1. CREDO

  • El mundo comenzó el año 2024 con una población de 8,204 millones de personas, entre las cuales, había 1,390,000,000 de católicos (13 millones más que en 2023), si bien, porcentualmente, disminuimos un 0,06%, (los católicos representamos actualmente el 17,7% de la población mundial). Desde que Jesucristo fundó su Iglesia hasta la fecha, la Iglesia ha cambiado mucho; pero al mismo tiempo, sigue siendo la misma. ¡Cuántas teologías, cuántos movimientos apostólicos, cuántos institutos religiosos, ¡cuántas razas, culturas, ritos, ensayos pastorales!… Sin embargo, continuamos cohesionados en la unidad de una fe común. La Iglesia cree que esto se ha logrado gracias a que todos los católicos proclamamos este “corpus doctrinal” común , síntesis de nuestras creencias más importantes; que dicha síntesis sigue siendo un buen resumen de nuestra fe; que es compartido por todos- El “Creado” nos da identidad, en medio de tanta diversidad. ¿Será realmente así en el siglo XXI y en nuestros países latinoamericanos?  
  • Aceptemos, por lo pronto, esta suposición. De una u otra forma, en nuestras reflexiones teológicas seguimos remitiéndonos explícita o implícitamente a este “corpus”, que denominamos nuestro “kerygma” (κήρυγμα= “anuncio”, “proclamación”), un género literario bíblico presentado como “el anuncio de una “Buena Noticia” (Evangelio).​ Se supone que tenemos un núcleo que identifica a los cristianos para cualquier tiempo y lugar, según el adagio de Vicente de Lerinis: “Quod semper, quod ubique, quod ab ómnibus credatur” (“lo que se ha creído desde siempre, en cualquier lugar y por todos”), aunque ahora ya no se tache tan fácilmente de “herejes” a cualquier disidente. El kerygma es suficientemente flexible para que pueda ser reinterpretado en diferentes tiempos, lugares y teologías, a condición de mantener un punto de referencia común.
  • En el Nuevo testamento ya existían algunas fórmulas kerygmáticas iniciales: San Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, enuncia una fórmula que se repite, más o menos igual, en varios lugares de este libro (Hch. 2, 22-25 / 3, 12-15 / 4, 8-10/ 5, 30-32):

“Israelitas, oíd estas palabras: A Jesús el Nazareno, hombre acreditado por Dios ante vosotros por los milagros, signos y prodigios que realizó Dios a través de Él entre vosotros (como bien sabéis), lo matasteis clavándolo por manos impías, entregado conforme al designio previsto y aprobado por Dios. Pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte…” 

  • En este discurso, propagado reiterativamente por los apóstoles mismos, según los “Hechos de los Apóstoles”, se enfatizan algunos elementos:
    • Presentación de Jesús, como acreditado por Dios, mediante signos y prodigios.
    • Increpa a los judíos (sus autoridades): USTEDES lo mataron, entregándolo a los paganos para crucificarlo.
    • Dios mismo tomó partido: no por las autoridades, sino por Jesús mismo, resucitándolo de entre los muertos
    • Nosotros somos testigos de esto (su palabra acredtada)
  • Sobre el este “kerygma” inicial, se fueron complementando los dos “Credos” tradicionales:
SÍMBOLO DE LOS APÓSTOLES   Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos. Subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. AménCREDO NICENO-CONSTANTINOPOLITANO   Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, De todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Seño, Jesucristo, Hijo único de Dios, Nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y está sentado a la derecha del Padre. Y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.   Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, Que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.   Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.   Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

Fuente: Compendio del CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, n° 33

 El “Símbolo de los Apóstoles”. En los primeros años del cristianismo, al “kerygma” anterior se le fueron añadiendo otros enunciados, para complementar el “corpus” básico de la fe. Este Símbolo goza de la autoridad de San Ambrosio, obispo de Milán (c 340), quien afirmó que «es el símbolo que guarda la Iglesia romana, la que fue sede de Pedro, el primero de los Apóstoles, y a la cual él llevó la doctrina común.» Lo considera, además, como resumen fiel de la fe de los apóstoles. Será ésta la fórmula que tomaremos como base en el presente Curso.

  • Entre los siglos II y III hubo algunos compendios o resúmenes oficiales, testimoniados por los Padres Apostólicos y los apologetas, que dejaron entonces la forma histórica, y asumieron la forma abstracta propia de la dogmática (principalmente, fórmulas trinitarias y cristológicas). En aquellos siglos, la comunidad cristiana estaba compuesta mayoritariamente por griegos, y la filosofía más popular de la Grecia de entonces era una forma del platonismo -el “neoplatonismo”-, cuyo principal promotor fue Plotino. Este  filósofo griego nació en Egipto, en el siglo III, autor del libro “Enneades”. Su síntesis se basa en el idealismo platónico (las Ideas absolutas y eternas, de las que participaban los entes concretos de forma degradada), incorporando también elementos cristianos y orientales. Los discursos de aquellas corrientes griegas estaban llenos de símbolos cósmicos y de fórmulas bimembres (de dos partes): “Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios  verdadero”.
  • Ese fue el ambiente de los concilios Niceno (325) y Constantinopolitano (381). La principal necesidad que tenían los cristianos del siglo IV, era conocer el Misterio de la realidad íntima de Jesucristo IV. Esa curiosidad explicable les incentivaba una ardiente búsqueda –“fides quaerens intellectum” (la fe en busca de la razón, y la razón que clarifica la fe)-, realizada en un ambiente de bastante libertad, en el que circulaban especulaciones (algunas más importantes que otras). Los Padres Conciliares pretendían encontrar proposiciones claras que pudieran hacerse consensuar a la cristiandad y para ello, tacharon de “herejes” a sus contrarios. Un par de ejemplos:
  • Arrio(256-336) postulaba un solo principio divino -el Padre-, cuya primera creatura habría sido Cristo, quien no gozaba de divinidad y cuya misión habría sido la creación del mundo (una especie de Demiurgo platónico).
  • Pelagio(c 354), nacido en alguna isla británica, fue un monje virtuoso que nunca llegó a ser clérigo. Fue perseguido duramente por algunos sectores de la Curia Romana que gozaban de muchos simpatizantes (incluso, de San Agustín mismo), y fue ese sector el que acusó a Pelagio de hereje. Sus doctrinas tenían que ver con el “pecado original”, que más que “culpa”, sería cierto desorden con el que ya se nacía y que no merecería el infierno; mientras que la interpretación de sus adversarios parecía negar el libre arbitrio. Éstos, incluyendo a San Agustín de Hipona, afirmaban no el dicho “pecado” no se podía entrar al Cielo, por lo que había que bautizar a los niños lo antes posible.
  • Actualmente, hay mucho interés entre los especialistas sobre los símbolos de la fe en la Iglesia primitiva. N.D. Kelly, [1] afirma no haber encontrado evidencias de que en los tiempos del Nuevo Testamento existieran credos estereotipados intocables; pero parece que ya en el tiempo apostólico hubo un cuerpo doctrinal definido, vinculado al rito bautismal.
  • Entre los siglos II y III ya hubo compendios o resúmenes oficiales, testimoniados por los Padres Apostólicos y apologetas, principalmente fórmulas trinitarias y cristológicas, las cuales, más bien parecen ser compendio de la teología popular de entonces (el Espíritu Santo y la Virgen María). El segundo Credo comenzó a formularse en el Concilio de Nicea (365), con la presencia del emperador Constantino), y ya con esta versión se recitaba en la liturgia de Antioquía a finales del siglo v, y en Constantinopla desde 511. El III Concilio de Toledo (589), lo oficializó para toda la cristiandad y lo introdujo en la liturgia. Cuando Carlomagno convocó un Concilio en Aquisgrán (809) quiso obtener la aprobación papal de la decisión conciliar de incluir en él la cláusula “Filioque”;[2] pero el papa León III se opuso y sugirió no incluir este Credo en la celebración de la misa. No fue sino hasta 1014, con motivo de su coronación de Enrique II como emperador del Sacro Imperio Germánico, que el Papa Benedicto VIII Aprobó la recitación del Credo en la misa. En este Curso, nos referiremos a él cuando sea necesario.
  • Actualmente, el Credo Niceno-Constantinopolitano es aceptado por todas las Iglesias orientales (incluso las Ortodoxas); también lo aceptan las Iglesias Reformistas de Occidente: la Iglesia Anglicana actual autoriza tres credos: el Símbolo Niceno-Constantinopolitano, el Símbolo de los Apóstoles y el Símbolo Quicumque. La Iglesia metodista, aunque su fundador, John Wesley, no admitió las tres versiones anglicanas, el Símbolo de los Apóstoles se insertó en 1896. La Iglesia Luterana: en Alemania, recitan el Símbolo de los Apóstoles en su liturgia; pero en Estados Unidos, también el Niceno-Constantinopolitano para las ocasiones más solemnes.

