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Categoría: Curso Pastoral social urbana

Clase 7. LA CULTURA DE LA POBREZA

12 julio, 202512 julio, 2025 ~ Enrique Marroquín Zaleta, cmf ~ Deja un comentario

Observaciones de Campo

El estilo de vida de los pobladores reducidos a situación de precariedad,   implementan formas subculturales para seguir viviendo donde están. Según Khun, un nuevo paradigma (el más evolucionado) da cuenta de las anomalías e imperfecciones de los paradigmas anteriores; pero a la vez, las aprovecha y complementa. Por consiguiente, con el paradigma marxista podemos recuperar algunos elementos del paradigma del “contínuum folk urbano”, desde el cual Lewis escribió su texto sobre la “Cultura de la Pobreza.” Lo que criticábamos de aquel paradigma es que, en sus descripciones sobre las transformaciones culturales graduales que sufren los pueblerinos de Tepoztlán en su migración hacia el barrio de Tepito, de la CDMX, se quedó sólo en el proceso, y no se interesó por las causas de porqué los campesinos abandonaron sus parcelas para penar en la desconocida cultura urbana moderna, apeñuscados en incómodas viviendas. El caso de la Colonia Miguel Hidalgo tiene una peculiaridad especial: algunos obreros de la fábrica “La Fama Montañeza” eran a la vez campesinos ejidatarios, y en el proceso de regularización de la tierra que reseñamos, sin salir de su casa, se convirtieron en burócratas inmobiliarios, mejorando su situación económica. Por no trataré ahora de este caso y me ceñiré al cambio cultural experimentado en los casos de las vecindades de Puebla y de “La Marranera”. Lo haré con la técnica de la “observación participante” en mi diario de campo.

  1. LOS HABITANTES DE LAS VECINDADES DEL CENTRO
  2. La procedencia de los inquilinos de las vecindades
  3. Conocer de dónde llegaron estos inquilinos será clave para comprender su subcultura rururbana. De un muestro de más de 1,000 entrevistados, 825 pobladores provienen de la ciudad de Puebla (825), es decir hay 276 inmigrantes (25% de los encuestados); aunque la mayoría de ellos provienen de algún pueblo cercano. Pero si comparamos esta cifra con el rol familiar, la edad y los nuevos emigrantes que siguen llegando, descubrimos que son parientes de los que llegaron antes (yernos o nueras, sobrinos, nietos) y que éstos se alojan provisionalmente en los cuartos de la vecindad de sus parientes. Los números dicen que el 30% de los que emigraron son los jefes de familia (la mayoría de mujeres llega de pueblos y de los varones, de ciudades del interior). El mayor número de pobladores oriundos de Puebla son hijos de migrantes; en cambio, los abuelos suelen ser migrantes que llegaron antes. Según un muestreo sobre las fechas de migración, entre 1960 y1969 (29%) y entre 1970 y 1979 (23.6%) –más de la mitad-, coincidiendo con las cifras del crecimiento urbano. De una muestra de 50 entrevistados, los factores de expulsión, fueron, previsiblemente, necesidades económicas (10), lejanía del lugar de trabajo (8) o expectativas más estudio (8). Las causas de atracción más frecuentes fueron principalmente dos: el trabajo (posibilidad (17), cercanía (7), conservación (4), ofrecimiento (2), mejor remuneración (4), y mejorar las condiciones de vida: salud (4), educación (7), etc,

Crisis de la economía campesina.

  • Atendiendo el arraigo que tiene el campesino a su parcela, se visualiza que ha deber habido alguna fuerte crisis para abandonarla, para trasladarse a la infame ciudad y su aglomeración en una buhardilla, a cambio de unos cuantos pesos que apenas les deja para vivir. El campesino es el productor directo, trabaja con sus propios instrumentos, siendo la familia extensa la unidad básica. Se da una elemental división del trabajo, determinada por el sexo, la edad, con bajo nivel tecnológico. La producción se orienta primordialmente por el autoconsumo (no para producir mercancías). Este tipo de trabajo data desde hace muchísimo tiempo -quizás desde antes del neolítico-; pero ahora es algo totalmente diferente.
  1. El trabajo de los inquilinos de las vecindades
  2. Un muestreo de 400 inquilinos entrevistados revela las siguientes Cifras:

Comercio……………………………………………… 115
Servicios………………………………………………. 105
No especificados………………………………….. 85
Industria (maquila)………………………………. 78
Trabajo intelectual………………………………. 64
Producción no industrial (construcción). 17
NS/NR…………………………………………………… 36
TOTAL………………………………………………. 500

