10. EL PORFIRIATO

Su comprensión partirá de la generación de condiciones de posibilidad para el nuevo Modo de Producción Capitalista (MPC). Antes de iniciar su transición, respecto al MPF, habría que “fabricar al fabricante”, lo que conlleva a allegarse un capital inicial –la “acumulación originaria”-, que siempre ha implicado crueldad e injusticias.[1] En el Porfiriato, estas medidas fueron: la apropiación de las tierras comunales, la explotación de los hacenderos, el robo en las tiendas de raya, la esclavitud por deudas (heredadas de padres a hijos), las largas jornadas laborales, el salario miserable, la destrucción de la educación popular, la represión inmisericorde, la falta de libertad de expresión, etc. La inconformidad se extendía entre las mayorías, pese a los intentos de sofocar las insurrecciones. La pregonada “Pax Porfiriana” se revelaba como la “Paz de los Sepulcros”. No obstante, la supervivencia misma lleva a correr riesgos, de modo que los levantamientos se incubaban por todas partes.

Por lo que toca a la Iglesia, al término del Concilio de Antequera, los seis obispos participantes enviaron a Díaz una carta de apoyo. De la misma forma, al concluir V Concilio Provincial Mexicano, los obispos participantes enviaron una felicitación al Presidente, pues a pesar de las nuevas leyes y “gracias a la sabiduría y al espíritu superior” del presidente de México –como dijo Arz. Montes de Oca- era clara cierta mejoría en las relaciones con la Iglesia.

Antecedentes

A fines de siglo, los ciudadanos estaban hartos de tantas guerras y asonadas, que dilapidaban presupuestos y causaban intranquilidad. El país estaba retrasado, a pesar de sus cuantiosos recursos; mientras el mundo entraba en una fase de rápida industrialización. Se pensaba que México había llegado a su madurez, y la mayoría juzgaba que había condiciones para satisfacer ambas aspiraciones y alcanzar un Estado moderno, seguridad y desarrollo.  

Por eso, el 1º de abril de 1877, apenas reconocida su victoria en la rebelión de Tuxtepec y asumida la Presidencia, el Gral. Porfirio Díaz como presidente, se dirigió al Congreso de la Unión fijando el programa de su gobierno: imponer la paz y promover el desarrollo económico;   

Personalidad 

  • Porfirio Díaz tenía personalidad conciliadora y vocación unificadora: integrar ideologías diversas, (liberales y conservadores), razas (su ser mestizo unificaba a blancos e indígenas: mis dos abuelos, Cortez y Cuauhtémoc) (Molina Henríquez); todo esto, a condición de que se apoyaran en la persona misma del “Señor presidente”. Era necesario un gobierno fuerte; aunque para ello sufriera la democracia (decía que “el pueblo no está maduro para la democracia”). Para facilitarle su Gobierno, modificó la Constitución. 
  • “Milita rote” de toda la vida, Porfirio era de carácter brusco y vulgar; aunque su esposa, Dña. Carmen Romero de Rubio, lo fue educando, para que adquiriera mejores modales (hasta su piel se blanqueó un poco) y se volvió “Don Porfirio”. 
  • Fue un liberal. No modificó las Leyes de Reforma. Pero gobernó para los privilegiados (muchos de ellos, conservadores), con poder absoluto y formas monárquicas (escenarios y vestuarios fastuosos). Se acercó a la Iglesia y la tranquilizó; pero, a cambio, le pidió su claro apoyo.  

Biografía: primeros estudios. 

  • José de la Cruz Porfirio Díaz Mori (Oaxaca1830 – Paris 1915). Hijo de padre criollo y madre mixteca. Su padre -pobre, pero trabajador-, se fue abriendo camino. En la ciudad de Oaxaca puso un mesón y se dedicó a la herrería. Su padre murió de cólera y la madre se hizo cargo de la familia, y fue así que salieron adelante. En 1843 entró al seminario, haciendo bachillerato en Artes. Cuando la intervención estadounidense, a varios seminaristas se les permitió reclutarse en las filas de los defensores; pero no hubo oportunidad de ir al Frente. Conoció a Juárez y siguiendo su ejemplo, salió del seminario, se inscribió en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, se recibió de abogado y fue maestro. 
  • Al salir del seminario, le interesó el ejército. Participó en la Segunda Intervención Francesa. Combatió en la Batalla de Puebla. En 1865 Juárez lo nombró General de División y el 28 del mismo mes le dio el mando militar de Veracruz, Puebla y Oaxaca (aquí organizó guerrillas contra los franceses) En el Plan de la Noria combatió contra Juárez y posteriormente, en el Plan de Tuxtepec, contra Sebastián Lerdo de Tejada. Presidente interino un mes de 1876, y otro en 1877, luego ocupó de manera ininterrumpida la Presidencia Constitucional de 1877 a 1880 y después, entre 1884 y 1911. 

Presidencia imperial 

  • Una vez concluida la intervención francesa, Juárez pensó que era conveniente postularse una vez más para presidente, en el período 1867 a 1871, cuyas elecciones ganó con amplia mayoría (2,344 frente a 785 para Porfirio Díaz). Díaz, abatido por la derrota y privado de la conducción del ejército, se retiró a La Noria, donde se dedicó a la función de cañones, elaboración de pólvora y municiones, así como a la agricultura. Llegado el momento, se decidió a contender a las elecciones de 1871, en las que Juárez se postuló nuevamente y ganó, quedando Días como segundo candidato, con 3,555 votos (frente a 5,000). El 8 de noviembre, lanzó el Plan de La Noria, convocando a todos los militares a unirse contra Juárez; pero fue entonces que éste murió. 
  • En las elecciones siguientes, Díaz contendió contra Sebastián Lerdo de Tejada, quien ganó la elección. Porfirio se instaló en Veracruz, viviendo modestamente, dedicado a la agricultura y a ingeniosos inventos. Ante las torpezas de Lerdo, Porfirio Díaz fue ganando partidarios, principalmente entre la clase alta. Lerdo intento reelegirse; pero su política contra el clero había disgustado a sectores influyentes, y fue así que el 18 de enero de 1876 Porfirio Díaz se levantó en armas, en la Revolución de Tuxtepec, apoyado por el clero, y obtuvo la Presidencia. Lerdo perseguía a Díaz, contando con la fidelidad de la mayor parte del ejército. Fue derrotado por Mariano Escobedo; pero Lerdo logró viajar a Cuba, donde se fortaleció. Se enfrentaron Mariano Escobedo y Díaz, siendo éste apoyado por Manuel González, haciendo huir a los lerdistas. Finalmente, se convirtió en presidente el 5 de mayo de 1877. 