El Credo, no obstante su utilidad para unificar un “corpus” esencial de fe, representa desafíos pastorales para nuestro tiempo. La mentalidad moderna –especialmente las nuevas generaciones- no se sienten tomados en cuenta en estos signos, para la identidad confesional, No obstante que se sigan reconociendo como católicos y que sigan recitando el credo en la misa, algunas de cuyas frases les resulten incomprensibles. Ante esto, pienso que se requieren estímulos para reformular nuestro credo, que expresen los las creencias que ya gozan de consenso generalizado de nuestra Iglesia, para que realmente sean identitarios para la comprensión de nuestra fe. Esto es, precisamente, lo que intento con el presente curso sobre El Credo. He procurado en este curso, combinar la fidelidad doctrinal con la audacia interpretativa. Quizás no se logre del todo; pero es así como entiendo mi fe católica. Ojalá pueda suscitar otras interpretaciones que complementen o corrijan esta presentación, o que estimulen la audacia de ir más adelante y hacer más “creíble” nuestro “Credo” a las nuevas generaciones.

Cuestionario

  1. ¿Entiendes el Credo que proclamamos en las misas?
  2. ¿Sientes que nuestro “credo” expresa tu identidad confesional actual?
  3. La preocupación eclesial del tiempo del “Credo” es diferente a las del momento  actuales, ¿Cuáles te parecen las más apremiantes para los cristianos del siglo XXI?
  4. Después de esa clase, escribe tu propio credo

[1] N.D. Kelly, Primitivos credos cristianos (Secretariado Trinitario 1980 ISBN 9788485376261), pp. 433–434

[2] “Filioque”= que procede del Padre “y del Hijo”, en referencia a que el Hijo es la Palabra del Padre, y que de ambos procede el Espíritu Santo; mientras que las Iglesias de Oriente tienen una visión “Fontal”: el Padre engendra al Hijo y el Hijo, a su vez, al Espíritu Santo. La inclusión del mentado término provocó la ruptura de la Cristiandad y fue el origen de las Iglesias Orientales “ortodoxas” o cismáticas.  Es opinión común de que hubo un motivo político de fondo, pues las Iglesias Orientales se consideran “Iglesias Madres”, es decir, fundadas por apóstoles, y por tanto, sus Patriarcas no tienen por qué obedecer a su par, el Patriarca de Occidente (el Papa).

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EL TIEMPO Y LOS AÑOS: El Año Nuevo

Tres temas ocupan nuestra atención el día de hoy.

  1. Primer tema: el Año Nuevo civil.
  2. Reflexionaremos sobre el tiempo que transcurre. Según los filósofos, el tiempo no existe

(no hay un super-reloj cósmico que registre todos los sucesos históricos). El tiempo es una construcción humana (un “imperativo categórico”, lo llamó Kant), de modo que sin los humanos, no habría tiempo. Lo único que existe es el movimiento:

los movimientos de rotación y de traslación de la Tierra) el movimientos del devenir de la vida (las “edades”,  del nacimiento y desarrollo hasta el deterioro normal del organismo: la decrepitud y la muerte).