  • Lo que el muestro revela (aparte de fallas metodológicas) es la precariedad de trabajo: El 44% trabaja entre comercio y servicios. Siendo el trabajo que conoce el cultivo de la tierra, la mayoría estará instalado en puestos precarios (vendedores ambulantes, barrenderos, acarreadores de agua, etc.). Nos aventuramos a pensar que muchos empleos “no especificados” (85) o que no supieron responder (36), estarían en la misma situación, con lo que, aparentemente, casi la mitad de los pobladores tienen trabajos precarios. Por el otro lado, trabajos en la industria (72) y en la enseñanza y burocracia (64) serían apenas el 27%. Cruzando estas cifras con el rol familiar, vemos que 67 mujeres casadas tienen un trabajo remunerativo, combinándolo con las labores domésticas no remuneradas: algunas tienen que caminar varias cuadras llevando bultos pesados (trasladarse hasta el Mercado de la Victoria, o hasta lavaderos públicos cargando ropa ajena, preparando antojitos para venderlos a la salida de la vecindad, etc. Hay 40 trabajadoras domésticas, 20 obreras, 18 burócratas (secretarias) y 8 vendedoras ambulantes. En cuanto a los hijos, 131 trabajan, de los cuales, 14 (por lo menos) son menores de 10 años, los cuales tienen que combinar estos trabajitos con sus clases en la escuela. Sus trabajitos son de poca calificación (ayudan a preparar tortas, venden periódico, comerciantes ambulantes, limpieza en alguna oficina, ayudante de bañero, etc. Por otra parte, hay 19 niños, entre 10 Y 15 años que tienen buenos trabajos y ayudan a sus familias; pero hay otros adolescentes que ni trabajan, ni estudian, y que o aprendieron a robar en las tiendas de conveniencia, o agarraron la droga.

Nivel ocupacional de una familia (estudio de caso): Don Bruno: trabajó veinte años en una fábrica textil; pero fue víctima de una injusticia y renunció a su trabajo. Luego trabajó en una empresa que ofrece mantenimiento y se encarga de la limpieza de un Banco. Su suegra vende fruta o semilla. Su esposa, Juliana, prepara alimentos para vender a la entrada de la vecindad, los domingos. Modesto, hermano de Juliana, es alcohólico y eventualmente consigue trabajillos, estando desempleado la mayor parte del tiempo. Raúl, el hijo mayor, es obrero textil. Lucía, la otra hija, ya no vive en la vecindad, pues se casó con un obrero de la Volkswagen. Lo mismo que su otro hijo, Juan, de 17 años y ya casado, que trabaja como mesero los fines de semana; Miguel, de 15 años, trabaja con su padre en el mantenimiento de un banco; pero ya antes había trabajado como bañero en unos baños públicos. El pequeño Víctor, de 12 años, estudia la primaria y ayuda en una taquería.

La calidad de trabajo no va en relación con los ingresos: p.ej., un vendedor ambulante (subproletario) está en el grupo de los de mayor ingreso, muy por encima de un propietario de miscelánea (comerciante).

  • Movilidad laboral
    • Entre los 91 emigrantes recién llegados del campo, encontramos 9 obreros, 10 trabajos no especificados, 9 vendedores ambulantes, 8 empleados comerciales, 8 en el trabajo doméstico, 7 empleados de mantenimiento (barrer en un banco), 9 profesionistas y muchos desempleados o sin especificar.
    • Entre el trabajo actual y el anterior: el porcentaje de quienes mejoraron fue mayor entre los albañiles, ambulantes y “servicios personales” (bañeros, boleros), lo que significa que sí ha habido mejoría laboral.
    • Entre el trabajo del jefe de familia y el de sus padres: Entre aquellos, el trabajo es de agentes de ventas, oficinistas, empleados de mantenimiento, servicio doméstico o desempleo, lo que denota cierta superación laboral (no muy marcada).
    • El paso de un empleo a otro es lo más frecuente, y no necesariamente el nuevo es mejor que el que se tenía: unos cinco vendedores pasaron a ser obreros; pero fracasaron: Don Pepe, vendedor de fruta, consiguió un trabajo de obrero; pero en un puesto insalubre que lo enfermó y tuvo que dejarlo; pasó a tejer suéteres por su cuenta, luego trabajó como empleado… y al ser entrevistado había vuelto a vender fruta. Los trabajos “buenos” no suelen ser estables.
    • Lugar de trabajo: No suele ser muy lejos del hogar (ahorro de transporte): se prefiere trasladarse a pie o en camión (media hora); aunque hubo 26 casos en que tardaban hora y media.

En conclusión: Las vecindades sirven de alojamiento a una variedad de trabajadores, la mayoría pertenecen a los estratos más bajos de la clase obrera y también para los desocupados (de ahí la importancia de la cercanía de parientes, en la misma vecindad).La mayoría de los empleados están en el sector servicios (pequeño comercio); pero recientemente se observa mayor número de obreros (la llegada de la gran industria a Puebla). Por tanto, la clasificación clasista de los pobladores de vecindades es subempleados, subproletariado, lumpen o desde otras categorías metodológicas, “marginados” “pobres de la ciudad”, y esto condiciona su subcultura.

