B-003 Adviento III: MENSAJERO DE BUENAS NOTICIAS

Mt 11, 2-11

  • Nazareth era una pequeña aldea perdida de las montañas de Galilea. Con una población de cerca de 300 habitantes, la vida transcurría monótona, sin que sucediera nada extraordinario: siempre la misma pobreza, el mismo trabajo, la misma rutina. Pero un buen día algo sorprendente ocurrió en el poblado. Llegaron tres romanos. Los paisanos nunca habían visto esos soldados, pues aunque Roma sostenía una ocupación militar en la región, las legiones se encontraban acuarteladas en Siria o en Cesarea del Mar, dispuestas a intervenir y sofocar rudamente cualquier levantamiento. Uno de los soldados tenía un tambor que repicaba sin cesar, y los niños, curiosos como en cualquier parte, se arremolinaban en torno suyo, no sin temor de sus madres, las cuales se mantenían vigilantes detrás de las ventanas, pues no les estaba permitido hablar con extranjeros (y menos con romanos). Cuando los hombres comenzaron a llegar después del trabajo, el otro soldado sacó una trompeta y dio varios toques (que sonaron como el chillido de algún animal) y entonces todo el pueblo se reunió. Entonces, el que comandaba desenrolló un pergamino, por lo que se supo que se trataba de un “mensajero”.
  • ¿Qué es un mensajero? Su función está entre el simple cartero y el embajador. El “correo” se encarga de hacer llegar las noticias lo más pronto posible. Ahora, el cartero llega en su moto hasta la casa y echa en el buzón o por debajo la puerta un sobre con su sello postal. El “servicio postal” se denomina así por la “posta”, es decir, el lugar donde estaban “apostadas” caballerías, a 2 o 3 leguas de distancia una de otra, para que el correo pudiera cambiar de caballo y llegar lo más pronto posible a su destino. En el antiguo Israel la carta se escribía con un punzón sobre dos tablillas enceradas, atadas y lacradas. A diferencia del cartero, el embajador es portador de un mensaje y una consigna a la que debe ser fiel; aunque se le otorga cierto margen de maniobra para negociar o ajustar el tono. El mensajero se asemeja al correo en que también es un portador; pero con una función más personal, por lo que además de leer el mensaje puede explicarlo y responder a preguntas.
  • Las noticias que pregona podían ser buenas (“fastas”) o malas (“ne-fastas”). En este último caso la integridad física misma del mensajero peligraba, pues en algunas partes cuando el mensaje era un ultimátum que tenía que entregarse, por ejemplo, en el campamento enemigo, se le mataba, desquitando así la ira que provocara la noticia. En cambio, se recompensaba al mensajero portador de buenas nuevas.
  • Un ejemplo de mensajero fue San Juan Bautista, personaje introducido el domingo pasado. Este fue un profeta admirable que sacudió fuertemente la inercia religiosa de sus contemporáneos y que provocaba entusiasmo al punto que se discutía si fuera algún personaje extraordinario, por ejemplo, el Mesías que habría de venir, o el retorno de Elías, quien fue arrebatado en vida por un carro de fuego y del que se decía que habría de volver poco antes del fin del mundo, o quizás algún otro de los grandes profetas… Pero Juan los desengañaba, negando que él fuese algún prócer del pasado –pero el pasado ya pasó y no se repetirá–. Pero tampoco era aquel personaje que en el futuro “habría de venir”, el Mesías, del que él se presentaba como su simple mensajero, enviado para preparar el camino en el desierto y al que el profeta no se consideraba digno ni siquiera de soltarle la correa de su sandalia.
  • Pero volviendo a nuestra historia en Nazaret, el pregonero de aquella tarde leyó con fuerte voz su pergamino. No traía una buena noticia, sino un desagradable mandato: “Por orden de Su Majestad, el emperador Tiberio Cesar Augusto, se ordena la realización de un censo”. Un censo no era como ahora, cuando una simpática señorita se presenta en nuestra casa y algo chismosa, nos pregunta ¿cuántos somos? ¿qué comemos? ¿si tenemos regadera en el baño? y demás. La gente lo recibió con indignación: “¿Para qué querrán contarnos los romanos población?, pues obviamente, para mayor control y gravarnos con más tributo”. Este mensajero, más que anunciar la llegada de alguien, prescribía una salida: el censo aquel prescribía a cada habitante empadronarse en su lugar de origen de la familia. Ya que tanto de José como María provenían de pueblitos de Judea, en la región sur. En efecto, ellos eran de esos