Primer mandato presidencial (1877-1880) 

  • Su primera preocupación fue ganarse la confianza de Estados Unidos, cuidando su relación con el embajador John Foster y renegociando la deuda, que pagó por partes, durante 15 años. La segunda preocupación fue la pacificación del país, asolado por bandidos y caciques locales, con gente armada por todas partes. Procuró el control de los cacicazgos locales, mediante el establecimiento de guarniciones militares en varios puestos conflictivos. Su secretario de Hacienda, Yves Limantour, fue enviado a Estados Unidos para crear buena imagen de México y logró que una comisión de empresarios visitara el país con intereses de inversión. 

Manuel González (1881-1889) 

  • En este periodo, el nuevo presidente impulsó los ferrocarriles, concesionándolos al Reino Unido. También concesionó la red de telégrafos y fundó dos bancos -el Banco Nacional Mexicano y el Banco Mercantil Mexicano-, que, fusionados, en 1884 dieron lugar al Banco Nacional de México (Banamex). Sin embargo, estos avances en la economía se vieron empañados debido a frecuentes escándalos de corrupción. 

El “Porfiriato” hace referencia a los 35 años de gobierno personal y autoritario de Porfirio Díaz –entre 1886 y 1911–, sólo interrumpidos por los cuatro años del período de Manuel González. Sus indudables logros y también, sus grandes fallas 

  • En 1889 ya se inquietaban aires electorales. Lerdo aspiraba, y preparo una revolución (lo usual entonces), entrando por Veracruz; pero el Gobernador Cándido Aguilar, lo detuvo. Fue entonces cuando Díaz le envió su famosa frase; «mátalos en caliente y después averiguas». Pero Manuel González, el candidato de Díaz, lo sucedió durante un período completo. 
  • En este período, la esposa de Díaz, Delfina, se puso gravemente enferma y el General quiso casarse por la Iglesia. El arzobispo de Michoacán, D Pelagio Antonio Labastida y Dávalos accedió; pero le pidió que Díaz abjurara la Constitución liberal que había jurado. Poco después, en 1881, Porfirio conoció a Carmen Romero Rubio en una fiesta, y con pretexto de tomar clases de inglés, la cortejó y se casó con ella. 

ECONOMÍA 

  • La estrategia económica de Don Porfirio estaba dirigida a lograr el desarrollo económico, y desde el comienzo se centró en dos vertientes: fortalecer y consolidar los grandes capitales internos (constituidos fundamentalmente por los latifundistas) y franquear la entrada a los capitales extranjeros (regalos petroleros). En ello puso todos los medios a disposición del Estado, incluidos los de carácter represivo 
  • La inversión extranjera. – En la década de 1900 casi toda nuestra plata la exportaban la American Smelting and Refining; nuestro cobre, la Cananea Consolídate Cooper; nuestro henequén, la International Harverest; nuestro caucho, la International Rubber; nuestro petróleo, las filiales con nombre mexicano de la Royal Dutch Shell, la Standard Oíl, la Sinclair Oíl. A Estados Unidos se le dio la concesión de los ferrocarriles, cuyo trazado (aparte de rodeos inútiles) se orientaba hacia la exportación de recursos a aquel país. 
  • Los operadores en México de estas grandes empresas tenían nombres con olor de corrupción (José Yves Limantour, Olegario Molina, Enrique Creel, Francisco Bulnes, Porfirio Díaz Romero-Rubio). Eran los privilegiados del Régimen, que como en la Santísima Trinidad, una misma persona ejercía tres funciones distintas: las grandes trasnacionales, los latifundistas y la alta burocracia: Limantour poseía más de 200 mil hectáreas en Chihuahua, era operador de compañías petroleras, y secretario de Hacienda. Olegario Molina, secretario de Fomento y gobernador de Yucatán, era el gerente general de la International Harvester y uno de los mayores propietarios de Yucatán. Enrique Creel, secretario de Relaciones Exteriores y gobernador de Chihuahua, tenía 600 mil hectáreas y era operador de la Asarco y la International Rubber. La electricidad fue concedida a los alemanes, quienes mostraron su ingenio en base de turbinas impulsadas por la fuerza de la gravedad de los depósitos de agua subterránea. En 1879 se descubrieron en Veracruz importantes yacimientos de petróleo, que petroleras estadounidenses las explotarían.  

Los que cargaron los costos 

  • El Modo de Producción Capitalista se estaba consolidando; pero el Capital no puede darse sin una “acumulación originaria” (allegarse una fuerte cantidad de dinero, de otro origen), y esto suele darse de manera sucia (sobreexplotación, robos, saqueos). Así lo hicieron las potencias europeas, cuya industrialización fue posible por el saqueo de recursos de sus Colonias. (Como dijo Marx: “El Capital nace chorreando sangre y lodo por todos sus poros”
  • Ante el régimen corporativo (la hacienda y la comunidad indígena), la tarea de los nuevos capitalistas fue “liberar” al obrero, de la absorción de las corporaciones, a pesar de que éstas, a su vez, de alguna manera protegían al trabajador. Al capitalismo conviene un proletario que no posea nada, más que su fuerza libre de trabajo (libertad para morirse o no de hambre), dispuesto a la explotación más inmisericorde; pero que, al mismo tiempo, no fuese esclavo, pues entonces se tenía que hacerse cargo de su sobrevivencia.  
  • La misión histórica del Porfiriato se logró mediante la sobreexplotación: el esclavismo en haciendas henequeneras, las tiendas de raya en las haciendas, el despojo de tierras comunales, Guerras de exterminio a los indígenas (yaquis, mayas). En último término, los beneficiarios de esta sobreexplotación y saqueo fueron las grandes potencias colonialistas de siempre, las cuales, sin mucha dificultad, se repartieron la conveniente división territorial entre ellas, y bajo la forma de colonias formales e informales, así como esferas de influencia, en cuyo proyecto, el papel de México (y otros países de América Latina), fue la producción de materias primas. 