  1. “LA MARRANERA” DE LA MIXHIUCA
  2. La ciudad perdida de la Magdalena Mixhiuca, fue el terreno donde pudieron caer los parias de la ciudad: una mujer que había sido soldado, una prostituta, un grupo de niños entre 8 y 12 años que se drogaban con cemento “flexo” (su rostro parecía ya el de los ancianos, a uno de ellos le decían el “Abuelo”). El “Lobo” también se drogaba, tenía los pelos parados de mugre, como si le echaran engrudo. Recuerdo una frase de su madre que le instaba a que fuera a comprar algo y el muchacho se hacía el remolón –“Vete a comprarlo y te doy para tu cemento”-. Vivía allí un traficante, que también vendía “de chueco” (robado), y tenía un grupo de jóvenes a quienes les proporcionaba marihuana a cambio de cierta protección.
  3. En una pequeña casita bardeada, vivían unos seminaristas de la Congregación francesa “Hijos de Dios Caridad”, fundado por Emilio Anizan en 1918 para hacerse presentes en el medio obrero y en los barrios más marginados. En México, su encargado era el carismático sacerdote francés José Bouchaud.  Este tenía la pluma ágil y escribió varios libros en los que relataba sus anécdotas. Una de ellas se desarrollaba en “La Marranera”, cuyo título era “La Semilla de Mostaza”. Decía más o menos así: “En nuestro pequeño jardín nació espontáneamente una plantita fuerte, erguida, seguramente de alguna semillita, y se había convertido en un matorral. Un día, un muchacho de la Ciudad Perdida le preguntó: “¿Así que ustedes también fuman marihuana?”
  4. Los vecinos me aceptaron bien (al inicio, realizando mi “diario de campo”, un hombre me preguntó, ¿qué hacía yo allí? Le respondí ingenuamente –“pues nomás mirando”, y me dio una patada (ha de haber creído que venía de parte de un abogado del dueño. Tiempo después, cuando ya me conocía la gente, se burlaban de él porque había pateado al “padrecito”). La policía no se atrevía a entrar en la ciudad perdida; pero cuando ya me conocían y llegaba algo tarde, caminando con miedo, sobre todo a la policía, al cortar atravesando por la Ciudad Perdida, ya me sentía seguro.
  5. Una religiosa y yo pensamos dar a estas personas una “misión”. Costó trabajo convencer a las personas. Un hombre joven que tenía su casita en una pequeña plazuela, ofreció prestar sillas, un aparato de sonido y también él mismo hizo una gran cruz de madera como signo de la misión. Era muy servicial; aunque algunas veces se disculpaba de no asistir, porque “tenía que ir a trabajar”. Un día me confesó que su trabajo era ser carterista del mercado de La Merced, y me enseñó algunas mañas para eso -por ejemplo, la “de chalecazo”, fingiendo torpeza, abrazaba a la víctima y rápidamente le sacaba su cartera-. Sin embargo, en aquel infierno, también conocí a jovencitos con un alma limpia e inocente.

Pobres entre los más pobres

  • Jesús, en una parábola, habla de los últimos lugares: un invitado al banquete de bodas, se las ingenió para estar en la misma mesa de los novios; pero el encargado del protocolo lo hizo dejar aquel lugar, y con vergüenza, tuvo que ocupar el último lugar de la mesa. Pero en la escena de las Bodas de Caná, fue evidente la ventaja de los últimos lugares, pues fueron estos comensales –aparte de los criados- los únicos testigos del milagro de Jesús de convertir el agua de seis grandes tinajas de agua, en vino (no lo supo ni siquiera el padrino, que le dio un regañito al novio “inexperto”, por dejar el mejor vino hasta el final).
  • En los banquetes de boda de las barriadas: la puerta de la casa se mantiene abierta, y cualquiera puede entrar y se le sirve hasta donde alcance la comida. Los de la “segunda mesa”, la de los gorrones, son quienes perciben mejor la generosidad del novio (si les alcanzó para una pieza de pollo y no nada más arroz, mole y frijoles). A los de la mesa principal siempre les va bien. Hasta les dan su copita. Pero los últimos son quienes pueden medir la generosidad de los novios.
  •      Así sucede en el banquete de la vida en sociedad, también desde los últimos lugares, los más pobres, es dónde se puede analizar mejor la sociedad en su conjunto, pues desde los primeros lugares, parece que toda la sociedad funciona muy bien. Los privilegiados tienden a deformar la realidad para justificar sus prerrogativas; mientras que los últimos requieren analizar correctamente los mecanismos de la sociedad excluyente, pues de lo que tratan es, justamente, de transformarla.

