio, 2025 ~ Enrique Marroquín Zaleta, cmf ~ Deja un comentario

Para bien o para mal, la mayoría de la población actual vive en ciudades. Sin embargo, comparada con los 250,000 años de existencia que tiene la especie “sapiens”, los 6,000 años de vida que tiene el modelo urbano, son apenas unos ¡un parpadeo! Cuando unos granos de trigo cayeron inadvertidamente cerca de la choza o cueva de aquellos primeros sapiens, y crecieron las espigas, a alguien se le ocurrió sembrarlos cerca de donde habitaba el clan, y así empezó la domesticación de los cereales, seguida de la domesticación de los animales.[1] ¿Fue esto una ganancia o una pérdida? “Más que domesticar al trigo -dice Yuval Noam Harari-, habría que decir que el trigo nos domesticó a nosotros”. Hasta entonces, a los primeros sapiens, la recolección de gran variedad de nutrientes les llevaba apenas unas cuatro o cinco horas; pero ahora, la demanda de trigo requiere de largas jornadas de trabajo para para abrir zanjas y acueductos, quitar las piedras del terreno, construir graneros, etc. Con este alimento asegurado, la población aumentó, y habiendo mayor mano de obra, se demandaba más alimento. Este circuito requirió de mayor planificación colectiva: construir caminos, acueductos, graneros; organizar el espacio con trazado de calles y lugares comunes, etc.

  1. La ciudad neolítica.

     El Neolítico (“modo de producción despótico-tributario”) es el período en el que aparecen las primeras ciudades y las grandes civilizaciones (“civitas”=ciudad). No fue casual que, con ellas surgiesen las clases sociales: una élite con capacidad organizativa dirigía los trabajos, liderado por un déspota, que terminó por ser consideró como el propietario de todo aquel espacio, y que, a modo de concesión, permitía a cada clan trabajar su parcela, a cambio de prestar ciertos trabajos comunitarios no retribuidos (los oaxaqueños llaman “tequio” a este trabajo). El déspota y sus cercanos (la nobleza) aprovecharon ese trabajo comunitario para que les hicieran sus “palacios”. Ya que estos primeros pobladores “civilizados” eran objeto de asaltos de bandas armadas de vándalos que vaciaban los graneros, la propuesta del grupo dirigente de profesionalizar un grupo armado de defensa, fue visto como necesaria… pero luego, aquel grupo armado se convirtió en grupo de control poblacional al interior de aquella colectividad, y como ejército de conquista hacia el exterior, se utilizó para hacerse de mano de obra esclava, con la cual pudieron tener grandes obras simbólicas del poderío de tales Ciudades-Estado.[2] A las clases dominantes les venía bien aprovechar formas religiosas preexistentes para un sistema religioso dicotómico (natural/sobrenatural; materia/espíritu; cuerpo/alma) justificador del gran dualismo clasista dominadores/dominados. Para sostener el nuevo cuerpo de creencias fue preciso la institución de rituales colectivos, que necesitaron un edificio propio (templos) y un cuerpo de funcionarios especializados para desempeñar el trabajo sagrado.

  • La “Polys” griega

     Atenas fue la gran ciudad de la cultura helénica. La Grecia antigua estaba formada por una federación de ciudades-Estado, con su casco “político” y un pequeño territorio circundante, que funcionaron hasta la dominación romana. Cada “polys” gozaba de gran nivel de autarquía, libertad y autonomía política.  En ella residían los ciudadanos libres, los esclavos y los “metecos” (extranjeros residentes que, si bien eran libres, no tenían los mismos derechos que los demás ciudadanos). Platón, en su “República”, se imagina una Ciudad-Estado ideal: redonda, concéntrica y dividida en tres estamentos, cada uno de los cuales cumpliría una misión específica:

  • Los Gobernantes-filósofos, que serían quienes dirigirían a los ciudadanos; serían los únicos conocedores del Saber o Verdad, del Bien y de lo Bello, por tanto, tendrían el conocimiento verdadero.
    • Los Guerreros-guardianes, para defensa de los ciudadanos ante ataques enemigos. Su deber era temerle más a la esclavitud que a la muerte.
    • Los Agricultores, artesanos y comerciantes, para producir los bienes necesarios para la población.

Estas categorías no deberían ser herméticas. La pertenencia a una de estas clases no sería hereditaria, ni tiene que ver con la riqueza que posea, sino por las capacidades legadas por los dioses y manifestadas desde niño. De modo que cada cual debía ser educado para pertenecer a uno o a otro estamento. Los “republicanos” no deberían poseer propiedades más allá de lo necesario, para evitar que abusen de su poder. No habría ninguna profesión propia del hombre o de la mujer, pues la naturaleza dotó a ambos sexos de las mismas cualidades. Sólo que, en todo, la mujer es inferior al varón. Platón compara el alma de cada individuo a determinado metal, correspondiente a cada clase social (oro para los gobernantes, plata para los guardianes y bronce o hierro para los comerciantes y artesanos.

