Mt 10, 37-42
- Jesús no fue un demagogo, ni un propagandista religioso en busca de prosélitos. Ciertamente su utopía es seductora y cautiva, y que promete que sus seguidores serán bienaventurados; pero no les ofrece tranquilidad ni confort. Jesús es muy exigente. A diferencia de esos políticos mexicanos que persiguiendo un “hueso”, reparten despensas, regalos o tarjetas electrónicas a quienes voten por ellos, a Jesús no le interesan los “números” o cantidad de discípulos, sino más bien demanda de ellos la entrega absoluta a su proyecto sobre cualquier otro afecto, interés u objetivo: Pocos; pero buenos. La semana pasada les exigía valentía a denuncias riesgosas. En el evangelio de hoy da una consigna que ahora nos parecería escandalosa o irracional; pero que en su tiempo lo fue mucho más: Imaginémonos a un hombre, por importante que fuese (un obispo, un predicador televisivo, por ejemplo) que nos dijese: “el que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí”… simplemente lo tendríamos por un “deschavetado”. Por supuesto no se trata de comparar afectos asignando cantidades desiguales: pienso que más bien lo que quiere Jesús es que nuestro amor a nuestros parientes y seres más queridos se desde DESDE ÉL; desde su nuevo proyecto religioso.
- De todos modos, ese amor implica una preferencia incomprensible. Jesús pide la radicalidad extrema: preferir su causa sobre la propia vida: “el que salve su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la salvará”: Todos nos preocupamos por el sentido de nuestra existencia: salvar nuestra vida del sin sentido… De hecho, solemos tener como prioridad absoluta salvarla, y la forma como lo hacemos es defenderla a cualquier precio, aferrarnos a las seguridades de la vida (la solidez económica, las relaciones sociales, el trabajo estable, el seguro de vida, de salud o de vejez, las medidas de protección contra robos, etc. Sin embargo, tales seguridades son demasiado precarias (hackeo de cuentas bancarias, extorciones, amistades influyentes que caen en desgracia). A tales afanes Jesús prefiere a los aventureros flexibles, aquellos que saben improvisar, aquellos que saben arriesgar la vida en pro del ideal que vino a proponer. Quizás estos tales vivan menos; pero su vida tiene un mayor sentido. ¡Vale la pena! La propuesta de Jesús es sólo para aquellos que se buscan los problemas y las dificultades que lleva aparejado su seguimiento: “quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí”. Es para quienes en lugar de eludir las contrariedades las buscan precisamente para evitárselas a los más débiles.
- Aunque si bien es cierto que a todos sus seguidores les pide su entrega total, las circunstancias colocarán a algunos de ellos en situaciones que brinden mayores oportunidades. Tales situaciones mucho dependen del azar, del momento o –quizás- de sus disposiciones y capacidades. Aquellos luchadores sociales, líderes de movimientos, defensores comunitarios, teóricos de relieve que clarifican procesos, etc., son personas muy valiosas para la causa del Reino, y si nosotros no podemos hacer lo que ellos hacen, o si no estamos nosotros en su situación, por lo menos apoyémoslos y hagámoslos más fuertes, para que defiendan mejor. Esto no es desdeñable; una bonita tarea solidaria, “defender a los defensores”, recibir, esconder o proteger a esos grandes luchadores. Jesús dice que incluso “dar un vaso de agua fría a un profeta en cuanto profeta, merece un premio de profeta”; “recibir a un justo por ser justo recibirá recompensa de justo”. Así como esa pareja de Sunem que recibía a Eliseo cuando iba a aquel poblado, a quienes el profeta les concedió la descendencia anhelada. Es la solidaridad que encuentran siempre los que entregan plenamente su vida a una causa noble.