POLÍTICA 

  • A su Gabinete, compuesto inicialmente con compañeros de armas, se les fueron uniendo buenos economistas, juristas, un juarista, un lerdista, un monárquico. Dentro de la sociedad cercana a Díaz destacó un grupo de políticos e intelectuales conocido como «Los Científicos», encabezado por el ministro de Hacienda, Limantour. También Justo Sierra, Joaquín Casasús, Francisco Bulnes, Pablo Macedo y Miguel Macedo, Manuel Marroquín y Rivera, quienes ocuparon importantes puestos políticos. Al paso de los años, permaneció el mismo gabinete con los mismos funcionarios, por lo que se podía hablar de una “gerontocracia” 
  • Prensa: La pacificación de la prensa en México fue otro de los objetivos políticos de la administración política. A fines de 1887, Guillermo Prieto escribió: «La prensa, nuestro cuarto poder, es el único bastión sobreviviente del liberalismo puro y original». Manuel González publicó en 1882 un decreto conocido como Ley Mordaza, en el que se establecía que cualquier periodista podía ser aprehendido, llevado a prisión y sometido a juicio por denuncias de cualquier otro ciudadano: en 1888 subsistían 130 periódicos, y en 1911 quedaban 54 (los demás clausurados).  
  • Represión- El régimen reprimía por la fuerza de las armas, no sólo a sus opositores políticos y a las numerosas rebeliones indígenas o campesinas, sino también a bandoleros. Se recurre al fusilamiento, o la “ley fuga”. Los rurales eran policías profesionales mejor pagados y entrenados que el ejército, un cuerpo de élite y fueron la herramienta en la cual Díaz se apoyó para pacificar el país.  
  • El exterminio de los yaquis. Hubo mucho descontento en el campo (en especial entre los grupos étnicos), que fue sofocado. La mayoría era inconformidad por el despojo de sus tierras comunales. Una de las represiones con mayor repercusión nacional y extranjera fue la llevada en contra de los indígenas yaqui. Se habían asentado en el Norte, sin ser molestados durante más de cien años. Sin embargo, hubo levantamientos contra la condición de servidumbre y de explotación laboral. Organizaron una guerra de guerrillas contra el gobierno. Los federales sufrieron muchas bajas…. hasta que, en 1896, el gobierno optó por una campaña de exterminio de los yaquis, siendo enviados como esclavos a Yucatán.  
  • Bajo ese signo, de 1877 a 1910 se avanzó en materia económica de modo tangible; pero se fue abriendo paso la idea de que la libertad no puede ni debe sacrificarse en aras del desarrollo económico. Esta idea es reforzada por una realidad: el crecimiento económico del país no se había reflejado en un mejor nivel de vida de los pobres; al contrario, los más pobres vivían peor en 1910 que en 1877, muchos incluso en condiciones de esclavitud.  

CULTURA 

  • Su primer mandato, estuvo inspirado en la filosofía positivista de Augusto Comte, que pensaba que la ciencia (positivista, racionalista) inauguraba el tercer estado evolutivo, después de la magia/religión y la filosofía. Como ideología, representaba las aspiraciones de la burguesía liberal, y adecuadas al momento que vivía el país. Su lema: “Orden y Progreso”, pero cuando la burguesía se consolidó en el poder, el slogan se quedó con el “orden” -la “Pax Porfiriana” o “Paz de los Sepulcros”- y se olvidó el “progreso”. 
  • Siendo Francia la patria del liberalismo decimonónico, el “afrancesamiento” de las élites influyó en la cultura mexicana: la cocina, el baile (el vals, la polca), la música, etc. La lengua francesa era el idioma diplomático de entonces y la lengua que se enseñaba en los colegios para la oligarquía. 
  • En su gobierno florecieron las artes y las ciencias, debido a que desde el siglo XVII, el país convulso no lo facilitaba. Especialmente destacó en la literatura, con las “veladas literarias” de Ignacio Manuel Altamirano, y grandes figuras, como Guillermo Prieto, Manuel Payno, Ignacio Ramírez (el Nigromante), Vicente Riva Palacio, Luis G. Urbina, Juan de Dios Peza y Justo Sierra. Se fomentó la investigación historiográfica y las lenguas de México. Se creó, por medio de Justo Sierra, el Ministerio de Educación Pública,   

LA IGLESIA CATÓLICA 

  • Díaz intentó conciliarse con la Iglesia católica, contra quien el gobierno liberal mantuvo un estado en conflicto a partir de la promulgación de la Constitución de 1857. A la Iglesia le mantuvo privilegios y dejó sin aplicar las Leyes de Reforma. La Iglesia se acercó al presidente y lo apoyó. Aprovechó su presencia pública, para acrecentar sus propiedades, reorganizarse y abrir centros de formación (seminarios, vocaciones) y crear 11 nuevas diócesis. 
  • Obispos influyentes y conciliadores de los que se valió el Dictador 
  • Dn Pelagio Labastida y Dávalos, arzobispo de México, quien casó a Díaz con Delfina Ortega, poco antes de que ella muriera.  
  • D Eulogio Gillow y Zavalza, hijo de hacendados poblanos y educado en Inglaterra. Se convirtió en amigo cercano de Díaz, lo casó con Carmen Romero Rubio. Fue enviado como representante de México a la exposición agrícola, a fin de atraer inversión norteamericana. Díaz le pidió a Gillow que le diera a Labastida este recado: “el jefe chicano de la Reforma, el soldado que escarmentó en Puebla y México a los austro-traidores, no es enemigo del clero. Le brinda su amistad, si el clero está dispuesto a facilitarle el camino de la unidad nacional” 

D Eulogio Gillow  fue investido como primer arzobispo dé Oaxaca, y para esa ocasión, Díaz le obsequió una esmeralda rodeada de brillantes y el nuevo arzobispo envió al presidente una joya traída desde Francia, que recordaba las Guerras Napoleónicas y un busto de Napoleón Bonaparte.  