emigrantes que respondiendo a la política demográfica de las autoridades, que daban facilidades a quienes fueran a repoblar Galilea, la región del Norte bastante abandonada. Por lo tanto, el decreto les obligaba a emprender un viaje hasta la región montañosa de Judea, sin disculpa ni pretexto. José estaba furioso: ¡un viaje justo entonces, cuando habían solicitado tanto trabajo y bien pagado! Trasladarse de Galilea a Judea, atravesando Samaria era siempre bastante molesto; pero en ese momento era mucho más, cuando justo entonces, el embarazo de su esposa María estaba tan avanzado; pero no había alternativa y se tenía que obedecer. De modo que José encargó sus animalitos a los vecinos (“menos el burrito, ese nos lo llevamos”), y cuando supo que se había organizado una caravana con gente de pueblos vecinos, defendió las ventanas con tablas y atrancó la puerta.
  • Los galileos estaban bastante entrenados para viajar hasta Jerusalén, pues por lo menos una vez al año iban al templo a purificarse y pagar su diezmo: adelante iban los patriarcas, orando y cantando himnos; después venían los jóvenes con los camellos; al final, las señoras con la comida y los enseres de cocina, y los niños, correteando de un grupo a otro. Procuraban que la tarde les cayese cerca de algún oasis para pasar la noche. Entonces, los jóvenes iban a abrevar los camellos, mientras los señores armaban las tiendas y las mujeres preparaban el alimento. ¿Cuántas noches pasarían así? Jerusalén distaba de Nazaret unos 100 kms; Belén, otros 20 kms. más. Siendo un pueblo de pastores seminómadas, quizás podrían hacer el recorrido en una semana. La tradición hace durar la peregrinación el novenario. Faltaba ahora que en Belén no hubiera lugar para ellos, con tanta gente que marchaba por lo del censo…
  • Y esto fue el origen de las tradicionales “posadas” mexicanas, la forma como los primeros evangelizadores, aquellos grandes frailes franciscanos, nos enseñaron a prepararnos para la Navidad, que este año comienzan mañana. De aquí a Navidad acompañaremos a José y María en la caravana por el desierto: los Santos Peregrinos, con burrito, el angelito y su linterna, quizás con velitas y rezando el rosario. Los versitos tradicionales para “pedir posada” nos hablan de la inveterada indiferencia de la gente para acoger a los emigrantes forasteros que no tienen dónde dormir. Por lo menos esta pareja encontró una cueva para guarecerse del frío. Pero los devotos abrirán gozosos las puertas de su casa, para que en el patio los niños puedan romper la piñata. La piñata clásica tiene 7 picos, que son los 7 pecados capitales. Por turno, los niños pasan con los ojos vendados, pues como la fe, damos palos a ciegas para intentar lograr nuestro objetivo: romper la olla de barro, dura como es nuestro caparazón de egoísmo e indiferencia para los peregrinos de hoy. Es ayudado por los demás niños, que impacientes le dan indicaciones, pues en la vida cotidiana, los hermanos de la comunidad nos ayudan con sus consejos. Finalmente, la olla se rompe y cae la fruta y golosinas con que se había rellenado, y que simbolizan los frutos del Espíritu Santo, las bendiciones que nos caen de arriba, del Cielo.
  • El proceso de globalización, conducido por el consumismo secularizante, pervierte las tradiciones, las degrada o las comercializa convirtiéndolas en folklore. El imperialismo cultural impone a todo el mundo las pautas culturales propias de los centros hegemónicos. Así, la Navidad, con sus pinos, nieve y trineos, se impone hasta en el hemisferio sur, justo cuando el verano está comenzando. Las “posadas” se convierten en parte de las fiestas de fin de año, pretexto para francachelas o para finalizar ciclos laborales anuales. Quizás haya algunos elementos de nuestras tradicionales posadas mexicanas que ante la mentalidad de los niños actuales ya no les resultan atractivas. No somos costumbristas. La resistencia cultural de las tradiciones no se da tanto por una vana repetición de costumbres petrificadas, cuanto con la innovación creativa a partir de lo tradicional, con formas nuevas; pero igualmente gozosas, por ejemplo, cantando nuestros villancicos y alguna lectura del Evangelio. Aprovechar estas fiestas para recordar a los sin-techo, a los migrantes y a quienes peregrinan por el desierto de la vida, dejando seguridades y saliendo hacia las periferias en busca de nuevas oportunidades. Esto nos puede ayudar a tener una Feliz Navidad.

