A-14 ALEGRÍA, ENCRIPTADA PARA “ENTENDIDOS”, DESCIFRABLE PARA LOS SENCILLOS.

Mt 11, 25-30

  • Jesús se encuentra entusiasmando a sus discípulos con su ideal, y de pronto, interrumpe su prédica y dirige espontáneamente una oración a su Padre. San Mateo, en la perícopa de hoy, nos obsequia con el único registro de una oración de Jesús que disponemos (el “Padrenuestro”, en realidad, fue un discurso didáctico ante una pregunta que le hicieron). Por lo tanto, resulta de interés para nosotros -cristianos que nos esforzamos por imitar al Maestro-, atender a ésta, su forma peculiar de oración.
  • Llama la atención que se trata de una oración de acción de Gracias, y por lo tanto, es una oración alegre y jubilosa. Hay una anécdota sobre la curiosidad del sabio abad de un monasterio, intrigado por dos monjes -ambos piadosos, ambos ejemplares, ambos amigos-; pero que sin embargo tenían de caracteres totalmente opuestos; uno de ellos vivía siempre alegre y el otro, apesadumbrado. Al observarlos mejor descubrió que la razón de la diferencia de su humor estribaba en su modo de orar. El primero hacía oración de acción de gracias y el segundo, oración de petición. Quien da gracias se fija en el bien que posee, y eso da alegría; quien pide o demanda se fija en el bien que carece y esto genera frustración.
  • ¿De qué da gracias Jesús? Es que de momento cayó en la cuenta de que su auditorio estaba compuesto exclusivamente de gente sencilla; que no había entre sus discípulos “sabios ni entendidos”, y esto le agrada, pues finalmente la Palabra llegó a los receptores a quienes estaba destinada: los pobres, los sencillos, los sufrientes, las víctimas… Para ellos su mensaje es εὐ αγγέλιον [euangelion], (“buena noticia”).
  • Su alegría es la misma que la de los fieles israelitas, expresada por Zacarías: “Alégrate sobremanera, hija de Sión; da gritos de júbilo, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti, justo y victorioso, humilde y montado en un burrito”… No se trata de un general victorioso montado en su corcel, sino de un anuncio de tiempos de paz, que sólo puede ser construida desde la sencillez y la justicia.
  • La alegría es un sentimiento positivo vinculado con otros similares, con matices específicos. Por un lado están sentimientos de euforia, derivados a veces de causas bioquímicas, como los niveles de serotonina y otras sustancias producidas por nuestro cuerpo mismo, y esto lo expresan términos tales como “estar contento”, gozo y la exaltación del júbilo. Otras veces se trata de estados más permanentes y espirituales, como la serenidad, la tranquilidad, el bienestar, etc. En nuestro tiempo van siendo frecuentes las situaciones negativas ocasionadas por elementos externos, tales como la depresión o el estrés, ocasionados por entornos adversos, como la rapidización, el aumento considerable de tareas que la vida moderna nos impone (aunque parece que la maquinización ahorra tiempo) y sobre todo, esa sensación de orfandad o desamparo a que la producción industrial condena al trabajador, “liberado” de aquellas corporaciones que antaño lo protegían y limitaban (la familia extensa, la parroquia, el gremio, la gleba, la comunidad rural, etc.). El individuo solitario, inerme, se siente agobiado por demasiados peligros y abusos sufridos y trata de buscar seguridades que no encuentra.
  • Las semanas anteriores vimos las exigencias de Jesús a sus seguidores a quienes invita a sumarse a su causa. Les augura trabajos y problemas; ahora, en cambio, los conforta: Sí habrá yugo (como el que se pone a los bueyes para arar); sí habrá carga (como se pone sobre los burros); pero estos son suaves y ligeros. Nos invita a poner en Él nuestros afanes, pues es “manso y humilde de corazón”. Los místicos testifican hasta la saciedad la utilidad de la oración para mantener la serenidad en medio de las preocupaciones de la vida. Cuando uno es conciente de estar haciendo la voluntad del Padre, y cuando uno restringe sus deseos y ambiciones, se puede vivir sin estar agobiado ni afligido. ¡Intentémoslo!

Deja un comentario