Clase 6. ESTUDIO DE CASO II

12 julio, 2025 ~ Enrique Marroquín Zaleta, cmf ~ Deja un comentario

LAS VECINDADES DEL CENTRO DE PUEBLA

El segundo estudio de caso que nos ocupa es el de los inquilinos de vecindades del centro de la ciudad de Puebla, especialmente en el tiempo en que los estuve acompañando (1976 a 1979). Para ello, hemos de comenzar haciendo algo de historia.

Historia de la Ciudad de Puebla

  • Durante la Colonia, toda la organización económica se orientaba hacia la extracción de un excedente y su envío hacia la metrópoli hispana. Este objetivo determinó la construcción de importantes vías de comunicación, así como la fundación de nuevas ciudades. Fue así que, a mitad de camino entre Acapulco y Veracruz, se fundó “Puebla de los Españoles” como lugar de paso, descanso, abastecimiento y mediación hacer llegar a la Metrópoli los productos de Filipinas. No toda la producción era enviada a España, parte de ella se destinaba al consumo suntuario de la oligarquía novhispana (con productos españoles y filipinos) y bienes culturales que pasarían a enriquecer la cultura local (“la china poblana” o el “Mantón de Manila”). Con ese estilo refinado, construyeron grandes casonas, casi palacios, con numerosa servidumbre, que desde el siglo XVI marcaron su fisonomía urbana. Se eligió el valle de Cuetlaxcuapa, rodeado de volcanes, entre los ríos Atoyac y Xonaca, a unos 100 kms. al poniente de la CDMX y que tenía una densa población indígena (Cholula, Tepeaca, Tecamachalco y Tlaxcala).
  • Puebla rivalizaba con la Ciudad de México: era sede de la burocracia virreinal civil, y en lo eclesiástico, de las casas centrales de las órdenes religiosas (por cierto, sus locutorios eran espacios para la alta cultura de las élites y para el arte culinario, en sus grandes cocinas de numerosa servidumbre). Desde la ciudad se impulsaba la minería y la agricultura para la clase terrateniente de los alrededores (hasta el siglo XVIII, Puebla fue el centro agrícola más importante del virreinato y una floreciente industria manufacturera, especialmente textil). Puebla fue una de las seis ciudades latinoamericanas que tenía más de 50,000 hbs.
  •    En el siglo XIX la ciudad comienza a decaer: en las luchas independentistas, Puebla fue asediada doce veces, con grandes destrucciones y epidemias, por lo que su población bajó de 70 mil a 40 mil hbs, dejando vacías muchas casas. Esta situación también afectó a la exportación: el eje Acapulco-Veracruz perdió importancia; en Europa, la tecnología elevó la producción industrial, y durante el porfiriato, gracias al ferrocarril, llegaban a Puebla artículos manufacturados más baratos, afectando la importancia de su comercio.
  • La Iglesia se había convertido en propietaria de casi la mitad de los inmuebles urbanos. Muchos de ellos, fueron allegadas como dote de algunas religiosas heredadas a la Orden después de su muerte. Le desamortización de los bienes eclesiásticos propició a una clase de prósperos rentistas. La nueva industrialización poblana trajo consigo gran número de trabajadores proletarizados, provenientes del medio rural del entorno, y de este modo, algunas de las antiguas casonas se destinaron al alquiler intensivo o a pequeños comercios.
  •    De 1940 a 1960, en los países más grandes de Latinoamérica se produce una rápida urbanización, de modo que la población urbana se duplicó en esos veinte años. La II Guerra Mundial favoreció la política de “sustitución de importaciones”, así como el mercado interno. Las metrópolis permitieron que la población local consumiera productos nacionales; aunque manteniéndose la situación de dependencia. Puebla sufrió un fuerte movimiento migratorio del campo a la ciudad, debido al estancamiento de la reforma agraria y al resurgimiento de la industria textil. Muchos propietarios de las viejas casonas coloniales se trasladan a zonas más modernas de la periferia y destinan dichas viviendas desocupadas al alquiler intensivo para un subproletariado -llegado como “ejército industrial de reserva”- o para el comercio ambulante.