  • La conciencia del tiempo que pasa y su medición para fines utilitarios laborales, únicamente son posible comparando dos movimientos: las abuelas sabían que unos buenos huevos tibios se preparaban rezando despacio un credo a partir del primer hervor. La forma más práctica es tomar como referencia  los movimientos de la Tierra:  1) el de rotación: la aparente marcha del sol, desde su salida hasta el ocaso ( el cavernícola, salía de su cueva cuando el sol salía, para aprovecharlo. Notaba que llegaba hasta el zenit y luego comenzaba a bajar; al llegar a cierto punto en referencia a algunas montañas, sabía que ya era momento de emprender el camino de regreso,  para llegar a su cueva antes de que anocheciera). Para medirlo con precisión, el antiguo Israel (y luego, los monjes medievales) dividían el “día” en 12 y 24 horas (los mazatecos lo dividen en 7) 2) el movimiento de translación del Planeta: (un circuito completo alrededor del Sol, dividido, según los equinoccios y solsticios  (las “cuatro estaciones”). Es lo más  práctico para organizar las labores agrícolas ) para otras labores, se utilizan otros referentes: los pescadores saben que la luna llena es mala para la pesca y la luna nueva, es la mejor; los cazadores de aves, se fijan en las primeras migraciones, etc).
  • El grupo étnico wirrárika (huichol) son un pueblo seminómada: Una vez terminada la siembra –como el terreno suele ser pequeño para que la milpa alcance para todos los  habitantes, los varones dejan en la aldea a las mujeres, niños y ancianos, y pasan buena temporada del año sobreviviendo en el desierto de la recolección y la cacería. Cuando aparecen los primeros peyotes, saben que es momento de regresar a la aldea para la levantar la cosecha. Después de flechar al primer peyote, van a cazar un venado y regresan al pueblo para hacer su fiesta (de ahí la trilogía maíz, peyote y venado). Como se ve, el ciclo laboral de los huicholes no se rige por los astros, sino por su planta mágica.
  • La cuenta de los años toma como referente un acontecimiento de especial envergadura: los romanos, la fundación de Roma, en China o la India, hay otras fechar de referencia; pero en la actualidad, se ha tomado como referencia el nacimiento de Jesús, distinguiendo A.D si es antes, o D.C. si es posterior.
  • Junto al “ciclo cósmico”, tenemos el “ciclo del individuo”: cada día, cuando me acicalo ante el espejo, me veo exactamente igual que el día anterior; pero cuando miro la foto de mi pasaporte viejito, noto cuánto he cambiado. Gracias a esto, distinguimos distintas etapas de la vida -niñez, adolescencia, juventud, adultez, etc.-, distinción importante para señalar las actividades generacionales. Por eso contamos cada recorrido del Planeta teniendo como referencia su posición del día de nuestro nacimiento, cuando cumplimos un ciclo (cumpleaños).
  • El año es la unidad cómoda para organizarnos, atendiendo sea al pasado, sea al futuro. Las empresas hacen sus balances del año pasado (ganancias y pérdidas), y planifican el año venidero (presupuestos). Podemos hacer otro tanto en nuestra “empresa espiritual”, contando como “pérdidas” nuestros pecados, fallas y equivocaciones –no para complacernos en un sentimiento patológico de culpabilidad, sino poniendo simplemente nuestro arrepentimiento en las manos amorosas de Dios, y otras pérdidas (partida de nuestros seres queridos, enfermedades, contingencias), y contamos como “ganancias”, todo aquello que nos permitió crecer en Sabiduría y Gracia, además de todos los demás beneficios que recibimos en este año, por los que hemos de dar gracias a Dios.
  • Respecto al año venidero, es ocasión para escribir nuestros “buenos propósitos” -unas pocas metas realistas en las diversas áreas de nuestra persona (salud, trabajo, familia, diversiones, etc.)-, pues si nosotros no nos proponemos metas, otros nos imponen las suyas. Esto es lo que nos hace crecer. Así podemos planificar a corto, mediano y largo plazo.
  • Hay muchas personas que viven al día (los jornaleros, los limosneros): sólo pueden planificarse a sí mismos en una jornada. Otros trabajadores (como los albañiles), planifican una semana para ellos y su familia (la “raya”). Los maestros planifican el curso para su grupo durante un semestre. Las empresas, algunas familias o comunidades religiosas, hacen un presupuesto anual. Los Gobernantes (civiles o religiosos) piensan en su pueblo o en institutos religiosos, para un sexenio; los economistas visionarios piensan más ampliamente -¿Qué será de América Latina cuando yo ya haya muerto? ¿Qué será del mundo después de que los hijos hayan muerto? Entre nuestra planificación sea más amplia –temporal y espacialmente- tendremos mayores probabilidades de éxito. Para nuestra vida es conveniente plantearnos el momento de morir, y desde allí, planificar lo que los años que nos permitan realizar (como enseñaba San Ignacio).
  • Segundo tema: Santa María Madre de Dios.

La necesidad de registrar momentos importantes del pasado dio pie a los calendarios. Diversas sociedades toman como referente un hecho histórico importante (v.gr., la fundación de Roma). El calendario que se impuso en todo el mundo fue el calendario cristiano -el nacimiento de Jesús-, y este fue el eje de la historia que dividió la cuenta de los años hacia adelanta o hacia atrás (A.C. y D.C.).

En la Navidad, celebrada hace ocho días, el Verbo irrumpió en la historia, entró en el tiempo. La eterna divinidad se hizo temporal, al encarnarse en el vientre de una Mujer. Ella fue madre de Jesús, y siendo así que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre, de algún modo podría decirse que es la “TEOTOKOS”, la “madre de Dios”, como dijeron los padres conciliares en Éfeso, y esta es la fiesta litúrgica que celebra hoy la Iglesia. Por supuesto no se trata de una diosa-madre que engendrara a la Divinidad. Este es el misterio que hoy celebramos, que tiene que ver con la relación entre tiempo y eternidad. Dios es Eterno, existe totalmente en otra dimensión que la temporal: en un continuo presente (que nosotros no lo podemos imaginar). El Verbo, “por quien todo fue hecho”, es “el que es, el que fue, el que será”.

  • Tercer tema: La 57 Jornada Mundial por la Paz 2024

Hace 57 años, el Papa Pablo VI inició estas jornadas para el Año Nuevo, dedicadas a la paz mundial. Este año, el Papa Francisco nos envió su mensaje, con el siguiente tema:

 “Cómo la I.A. puede contribuir a la resolución de los conflictos y de las injusticias, como aportación para la fraternidad humana, y cómo precaver de la desinformación y los controles sociales”.

  • Ventajas de la I:A. Ahorro de energías y de trabajo humano. La robótica está muy avanzada: ya hay máquinas que aprenden solas, robots que “piensan” (calculan) y que toman decisiones.
  • Controles sociales, dejamos por todas partes nuestros “rastros o huellas digitales” (en el celular (ni se borra, ni se apaga nunca), Banco (deposito, cada cuando y cuanto se ingresa), Uber (a quien y frecuencia de contactos), farmacias (enfermedades), mega, soriana (tarjeta de puntos: qué como y cada cuando),etc.), los cuales quedan registradas en una Macro Bases de Datos (a la que 2 millones tienen acceso).
  • Habrá tres Castas:
    • La 2ª, no muy grande, recibe beneficios (narrar). (las ventajas de la robótica
    • La 1ª, programa los robots: este pequeño grupo puede programar al superrrobót (al que se le proporcionó la información demográfica y la totalidad de los recursos) para que, digamos, en 15 años, el grupo programador tenga las mayores riquezas posibles, y como los robots no tienen ni sentimientos ni moral, lo les importa dejar en el abandono al 25% de la población. Pero también es posible para otro grupo de programadores, utilizar la misma máquina y los mismos datos, para que todos los habitantes del Planeta satisfagan del mejor modo sus necesidades básicas
    • La 3ª, los parias o “población sobrante, que vivirán en peores condiciones que hoy (contaminación, agua, escasez de alimentos).
  • Riesgos: Inciden en nuestros hábitos mentales, educativos, sociales (consumo), políticos, etc. No son garantía de confiabilidad, mentiras, fomentan odios, desinformación, posverdad, fake news. Método lingüístico de “frecuencia verbal”.
  • Desafíos éticos: fiabilidad para lo político, idoneidad para el trabajo, para la reincidencia de un expresidiario, para capacidad de dar créditos, de asistencia social, del derecho de asilos. Estímulos y persuasiones, vigilancia exagerada.
  • Desafíos educativos: métodos de enseñanza (pandemia), disminución del sentido crítico. Para discernir los datos, Polarización y crispación de las redes sociales (las de uno, solamente); retornan los “miedos ancestrales”. Para la cultura: nuevos hábitos laborales.
  • Internacionales: Necesidad de una guía ética, de una legislación mundial para DDHH, para JPIC; para las desigualdades entre países.