  • La “civitas” romana
  • El Imperio Romano fue la mayor civilización hasta entonces. Fueron grandes constructores (carreteras, acueductos); pero conquistadores y esclavistas. En la Roma imperial, los poderosos senadores tenían lujosas casonas de ladrillo cocido y numerosos esclavos (podían ser 3,000, hacia los cuales, sus amos tenían potestad de matarlos impunemente). Los ciudadanos libres (la “plebe”), tenían asegurados “pan y circo”: una ración gratuita de trigo semanal y espectáculos en el colosal circo (el Coloseo), donde los senadores enfrentaban a sus esclavos gladiadores. Aparte de esas dos satisfacciones, la “plebe” vivía pobremente (habitaba edificios en cuartuchos, accesibles con esclareas de mano, que se les retiraba si no pagaban la renta). Obviamente, mantener a tantos esclavos resultaba muy oneroso, las orgías de la nobleza mermaban la fortaleza guerrera, de modo que el Imperio se corrompió y no pudo resistir los embates de los vándalos. Algunos atribuían la caída de Roma al cristianismo; San Agustín refuta esta hipótesis en su obra “La Ciudad de Dios”, y la atribuye a la corrupción y molicie de sus plutócratas. Cayó Roma; la autoridad se trasladó a Constantinopla y la gente huyó al campo a labrar cada cual su propia tierra.
  • El “burgo” feudal
  • Los nuevos campesinos, ahora libres, cultivaban sus parcelas; pero estaban asediados por huestes de “bárbaros”. Para defender sus cosechas, en sus casas conservaban su arma (campesinos armados). Entonces, nuevos grupos ambiciosos y hábiles para guerrear se ofrecieron entrenarse para la defensa, en caso de invasión, a cambio de alimento (la misma historia del neolítico). Pero cuando estos bribones (“señores feudales”) tuvieron la fuerza y el control, les exigían a los campesinos más tributo, hasta que se dijeron ser los dueños de la tierra y convirtieron a los campesinos en “siervos”: la tierra, supuestamente, era del Señor feudal; pero se les concesionaba para que la sembraran, a cambio de que le pasaran una parte de la cosecha. Luego, estos “defensores” propusieron construir una fortaleza (castillo) para que, en caso de invasión, se metieran todos en ella, guardando allí agua y alimento suficiente. Este mismo modelo llegó a repetirse en toda una vasta región, de modo que tales señores feudales –ahora con títulos nobiliarios jerarquizados: duques, condes, marqueses, barones, etc.- formaron una red de pactos, subordinaciones y convenios de lealtad para defenderse o atacarse unos y otros; pero sometidos al noble más poderoso de toda la región: el «rey”. Finalmente, varios reyes pequeños se subordinaban al “emperador”. Esto fue el “feudalismo”, sistema de se mantuvo casi un milenio.
  • Visto desde los “siervos”, la seguridad, en vez de mejorar, se perdía, vivían más pobremente y eran víctimas de constantes abusos impunes, por lo que muchos siervos huían de la gleba. Al inicio, los siervos fugitivos pudieron asentarse junto a los monasterios. La Iglesia había entrado a este nuevo juego: las abadías monásticas eran adecuadas para hijos o hijas bastardos y vivían con holgura. A cambio, los monasterios obtuvieron del emperador el derecho de asilo para el refugio inmune de los prófugos, y en torno y a la sombra de estos poderosos monasterios fueron creciendo las ciudades. Otros siervos se instalaron en las antiguas ciudades romanas, las cuales, al quedar abandonadas, quedaron en ruinas, donde crecía la hierba y anidaban las fieras.
  • Además de este resurgir de la –otrora- gloriosa “civitas”, los numerosos siervos prófugos prefirieron construir nuevas ciudades: los “burgos”. Se trataba de ciudades redondas, amuralladas, con calles concéntricas, en torno a un “centro” (la catedral y el centro administrativo). Allí se formaron los primeros talleres artesanales, que reclutaban a nuevos moradores: eran los gremios: el recién llegado, se ponía al servicio del “maestro” en calidad de aprendiz, y si tenía cualidades, podía ser reconocido como “maestro” y trabajar por su cuenta.
  • También en esas ciudades se instalaron prestamistas y prósperos comerciantes, embriones de los “burgueses” (los que vivían en los “burgos”). Los señores feudales, ya casi sin siervos, tuvieron un descenso económico; pero mantenían su prestigio social, plasmado en lujosos atuendos y joyas. Despreciaban a los “villanos” (los que vivían en las “villas” o ciudades (“juegos de manos son de villanos”) y se distanciaban del “vulgo” (palabras vulgares). Para hacerse de una prenda -irrepetible, confeccionada expresamente para él- iban al comerciante y éste les hacía un presupuesto. El comerciante le llevaba su proyecto al artesano y le pagaba a este por su trabajo. El capitalismo inició, pues, en su modalidad comercial, antes que artesanal.[3]

La Ciudad Capitalista

  • En la historia de la ciudad, cada modo de producción fue configurándola a sus exigencias. Marino Follin (1976: 27) resume en una breve frase su definición: “la utilización capitalista del espacio urbano”. La frase dice todo y no dice nada. Lo que nos interesa es el cómo el capitalismo utiliza es espacio urbano y para qué. Pero para comprender esto requeriremos de un paradigma.