  • D Ignacio Montes de Oca, obispo de Tamaulipas, quiso celebrar su cumpleaños con mucha pompa para mostrar la fuerza de la Iglesia. Díaz no quiso quedarse atrás y le envió para su fiesta un destacamento de soldados de élite impecablemente uniformados. Otra ocasión que utilizó la Jerarquía fastuosa para visibilizarse y mostrar su capacidad de convocatoria popular, fue la coronación de la Virgen de Guadalupe en 1895 y su proclamación como Emperatriz de las Américas 1910.  
  • El Obispo Eduardo Camacho fue obligado a dimitir por oponerse a la Coronación, negar las apariciones y proponer que la Iglesia se sometiese a las Leyes de Reforma.  
  • Los Concilios provinciales se habían suspendido desde 1792. Ahora preparan el Concilio plenario Latinoamericano en Roma 1899 (CELAM I). Reapertura de la Universidad Pontificia 1896. Se abren 26 seminarios diocesanos (“romanización” en la formación sacerdotal). 

Las denominaciones protestantes 

  • Hubo tensiones con Estados Unidos acerca de la colonización del Norte. Se requería poblar aquella región del país; pero los posibles colonos norteamericanos eran protestantes, de las denominaciones históricas, y presionaban por la libertad religiosa. Los liberales mexicanos veían esto con buenos ojos, para neutralizar a la Iglesia Católica. 

El catolicismo social 

  • La Rerum Novarum de León XIII (1891) no podía ser ignorada por el episcopado mexicano; aunque empezaron a actuar hasta 1903. Se organizaron “Congresos y Semanas Sociales”; pero en ellos sólo explicaban los buenos propósitos no logrados –mejorar las condiciones de las mayorías–, sin sugerir iniciativas de cambio. No se habló de los salarios de hambre, de los peones acasillados, de la esclavitud, ni de las rebeliones de indios del Norte y mayas.  
  • Los cuatro Congresos Sociales, diseñaron estrategias para mejorar las condiciones: mejorar habilidades técnicas, talleres de artes y oficios, cajas de ahorro. Se exhortó a los patrones para que diesen un día de descanso y que monto de salario fuese justo. El Congreso de Oaxaca 1909 trató sobre los grupos étnicos (médico, alcoholismo y adulterio): Pero se daba indicaciones a los indígenas para que respetaran la propiedad ajena. Más bien trataba de moralismo familiar. 
  • El Partido Católico Nacional. Muy bien organizado y disciplinado. Tuvo bastantes afiliados. Se constituyó en 1909, cuando Díaz le declaró al embajador Creelman que veía que el país ya estaba maduro para la democracia y no pensaba reelegirse. Algunos lo creían como brazo de los obispos; pero estos más bien lo combatieron. En 1904 apoyó a Madero y en 1905 a Victoriano Huerta (fue su perdición) 
  • También se formó el Sindicato de Obreros Guadalupanos, que llegó a tener más afiliados que la CTM. 
  • El campo político dejó de ser objeto de lucha por la jerarquía. Trataba de no involucrarse en problemas políticos, y callaba ante la creciente desigualdad social. 

Relaciones jerarquía/Gobierno. Periodización 

  • Búsqueda conciliatoria mediante relaciones personales (1876-1880).  
  • Intercambio de servicios. (1880-1892).  
  • Apoyo colectivo de los obispos a Díaz (1892-1909).- Seis obispos del Concilio de Antequera envían una carta de apoyo a su gobierno. Díaz fue quien los citó y ellos se plegaban: “la religión católica les previene respetar a las autoridades legítimas y tributarle los homenajes debidos” y manifiesta su satisfacción con este Régimen Primer reconocimiento a un Gobierno liberal. Con motivo de la felicitación de Díaz a los obispos asistentes al Congreso Plenario, el obispo Montes de Oca expresó: “gracias a la sabiduría y al espíritu superior del presidente, a pesar de las leyes, ha habido paz en el país”.  
  • Algunos sectores de la Iglesia no apoyaron a Díaz.  
  • Mons. Banegas Galván, obispo de Michoacán, fue uno entre varios obispos que no apoyaron a Díaz. Lo calificó como “el causante de la descatolización del país” (permitir a los protestantes, violación de DDHH, pensamiento positivista y destructor de la democracia). Al no modificar la Constitución, ésta se podía aplicar a los grupos de Iglesia críticos del régimen, lo que muchos lo tomaron como persecución. 
  • Hubo varias voces eclesiásticas discordantes. Algunos utilizaron la prensa católica para denunciar como “crimen” la autorización para que entren los protestantes a México, por atentar contra la unidad nacional. 
  • Algunos sacerdotes asesoran y se involucran en rebeliones campesinas e indígenas católicos, en luchas por sus tierras. 

En lo intraeclesial 

  • La Iglesia tiene autoridad al interior; es escuchada por la mayoría como dogma, como única verdad. No había diálogo; era sólo acatarla. El racionalismo había sido condenado por el Syllabus de Pío IX y Concilio Vaticano I y ratificado por el Concilio Plenario Latinoamericano de Roma. 
  • Consecuencia: gran pasividad de las mayorías, alimentada por el culto y el devocionalismo. Pasividad organizacional: sólo contaban los sacerdotes, nada de laicos, incluso ni en los Congresos y Semanas Sociales.  
  • Gillow –igual que aquellos capellanes de las haciendas que comían en la mesa del patrón– imbuía en los peones las virtudes de humildad, sumisión, mansedumbre, obediencia, laboriosidad y honradez. Pero también, crece el malestar hacia la Iglesia, por sus cobros exorbitantes en los estipendios 

Nuevas congregaciones religiosas 

  • La Iglesia, por tener su atención puesta en la defensa de sus bienes y ahora en sus intentos de conciliación, había descuidado mucho la pastoral rural. Ante este abandono, había rebrotes de idolatría, y surgían líderes religiosos, con supuestos dones místicos y curativos: uno se sentía reencarnación del Sagrado Corazón, otra, la Santa de Cabora, hacía curaciones (como después, el Niño Fidencio). Estos movimientos religiosos representaban problemas, y no sólo para la Iglesia. Díaz mismo solicitaba a la Iglesia que descuidar el campo y aquietar a los indios, que se estaban independizando religiosamente que podrían convertirse en signos de rebelión campesina. 
  • Respondiendo a estas razones, el arzobispo primado, D. Antonio Labastida, trajo nuevas congregaciones con vocación misionera (josefinos, pasionistas, claretianos), ya que no se confiaba en las antiguas Órdenes (franciscanos y dominicos), pues siendo peninsulares, solían ser muy revoltosos. Por ejemplo, la labor de los josefinos para pacificar a los yaquis y “colaborar por la paz.” Los jesuitas también regresaron. Los Claretianos en tuvimos el Colegio Hispano mexicano, en Toluca, para educar a las élites (españoles). 

