B-33 ¿SE ACERCA EL FIN DEL MUNDO?

Mc 13, 24-32

  • En algunos comercios comienzan ya a aparecer símbolos navideños. El calendario litúrgico marca que este ciclo está próximo a cerrarse (El Adviento comenzará el primer domingo de diciembre). A la liturgia, pues, le parece pertinente una reflexión sobre “el fin de los tiempos” o “el fin del mundo”
  • “El sol se apagará y la luna no dará brillo”. Científicamente comprobado: nuestro sistema planetario no es eterno. La edad del Universo se calcula en unos 13,700 millones de años; la Tierra se originaría hace unos 4,470 millones, y el sistema solar tiene más o menos la misma edad (la Luna tiene entre 95 y 35 millones de años tras el inicio del sistema solar). Faltarían, según cálculos científicos, otros 5,000 millones de años para que el Sol se apague y por tanto, que la luna (si queda) deje de reflejar la luz solar. No sería improbable que antes algún gran meteorito (“estrella cayendo del cielo”.
  • “La gran tribulación”– Muchísimo después: cuando ya no existan condiciones para la sobrevivencia de la especie humana (“el fin del mundo” humano). Vivimos un Planeta con recursos limitados y la demografía, como preveía Malthus, puede provocar que supere dichos recursos.
  • Pero además, la irresponsabilidad, la ambición y falta de previsión humanas están acelerando mucho ese momento. Hay quien piensa que estamos al borde (si es que no llegamos ya) a un punto de “no-retorno”, por ejemplo, en el calentamiento global: de no haber correcciones a tiempo, podría poner en peligro al plancton de los océanos (la vida subacuática). El agua potable podría llegar a su límite, al menos en algunas megápolis, como Sao Paolo o ciudades de California, al punto de un colapso hídrico. La desaparición de especies necesarias para el equilibrio ecológico, los desechos industriales estarían contaminando el aire y el agua a límites desconocidos. Algunos eventos de extinción masiva, en los que los desastres medioambientales irán acompañados de violencia, como las guerras actuales… En fin, algunos imaginan la distopía final para este mismo siglo.
  • “Entonces verán venir al Hijo del Hombre sobre las nubes (divinidad) con gran poder y majestad”.- El “juicio final”. Cuando muera el último sobreviviente de la especie, la aventura humana habrá terminado en la Tierra, con la “resurrección de la carne”. Así como hay un juicio individual, el Señor de la Historia también nos juzgará como especie: “A ver, hijitos: ¿Qué hicieron ustedes con este Planeta, que yo les di bien bonito?” Las respuestas se individualizarán, separándose los seguidores de Cristo y el de los del Anti-Cristo, sin ubicar ideológicamente quienes estén a la Derecha y a la Izquierda. El criterio del juicio no serán los diez mandamientos, sino las “obras de misericordia”, según haya sido la actitud preponderante respecto a las víctimas. Obviamente esta separación no es tan tajante, pues la línea de separación entre víctimas y victimarios pasa por en medio de cada uno de nosotros.
  • Nadie conoce el día ni la hora. Ni los ángeles del Cielo, ni el Hijo. Solamente el Padre”. Una curiosidad apremiante es el cuándo y el cómo del fin del mundo. Jesús mismo dice desconocer esto:
  • Cuando las hojas de las higueras se ponen tiernas y brotan las hojas, es señal de que el verano está cerca”. No es previsible el cuándo, ya que depende de la libertad humana. Pero se nos insta a estar atentos a los signos de los tiempos: a los indicadores económicos, ecológicos, políticos y culturales, no sólo del polo dominante, sino también del polo alternativo -el de los movimientos contestatarios y de resistencia-, que se suele ocultar y dejarse en la invisibilidad, pero que ciertamente están operando. Estamos en un conflicto apocalíptico: El Espíritu de Cristo o el espíritu del anti-cristo
  • “No pasará esta generación sin que todo esto suceda”. Es probable que la profecía haya aludido también a la destrucción del “mundo” judío: la destrucción de Jerusalén, a manos de Tito, en el año 70 de nuestra era Visto desde el fin de la historia, podemos considerar cuál es nuestra misión generacional en el momento actual.
  • Podrán dejar de existir el Cielo y la Tierra; pero mis palabras no dejarán de cumplirse”. Es seguro que la historia tendrá un final. Cada cual está colaborando con su granito de arena a cualquiera de los dos proyectos: sea acelerar la destrucción con tal de beneficiarse de privilegios egoístas ambiciosos, sea colaborar por el proyecto de “desarrollo sustentable”, de un mundo que se garantice para el mayor número de generaciones futuras posibles, aprendiendo a vivir dentro de los límites del crecimiento, en el equilibrio, en la justicia y la solidaridad. Así podríamos retrasar el “fin del mundo” por varias generaciones más, pues la Tierra sigue teniendo recursos suficientes: “Mira, Señor, nos costó trabajo aprender a cuidar nuestra Casa Común, a resolver nuestros conflictos con el diálogo, a organizar nuestra economía desde los más vulnerables…; pero finalmente “nos cayó el veinte”. Aquí tienes la Tierra que nos diste.” Y nos dirá: “Vengan, benditos de mi Padre, a disfrutar del Cielo que les tengo preparado”, y gocen de los “nuevos cielos y la nueva Tierra”

Deja un comentario