EL NEOLÍTICO MESOAMERICANO:

EL CENTRO Y LAS TIERRAS COMUNALES PERIFÉRICAS

  • En la fundación de la ciudad de Tenochtitlán fue cuándo se acuñaron la modalidad y las contradicciones de nuestras megápolis mesoamericanas actuales. Como en todo el neolítico, La tierra mexica pertenecía al Tlatoani, quien acobijado por la nobleza (“pilli”), acondicionaba la ciudad lacustre como centro administrativo, religioso y militar. A los campesinos se les asignan “chinampas” o bloques flotantes de tierra, formando ordenadamente calles y calzadas. El suelo tiene excelente humedad, muy apto para plantar su maíz y sus verduras.
  • Después de la conquista, los españoles se quedaron en los palacios de la ciudad. Los frailes franciscanos, apoyados por la dinastía de los Habsburgo, separaron la “República de Indios” de la “República de Españoles”, para que estos no dieran malos ejemplos a los indios, y a ambas “repúblicas”, la Corona las dotó de tierras. Siguiendo la tradición azteca, exigían su tributo en especie, de los mismos bienes productos que producían, simplemente exigiéndoles un plus cuantitativo para el tributo.  Se prohibía la relación entre ambas clases; pero cuando las ciudades fueron más estables en toda la región, los españoles habitaron el Centro, dividido en zonas para productos especializados y los indios habitaban en la periferia, entrando al Centro sólo para desempeñar servicios a las élites criollas. La Corona dotaba a las comunidades indias de tierras, mediante títulos primordiales, a veces traslapados para mantener artificialmente la división de los campesinos, en aras de mayor control.
  • La Iglesia fue la corporación más poderosa, y como tal, en el centro estaban los templos, las catedrales y las sedes de las Casas de Gobierno de las órdenes religiosas. En el Virreinato, gracias al Patronato Real, se le asignaron al clero importantes tareas administrativas: el control demográfico, la beneficencia pública, la salud, la educación, el monopolio ideológico e incluso (al menos para la República de Españoles), la represión (Inquisición). Mediante herencias, dotes de religiosas, donativos, cofradías, obras pías, etc. la Iglesia fue concentrando la tierra, al punto de acumular una gran porción de ella (los historiadores divergen, entre 1/2, 1/3 (Mariano Otero) o 1/5 (Jan Basant). Aparte de la aberración que esto implicaba, la Iglesia, además, no trabajaba sus tierras (fundando agroindustrias), sino que las tenía como “manos muertas”, usadas para préstamos hipotecarios o para la especulación, etc.
  • Al consumarse la Independencia de México, las clases y sectores más identificados con el régimen virreinal (el consulado de comerciantes de Veracruz, los terratenientes del Bajío, el ejército pretoriano, etc.) se fueron agolpando en torno a la institución más estable y consolidada: la Iglesia, y así quedó conformado el “bloque clerical-terrateniente”. Por eso, cuando los liberales llegaron al poder, detectaron que la contradicción principal de esta situación eran los bienes del clero, por lo que había que expropiarlos (Leyes de Reforma, del 25 de junio de 1856).

El reacomodo se prestó a abusos, por ejemplo, se expropiaron las tierras de las Cofradías que, en realidad, no pertenecían al clero, sino a los pueblos (eran una reserva para tiempos de crisis o de una calamidad climática: el mayordomo cuidaba el predio de la cofradía de algún santo y de su patrimonio: para la organización de la fiesta, mataba un par de reses y ponía el “castillo”. Se consideraba buen desempeño de su cargo si al terminar su tiempo, entregaba acrecentado el tesoro del santo). Ya que la correlación de fuerzas no favorecía a los liberales (el nuevo sujeto histórico), estos gobiernos ofrecieron a los terratenientes del Norte y a los nuevos empresarios, las tierras expropiadas al clero.

  • Con Porfirio Díaz, se despojó a los campesinos de sus tierras comunales, para formar haciendas para los oligarcas (ellos, por supuesto, vivían en la ciudad), provocando su empobrecimiento, hasta el límite de la esclavitud. La Revolución Mexicana contra el insoportable dictador, vio en Emiliano Zapata y su Plan de Ayutla, el des entrampamiento del Congreso Constituyente de 1917. En ella, el artículo 27 constitucional inició el proceso de devolución de tierras. El proceso fue frenado por Calles; pero Cárdenas impulsó una generosa repartición de tierra. Los constituyentes de 1917 prefirieron los ejidos a las tierras comunales, no sólo por presiones de los propietarios de haciendas y ranchos afectados, sino porque a los legisladores carrancistas, la forma «ejidal” les permitía el usufructo familiar privado de las parcelas agrícolas, y porque daba al Estado mayor poder de decisión sobre la localización y extensión de las tierras afectadas.