“LAS BIENAVENTURANZAS”:

SUGERENCIAS GOZOSAS PARA EL PACTO CONSTITUCIONAL DEL NUEVO PUEBLO DE DIOS[1]


  1. Qué es un “pacto constitucional”.
  2. “Las Bienaventuranzas”, como sugerencias gozosas para el nuevo Pueblo de Dios”

I ¿QUÉ ES UN PACTO CONSTITUCIONAL?

  • La filosofía política de los siglos XVII y XVIII discutía si el ser humano era malo o bueno por naturaleza. Hobbes optaba por lo primero (“homo homini lupus”), mientras que Locke optaba por lo segundo. En el trasfondo de la discusión subyacía el relato del Génesis -entonces conocido por todo mundo (el padre de Hobbes fue pastor luterano)-, y la respuesta dependía de si el supuesto “estado de naturaleza” se refería a la situación de antes o de después del pecado original.
  • La mitología del Génesis comienza con el relato de la creación. Cuando, desde el proceso evolutivo ya se había gestado al homo sapiens – “corona de la Creación”-, y Dios ya le había dado a éste, el mandato de “custodiar” la Tierra, no de “dominarla” (como suele traducirse, implicando apropiación), la estaba encomendando este Planeta, que reunía en forma maravillosa las condiciones óptimas para la vida, para que fuera su continuador en la creación, incluyendo dentro de la palabra “Tierra” a su propia especie humana, a la que habría que darle un cierre. Al crear al ser humano a su “imagen y semejanza”, y siendo la libertad parte de la naturaleza divina, ésta facultad sólo comenzaría existir cuando se ejerciera un acto libre, que siendo el primero, habría de definir a toda la nueva especie, o bien, decidir entre una forma de relación en la que cada miembro de la especie se corresponsabilizara de todos los demás y que los más fuertes protegieran a los más débiles (que ya de alguna forma embrionaria, existía en ciertas prácticas parecidas entre algunos homíninos antecesores (v.gr., los “bonovos”, cuyo liderazgo lo tienen las hembras, más inclinadas a cuidar y a proteger); o bien aquella otra forma de relación en la que el poder de dominación se ejerciera por los más fuertes (como también sucedía ya con otro antecesor, los homíninos chimpancés, en la que el Macho Alfa se queda con lo mejor de la comida y monopoliza a las hembras)…..
  • Ambas posibilidades eran viables; aunque Dios dejó clara su preferencia por la primera opción, advirtiéndoles que, “si comían del fruto del árbol del Bien y del Mal, morirían”. No se trataba, por supuesto, del mero “perecer”, condición esencial de todo ser viviente (de no perecer, ya se habrían agotado los recursos de un Planeta repleto). Quien mejor expresa la diferencia entre “morir” y “perecer” es el filósofo Heidegger, para quien la conciencia de que se va a morir es exclusiva del humano- el “ser-para-la-muerte” (saber que morirá), y esto es lo que produce la angustia, y con tal de eludirla, la enajenación). ….
  • La opción por el “poder de dominación” le significó al ser humano la ruptura de todas sus relaciones: con su propio cuerpo (vergüenza), con Dios (esconderse de Él), con la pareja (sexismo de género), con la naturaleza (abrojos), con el trabajo (en lugar de ser el agradable “jardinero” del Edén, a tener que “comer el pan con el sudor de la frente”, un trabajo coaccionado, producido “con el sudor del de enfrente”, -la explotación laboral-, deja de ser gratificante y se vuelve insoportable…. Pero el relato concluye en una esperanza: la descendencia de la mujer habría de quebrantar la cabeza de la Serpiente.
  • Las consecuencias de la culpa original han ido creciendo con la civilización. En los primeros milenios de salvajismo no se evidenciaron cabalmente: de los 200,000 años que se le calculan de existencia al “sapiens-sapiens”: al interior del clan, el macho más fuerte y astuto organizaba la protección (ante una fiera), delimitaba el territorio (“que nadie vaya detrás de aquellas montañas hasta que los mayores la exploremos”) y procuraba el abastecimiento (cacería o recolección); pero el “poder de dominación” ya aparecía cuando éste Macho se “agandallaba” con lo mejor de la cacería y las mejores hembras. Por otro lado, los encuentros con otros clanes eran entonces muy esporádicos (apenas unos cuantos encuentros durante toda la vida y que, además, hablaban lenguas diversas). La mayoría de estos encuentros servían para entablar acuerdos para apoyarse en la caza mayor o para intercambios (una piel exótica, un collar de dientes de zorro, un hacha bien labrada, etc.).
  • Las consecuencias catastróficas se evidenciaron hace apenas hará unos 5,000 años, con la domesticación de los cereales y de los animales, en el paso entre la Edad de Hierro y la Edad de Bronce. La mayor recolección de trigo provocó el aumento demográfico (más alimento permitía más brazos, y más brazos requerían más alimento), y con ello, la formación de grandes conglomerados y el surgimiento de ciudades.
  • Fue en esta época cuando se redactaron los primeros fragmentos del Génesis, hacia el año S XVII AC, durante el exilio con los sumerios. Entre otros, estaba el mito de Caín y Abel, dignos descendientes de los inicuos iniciadores de la especie: durante una dura sequía, el pastor Abel llevó sus rebaños hasta el Río Éufrates y encontró que su hermano, el agricultor Caín y sus hombres, ya se habían apropiado de las riberas fértiles, y no le permitieron que sus rebaños pastaran allí (es decir, los pastores sucumbieron ante los agricultores, que es ,justamente, lo contrario que sucede con los a los conflictos actuales, cuando son los ganaderos quienes meten sus reses a las milpas campesinas)…… Quizás, pensando en el Neolítico, cuando aparecieron las primeras ciudades y se domesticaron los cereales y los animales, Rousseau formuló su famosa frase: “el hombre nace bueno y la sociedad lo pervierte”.
  • Por primera vez existía ya una situación propicia para la gesta divina: ya había escritura para registrarla y el poder de dominación ya se había hecho evidente…. Era preferible que el Hijo de Dios no perteneciera a ninguno de los pueblos idólatras existentes, y para ello se formó su propio pueblo: se le manifestó a un buen caldeo, habitante de la ciudad de Ur e hizo un pacto con él: Abram abandonaría la seguridad urbana para habitar en el desierto dedicado al pastoreo, y Dios por su parte lo prometía hacerlo padre de un gran pueblo.
  • En las recientes ciudades de aquel entonces, pareció conveniente que algunos de capacidad organizadora dirigieran la construcción de zanjas, acueductos, caminos, calles y graneros. Incluso no pareció mal que se destinaran a algunos ciudadanos para proteger los graneros contra los vándalos saqueadores. Pero poco a poco el déspota consideró la ciudad como propiedad suya, y “concedía” parcelas, a condición de que los campesinos entregaran cierto tributo en especie y en trabajo colectivo; el ejército se utilizó para amedrentar a los campesinos. Lo más abusivo de este “modo de producción asiático” fue la división dicotómica de clases –las élites dominadoras contra los campesinos explotados- y se les exigió a los campesinos la construcción de palacios para la nobleza dirigente.