La Ciudad en el Capitalismo Monopolista

  • Quienes investigan el fenómeno urbano en el capitalismo monopólico, observan un nuevo tipo de socialización del proceso de producción y de circulación, en el seno de la misma propiedad financiera (Lojkine 1979: 136-146). Dicho de otra forma, estos dos procesos –la producción (industrial) y la circulación comercial- interactúan en un mismo espacio económico urbano: un complejo de actividades productivas y no productivas que, si bien pueden estar separadas espacialmente, se encuentran vinculadas por la interdependencia tecnológica y de centralización social; dos procesos distintos que se hayan estrechamente vinculados en determinada centralización social.
  • Se trata de un fenómeno ya notado por Lenin: una combinación entre las diversas unidades monopólicas, que modifican toda la formación social: los efectos útiles de la aglomeración y de la cooperación espacial que exigen actividades de complementariedad entre medios de producción (corredores industriales) y de intercambio (zonas de negocios especializados, centros comerciales); incluso centros de capacitación y de estudio (universidades), conjuntos habitacionales, etc. El capitalismo monopolista opera con la dialéctica entre centralización / descentralización –máxima centralización para coordinar millares de empresas dispersas y actividades no productivas, a fin de responder a las exigencias de los monopolios-, y al mismo tiempo, descentralización de actividades: Es la división social del trabajo, aplicada a la urbanización.
  • Este fenómeno se dio en Puebla al inicio de los años sesenta, desde la llegada de las grandes empresas (Volks Wagen, Hylsa), la construcción de un corredor industrial, la autopista México-Orizaba, el “embovedamiento” del Río San Francisco, etc. El gran capital que se establece en Puebla, aporta excelente infraestructura y generosos estímulos para tener una abundante mano de obra barata y cualificada, para poder absorber una gran cantidad obreros que habrían de llegar de lugares cercanos. En este punto, también se observa la dialéctica entre centralización / descentralización, en espacios para distintas actividades: una ciudad segmentada para distintas actividades (para la investigación, para la fabricación, para domicilio de la fuerza de trabajo, para la integración de servicios, etc.), es decir: ciudad segregada.
  • En la fecha en que se realizó esta investigación, en el llamado “primer cuadro” de Puebla, todavía se asentaban allí 12 terminales de autobuses foráneos, 7 mercados 16 instituciones de crédito, 17 templos, 1 universidad, 17 escuelas, 27 hoteles, 2 cárceles y 15 oficinas gubernamentales.

Disputa por el Centro de la Ciudad

  • Todo este complejo conjunto de instancias e instituciones que demanda la ciudad capitalista monopólica, requiere de un espacio que centralice todo este complejo. En principio, se prefirió que la ubicación de este espacio fuese el centro de la ciudad -un Distrito Central de Negocios-, que albergase bancos, administración burocrática, centrales de servicios, etc. En Puebla, el centro de la ciudad es un lugar turístico, alberga el Gobierno Civil (Estatal y municipal) la Iglesia (la catedral), la Universidad, lugares financieros con buenos accesos de comunicación. Para responder a estas demandas, que estaban dejando de ser funcionales, en los años del estudio se contemplaron algunos traslados a otros sitios. Una dificultad era que el tipo de construcción data del tiempo de la Colonia, como ya se dijo, y esto fue una circunstancia importante para que el gran poder del Capital no haya podido modificar el uso del suelo del centro de la ciudad.
  • En Puebla Entre 1940 y 1960, la situación inquilinaria para los pobres era sumamente dura e injusta (no se daban recibos, alzas inmoderadas de la renta, lanzamientos frecuentes, legislación de arrendamiento favorable a los propietarios, etc.). Ante esto, los inquilinos comenzaron a organizarse en torno a la Unión de Defensa Inquilinaria (1940), convertida la Federación Revolucionaria de Inquilinos y Colonos del Estado de Puebla (1955), la cual logró la promulgación de una Ley Inquilinaria. Entre 1960 y 1980 las luchas urbanas se dieron en asentamientos periféricos, que no trataremos aquí.

Política Urbana en la Zona Centro

              El centro de Puebla, tal como dijimos, era el antiguo casco urbano, compuesto por viejas casonas de dos o tres siglos de antigüedad, cuyos propietarios, a principios del siglo XX, las abandonaron, para trasladarse a las nuevas colonias más confortables, destinando tales inmuebles al inquilinato intensivo. Con la llegada del gran capital con hegemonía monopólica, en una ciudad originalmente trazada con tablero de ajedrez, el centro era el lugar más apropiado como “Distrito Central de Negocios”. Efectivamente, algunas antiguas casonas se compraron y fueron demolidas para levantar nuevos edificios, modernos y funcionales, y maximalizar así los beneficios del uso de aquel espacio urbano. Pero reaccionando contra esta política, se levantaron voces ciudadanas, orgullosas del patrimonio cultural de su ciudad y se unificaron en torno al “Comité Defensor del Patrimonio Cultural Urbano”, dirigido por el prestigioso grabador D. Ramón Pablo Loreto. Con sus presiones, lograron el decreto presidencial del 18 de noviembre de 1977 de José López Portillo, en el que se declaraba una “Zona de Monumentos Históricos en la Ciudad de Puebla”, encomendándole al INAH la confección de un minucioso catálogo de estos inmuebles, y al Ayuntamiento, fondos para su restauración. Sin embargo, esta victoria se topó con mucha resistencia: los bancos no daban créditos y los dueños de los inmuebles fueron reacios para repararlos, a pesar de la exención de impuestos del Gobierno para tales reparaciones. Los propietarios prefirieron abandonarlos a su suerte, esperando que se cayeran de viejas. Los inquilinos más solventes fueron reemplazados por otros nuevos más empobrecidos. Alguna interpretación fue reducirse a conservar las fachadas, alegando que bastaba conservar el nivel parejo de los inmuebles y atender así a toda la calle. Algunos dueños conservaron las fachadas; pero modificaron el interior, lo las convertía en adefesios. El “Plan de Desarrollo Urbano de la Ciudad de Puebla” de 1976, afirmaba: “El centro antiguo de la ciudad no tiene por qué perder sus características tradicionales de centro cívico de negocios, de comercio, de servicios y de turismo, sino más bien, buscar nuevos destinos para los antiguos edificios, sin alterar se estructura arquitectónica de estilo y época”, y ponía como ejemplos: paraderos turísticos, boutiques, departamentos de lujo, etc., y alentaba a los bancos a dar créditos para tal fin. Esto implicaba, obviamente, el desalojo de los actuales inquilinos y concomitantemente, agravar la problemática de la periferia. Ante esto, se escucharon muchas voces: algunas vinculadas al turismo, expertos urbanistas, funcionarios públicos, comerciantes, propietarios, defensores del patrimonio arquitectónico, etc.; pero faltan las voces de los más directamente afectados: sus actuales moradores.

