B-32 EL SER Y LA APARIENCIA

Mc 12, 38-44

  • Se dice que el rostro es la ventana del alma; que la altura espiritual se refleja en el semblante de una persona. Puede ser verdad; y por lo mismo, cuando no se tiene suficiente calidad, se despierta mucho interés por parecer lo que no se es. Vivimos un mundo en el que el ser y el aparecer se escinden; la apariencia no refleja el ser, sino que más bien lo esconde; “las apariencias engañan”. ¿Qué sentimientos tiernos se ocultan detrás de un rostro hosco? ¿Qué traiciones anidan detrás de una sonrisa al parecer ingenua? ¿Qué soledad enmascara un vestido lujoso adornado con joyas? ¿Qué calidad humana y sabia se oculta en aquel anciano indígena? ¿Qué fachada de inseguridad y miedo esconde el cuerpo intimidante o amenazador del adolescente tatuado y perforado por piercings? ¿Qué vacuidad de cerebro subyace bajo el peinado de estilista? ¿no disimula el vacío existente dentro de ella?
  • Hay varios mecanismos de ficticio parecer destinados a disimular o engañar. En primer lugar, los signos de status: el “tener” contrapuesto al “ser”: reloj de oro, joyas, ropas de diseño personalizado, auto caro… objetos inaccesibles para la mayoría, exhibidos para impresionar: si su propietario gana tanto dinero, debe ser importante, es que vale más: “como te ven, te tratan”.
  • Otro tanto sucede con los símbolos de prestigio religioso: los ornamentos sagrados en los sacerdotes de todas las religiones; vestidos complicados reservados a ellos en exclusiva, no son sólo muestra de distinción entre lo sacro y lo profano -la separación más antigua-, sino que se utilizan como legitimación o aspecto de santidad.
  • Jesús presenta dos cuadros al respecto: el primero, los escribas paseando por las plazas con amplios ropajes y reclamando los primeros lugares en las sinagogas o en los banquetes. Eran reverenciados en las calles, pues las personas los tenían como “hombres de Dios”. Esto es la apariencia; pero su ser, era un corazón ambicioso y duro (se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos). En cambio, hay viudas que parecen pobres; pero en realidad son ricas, pues tienen más capacidad de dar más; se dan ellas mismas, como la viuda que alimentó a Elías con lo último que le quedaba en la tinaja. Rico no es el que tiene mucho, sino el que sabe dar.
  • El segundo cuadro, desde el revés, muestra una colecta por la reconstrucción del templo, para la cual se organiza una pasarela de grandes donadores. Un escriba de “amplios ropajes” va anunciando los nombres. Llega un gran terrateniente, con varios camellos con sacos de trigo. La gente embobada aplaude. Sigue otro gran funcionario, con su séquito de esclavos cargando varias vasijas de plata… Nadie (salvo Jesús) apenas se fijan en una pobre mujer; viuda y por tanto, indefensa y pobre, quien deposita en la alcancía dos pequeñas moneditas. En apariencia, casi no dio nada; pero Jesús percibe la entrega de toda su vida, ella se dio con esas moneditas (todo lo que tenía para vivir), con ellas se encomendaba a las manos de Dios. Aquellos ricos que hacían donativos al templo, más que “dar”, invertían en prestigio. No todos los pobres son desprendidos. Hay algunos que se aferran a sus vejestorios, basuras que para ellos son signos de seguridad, de posesión de algo familiar.
  • Juzgar a alguien por su apariencia es como juzgar a un libro por su cubierta, o comprar un producto de mala calidad por su empaque atractivo y su publicidad engañosa. Ante este culto por las apariencias, habría que enfatizar la autenticidad, la transparencia congruente entre el ser y la apariencia. No dejarse encandilar con lo ilusorio o postizo. Si vemos las realidades con los ojos de Dios, todo resulta transparente.
  • En lo político, funcionarios o candidatos cuidan de la apariencia para encubrir una pobreza sicológica o moral. Recuerdo lo que se comentó sobre el debate televisivo previo a las elecciones de 1994, de cómo los asesores de imagen se preocuparon del color de la corbata o la sonrisa forzada de los candidatos, más que en sus mensajes. La TV es una fábrica de apariencias,

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