  • Fue entonces que aparecieron las religiones.  Anteriormente sólo se tenían creencias simples (la divinización de seres o de fenómenos naturales, la creencia en almas y espíritus, el chamanismo doméstico, etc.); pero a partir del Neolítico, se construyeron religiones de tipo dicotómico (natural/sobrenatural, materia/espíritu, cuerpo/alma), con complejos sistemas de creencias accesibles sólo a la casta sacerdotal, y se le construyeron a esta, templos para sus sofisticados ceremoniales esotéricos…. Las élites apoyaron las religiones, pues las legitimaba. También se construyeron altos edificios simbólicos para divinizar el Imperio y alcanzar el cielo (tomarlo por asalto por su propio poder): eran los “zigurats” o torres de ladrillos, como la de Babel. Esa torre, por cierto, no la edificaron los babilonios, ocupados en la siembra y el pago del tributo, sino los esclavos, reclutados por el ejército. Dichos esclavos utilizaron como mecanismo de resistencia, el negarse a aprender la lengua de los dominadores, lo que hizo inviable el proyecto. Había numerosas rebeliones y sublevaciones, y esto dificultaba mucho la convivencia.
  • Fue así, en aquellas Ciudades-Estado, donde por primera vez se vio la necesidad de un “contrato social” o “pacto constitucional” -a lo que se refiere Rousseau, pues para disfrutar de las posibilidades de una sociedad urbanizada, se tuvieron que restringir, consensualmente, algunas libertades.
  • Se conocen algunas primeras legislaciones, como el Código de Hammurabi, escrito en 1750 A.C. por el rey de Babel Hammurabi, que pretendió ser una legislación destinada para toda Mesopotamia.​ Consta de 282 leyes, escritas en lengua acádica, esculpidas con escritura cuneiforme, (fácil de entender para las personas alfabetizadas), sobre una serie de 12 grandes estelas de piedra de 2.5 mts de altura. Es este código una de las muestras jurídicas mejor conservadas (hoy se halla en el Museo de Louvre). Refleja, ciertamente, el desarrollo de un concepto de igualdad –la “ley del Talión”- y el principio de “presunción de inocencia”. Sin embargo, no se trata de un código al alcance de todo el pueblo, sino tan sólo de los juristas, que comprendían el acádico y sabían leer ese tipo de escritura.
  • Algo así como nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (136 artículos en 9 títulos): un pequeño folleto que se estudia en las escuelas de enseñanza elemental; pero que cada artículo se desglosa en un gran conjunto de normas secundarias que sólo los jurisconsultos constitucionalistas conocen, aparte de existir carreras especializadas en cada rubro. Son las clases dominantes quienes escriben e interpretan las leyes; mientras que el común de los ciudadanos tiene que contratar un abogado que, si es “de oficio” y sin soborno, difícilmente un juez les dará la razón.
  • Aparte de los ejemplos de Asiria, otra experiencia de este modelo de producción similar, fue conocida por los hebreos, y también desde la perspectiva de los esclavos: la que se dio en el Delta del Nilo. Las dos realidades –Mesopotamia y Egipto- tienen semejanzas: las dos tienen grandes ríos, grandes monumentos (pirámides y zigurats), la escritura, el Déspota (rey o faraón), la domesticación de trigo y de ganado, etc. El dato bíblico atribuye a José la idea de ampliar los graneros y administrar bien las cosechas con fines comerciales. Ante los temores al crecimiento demográfico de los hebreos (favorecida por la abundancia de trigo), la esclavitud se recrudeció, obligándolos a construir dos ciudades almacén en el delta del Nilo. Parece ser que los acontecimientos tuvieron lugar durante el Nuevo Imperio Egipcio, en el siglo XIII, hacia el año 1,200 A.C., allá por el tiempo del faraón Ramsés II.
  • El Éxodo cuenta la historia de Moisés (el “rescatado del agua”), quien recibió el mandato del Dios de los Padres: “libera a mi pueblo”. Educado por su madre, bajo encargo de la hija del faraón, un día que recorría la zona de los esclavos, siendo testigo de una injusticia, mató a un egipcio, lo que le costó su autoexilio, refugiándose con su suegro, Jetró, en las tierras de Madián, en las cercanías del Mar Rojo, y conoció la geografía de la región y sus posibilidades (p. ej., un brazo del Mar Rojo que se adentraba en un paraje, no demasiado profundo, en donde suele soplar el Simún del desierto, corriendo las aguas del mar y formando un vado). Un día, pastoreando el rebaño de su suegro, lo llevó cerca del monte Horeb, en el Sinaí, donde, en una teofanía, Dios le confió la misión de liberar a su pueblo. Después de una serie de fuertes sabotajes más o menos infructuosos (las 12 plagas), cuando un “Ángel Exterminador” (quizás colectivo) ajustició a los primogénitos de todas las casas no marcadas. El faraón, horrorizado, ordenó la expulsión inmediata de los esclavos hebreos. Estos, que ya para entonces estaban listos para la partida, salieron precipitadamente de su lugar de cautiverio. Moisés los guió hacia aquel paraje que conoció cuando era pastor de suegro Jetró. Entretanto, el faraón, convencido por sus consejeros de haberse precipitado, mandó a su ejército darles alcance a los esclavos fugitivos…. Pero Dios luchó del lado de su pueblo, valiéndose de fenómenos naturales: cuando los egipcios ya los habían localizado, una espesa niebla impidió la confrontación, y por la noche, sopló el viento huracanado, que barrió las aguas. El pueblo hebreo -con poco equipaje- pudo pasar el vado; pero al día siguiente, cuando el ejército egipcio estaba a punto de darles alcance, dejó de soplar el Simún, las ruedas de sus carros se atascaron y el mar recuperó su terreno, dejando a los hebreos en libertad (Ex 13 y 14): Único caso de la historia, en el que todo un pueblo de esclavos se fugara de un imperio.
  • Muy pronto, Moisés percibió lo difícil que era guiar a todo aquel pueblo, con moral de esclavos y sin capacidad de organización. Durante la penosa travesía, la gente reñía, se robaban, fornicaban, adulteraban, asesinaban, codiciaban, etc. Había poco sentido de pertenencia de pueblo, y menos aún, a un pueblo que, a la vez, era propiedad de Dios, contra quien con frecuencia se rebelaban y al quien no poder chantajear ni llevar a donde decidieran los portadores de ídolos (el “becerro de oro”). Lo único que podría unificarlos, pues, era un sencillo ritual y un “pacto social” de fácil comprensión y retención para cualquier miembro del pueblo (algo exclusivo de Israel).
  • Llegaron al Monte Sinaí (un volcán semiapagado, con algunas fumarolas y rugidos, propicio para una “teofanía”). Moisés lo escaló, y en una cueva, en oración y a la escucha de Yahvé, después de mucha selección, logró sintetizar un “pacto constitutivo”, que les diese identidad entre los demás pueblos (“para que todas las naciones pudieran decir: “que pueblo tan sabio, que tiene una ley como esta’): de fácil acceso para cualquiera (no sólo para los letrados de las élites), y de fácil memorización: tan sólo 10 mandamientos (3 a Dios y 7 al pueblo), resumidos en unas tablas esculpidas en piedra. Posteriormente –algo inevitable, como en los demás pueblos-, los escribas complementarán ese pacto con toda una pormenorizada legislación: el “Código de la Alianza” (Éx. de 20, 22 al 24, 15), seguido, para mayor complicación, de la legislación cultual del Santuario (caps. 25 al 31): e incluso, de la pormenorizada legislación del Levítico, en el que los escribas atribuyeron a Moisés todo un extenso catálogo de impurezas tipo tabú, con sendos rituales de expiación (un curioso contó el número de prohibiciones del levítico y sumó 647). Ahora se trataba, pues, de que este decálogo no quedara simplemente grabado en piedra, sino en los corazones.