CUESTIONARIO                                                                                

  1. Con la ciudad -producto de la domesticación del trigo-, ¿te parece que la especie “sapiens” mejoró o empeoró?
  2. ¿Cómo te parece la hipótesis de que en el “neolítico” la religión se volvió dicotómica (cuerpo/alma, natural/sobrenatural) como consecuencia de la aparición de la clase dominante?
  3. La primera ciudad fue muy demasiado onerosa para las mayorías; sin embargo, la aceptaron ¿A qué crees que se deba esa aceptación?
  4. ¿Ves a la antigua Tenochtitlán como una ciudad neolítica?
  5. ¿Qué te parece más maravilloso de la antigua Tenochtitlán?
  6. El esclavismo pareció ayudar a las antiguas ciudades; pero en realidad, más bien las perjudicó. ¿Por qué?
  7. ¿A qué se debió la caída del feudalismo?
  8. ¿Qué características tiene la ciudad capitalista?

[1] La ancestral lucha entre agricultores y ganaderos lo ejemplifica la Biblia, en la simbólica lucha entre Caín y Abel: cuando en alguna sequía, el pastorcito Abel dirigió su rebaño hacia el Río Éufrates, encontró con que el fuerte y “civilizado” agricultor Caín (y su gente) ya se había apoderado del río, y de esta forma, el Caín mató a su hermano Abel. Al principio, los agricultores eran más poderosos que los ganaderos; hoy es al revés.

[2] Recordemos el mito bíblico de la Torre de Babel.  Algunos grupos de israelitas fueron llevados cautivos a Asiria y se establecieron en varias de esas Ciudades-Estado. Los que fueron instalados en Babel, se encontraron con los “zigurats”, es decir, torres de pisos sobrepuestos de ladrillos cocidos, y les llamó la atención el edificio más grande sin terminar, lo que dio origen al mito sobre el origen de la variedad lingüística: Aquella obra no fue construida por manos asirias, sino por manos esclavas de varios pueblos comarcanos. La estrategia de resistencia de tales pueblos esclavos fue negarse a aprender la lengua de sus opresores, con lo cual, por falta de comunicación, no pudieron ser controlados y terminaron por escapar… aunque ellos, a pesar de ser libres de nuevo, tampoco fueron capaces de un proyecto colectivo de envergadura.

[3] El padre de San Francisco de Asís, tenía una gran tienda, y como su hijo no quiso heredarla, su padre lo desheredó, y allí mismo se quitó la ropa y consiguió que alguien le facilitara un hábito de siervo: el hábito franciscano.

Clase 2. I Ver: APRENDIENDO A VER

12 julio, 202512 julio, 2025 ~ Enrique Marroquín Zaleta, cmf ~ Deja un comentario
  • El curso se mueve desde la sociología urbana desde un paradigma marxista, y será también de utilidad académica teórico-metodológica. Sin embargo, nuestros alumnos preferentes serán aquellos cuya motivación principal sea de índole pastoral social transformadora. Un consejo de entrada es la disposición para dejarnos reeducar –“el buen pastor conoce a sus ovejas”-, y esto comienza viendo la realidad con los ojos de nuestros destinatarios. Esto no es algo espontáneo ni sencillo. Tenemos que someternos a una reeducación, es decir, tenemos que “aprender a ver”.

Sólo vemos lo que queremos ver:

  • Vemos lo que nos interesa (es decir, lo que conviene a nuestros intereses). Así son todas nuestras percepciones (p.ej., una pareja ve un gato callejero: ella lo mira con ternura, imaginándoselo en un cojín en su recámara; él lo ve con un buen cazador de ratones). Para una mirada de “pastor”, habría que ver la realidad con los mismos ojos de Dios, que sólo puede ser desde los ojos de los pobres.