Se avecina la insurrección 

  • El Capital requiere de la acumulación originaria para desarrollarse y así, “fabricar al fabricante”; pero al hacerlo, el nuevo empresario estaba gestando a quien sería su sepulturero: el proletario, el cual, como nuevo sujeto histórico, será el gestor de un nuevo Modo de Producción: el Socialismo. 
  • Había tendencias hacia cierto socialismo tipo Fourier (Plan de Chalco 1868): volver a lo comunitario; pero sin opresión al individuo (apropiación de las tierras comunales, explotación de hacenderos, robo de tiendas de raya, esclavitud por deudas de los padres a hijos, jornadas miserables). “El socialismo, decía dicho autor, es la forma más perfecta de convivencia social”.

9. SIGLO XIX. GÉNESIS DEL ESTADO LIBERAL

Este período es difícil de entender. A primera vista, nos parece una simple serie de asonadas y golpes militares y sucesiones de Gobiernos (en 26 años hubo 21 presidentes, en 43 ocasiones, Santa Anna fue 11 veces presidente). La única forma de entenderlo es desde la emergencia del nuevo modo de producción capitalista (MPC) y su Estado liberal. La construcción de este Estado será oponerse al Modo de Producción Feudal hegemónico, sostenido por la Iglesia (acumulación de tierras).

Cuando la Nueva España se independizó de la Metrópoli, dado el centralismo de los Borbones, quedó un vacío de poder. Además, faltaban estructuras autónomas y no había dinero. Entonces, los sectores más identificados con el virreinato (el Consulado de Comerciantes de Veracruz, orientado al consumo interno; la aristocracia criolla, en especial los terratenientes del centro, el ejército pretoriano, y los peninsulares que habían optado por quedarse antes de ser expulsados a causa de la revolución del P Arenas),[1] fueron aglutinándose en torno a la institución entonces la más sólida: la Iglesia Católica.  

El nuevo sujeto liberal tuvo como aliados a los protestantes y al Gobierno norteamericano de Lincoln. El norte del país estaba muy despoblado e inseguro; pero los posibles colonos estadunidenses, a quienes se les ofrecieron tierras, condicionaban la colonización y modernización del Norte, a la libertad religiosa.

Las corporaciones

En aquel entonces, los liberales buscaban situar en el lugar que le corresponde a un Estado moderno y subordinar a las poderosas instituciones heredadas de la Colonia. Su modelo era el régimen republicano, según de la Constitución de Cádiz de 1812; y precisando, además, como república federal, según la de 1824. Ante esto, la Iglesia y todas las fuerzas identificadas con la Colonia (especialmente las “corporaciones”: Iglesia, haciendas, gremios artesanales, cofradías, Comunidad indígena con sus ejidos y tierras comunales, etc.) trataron de resistir. Se oponían al capitalismo y a la modernización.

En las corporaciones, el “bien común” prevalecía sobre el individual. El individuo quedaba totalmente negado. Ante esto, el liberalismo resalta los derechos del individuo y la propiedad privada. Los campesinos se sentían amenazados por el régimen liberal de repartición de tierras. Veían cómo los latifundistas pretendían la acumulación de riqueza, mediante la apropiación de tierras laborales, por lo que hubo protestas y revoluciones. Además, se sentían agobiados por la Iglesia y sus excesos en cobros por servicios religiosos (diezmos, obvenciones, mercantilización de servicios.), con lo que estos adquirían un carácter comercial (Juárez, en Candelaria, luchó legalmente contra el cura, por tal motivo). Los conservadores difundieron la imagen de que la lucha era contra la religión. Ya aparece embrión de cierto socialismo tipo Fourier (Plan de Chalco 1868): volver a lo comunitario; pero sin opresión al individuo: contra la apropiación de las tierras comunales, explotación de hacenderos, robo de tiendas de raya, esclavitud por deudas de los padres a hijos, jornadas miserables. “El socialismo -decía Fourier- es la forma más perfecta de convivencia social”.

La corporación más importante era la Iglesia (por medio de la “parroquia”, que aglutinaba a la gente). Por ello, el objetivo principal era diseñar un Estado laico, que superase el Estado Confesional colonial. Era previsible que, ante esta necesidad se gestase cierto espíritu anticlerical, no necesariamente antirreligioso (“que reine la religión; pero nunca la Iglesia y menos los curas”).

Frente a este bloque clerical-terrateniente fue irrumpiendo un nuevo sujeto, portador de otro modelo social: los liberales, que en Europa se proponían la formación de Estados Nacionales y la aplicación de la industrialización inglesa a la siderurgia. En México, este sujeto histórico estuvo compuesto por grupos reducidos pequeño-burgueses -burócratas, cuadros bajos del ejército o del clero, profesionistas, abogados, periodistas, exseminaristas- con gran habilidad para hacer alianzas y recabar adhesiones. La burguesía liberal, este sujeto histórico emergente, se propondrá la industrialización capitalista. Para ello “hay que fabricar al fabricante” y “liberar” al proletario del tutelaje corporativo. Que sólo tenga su fuerza de trabajo “libre” (no esclavo). También se proponían construir un Estado laico no confesional. Pero ante la intransigencia del clero, se generó en ellos cierto espíritu de animadversión -anticlerical, sí; más no antirreligioso- (“que reine la religión; pero nunca la Iglesia y menos los curas”)-. No sólo en este sujeto: mucha gente empobrecida estaba también protestando contra la Iglesia (extracción abusiva de diezmos, obvenciones, mercantilización de servicios y olvido pastoral, etc.).

Al bloque conservador-terrateniente, curiosamente, se aliaron las “corporaciones” (el gremio, la parroquia, la cofradía, la comunidad indígena). Hay que tener en cuenta que, en la ideología corporativista, el “bien común” prevalecía sobre el bien individual, y en cambio, el liberalismo en Francia se centraba en el individuo. Así proponía el Derecho del Hombre y del Ciudadano (individual, contra la opresión corporativa), así como la propiedad privada de la tierra, por lo que temían que se les expropiaran sus tierras comunales.