II SUGERENCIAS PARA UN GOZOSO PACTO CONSTITUCIONAL

DEL NUEVO PUEBLO DE DIOS

Inicialmente, Jesús se había propuesto sólo “unificar a las ovejas perdidas de Israel” y ratificar el Pacto entre Dios y su pueblo; pero las autoridades religiosas (escribas y fariseos) lo rechazaron. La Alianza original se había degradado, pervirtiéndose en legalismo, casuística e impurezas tipo “tabú”. Jesús percibió que ya era imposible recomponer dicha Alianza como camino para enmendar la fallida idea original, y también, comprendió que Dios lo había enviado a Él, su Hijo, para darle al ser humano una segunda oportunidad; ahora, no ya como tendencia espontánea, como inicialmente a Dios le habría gustado, pues la “caída original” había dejado incrustada su huella en el ADN humano. Jesús, al entrar en Jerusalén y visitar el Templo, detectó y denunció el fundamento de aquella profanación: el “Sistema del Sacrificio”. Esto lo llevó a la muerte; pero esa muerte ignominiosa habría de quedar vencida por su gloriosa Resurrección.

Fue así como Dios pensó formarse un nuevo pueblo, no ya desde la raza hebrea o desde la religión tradicional, sino abierto a todos los pueblos y culturas (y quizás, a todas las religiones), cuyo destino ya estaba anunciado proféticamente: Israel, como “Luz de todas las Naciones”. San Mateo sugiere, pues, un nuevo pacto constitucional para que aquellos discípulos que se adhirieran libremente al nuevo pueblo, recuperasen aquel plan original para con la especie.

  • Las similitudes entre ambos pactos son evidentes: el monte (que connota el Sinaí) y unas cuantas propuestas normativas breves y sencillas.
  • Las diferencias también lo son: Dos éticas contrapuestas:
    • La “ética del deber”, el decálogo (el “imperativo categórico” de Kant), formulada como prohibiciones: “NO” matar, robar, mentir, fornicar, testimoniar en falso, codiciar… cuya transgresión implica castigo.
    • La “ética el placer”, que habría de dar sostén el nuevo pacto (algo similar al eudemonismo o al “utilitarismo” de Jeremy Bentham). No trata, propiamente, de prescripciones o “mandatos”, sino más bien de sugerencias (“tips”, diríamos hoy), consejos de sabiduría gozosa para un bien vivir. Sus formulaciones son claras y al alcance de todos; pero al mismo tiempo, sugerentes, de significación abierta (cada cual las puede reinterpretar y repensar), y al mismo tiempo, susceptibles de generar reflexiones muy profundas.
      • La felicidad no es fácil (lo que no quiere decir que no sea posible conseguir, ni que sea sólo privilegio de unos pocos). Nuestra lengua española tiene una multitud de términos para expresar sentimientos de euforia (agrado, placer, bienestar, gozo, dicha, contento, alegría, júbilo, alborozo, felicidad, bienaventuranza, etc.). Inicialmente mantengo el término Bienaventuranza”, empleado por la mayoría de las Biblias en nuestro idioma, pues connota una felicidad plena, habitual, estable.
      • Metodológicamente, haré lo mismo para todas las formulaciones completas de las bienaventuranzas: partir de las expresiones más conocidas (las del catecismo), para ver si, después de la reflexión, sea posible cambiarlas por otras más adecuadas.

“LAS BIENAVENTURANZAS” (Mateo 5, 1-11)

  1. “Bienaventurados los pobres de espíritu.

Es la traducción más conocida; pero se presta a racionalizaciones autojustificativas: hay personas de posición económica holgada y que se reconocen cristianos, que la interpretan como cierto “desapego”: “yo tengo una villa en la costa, con un yate (sin decir cómo la consiguió); pero soy “pobre de espíritu”, pues podría perderla sin que lo lamente mucho” -fácil decirlo, difícil creerlo, constatable sólo cuando suceda-.  Los italianos suelen decir “traduttore/traditore” (“todo traductor es un traidor”). Los traductores tienen que elegir entre términos que los diccionarios extranjeros presentan como sinónimos; pero que los “nativos” no los emplean indistintamente, sino con ciertos matices que los “emigrados” (los que no son nativos) difícilmente captan. La Biblia Latinoamericana la traduce: “Bienaventurados quienes tienen “espíritu de pobre”

Para conocer el “espíritu de pobre” recomiendo libros, como “La Cultura de la Pobreza”, de Oscar Lewis, o “Como sobreviven los Marginados”, de Larisa Lomnitz. En los ambientes pobres, uno encuentra mucha solidaridad (“hoy por tí, mañana por mí”). En algunos pueblos originarios, esto se institucionaliza: entre los zapotecos de Oaxaca, está la “guela-guetza”: cuando una familia atraviesa un infortunio (una defunción), prácticamente todo el pueblo va a darle el pésame a la familia, lo que supone que durante el novenario hay que dar de cenar a todos los concurrentes. Pero a los deudos se les evitan esas molestias, pues la gente lleva alimento, pan, chocolate, cigarros, mezcal… y las mujeres se ponen a hacer tortillas de maiz y luego lavan los platos, etc. Se espera que, si en otra ocasión, a alguno de los cooperantes le sobreviene una desgracia, será correspondido por el ahora beneficiado. Pero si alguien no corresponde por sistema, cuando araviesa alguna necesidad, se le da la espalda. También es cierto que hay pobres con “espíritu de ricos”- el “entre-devoramiento”: pobres que estafan, se dejan comprar, se aprovechan de los demás, son soplones, rateros de otros pobres, etc.  La “bienaventuranza” propone un premio: “porque de ellos es el Reino de Dios. Esa sociedad de justicia, paz, verdad, fraternidad, etc., se construye a partir de quienes tienen el “espíritu de pobre”.