B-002 Adviento II: ¿CUÁL PERSONAJE ELEGIR?

Mt, 3, 1-12

¡Ya se acerca la Navidad! Si queremos tener una buena fiesta, conviene prepararla, y para el tiempo prenavideño aparece un personaje singular que se nos presenta como guía. Se trata de un personaje singular, exótico y fuera de serie. En realidad, son dos los personajes que compiten para desempeñar esta función de guía prenavideño, y los vamos a comparar:

Complexión somática:

Un anciano bajito, obeso, rechoncho, de barba blanca

Un hombre joven delgado, fuerte, enérgico

Vestuario:

Vestido con traje de franela rojo (como un pijama con su gorro de dormir)

Vestido con piel de camello, ceñido con un cinturón de cuero

Dieta alimenticia:

Chocolatitos, galletas, pastelitos

Chapulines (a lo oaxaqueño) y miel silvestre.

Lugar de proveninencia:

El Polo Norte, lugar de nieve, trineos, renos, pinos

El desierto: lugar agreste y duro.

Una vez descritos ambos personajes -Santa Claus y San Juan Bautista- hay que fijarse en sus propuestas–antagónicas- de preparación a la Navidad.

  • La propuesta de Santa Claus alienta el consumismo -“¡Compre en esta Navidad! ¡Consuma esta Navidad! ¡Cene y beba en esta Navidad! ¡Regale esta Navidad!”-. Para festejar el Nacimiento de un niño que no tuvo para nacer sino un pobre pesebre, la Sociedad de Consumo realiza su Gran Venta de Fin de Año, en la que los regalos no son pan y requesón -como los de los pastores-, sino esas mercancías que nos encandilan prometiendo felicidad, prestigio, éxito, juventud; pero que apenas las compramos se nos vuelven inútiles, superfluas y obsoletas, y que a la postre, nos desencantan
  • Pero, finalmente, ¿Quién es Santa Claus? [¡Shhhh, hay niños!]. En vida se llamó Nicolás (sus amigos le decían “Colás”) y celebramos su fiesta esta semana. Nació en Parara, ciudad de Licia, antigua provincia de Asia Menor, hacia el año 280. Sus padres murieron cuando era muy joven, dejándole una gran fortuna. Sobre su caritativo corazón se cuentan muchas leyendas: en una de ellas, ayudó a un vecino para que casara a su hija mayor, evitando así que la prostituyera -arrojó por la chimenea un saquito de monedas de oro-. Cuando la segunda hija se debía casar, intentó hacer lo mismo; pero con más mala puntería, y el saquito cayó en una media colgada en el tendedero (medias, chimeneas). Se hizo monje y se decía que por la noche se escapaba del monasterio con alimento en un burrito o colgar alguna fruta en el arbolito, para socorrer a los niños pobres. Posteriormente fue consagrado obispo de Mira, capital de Licia, donde durante la persecución de Dioclesiano, fue arrestado y martirizado. Cuando los sarracenos conquistaron Mira, unos marinos rescataron su cuerpo y lo llevaron a Bari, en la costa Adriática. Su culto cobró auge en Amsterdam y unos marinos holandeses lo llevaron a Nueva York. Cuando lo canonizaron, los holandeses le decían “Saint Colaus”, y el nombre se fue deformando (“Sant Nichocolai—Saint Colaus – Sint Klaes”). En Nueva York se le imaginaba como un hombre generoso y bonachón, con sombrero de anchas alas y pipa holandesa, y que montado en un caballo volador, en Navidad echaba regalos por las chimeneas… hasta que la Coca Cola, para su campaña publicitaria de 1930, lo plasmó en la figura que hoy conocemos. Lo malo es que como Santa Claus vive en el Polo Norte, comienza a repartir los juguetes de norte a sur y nunca alcanza a cruzar el Ecuador. Así que en la Navidad, los niños pobres –los más cercanos al niño Jesús- deben conformarse con mirar los juguetes en el aparador.