La vista de un punto

  • Suele decirse que la vista de un punto, siempre es “un punto de vista”. La percepción espontánea de la realidad depende forzosamente de la perspectiva en que nos coloquemos. Si nos interesa comprender mejor un objeto, le tomamos fotos desde distintos ángulos, y si queremos comprender la complejidad de una realidad social, necesitamos de una “reeducación sociológica”.
  • Por lo general, un clérigo no elige su parroquia, sino que, por vocación, es enviadoa ella por su superior u obispo y él obedece.[1] La II CELAM, en Medellín 68, detectó que los religiosos solíamos atender a la alta clase media urbana, por lo que los obispos de aquella asamblea instaban a los institutos a desplazar parte de su personal a las barriadas o al medio rural. Por los años setentas, muchos religiosos y religiosas solicitaron ser enviados/as a dichos lugares. Descubrieron entonces que desconocían a los pobres y para ello, necesitaban reeducar su visión, para tener empatía con sus nuevos parroquianos.
  • “Clase en sí” y “clase para sí”. Nacemos en una determinada clase social. Esa es nuestra “clase en sí”: en ella fuimos educados; a ella pertenecen nuestros parientes, amigos, vecinos y condiscípulos; pero esto no es un destino fatal: es posible “desclasarse”, y este desclasamiento implica una reeducación clasista, y la clase con la que decidieron vincularse será para los párrocos una “clase-para-sí”, o dicho de otro modo, se necesita hacer una “opción de clase”.
  • Viviendo en una sociedad clasista, un cristiano conciente debe ver la vida como la ven los pobres o -como lo demandaba la II CELAM de Medellín-, debe hacer una “opción por los pobres”, que es desde donde Dios ve la realidad. Esto es un imperativo cristiano, por tanto, aunque sus parroquianos pertenezcan a las clases altas, los párrocos requieren “reeducar” a las clases pudientes, previendo que probablemente esto implicará enfrentar rechazos.
  • “Sacerdotes para el Pueblo”. El desclasamiento que impulsó la CELAM II de 1968, tuvo buena respuesta, y un numeroso sector de religiosos/as y de cristianos/as de las clases media y media alta, optaron por trasladarse hacia pueblos, barriadas y colonias populares. Esta movilidad se dio también entre los sacerdotes diocesanos: igual que en Argentina (“Sacerdotes para el III Mundo”), en Colombia (Golconda) y en otros países. En México también se conformó un grupo de alrededor de 200 sacerdotes, que se llamó “Sacerdotes para el pueblo”. Entre las condiciones que se pedía a los clérigos para incorporarse al movimiento, era radicar e insertarse en un lugar pobre (urbano o rural). Después de un tiempo, para incorporar a laicos comprometidos, el movimiento se transformó en “Iglesia Solidaria”. Yo deseaba incorporarme a este movimiento sacerdotal, y siendo claretiano, el único lugar que teníamos con dichas características era la Vicaría Fija de María Reyna, en la Colonia Hidalgo, Tlalpan, al sur de la ciudad, y solicité a mis superiores de que me permitieran sumarme a dicha comunidad.
  • Muy pronto, los agentes de pastoral desplazados, nos dimos cuenta que desconocíamos la vida y problemática de los pobres. Quienes estudiaron este tema, dicen que el estilo de vida en situación de precariedad es más o menos similar en cualquier lugar del mundo.[2] En la división científica del trabajo, el estudio de la cultura se lo abrogan, sobretodo, la antropología y la etnología. Estos profesionistas dicen que el sujeto estudiado por estas ciencias debía ser el “otro”, identificado con el “lejano”. Pero con lo que estamos diciendo, para conocer la “cultura de la pobreza”, el antropólogo se trasladaba hacia un lugar remoto para descubrir a ese “otro”, es decir, al que posee una cultura exótica (como Malinowski a los Trobriand de la Polinesia) pero para los que nacimos y fuimos educados como clase media, el “otro” no es el “lejano”, sino, en mi caso, el que vive, quizás, en la misma cuadra del Colegio de Antropología, donde estaba estudiando, en una casa de vecindad de la Ciudad de Puebla, o al privilegiado sur de la CDMX, en el ejido de Tlalpan, donde me enviaron como párroco, o a unos metros de la Ciudad Deportiva de La Magdalena Mixhuca, en una “ciudad perdida”.

————–

UNA TÉCNICA ETNOLÓGICA:

El “diario de campo”

  • En las ciencias sociales hay que distinguir entre “métodos” (paradigma) y “técnicas”. La mayoría de los antropólogos investigan a nivel de microcomunidad, y su técnica preferida y exclusiva de ellos (además de otras, como las genealogías de parentesco, las entrevistas informales, los estudios de caso, los grupos de discusión con los informantes, etc.) es la “observación participante”. Los sociólogos, en cambio, ya que investigan a nivel de macrosociedades, sus técnicas preferidas serán la estadística, la encuesta, el muestreo, la demografía, etc.
  • Detallaré este método, recomendado para la pastoral social (dicen que “lo mejor es enemigo de lo bueno”: tal vez haya que hacer adaptaciones); pero describo la técnica en su forma ideal. La expongo a continuación en su forma más simple y fácil de practicar, tal como yo la pido a mis alumnos:
    • Se organizan uno o más grupos, de tres personas cada uno.
    • Cada observación consta de tres fases: (1) OBSERVACIÓN (2) REDACCIÓN (3) REVISIÓN