  • “Bienaventurados los que lloran”

Podríamos comprender esta bienaventuranza en el sentido solidario que tienen las demás, como “llorar con los que lloran”. Hay sentimientos que, cuando superan cierto umbral, producen una sobrecarga que requiere de alivio. No en el sentido de que la suma de sufrimientos signifique, en sí mismo, consuelo, (“mal de muchos, consuelo de tontos”), sino porque el dolor compartido con honestidad (ofrecer su hombro a quien llora) genera esperanza.  Igualmente esto también se puede extender a quienes “ríen con los que ríen” (se alegran del bien de otro, sin envidias). Un ejemplo lo tenemos en María: después del anuncio del Ángel, ella se llenó de un júbilo desbordante, de esos que difílmente se pueden contener. Tenía ganas de salir por las calles, anunciando a gritos que el Mesías, secularmente esperado, ya estaba en el mundo; y podría testimoniarlo, pues ella lo había sido concebido…¡Eso era impensable! Conocía la discreción de Dios, de modo que no lo compartió, ni siquiera con José, su prometido. El Ángel le había dado el “tip”: Isabel, su prima, estaba en el secreto. Además, aquel embarazo de Isabel también era sobrenatural, y en pueblos chicos, esos embarazos extraños dan mucho de qué hablar y nada bueno, por cierto. Así pues, había que compartir con su prima tales preocupaciones. Lo único que le dijo a su prometido fue que había tenido noticias de que su prima la necesitaba, y que quería ir a visitarla. Pero como José tenía entonces mucho trabajo y no podía acompañarla, la encargó a una caravana que iba por aquel rumbo y pasaría pronto por el pueblo. María iba ansiosa, hasta adelante, apurando a los guías… y cuando la caravana se desvió, ella se dirigió a su pueblo natal, sola, corriendo presurosa, a casa de su prima. Ésta salió a su encuentro, alborozada, y la bendijo, proclamándola dichosa, con las palabras de nuestro Ave María. Las dos mujeres se abrazaron, y cuando sendos vientres estuvieron en contacto, el niño Juan sintió una presencia que recordaría años más tarde, cuando el bautismo de Jesús, y saltó de gusto en el seno materno (los ejercicios corporales, los gritos, el canto del “magníficat”; la carrera de María o los brincos prenatarles de Juan, fueron formas de aliviar el júbilo desbordante).

  • “Bienaventurados los mansos”.

¿Quienes son tales “mansos” que un día “poseerán la tierra”? La experiencia que tenemos es que son los fuertes –no los mansos-, los que conquistan y se apropian de tierras ajenas. Quien parece haber sido el primero en comprender mejor esta bienaventuranza, no fue un cristiano, sino un budista: Mahatma Ghandi, a quien se atribuye la táctica de la “No-Violencia-Activa”, inspirada, según confesó, en Jesús. Lo siguieron otras personas connotadas (Martin Luther King, Lanza del Vasto, Doris Day, etc.). Consiste en que cuando se recibe una agresión (o una amenza) y no se puede huir, el perpetrador está esperando de la víctima una de las dos respuestas siguientes, o que se le someta (y entonces dará otra vuelta al torniquete), o que se defienda; pero existe otra tercera actitud, para la cual el agresor no está preparado; aunque no es nada fácil. Consiste en exponer el propio cuerpo, dispuesto a recibir el golpe, sin mostrar miedo (mirando a los ojos); pero atacando la conciencia del agresor, es decir, corrigiéndolo con amor. Con esto, la víctima le quita al perpetrador aquellas “pantallas autojustificadoras”, aquellas “racionalizaciones”, sin las cuales pocos tendrían el cinismo  de atropellar (“él se lo buscó”, “para que aprenda”, “quién le manda”). Jesús recomendó que cuando uno “recibe una bofetada en la mejilla derecha, se ponga la izquierda”: en el primer caso, el manotazo se da con el dorso de la mano, y denota un simple desprecio; pero para la mejilla izquierda, el bofetón se da con la mano abierta… y esa sí duele. Ese fue el consejo que dio Jesús…; pero también nos dio el ejemplo de cómo hacerlo: recordamos la bofetada que un soldado lambiscón le dio durante el juicio ante Caifás: el pontífice le había preguntado a Jesús por su doctrina (obviamente, para encontrar algo heterodoxo o contrario a la tradición, para tener de qué acusarlo). Jesús le respondió, alegado que él siempre había hablado en público y nunca en secreto, por lo que era mejor preguntar a quienes lo habían oído… y fue etonces cuando recibió la primera bofetada. Jesús miró con amor al soldado, notó su vulnerabilidad: un militar sujeto a discipina, mal pagado, que deseaba congraciarse con un patrón cruel: pero, ciertamente, había obrado injustamente: “Si hablé mal, demuéstralo (argumenta primero,antes de golpear); pero si hablé bien… ¿por qué me pegas?” (Jn. 18; 20-23). Jesús lo dejó solo con su remordimiento. El soldado, sintiéndose comprendido, ya no pensó en el segundo bofetón, sino que agachó la cabeza, mordiéndose los labios. Claro que para esto se requiere “amar al enemigo como se ama uno a sí mismo”….

Y esto nos lleva a una pregunta: ¿Puede un auténtico cristiano tener enemigos? Pues corre la idea de que un auténtico cristiano tiene que estar bien con todo el mundo (ser “agachón”, decimos en México); tener paciencia ante el agravio y aguantarse (como esas mujeres que son golpeadas por el esposo (su “cruz”, decían en algunos pueblos de México), y que cuando -¡por fin!- un día le grita “¡Ya basta!”… va corriendo entonces a confesarse de que le faltó el respeto a su marido. “Dime quien es tu enemigo y te diré cómo es tu fe”. Jesús tuvo enemigos -la teocracia judía, el venal monarca Herodes, el Imperio Romano detrás de Pilato-; pero si tu enemiga es tu vecina o tu nuera, no vas a entender nada.

  • “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán hartos”.