CUESTIONARIO

  1. ¿Cómo se explica la disputa por el Centro de las ciudades, desde la historia de la ciudad de Puebla, desde el capitalismo monopolista y desde la antigua Tenochtitlán?
  2. ¿Cuáles fueron los factores de expulsión del campo y de atracción de la moderna ciudad de Puebla para los actuales inquilinos de vecindades?
  3. ¿Por qué se dio las oscilaciones de política urbana hacia los edificios de las actuales vecindades del centro de Puebla?

Clase 5. ESTUDIO DE CASO I

12 julio, 2025 ~ Enrique Marroquín Zaleta, cmf ~ Deja un comentario

DE EJIDATARIOS Y OBREROS, A COLONOS Y BURÓCRATAS AGRARIOS

El Ejido de Tlalpan:

Tlalpan es un pueblo prehispánico, cercano al lago de Tenochtitlán, como indica su etimología misma (“pie firme” o “tierra firme”). Durante la época colonial fue apreciado por las familias oligárquicas, por su clima y ubicación; pero compartían espacios con la comunidad india y sus tierras comunales. Con la Revolución Mexicana, el pueblo recibió tierras ejidales bastante extensas; pero con abundante piedra negra volcánica de la erupción del Xitle. Durante el sexenio de Miguel Alemán, parte del ejido de Tlalpan recibió una permuta, a modo de indemnización, por unas tierras ejidales de San Luis de la Paz, Guanajuato, permitiéndoles a los ejidatarios de Tlalpan que quisieran seguir trabajando la tierra, trasladarse allá. En las tierras expropiadas de Tlalpan, el Gobierno las privatizó formando el lujoso fraccionamiento del Pedregal de San Ángel (los arquitectos supieron aprovechar la piedra volcánica negra para darle identidad a la colonia, con bellos jardines. El Gobierno, por su parte, construyó en esas tierras expropiadas, la Universidad Nacional de México (UNAM).

  • El comisariado ejidal aceptó formar en el Ejido de Tlalpan una zona “urbano-ejidal”, destinada especialmente a los hijos de los ejidatarios; pero aceptando también algunos avecindados. No recibían títulos de propiedad, sino únicamente una constancia.
  • En la segunda mitad del siglo XX, se dio un rápido crecimiento de ciudades, debido al éxodo campesino: el factor de expulsión fue la crisis agraria y la baja de los productos del campo, que impedía a los campesinos tener una vida aceptable. El factor de atracción fue la industrialización de las ciudades, debido al gran capital. Esta intensa migración provocó una crisis de vivienda, con Luis Echeverría (1975) y posteriormente, con López Portillo (1976-1982).

Tierras comunales y tierras ejidales

  • Secularmente, la personalidad jurídica de las tierras de comunidades campesinas ha oscilado entre el reconocimiento y el desconocimiento. A veces, la autoridad política dota a las comunidades indígenas de tierras, condicionado a la prohibición de que se privaticen y entren al mercado, pues pertenecen al “fondo comunal” campesino. Pero en otros momentos, las élites, por medio de los aparatos de Gobierno, despojan estas tierras a los pueblos y las privatizan. Zapata, en su Plan de Ayala, centró a los constituyentes en esta reivindicación: recuperar las tierras comunales, conforme a los títulos primordiales, despojadas por los hacenderos del Porfiriato. Zapata pudo vencer por las armas; pero fue derrotado por las leyes: el Constituyente de 1917, al otorgar tierras a los campesinos, implementó el régimen “exidal”, que podían eludir las leyes con menor dificultad. (art 175 del Código Agrario).
  • A mediados del siglo pasado, con la llegada masiva de emigrantes, los ejidatarios fueron dando entrada a sus tierras a avecindados y colonos, dándoles sólo algún comprobante no oficial. Para los nuevos avecindados pobres su lote tenía un “valor de uso” (responde a su necesidad de habitación) y estaban dispuestos a defenderlo; mientras que, para los comisariados ejidales, la llegada de nuevos avecindados tenían un “valor de cambio” o sea, eran vistos como mercancía o negocio. Para darle una forma jurídica, las instancias oficiales segregaron parte de los ejidos para convertir algunos segmentos como zonas urbano ejidales. Con esto, se facilitaban los asentamientos irregulares e ilegales, y por tanto, tierras sujetas al despojo y a la privatización. Por esta razón, los comisariados ejidales presionaban para la regularización