  • OBSERVACIÓN:
  • Las observaciones duran unos 10´ (tiempo que la memoria puede retener)
  • Hay tres tipos de observación: de calle (recorrer la acera de una calle), de esquina (una tienda en la esquina: los observadores se sientan en unos escalones a tomar una cerveza y no se mueven de allí), de altura (se suben los tres al campanario y ven todo el panorama, de izquierda a derecha).
  • Para la observación de calle, se acuerda una de un plano de la colonia.
  • Los/as tres observadores/as recorren la calle sin comunicarse entre sí (no se hablan, ni hacen comentarios, sino hasta la tercera fase).
  • No se lleva ni celular, ni grabadora, ni cámara, ni cuaderno para tomar notas. Tratarán de pasar lo más desapercibidos posible.
  • Se percibe con los cinco sentidos: ver, oír, tocar (frío, piso áspero, etc.) oler, saborear.
  • Se recorre la calle fijándose en cada unidad espacial o temporal
  • REDACCIÓN
  • Se prepara la hoja de la libreta en forma de una tabla, en la que cada fila corresponde a un objeto percibido. Consta de cuatro columnas desiguales:
  • La primera columna tiene sólo tres caracteres de ancho. Es para poner la letra del tipo de objeto observado: “E” si es espacial y “T” si es temporal, y junto a ella, otros dos dígitos. El segundo y el tercer carácter o dígito es un número secuencial, dentro de las dos letras mencionadas “E” o “T” (E01, E02, T01… E03, T02, etc)
  • La segunda columna tiene unos 10 caracteres. Se pone la palabra clave para los 14 sistemas culturales, en la clasificación que se expondrá más abajo. Servirá posteriormente para que -por la técnica de “corte y pega”, se vayan colocando los contenidos en 14 carpetas preparadas (vid abajo, la “Teoría de la Organización Humana”)
  • La tercera columna tiene el mayor espacio de la página, y en ella se detalla lo percibido.
  • La cuarta columna (menos ancha que la tercera) es para los comentarios subjetivos del observador.
E1
T1
E2
PalabraObservacióncomentario
  • Al llegar a casa, lo más pronto posible, se escribe pormenorizadamente lo que se recuerde de la observación, unidad por unidad: espacial (E) (casas, lotes vacíos, comercios, etc.) o temporal (T) (personas, alguna frase, algún animal, música, olor de fritangas, etc.).
  • Evitar todo juicio de valor (no adjetivos: casa chica, olía feo, música fuerte). En la cuarta columna se pueden poner todos los adjetivos subjetivos y comentarios que se quiera.
  • REVISIÓN
  • En reunión grupal.
  • Se intercambian las libretas y se revisan
  • Se subrayan los errores: si se hizo algún juicio de valor, si la descripción no fue clara, etc.)
  • Se discuten los juicios subjetivos
  • Después del tiempo acordado (v.gr., durante 15 días, con una observación diaria por lo menos), se devuelve a la comunidad sus primeras impresiones y se las escucha

Teoría de la Organización Humana (TOH)

Creada por el antropólogo brasileño Antonio Rubbo Müller. Se trata de un conjunto de 14 sistemas culturales que, él supone, son exactamente el número exacto y que infaltablemente se encuentran en cualquier organización humana. Ya Edward Burnett Tylor, en la descripción que hace de las culturas, enumeraba algunas de ellas, a modo de ejemplo, con un amplio “etcétera”, que es lo que Müller se encarga de convertir en taxonomía en cualquier organización humana (incluso la personal de cada cual). Su teoría se clasifica dentro de los paradigmas funcionalistas.

LOS CATORCE SISTEMAS

  1. PARENTESCO (incluye la sexualidad)
  2. SALUD (incluye la muerte)
  3. MANTENIMIENTO (casa, vestido, sustento, adicciones)
  4. LEALTAD (amistad, enemistades, lasos vecinales, etc.)
  5. PLACER (diversiones, ocio creativo, redes sociales, etc,)

[1] Hay unidad indisoluble entre vocación (“llamada”) y misión (envío): El presidente municipal de un pueblo indígena pide a alguien que llame a un topil del municipio. Este llega (“aquí estoy”) y el presidente lo envía a la ranchería cercana, encargándole que entregue un oficio al Agente u que se espere a que le dé la respuesta y se la devuelva al presidente municipal.

[2] Oscar Lewis “Antropología de la Pobreza” (1961); “Los Hijos de Sánchez”(1961). Franz Fanon, “Los Condenados de la Tierra” (1961 en francés)

Clase 1.  PASTORAL SOCIAL URBANA DE TRANSFORMACIÓN

12 julio, 2025 ~ Enrique Marroquín Zaleta, cmf ~ Deja un comentario

El estudio de la ciudad es el estudio del espacio compartido habitacional, laboral y administrativamente; es también el estudio del campo, pues sólo s desde el campo es como se comprende la ciudad moderna; es la forma de conglomerarse para poder subsistir una vez dejadas las chozas o las cuevas; es el estudio de la modernidad, fundamento de la cultura urbana; es el estudio de la formación social que requirió de este estilo de vida; es la investigación sobre la movilidad humana.

Comprendemos la ciudad a partir de sus “habitantes”, es decir, desde quienes la “habitan”; dónde tienen su “habitación”, es decir, donde tienen sus “hábitos”, su entorno “habitual”, donde se sienten “en casa”. El territorio urbano es un territorio “inhabitable”, pero necesario. Es, por tanto, una elección forzada; aunque sujeta a muchos problemas sociales.

El estilo de vida citadina, con sus consiguientes funciones (transporte, trabajo, aglomeraciones, alimento, etc.) son limitaciones pactadas voluntariamente, para vivir con mayor seguridad; aunque fuese al precio de la privación de la libertad que gozaban sus antecesores -los clanes cavernícolas- o de la emergencia de la conciencia individual en las corporaciones feudales, cuando se pactaron libremente restricciones, a cambio de ventajas de la reciente vida urbana.