Como todo Modo de Producción, el capitalismo para consolidarse requirió de estructuras políticas e ideológicas. En Alemania, con Lutero, revistió la forma de heterodoxia; en Inglaterra, el deísmo; en Francia, la Ilustración y el galicanismo. En España e Hispanoamérica, donde la Iglesia era más fuerte, aparecieron iglesias nacionales supeditadas al Estado.

Inevitablemente, un Modo de Producción no puede transformarse en otro sin fuertes conflictos. En Francia, el modo cómo el liberalismo burgués llegó al poder fue la toma violenta de La Bastilla por parte de las masas populares. Sin embargo, este fue el único país en que el poder se tomó por asalto –durante la Revolución Francesa, rodaron guillotinadas cabezas de aristócratas y obispos–. Esta es la vía llamada “jacobina” (el club liberal que la posibilitó se reunía en la Iglesia de Santiago, “Saint Jacob”); la toma violenta del aparato del Estado; pero fuera de este caso, en todos los demás países, el capitalismo burgués pasó a ser hegemónico empleando la táctica de la “revolución pasiva” -revolución, sin revolución; pero finalmente, revolución-. Se trata de una serie de alianzas, negociaciones, avances y retrocesos; quizás confrontaciones armadas de menor importancia… y así se fue colando entre los poros del bloque feudal dominante, aprovechando sus fisuras… hasta que, finalmente, logran que el grupo hegemónico se degradase, de ser dominante y dirigente, a ser solamente dominante: la dirigencia se alcanza cuando su proyecto es aceptado por amplias capas sociales (en concreto, un Estado laico, nacional, unificado). A pesar de que italianos hayan sido los primeros en diseñar este tipo de Estado y su táctica de lograrlo, debido a la fuerza del Papado, Italia fue el último país europeo donde se impuso el capitalismo.

En México, la correlación de fuerzas era incapaz de tomar violentamente el aparato del Estado. El recuerdo de las masas de Hidalgo y Morelos (vía jacobina) les atemorizaba. Prefirieron aliarse a miembros de la vieja clase. Aplicaron (sin proponérselo) la “revolución pasiva”, táctica que se presta a oportunismos y caudillismos personalistas (Santa Anna).

El enfrentamiento comenzó en las logias masónicas mismas: yorquinos y escoceses, clubs políticos conservadores y liberales, ambos Partidos liberales (vinculados a Francia o a EEUU). Los liberales se ganaron parte de la oligarquía: terratenientes del Norte y del Bajío, orientados hacia el exterior: inversiones. Ambos Partidos fueron indiferentes hacia el pueblo al que utilizaron como carne de cañón; ambos eran liberales y masónicos, y ambos pretendían mantener el Concordato con la Santa Sede. Pero cada cual tenía un proyecto diferente de Estado:

CARACTERÍSTICAS Y DIFERENCIAS DE AMBOS PARTIDOS

LIBERALES CONSERVADORES
Sujeto emergente dominadoSujeto hegemónico dominador
Propugnan un régimen liberal republicano federalistaProponían una Monarquía constitucional o una República centralista
Se inspiran en la Constitución de Cádiz de 1812 Luchan por una nueva (1857) (libertad religiosa)Reconocen la Constitución 1824 El catolicismo como religión de Estado
Proponen un Estado laico, reduciendo el monopolio católico, expropiando bienes del cleroApoyan al alto clero. Son legitimados por este
Buscan una economía industrialUna economía en haciendas rurales
Su mayor fuerza estuvo en el Norte y SurSu mayor fuerza en el Centro y Bajío
Liberalismo estadounidense Galicanismo francésLiberalismo francés
Rito masónico YorquinoRito masónico Escoses

Momento conservador

            Ya sabemos que la Independencia de México, iniciada con ideas liberales, se consumó sobre bases insanas. Ante la debilidad de las fuerzas insurgentes, se tuvo que pactar con quienes podían aceptar la soberanía nacional de la hasta entonces “Nueva España”, a condición de no perder sus privilegios del viejo régimen, de modo que el Congreso Nacional de 1824 aceptó un régimen monárquico para la nueva nación, nombrando como emperador a Agustín de Iturbide. No tardó mucho en ser destituido, siendo el primer presidente D Guadalupe Victoria. Los peninsulares que habían decidido quedarse, temiendo la incertidumbre, desde Cuba, en 1827, reconocieron como rey de la Nueva España a Fernando VII, con el liderazgo del fraile franciscano Joaquín Arenas. Fueron derrotados por Guerrero y condenados a muerte.

En 1833 se instauró la Primera República, bajo la presidencia de D Antonio López de Santa Anna y la vicepresidencia de Valentín Gómez Farías. Fue un momento liberal, ya que el Presidente dejó hacer a Gómez Farías, retirándose a su Hacienda Manga del Clavo. El vicepresidente, cristiano connotado, decretó algunas leyes que restringían al clero y sus propiedades, lo que provocó una reacción muy violenta. En esa década, los gobiernos liberales desterraron a varios obispos. Los conservadores fueron a traer a Santa Anna, celebrando su regreso a México en 1834 con un glorioso triduo.

Desde 1830, los texanos, lidereados por los dos terratenientes más importantes, Stephen Austin y Lorenzo de Zavala, habían presentado a Gómez Farías sus inconformidades con la Gobierno de México, manifestando su intención de separarse e independizarse, siendo abiertamente alentados por el Gobierno de Estados Unidos, que quería comprar territorios mexicanos. En una Convención realizada en Washington, el 2 de marzo de 1836, los texanos declararon su independencia, basándose en que muchos colonos formaban un conglomerado distinto del resto de la nación mexicana, por su idioma y religión. En 1845 se incorporaron a los Estados Unidos.

En 1837, el bloque conservador cambió la Constitución y con ella, el régimen, convertido en República Centralista. Al año siguiente, Francia detuvo un barco cerca de Veracruz. Un panadero francés había vendido unos pasteles a la autoridad y ésta rehusó pagarlos, y con tal pretexto, los franceses bombardearon Veracruz e hicieron una guerra (la “Guerra de los Pasteles”). Esto mostró la debilidad del Gobierno. En efecto, los peninsulares que salieron del país se habían llevado consigo todo el dinero del erario.