  • La propuesta de Juan el Bautista es la de gente del desierto (viste y se alimenta como ellos), y anuncia la llegada de un personaje mayor que el gran profeta mismo, de quien, dice, “no ser digno de agacharse y soltarle la correa de sus sandalias”. Hay que preparar su camino enderezando sus senderos, o como dice Isaías; “tracen en la llanura un sendero para nuestro Dios, que los valles se levanten, que montes y colinas se aplanen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se nivele…” Nos connota, pues, una cuestión de obras públicas de vialidad: al terminar la temporada de lluvias que después de los tiempos de lluvias, los Gobiernos deben hacer reparaciones en las calles: rebajar los topes y rellenar los baches. En el campo oaxaqueño nuestros hermanos indígenas acostumbran el “tequio” o trabajos comunitarios no remunerados: recibieron el anuncio de que los visitaría el gobernador y salen en cuadrillas a preparar el camino (… y para su “chasco”… llega en helicóptero). Para preparar la última venida del Señor también a nosotros nos toca preparar un camino llano, recto bien apisonado y cuidar de que no haya ni aquellas gigantescas montañas –las del 1% de la población que controla el 99% de la riqueza-, ni aquellos abismales hoyancos, -los más de 3,000 personas que viven en pobreza, de los cuales, casi 1000 millones sobreviviendo en la miseria-. Para que pueda gestarse un mundo de Justicia y de Paz procuraremos una luz que oriente caminos tortuosos y que ilumine nuestra confusión y extravío.
  • El nuevo mundo prometido por el Mesías no nos vendrá facilonamente, del Cielo. Lo tenemos que ir construyendo nosotros, ya desde ahora, en la Tierra, y esto implica un cambio de mentalidad; “un bautismo de penitencia”: el término que usa es el de “metanoia”, palabra griega que suele traducirse como “conversión”. Pero una conversión cualquiera: meta significa más allá y noia, mente. Significaría algo así como “más allá de la mente” es decir, más allá de nuestras ideas, racionalizaciones, ideologías o filosofías, y esto parece referirse a una conversión de corazón. Para ello se requiere vivir totalmente atento, pues como dice San Pablo, “el Día del Señor llegará como un ladrón en la noche”.
  • Ya hay que ir preparando nuestra Navidad. Como sea nuestra preparación, así será esa fiesta. Elijamos: En la Navidad de Santa Claus podremos pasarla contentos, puede ser “alegre”, puede ser seductora y atractiva; pero no feliz. Es como una esferita del árbol de Navidad: muy brillante y colorida; pero frágil, y si se aprieta un poco, se rompe… y se descubre vacía. A lo mejor decidimos preparar algo inusual para este año: una Navidad contracultural al estilo del Bautista o de San Nicolás. Esto requiere de una preparación especial, una “metanoia”. Acaso nos resulte dolorosa. Es “un bautismo de penitencia” (de ahí el color morado, como en Cuaresma); pero posibilitará el nacimiento de algo nuevo y eso garantizará una Feliz Navidad, que es la que les deseo.