Le vida en la ciudad resulta un verdadero desafío para los creyentes que habitan en la cultura del individualismo, la secularización y el anonimato. Creyeron que los templos serían espacios de refugio para dicho anonimato; pero las parroquias de las colonias citadinas suelen carecer de aquellas funciones de congregación comunitaria que satisfacía parroquia rural, catalizadora de la religiosidad pueblerina (mayordomías, procesiones, rogativas, fiestas). La parroquia de las colonias urbanas, en cambio, suele congregar a solitarios; a simples consumidores de bienes espirituales pagados con sus limosnas. Por fortuna hay algunos párrocos concientes de las implicaciones sociales de la fe, que ayudan a buscar respuesta en la Palabra bíblica a aquellos feligreses llegados a las barriadas o colonias pobres, que dejaron su parcela y no saben cómo vivir su fe al margen de las actividades religiosas campesinas. El curso se propone ver la ciudad con el cristal con que la miran los citadinos más pobres.

LA PASTORAL SOCIAL

  • El objetivo de este curso es la pastoral social urbana. Para ello, tendremos que estudiar a fondo la sociología urbana, por lo que tiene también un interés académico, especialmente dirigido a militantes que acompañan a los habitantes pobres de las modernas ciudades.
  • La palabra “pastoral”, según el uso que da la Iglesia Católica, viene del “pastoreo”. Israel era un pueblo seminómada, por lo que, no era infrecuente ver algún pastorcillo con su rebaño, cuando Jesús iba de camino junto con sus seguidores, y venía a la mente la metáfora del salmo 23 para señalar el cuidado que tiene Dios de su pueblo. Este es un salmo que seduce y subyuga; ha sido muy comentado, pues revela el amor misericordioso de Dios, quien conduce su rebaño “por caminos seguros… hacia fuentes tranquilas y en verdes pastos… y su vara y su callado la hacen reposar” (la vara, para reincorporar al rebaño a aquellas ovejas que se apartan de él, y el cayado, para marcarles el ritmo de su caminar). Jesús se la aplica a sí mismo: Él no sólo guía al rebaño en su conjunto, sino que se interesa de cada una de las ovejas, de modo que, si al contar a sus cien ovejas, el pastor nota que le falta una (la “pintita”), deja el rebaño al cuidado de los perros, en un sitio seguro, y va en busca de la oveja perdida. Es posible que la encuentre con su patita lastimada, y entonces, la carga amorosamente sobre sus hombros.[1]
  • El salmo fundamenta la acción cuidadosa que Jesús espera de los ministros de la Iglesia al momento de encargar a alguien una porción territorial: Jesús, por tres veces consecutivas, le hizo a Pedro aquella pregunta incómoda: “¿Me amas más que estos?”-, antes de darle la encomienda: “Pastorea a tus hermanos”. no se fijaba ni en sus dotes de mando, ni en sus contactos importantes que tuviera, ni en sus capacidades administrativas, sino destacar en el amor. La metáfora del Buen Pastor es especialmente adecuada para los citadinos actuales (aunque no hayan visto nunca algún pastor o ninguna oveja): el moderno mundo urbano actual -con su ajetreo, inseguridad, precariedades, stress, tensiones- reconocen en esto a sus “pastores”.

Los actantes religiosos en el Israel antiguo eran tres, según las funciones que desempeñaban: el sacerdote, el profeta y el rey (este último desempeñaba una función religiosa: nada menos que responsabilizase de que Israel se mantuviera fiel a la Alianza).

  • Cristo recapitula estas tres funciones:
  • Cristo sacerdote. Cuando se inmoló a sí mismo en la cruz, como víctima propiciatoria por nuestros pecados.
  • Cristo profeta. Cuando instruía a sus discípulos y los cautivaba, desenmascarando la degradación de la ley por parte de las autoridades religiosas, y cuando les proponía la “evangelización de los pobres”
  • Cristo rey. Cuando anunciaba la llegada del Reino de Dios, entendido como el primer proyecto a nivel global: hacer de toda la humanidad una gran familia, todos hijos del mismo Padre, regidos por la fraternidad universal, donde hubiera justicia, paz, verdad, libertad
  • De ahí se derivan los tres tipos de pastoral que debe tener toda comunidad cristiana; son como un tripié, que se cae si le falta una pata:
    • Pastoral Litúrgica (Cristo sacerdote): celebrar el misterio de la Pasión y Muerte del Señor
    • Pastoral Profética (Cristo profeta): la enseñanza de la fe: evangelización, catequesis, homilética, ministerio de la Palabra, etc.
    • Pastoral Social (Cristo Rey): construir el Reino de Dios, por el ministerio de la caridad

LA PASTORAL SOCIAL

Esta función pastoral se encarga de atender la caridad de la comunidad cristiana hacia los necesitados (de dentro o de fuera de la Comunidad). Históricamente ha evolucionado en tres etapas progresivas y sus consiguientes objetivos

Tres formas de Pastoral Social:

  1. Asistencialismo: Remedia las carencias, efecto de fenómenos cuyas causas no analiza.
  2. Promoción Humana: Capacita a los afectados para que ellos mismos remedien sus propias carencias.
  3. Trasformación Estructural: Detecta los mecanismos de injusticia que ocasionan los sufrimientos y crea poder popular para desmontarlos.