Ante los graves problemas del momento, parecía que lo único que les preocupaba a los eclesiásticos eran sus bienes. En 1847, cuando los Estados Unidos invadieron México, los liberales trataron de defender al país como pudieron, incluso los soldados no tenían ni siquiera botas… tuvieron que pedir a la Iglesia -la Corporación que tenía más dinero- un préstamo forzado (sólo los carmelitas de Sn Luis Potosí mostraron una generosidad ejemplar). Cuando a Paredes le apremiaban recursos para enfrentar la invasión, en Puebla, unos jóvenes les organizaron un motín (el “Motín de los Polkos”, pues la polka era entonces la música que bailaban en los salones)

En 1853 vuelve Santana y ocupa la Presidencia. Fue entonces cuando nuevamente Estados Unidos declaró la guerra a México y el 13 de septiembre tomó la Capital. Asaltaron el Castillo de Chapultepec, donde entonces funcionaba una escuela para cadetes, y éstos trataron en vano de defender el edificio (los “niños héroes”). En tal situación de guerra fue cuando Estados Unidos le “compró” al Gobierno Nuevo México, California y parte de Tamaulipas (Tratado de Guadalupe), en tan sólo $15 millones de dólares. Santa Anna decretó la abolición de las leyes contra la Iglesia, y puso algunos impuestos ridículos (sobre los coches, las ventanas y los perros).

Fue en 1854, cuando Juan Álvares proclamó el “Plan de Ayutla”, destituyendo a Santana. Entonces liberales recuperaron el Congreso y proclamaron una nueva Constitución; pero todavía, al año siguiente, Santa Anna asaltó el poder, y entonces vendió a Estados Unidos La Mesilla. 

Momento liberal

Los liberales no tuvieron muchas posibilidades de triunfar hasta que, por fin, principal (la Iglesia), y cuál, el medio adecuado para enfrentarlo (“desamortización de los bienes eclesiásticos”).

Durante la Colonia, la Iglesia había recibido muchas atribuciones –el monopolio educativo, la salud, la asistencia social, registro demográfico, etc.–; varios eclesiásticos ocuparon cargos políticos (el obispo Portugal fue ministro de justicia y negocios eclesiásticos, el arzobispo Lizama Beaumont fue nombrado Virrey). La Iglesia acumuló considerable fortuna (diezmos, legados testamentarios, bienes de capellanías, cofradías, obras pías, dotes monásticas). Ella era el principal propietario, y sus tierras eran de “manos muertas”, es decir, no se trabajaban modernamente, sino que se utilizaban para préstamos cómodos. El Dr Mora calculó la fortuna eclesiástica en $180 millones, para algunos, esto equivalía a la ½ de la riqueza nacional; para Mariano Otero ¾, y para Ian Basan, serían $100 millones, 1/5 de toda la riqueza nacional.

Para desamortizar los bienes eclesiásticos, se requirió una delicada operación de bisturí: aislar al clero de sus aliados terratenientes, ofreciéndoles a estos, los bienes expropiados. El intelectual que realizó esto fue un sacerdote, el Dr. José María Luis Mora y su arma, un discurso teológico.

   “La disertación sobre los bienes eclesiásticos”

En 1831 el Congreso de Zacatecas convocó un concurso para la mejor disertación sobre el problema de los bienes eclesiásticos. El premio lo ganó un sólido intelectual, el Dr. Mora, sacerdote liberal, nacido en Chumacero, Gto., el 12 de 0ctubre de 1794.

El ganador pretende ser el fiel de la balanza. Mora se coloca entre dos adversarios, los “impíos” y los “fanáticos”, quienes se descalificaban recíprocamente, tachándose de “apátridas” y de “herejes”. Pretende ser el “fiel de la balanza”: comprueba, con sus numerosos artículos y su trabajo en la Constitución de 1824, que no es “apátrida”; y como sacerdote, doctor en teología y catedrático de San Ildefonso, que tampoco es “hereje”.

El enemigo no era la Iglesia, sino el clero, y no todos sus elementos (el bajo clero vivía pobremente), sino más bien la Jerarquía. Estos “fanáticos” Identificaban sus intereses económicos con la religión. Los “impíos”, por su parte, no luchaban contra la “superstición”, sino contra la religión, con lo que dañaban al país. (algunos reformadores -Gómez Farías o Mariano Otero- eran laicos cristianos reconocidos)

El objetivo principal del discurso: desbaratar la identidad entre religión y enriquecimiento episcopal. Para ello, toma de Gaspard Real de Curbán la distinción entre la Iglesia como “cuerpo místico” y la Iglesia como “comunidad política”.  En la primera, la Iglesia es independiente (tiene derecho a los bienes que requiera su misión); lo segundo, es obra de los gobiernos civiles (galicanismo). Su epígrafe: “Dad (‘devolved’, según traduce Crisóstomo) al Cesar lo que es del Cesar”.

Como ideólogo de la burguesía, teme que una expropiación sentase precedente para los grandes terratenientes. Por eso, aclara: “la propiedad es un derecho natural, sagrado e inviolable… en él descansa todo el orden social”.

El Vaticano, se oponía a un Concordato; pero al mismo tiempo, exigía que el Estado sustentase al clero y mantuviese sus fueros y tribunales. Presionaba, dejando diócesis vacantes. Los Gobiernos liberales reclamaban las “libertades galicanas” (derecho de nombrar obispos).

Benito Juárez

Indudablemente, Benito Juárez García fue el hombre del siglo XIX en México. Nació en San Pablo Guelatao, municipio de Ixtlán, el 21 de marzo de 1806. Hijo de padres zapotecas, quienes fallecieron cuando Benito tenía 3 años. Su abuelo y su tío se hicieron cargo de él, encomendándole el pastoreo de las ovejas. Se cuenta que, a los 13 años, estando a la orilla de la Laguna Encantada tocando la flauta, se desprendió el trozo de tierra donde se encontraba y el viento lo alejó de la orilla. No se preocupó mucho y esperó que volviera a tocar tierra firme de nuevo; pero al juntar las ovejas notó que se había extraviado por lo menos una de ellas. Temiendo una fuerte reprimenda o algún castigo, se fue de su casa a la ciudad de Oaxaca, cuando aún no hablaba castellano.