B-001 Adviento I: CONJUGACIONES DEL VERBO

Lc 21, 25-28; 34-36

Hoy inicia el nuevo Ciclo litúrgico (el Año Nuevo religioso), y comienza con el tiempo de Adviento -palabra del latín “ad-venire” = “venir-hacia-aquí”-, en referencia a la venida de Jesús ¿A qué venida se refiere? como sea el Adviento, será nuestra Navidad. Este tiempo litúrgico juega con la polisemia del verbo “venir”, por lo que para interpretarlo habrá que conjugarlo en algunos de sus tiempos:

  • Jesús habría de venir.- perífrasis verbal de obligación, de poco uso fuera del ámbito religioso. El Adviento recoge los vaticinios multiseculares de los antiguos profetas, quienes oteando el horizonte futuro, vaticinaban: “cuando venga” (presente de subjuntivo), y entornaban sus ojos, soñando y vislumbrando un misterioso personaje esperanzador, que habría de venir… y lo anunciaban con alegría, expectación y fuertes imágenes poéticas que iremos leyendo como preparación a nuestra Navidad. Podremos exclamar como Isaías un grito de espera impaciente: “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes como vera!”
  • Jesús vino (tiempo pasado).- En cumplimiento de aquellas profecías, vino Jesús: un hecho histórico, pues nació el año 6 A.C. (por los errores en el calendario), cuyo día y mes no sabemos precisar, y cuyo aniversario de natalicio nos preparamos a celebrar esta Navidad.
  • Jesús viene (presente).- Jesús viene cada día, sobre cada altar, cuando el sacerdote consagra el pan y el vino para darnos en alimento su cuerpo y su sangre.
  • Jesús suele venir.- tercera persona del presente de subjuntivo: un presente que podría acaecer ahora. “Jesús está viniendo (gerundio): se trata del Kayrós o una venida del Señor que podría darse en cualquier momento. Viene con su Gracia, y quienes perciben, en los hechos históricos de la vida, esa presencia, se enriquecen con ella. Su llegada puede darse en cualquier momento, “no conocen el día ni la hora”. Por eso tenemos que estar siempre preparados, y algo ayuda estar atentos a los “signos de los tiempos”.
  • Jesús va a venir- Es una perífrasis verbal futura que alude a un hecho futuro como resultado lógico de lo que sabemos en el presente y que consideramos ya evidente. Jesús va a venir esta Navidad. No se trata un simple aniversario, como la fiesta del nacimiento de Benito Juárez. La liturgia piensa en una presencia mistérica en esa fiesta: Jesús nacerá en algún rinconcito de nuestro mundo (o de nuestro corazón) en donde aún no se encuentra.
  • Jesús vendrá.- Futuro con seguridad. Se trata de la última venida de Jesús al fin de los tiempos, cuando perezca el último sobreviviente de la especie humana, para juzgar la historia y la aventura humana sobre el Planeta, y poner en descubierto lo que cada persona contribuyó, para bien o para mal. El género usado por Jesús en estas profecías es el “apocalíptico”, utilizando imágenes cósmicas para impactar (“señales prodigiosas en el sol, la luna y las estrellas… olas del mar”); pero más que catastrófica, esta venida será esperanzadora, pues anuncia el fin de toda dominación. Es lo que acabamos de ver al final del pasado ciclo litúrgico: La serpiente mordiéndose la cola. Cristo volverá para llevar toda la creación de retorno a su origen, en Dios, su fuente.

Ante estas venidas, Jesús nos recomienda algunas actitudes. La primera es “estar alerta”, como el portero, a quien se encomienda que esté “en vela” (con su velita) esperando cuando venga el señor de la casa. La segunda actitud es estar despiertos, que cuando venga el Señor “no los encuentre dormidos”, es decir, enajenados, inmersos en los problemillas cotidianos, o disipados en vicios, adicciones, malos hábitos como el consumismo, o vivir inmersos en nuestras preocupaciones cotidianos, viviendo instalarnos en nuestra zona de confort. El Señor advierte: “estén prevenidos, porque no saben cuándo va a llegar el dueño de la casa, si al anochecer o a media noche o a canto del gallo o de mañana”. La tercera actitud es procurar una vida digna, pies como dice San Pablo: el Señor nos mantendrá firmes, “para que en el día de Nuestro Señor Jesucristo seamos irreprochables”. Nuestra mejor preparación para la Navidad será la conciencia vigilante –“velando en oración”– Viene bien la súplica anhelante de los primeros cristianos, puesta en imperativo: ¡”Maranhata”, ven Señor Jesús!”