En una parroquia costera arribó una oleada de emigrantes, huyendo de una guerra contra el país vecino. El párroco, inquieto, intentó responder a dicha contingencia: tenía unos pescadores amigos, a quienes pidió que le trajeran aquellos pescados o pedacería que no fuesen vendibles, y organizó un comedor parroquial, sirviendo diariamente un sabroso caldo de pescado (pastoral social asistencial).

Pero escuchó la frase: “Si te llega un pobre hambriento y le das un plato de pescado, le remedias su hambre ese día; pero si le enseñas a pescar, le habrás remediado su hambre para siempre”. Al párroco le pareció buena idea: con los emigrantes habituales mejor dispuestos, y con la ayuda de sus amigos pescadores, organizó una cooperativa de pesca. Los pescadores les enseñaron a pescar, los emigrantes aportaron lo que pudieron y el párroco consiguió donativos, y con eso se hicieron de una barca y de los aperos para pescar. Cuando todo estuvo listo, nuestro buen párroco se fue a dormir tranquilo: ¡Había cumplido! (Pastoral de Promoción Humana)

Paro cuando salieron a pescar, se dieron cuenta de que un hotel, en la playa, les compraba toda la pesca pagándoles por adelantado; pero a precio muy bajo. También supieron que había un poderoso sindicato de pescadores que no permitían que otros salieran a pescar. Entonces el párroco se dio cuento que no bastaba con lo estaba haciendo, sino que se requería luchar para cambiar las estructuras de injusticia de aquella situación (Pastoral de Transformación Estructural).

  • Mi aporte será desde tres experiencias pastorales a las que tuve la fortuna de acompañar durante once años de mi vida:
  • En la ampliación de la Colonia Miguel Hidalgo, Tlalpan (incluyendo una toma de tierra por parte quienes trabajaban en unos hornos, haciendo ladrillos en el pueblo de Tepechimilpa. (1972-1976)
  • Con los indigentes de la ciudad perdida –“La Marranera”-, perteneciente al pueblo urbanizado La Magdalena Mixuca” (500 personas) (1977)
  • Con los inquilinos de vecindades del Centro de Puebla (1978-1983)

CUESTIONARIO:

  1. ¿Qué ventajas y qué desventajas presentan las ciudades para la vida social actual?
  2. ¿Por qué es importante un estudio sociológico de la ciudad para una pastoral social urbana transformadora?
  3. ¿Qué idea tienes de “Pastoral”?
  4. ¿Cómo presentar el curso para académicos o militantes que no trabajarán “pastoralmente”?
  5. ¿La metáfora del “Buen Pastor” es el fundamento de tu pastoral?
  6. ¿Cómo va la Pastoral Social en la parroquia a la que asistes?
  7. ¿Cómo distingues las tres formas de pastoral social -asistencialismo, promoción social y pastoral transformadora-?
  8. ¿Por qué la pastoral social transformadora suele estar tan descuidada en nuestras parroquias?

[1] La imagen bucólica, pintada en muchas estampas piadosas, en las que vemos a Jesús, con su impecable túnica blanca, cargando sobre sus hombros, sin esfuerzo, una oveja, denota un prejuicio urbano. En la realidad, esa túnica ha de haber sido bastante sucia, pues una oveja llega a pesar más de 60 kgs. y la lana, bastante impregnada de mugre ha de apestar. Por eso fue exitosa la frase del Papa Francisco, cuando dijo que prefería “un pastor con olor a oveja” a aquellos párrocos, muy limpiecitos y perfumados, encerrados en sus sacristías.

Navegación de entradas

Entradas anteriores
Entradas siguientes
Enrique Marroquín Zaleta, CMF.

Entradas recientes

  • Documental Días de vecindad
  • Experiencias de un viejo confesor para el sacramento de la penitencia
  • LA PROTESTA CONTRACULTURAL

«Historia y Profecía»

Compartimos contigo el libro digitalizado de «Historia y Profecía», donde podrás obtenerlo de manera gratuita, accediendo a los siguientes links:

http://bit.ly/QmyHiD

http://www.bubok.es/libros/232615/Historia-y-Profecia-Memoria-de-50-anos-de-Ministerio

Web Religión y Sociedad © 2025
by Enrique Marroquín Zaleta is licensed
under CC BY-NC-SA 4.0

▲ Subir
Inicio
Sitio web creado por WordPress.com.
  • Suscribirse Suscrito
    • Web de Enrique Marroquín
    • ¿Ya tienes una cuenta de WordPress.com? Inicia sesión.
    • Web de Enrique Marroquín
    • Suscribirse Suscrito
    • Regístrate
    • Iniciar sesión
    • Denunciar este contenido
    • Ver el sitio en el Lector
    • Gestionar las suscripciones
    • Contraer esta barra

Cargando comentarios...

Debe estar conectado para enviar un comentario.