La Comisión para la Regularización de la Tenencia de la Tierra (CORETT) [1]

  • Con el avilacamachismo (Código Agrario de 1942), se dieron algunas iniciativas encaminadas a que, sin romper el marco estructural de las relaciones sociales capitalistas, el Estado mexicano pudiera tener mayor libertad para intervenir y financiar la construcción de viviendas, regularizar tierras y planear los usos del suelo. Esto dio origen a varias irregularidades con la complicidad de comisariados ejidales, tales como la de permitir la llegada de avecindados ajenos al ejido, la especulación de lotes, etc. Se pretendieron frenar estos abusos, mediante el Registro Nacional Agrario, permitiendo el usufruto; pero no la propiedad de las tierras ejidales, y esto, durante un tiempo máximo de cuatro años -que luego se fue prolongando mucho- (Diario Oficial, 25 de mayo 1954). Esto se dio bajo el control de los comisariados ejidales y funcionarios agrarios, que se fueron convirtiendo en agentes de comercialización. Esto se llevó a cabo mediante la llamada “segregación”, mecanismo posibilitó que, en pocas décadas, fueran aumentando las superficies sujetas a este régimen, así como las personas beneficiadas ajenas a los ejidos (los hijos de los ejidatarios y a otros a quienes se denominaba “colonos”), y fue así que se llegaron a formar “colonias populares” con situaciones de tenencia irregular de la tierra. Para la zona urbana ejidal de Tlalpan, el 9 de mayo de 1959 se le dotó de una superficie de 180,000 m2 de tierra urbano ejidal, y el mismo día se le permitió la “segregación”, y ese mismo día se le otorgaron sendos lotes de 5,000 mts2 a 238 ejidatarios y a un solo avecindado. Las “resoluciones de segregación” se dieron en los años 50s, durante un largo periodo, de entre 20 y 30 años a partir de su dotación de tierras, por lo que, al parecer lo que intentaba el reglamento era regularizar posteriormente una mera situación de hecho. Regresando al ejemplo de la Colonia Hidalgo, como dijimos, la segregación de dio en 1959 para 236 los de ejidatarios y un avecindado. La regulación de la tierra por la CORETT llegará hasta el 31 de enero de 1976 (17 años después). El número de lotes había aumentado hasta los 2,745 en superficies promedio de 169 X 81 X 80 mts.
  • En el reglamento, se destinaban algunos lotes para servicios comunitarios (campo deportivo, mercado, parcela escolar). Obviamente estos lotes eran insuficientes, por lo que se fueron agregando otros (oficinas para el comisariado ejidal, lavaderos públicos, telégrafo, etc.), por eso no tuve problemas para que se adjudicaran algunos para nuestras capillas de sector.
  • Para la adquisición o fraccionamiento de lotes o de tierras ejidales por los avecindados, los comisariados ejidales de Tlalpan se valían de tres medios:
    • Renta en trabajo o en dinero
    • Traspaso de lotes: Se tramita ante el Comisariado un cambio del nombre del beneficiado (a veces, un pariente)
    • Venta directa: los daban a bajo precio, a veces, los compradores lo prestaban a algún cuidador, para especular con el lote.
  • El trabajo no remunerado era la forma más usual, y se trataba de la explotación de mano de obra. La zona ejidal en la Ampliación Miguel Hidalgo era de encinas y piedra volcánica (de la erupción del volcán Xitle). Para hacer habitable la colonia, era preciso aplanar el suelo (en base de pico y barreta) y realizar el trazado de calles. Un gran trabajo, que no se descontaba del precio a pagar, como era lo acordado. Cuando ya se tenía el trazado, se adjudicaban los lotes por sorteo (las esquinas podían revenderse). Yo aprovechaba las faenas para celebrarles la misa en los tres sectores de arriba. A mi llegada, interrumpían su trabajo, recargaban en el altar sus herramientas, y luego, aprovechando el tema del evangelio, hacía conciencia de la situación e informaba sobre los demás sectores.
  1. Efectos en el interior de la organización y comunidad ejidales:
  2. Desde 1950 -cuando se permitió la llegada de avecindados y se fracciona la zona urbano ejidal-, se da una trasmutación de los comisariados ejidales: pasan, de una situación de usufructo agrícola de la tierra, a una relación de propietario particular; su derecho de usufructo a la parcela que les da sustento, se transforma en el derecho a percibir una renta del suelo. No se puede decir que el ex ejidatario sea ahora un capitalista; pero sí se ha convertido en un sector improductivo de carácter rentista, especulativo y agente de comercio ilegal del suelo ejidal. Sus ojos ya no ven la tierra laboral como “valor de uso”, sino que ahora la ven como “valor de cambio”.
  3. Con las expropiaciones del Estado y las permutas con propietarios particulares, los ejidatarios sufren un proceso de descampesinización e individualización. La mayor parte se ve obligada a asalariarse para subsistir o a vender su fracción de 5 000 metros cuadrados (el comisariado ejidal se convierte en un sector pequeño burgués: propietario de comercios, alquilando pequeños cuartos o vendiendo lotes.)
  4. Por las posibilidades de control económico e influencia política, se agudiza la lucha interna por ocupar el cargo de comisariado ejidal, lo cual ocasiona el monopolio familiar de su control, propiciando la especulación con los lotes (algunos tienen dos o más adjudicaciones traslapadas, con el cambio de autoridades); o por conflictos entre los ejidatarios que poseían las tierras cultivadas y los que buscan la comercialización del suelo.
  5. Mayor participación de los miembros de la burocracia agraria en los procesos de especulación. En el caso del ejido de Tlalpan y la formación de la colonia Miguel Hidalgo, se repartieron lotes a funcionarios y trabajadores del Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización (DAAC), a empleados de Ferrocarriles Nacionales, «aviadores» del PRI e incluso a numerosos agentes de la policía judicial.