Los derechos humanos prioritarios son aquellos que satisfacen las necesidades básicas de cualquier persona: casa, vestido y sustento (los que pedimos a la Divina Providencia); pero también: salud, educación, bienestar. Todos ellos son importantes; pero contar con comida y bebida es el más apremiante: puede uno malpasarla con poco abrigo (a quienes viven en situación de calle, les bastan unos cartones para cubrirse) o con débil salud (va al hospital de benefiscencia a hacer largas colas); pero las motivaciones más fuertes, las que mueven actuar, las que impulsan al náufrago a sobrevivir a la tormenta desde su balsa, son el hambre y -sobre todo- la sed. Así quiere Jesús que sus discípulos luchemos por la Justicia: como el hambriento busca el pan o el sediento, el vaso de agua. A aquellos militantes de fin de semana (los sábados por la tarde, de 4 a 6), les falta la pasión requerida para transformar un mundo de injusticia y de violencia. Sólo quienes se dedican a tiempo completo, aún a riesgo de morir…, son quienes “quedarán hartos”, es decir, cuyo sentido de la vida queda satisfecho.

  • “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos obtendrán misericordia”.

“Misericordia” es una palabra hermosa; pero actualmente, algo en desuso, por lo que algunos se motivan más con otra, más nueva y algo equivalente: “solidaridad”. Bertold Brecht, un dramaturgo alemán a quien le toco vivir durante el nazismo, relata un cuentecito en forma de diario íntimo:

“Hoy vinieron por los comunistas; como yo no soy comunista, no me inmuté” (y páginas más adelante):

“Hoy vinieron por los políticos; como yo no soy político, no me inmuté”

 “Hoy vinieron por los periodistas; como yo no soy periodista, no me inmuté”

 “Hoy vinieron por los abogados; como yo no soy abogado, no me inmuté”…

             y el cuento termina con una frase inconclusa:

“Hoy vinieron por mí”…..

“Bienaventurados los solidarios; porque alcanzarán solidaridad”

La solidaridad es una virtud necesaria para situaciones de grave injusticia (como las del “proyecto de muerte” que actualmente padecemos), las cuales no pueden sostenerse sin la complicidad de las mayorías: la línea que separa agresores y víctimas pasa por aquí [señalar eje que separa la mitad del cuerpo].  De alguna manera, todos somos cómplices y todos somos víctimas. Una de las manifestaciones de la complicidad es la indiferencia. “Esta es –dice el Papa Francisco- una falta grave al deber que tiene cada cuál de contribuir, según sus posibilidades, al bien común y a la paz”. Por eso, el Papa, en su encíclica “Misericordiae Vultus”, invitaba a convertirse: “de la indiferencia a la misericordia.

  1. “Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios”.

Puede entenderse que una persona “limpia de corazón” sea aquella que se pregunta permanente y honestamente por lo que sea la voluntad de Dios. Los contrarios a los “limpios de corazón” serían los “calculadores de corazón” (los que calculan los dividendos que les proporcionará una sonrisa o un saludo), y por eso, porque delante de sus ojos sólo tienen fríos cálculos de dividendos, esos mismos cálculos se convierten en pantallas que impiden la visión y, por tanto, les falta transparencia para ver a Dios.

  1. “Bienaventurados los constructores de Paz, porque serán reconocidos como  ‘hijos de Dios´”.

Son los “peace-makers”, los que se ofrecen como mediadores, “traduciendo”, circularmente, ambas posiciones antagónicas “de ida y vuelta”; de una a la otra parte, y viceversa, haciéndo ambas posiciones más potables o compatibles para la otra parte. Son llamados “hijos” del Dios de la Unidad y de la Paz.

  1. “Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de Dios”.

Jesús no dijo: “los perseguidos por imprudentes”. Suele pensarse la prudencia como ser paciente, frenar los ímpetus, moderar los excesos; pero, según Santo Tomás, ser prudente es actuar según lo permitan o lo impidan las circunstancias. Hay momentos en los que impulsar el “Reino de Dios” hay que hacerlo “cuchicheándolo al oído”; pero otras veces, “hay que gritarlo desde las azoteas”. Si pudiendo correr, no se corre, se es imprudente; como, por el contrario, se es prudente cuando es momento de moderar el paso, o de avanzar dos pasos adelante y uno hacia atrás… Por supuesto, no siempre resultan las cosas conforme a lo previsto, y sobreviene la persecusión por la justicia. Pero si en una causa de canonización, el “abogado del diablo” prueba que el candidato provocó la persecusión, la causa se detiene. También es posible que las circunstancias muestren que la única salida sea el martirio, y entonces, cuando se esté ante el paredón y ya no se tenga nada qué perder -más que la vida-, las últimas palabras son las verdaderas: “los valientes no asesinan”, “no les tomes en cuenta este pecado” o mejor, simplemente, “¡Viva Cristo Rey!”.

SAN LUCAS

            Terminaré esta charla con una breve mención a la versión de San Lucas (6, 20-26): Este evangelista nos presenta 4 bienaventuranzas y 4 malaventuranzas. Los aludidos son sustantivados -los pobres, los hambrientos, los que lloran, los que son vituperados-, sin adjetivarlos (“pobres de espíritu”, “hambrientos de justicia” “perseguidos por el bien”). Ahora podemos revisar la versión sobre los “bienaventurados” de San Mateo que hace Schôkel en la Biblia de Nuestro Pueblo. Para él serían “los que lloran”, “los afligidos”, los “mansos”, los “desposeídos, etc… más propio de Lucas). La recompensa es invertir aquella situación: los de arriba quedan abajo y los de abajo, arriba, como “darle vuelta a la tortilla” (“los pobres gozarán el reino de Dios y los ricos tienen aquí su consuelo”. “Los hambrientos quedarán saciados y los saciados pasarán hambre”. “Los que lloran, reirán, y los que ríen, llorarán”. “Los odiados o insultados, como los profetas, se llenarán de gozo; pero los que ahora son afamados y alabados, serán tratados como a falsos profetas”.

Del mismo modo, San Lucas hace cantar a María el canto gozoso de la subversión, inspirado en I Sam, 2, 4-8): “Derriba del trono a los poderosos, y eleva a los humildes; colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos” (Lc 1, 52-53)

Tal vez lo que Lucas haya querido decir es que cuando venga el Reino de Dios, los beneficiados serán, ante todo, los pobres; pero finalmente, la nueva situación redundará en beneficio de todos (“Por el bien de todos, primero los pobres” AMLO).

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Hasta aquí termina mi reflexión: no quisiera que se tomara mi interpretación como la “auténtica”. Simplemente es una simple propuesta que espera estimular a que ustedes hagan sus propias reinterpretaciones, las cuales les generen nuevas reflexiones sobre este maravilloso “gozoso pacto constitucional del nuevo pueblo de dios”

[1] “LAS BIENAVENTURANZAS: Sugerencias Gozosas para el Pacto Constitucional del nuevo Pueblo de Dios”: Conferencia en línea organizadapara Latinoamérica por la Red Bíblica Claretiana (REBICLAR), del ciclo “Diálogos sobre San Mateo”, el 19 de marzo de 2023.