La regulación de la tierra en tiempo de Echevarría

  • En noviembre de 1974 la CORETT se reestructuró, convirtiéndose en un organismo público, descentralizado, de carácter técnico y social, con personalidad jurídica y con patrimonio propio (Diario Oficial del 8 de noviembre de 1974). Para facilitar los objetivos de la CORETT, se reformaron los artículos 117 y 122 de la Ley Federal de la Reforma Agraria, con lo que se le otorga capacidad amplia para regularizar las áreas donde existieran asentamientos humanos irregulares. En el sexenio de López Portillo se publicó en el Diario Oficial del 31 de abril de 1979, un decreto por el cual se reestructuraba la CORETT, creándose la comisión coordinadora para la delimitación de superficies ejidales y la irregularidad.
  • Según los motivos propagandísticos, la regularización de lotes no sólo era aceptable, sino incluso necesaria: ante la llegada masiva de campesinos a la Ciudad de México se suscitó una fuerte crisis de vivienda producida por el crecimiento de la ciudad. A los colonos y avecindados les proponía regular el necesario desarrollo urbano de manera ordenada y legal para que pudieran vender, ofreciéndoles falsamente mayor seguridad (en realidad, la perdían). A los ejidatarios, les tranquilizaba diciéndoles que, para ellos, el proceso sería de forma gratuita, y que la indemnización que recibieran iría al “fondo común” del ejido, para que posteriormente lo pudieran utilizar para inversiones agrícolas o turísticas. Así pues, se expropiaron algunos segmentos de ejidos en las zonas campesinas del Distrito Federal.

CUESTIONARIO

  1. ¿Qué diferencias hay entre tierras privadas, tierras comunales y tierras ejidales?
  2. Desde que se planteó la convivencia de regular cambios en la tenencia de la tierra, sin alterar el orden capitalista (Código Agrario 1942), y permitir tierra en usufructo por cuatro años (Registro Nacional Agrario en el Diario Oficial del 25 de mayo de 1954), y la mentada “segregación”, la regularización de la tierra en las zonas urbano ejidales se fue dando a través de numerosos abusos. ¿Puedes indicar algunos de estos?
  3. El trabajo no remunerado de los colonos en la nivelación de los terrenos de la Ampliación Miguel Hidalgo, se suponía que contaba como parte del precio del lote una vez regularizado; sin embargo, esto se prestó a varias injusticias. Señala algunas.
  4. ¿Qué efectos tuvo el proceso de regularización al interior de la comunidad de ejidatarios misma?
  5. La reestructuración de la CORETT de 1974 se justificaba, ante los colonos, ofreciéndoles mayor seguridad para el uso de su lote, y a los ejidatarios, sugiriéndoles que la indemnización se iría al “fondo común”, para aprovéchalo en inversiones agrícolas o turísticas

[1] BEJARANO GUTIÉRREZ, Fernando: “La irregularidad de la tenencia de la tierra en las colonias populares (1976-1982)”. En “Revista Mexicana de Sociología” pp 797-827, México

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