Infancia
Presidencia
La Reforma

Llegó a la casa de Don Antonio Maza, donde su hermana trabajaba de sirvienta, y después de tres semanas lo encargó a un lego terciario carmelita, Fray Antonio Salanueva, quien tenía un taller de encuadernación y algunos libros liberales pasaron por sus manos. A sus 15 años se consumaba la Independencia y Morelos se encontraba en Oaxaca, Frente al taller estaba la Iglesia de los padres Carmelitas, los cuales apoyaban a los Insurgentes; mientras que el obispo de Oaxaca, Mons Bergoza Bastallón, había organizado un destacamento militar con los seminaristas, llamado “el batallón de la mermelada” (por su vestimenta).

Su tutor, además del trabajo, le enseñó el castellano, y viendo sus cualidades, lo encaminó al Seminario diocesano, que era la mejor institución para la formación profesional. Allí se aplicó a estudiar la teología, el castellano y las ciencias, pues el colegio contaba con un buen laboratorio. Al término de la carrera, en el examen reglamentario para su titulación, sacó “Excelente nemine discrepante”. Uno de los sinodales -un obispo “in partibus infidelis” (una diocesis ya inexistente) le regaló como premio, la obra de Campomanis “La desamortización de los bienes eclesiásticos”

En esos días, los padres dominicos abrieron el Colegio de Ciencias y Artes, en el que también se abrió la carrera de Derecho. En aquel tiempo, había un vacío de esa carrera, pues existían dos corrientes jurídicas para calificar la máxima autoridad, la corriente realista (el rey lo era) y la corriente “ultramontana” (más allá de los Alpes), es decir, el Papa lo sería), por lo que a los liberales ninguna de las dos corrientes les satisfacía, y para la constitución del nuevo Estado liberal, necesitaban profesionistas que conocieran de leyes. Su compañero Marcos Pérez le dio el empujón. Resulta que, para la inauguración del Instituto, estuvieron presentes unos pocos seminaristas a quienes les habían concedido permito; pero después de la ceremonia hubo baile, y las damas de la oligarquía se escandalizaron de que estuvieran los seminaristas, por lo que les retiraron los permisos. Benito, ya para entonces, estaba convencido de lo que quería, por lo que dejó el seminario.

            Su carrera fue meteórica: en 1930 lo vemos como encargado del aula de Física, del Seminario. Al año siguiente fue nombrado rector; en 1832, Gobernador de Oaxaca; en 1833, fue nombrado Ministro Suplente de la Corte de Oaxaca y en ese mismo año, Diputado por Oaxaca; en 1847 fue electo Gobernador de Oaxaca.

            En 1855, Santa Anna lo encierra en San Juan de Ulúa y lo destierra a Cuba. Juárez viajó a Nueva Orleans, donde, ayudado por los masones de allá y de otros exiliados (como Melchor Ocampo), apoya el “Plan de Ayutla” de Juán Ávarez, para derrocar a Santa Anna. Este tomó la Presidencia en forma provisional, y nombró a Juárez como Ministro de Justicia y Educación, puesto al que correspondía la presidencia en caso de faltar quien la tenía. Desde este cargo, decretó la “Ley Juárez”, que quitaba a la Iglesia sus fueros, para someterla al poder judicial. Ignacio Comonfort, uno de los que apoyaron el “Plan de Ayutla”, fue elegido Presidente interino Ignacio Comonfort, nombrando a Juárez en su gabinete, junto con Manuel Delgado. Comonfort juró la Constitución liberal y las nuevas leyes; aunque la Iglesia decretaba la excomunión a quien firmara la Constitución del 57. Comonfort, por presión de su madre (y del P Miranda), abjuró del juramento. Quiso, en vano, reconciliarse con los conservadores. Metió a la cárcel a Juárez y a otros. Luego lo liberó y quiso congraciarse con él; pero Juárez puso como condición que lo nombrase Presidente de la Suprema Corte de Justicia, lo que equivalía a la Vicepresidencia. Al retirarse Comonfort, Juárez ocupó su lugar, ejerciendo una presidencia interina. Esto provocó una guerra de tres años, en la que pelearon indígenas y obreros en ambos partidos.

La “Guerra de Reforma” (1857-1860)

Al derrocar a Santa Anna con el Plan de Ayutla, los liberales regresan y decretan algunas leyes para desamortizar los bienes del clero y acabar con algunos atributos propios de Estado de Cristiandad, conforme a la constitución de 1824. Lerdo expidió algunas leyes, precursoras de la Reforma en 1858.

Constitución del 5 de febrero de 1857- Varios eclesiásticos, de ambas partes, participaron en su elaboración (en Morelia, el cura Ladrón de Guevara). Los obispos se opusieron al Plan de Ayutla para derrocar a Santa Anna y lo apoyaron, con lo que perdieron legitimidad.

Encontrar un estado o lugar propio para la Iglesia era una demanda, no sólo de los liberales, sino incluso, de la Iglesia misma. La situación explica la necesidad de leyes anticlericales -no antirreligiosas, como fue la imagen que dio la Iglesia-: leyes sobre el registro civil, el matrimonio civil, el panteón civil; una ley sobre la tolerancia (1860), para que los protestantes tuvieran derecho de serlo; el cese de la obligación del Estado para cobrar el diezmo y obvenciones, el salario a los curas, la garantía de los votos religiosos como atentado a la libertad (los religiosos, algunos españoles, eran muy revoltosos), la libertad de imprenta, etc.

En 1859, Juárez decretó la nacionalización de los bienes eclesiásticos. Para justificar la expropiación, los liberales alegaban que los bienes de la Iglesia eran de la nación; pero el principal interés de hacerlo fue secar la fuente de financiamiento del Partido Conservador. La Iglesia era prestamista y ayudaba; pero ahora que se quedó sin bienes, dejó de brindar ese servicio. La venta de los bienes del clero fracasó. Habría podido dar lugar a una burguesía media extensa; pero al darse en situación caótica, los aprovechados fueron los terratenientes. Tales bienes eclesiásticos se dilapidaron en guerras y préstamos que no regresaron (tanto por los liberales como por los conservadores).

La guerra había dejado exhaustas las arcas para comprar armas. Ambas facciones pidieron préstamos al extranjero, aumentando con ello la deuda externa; pero tampoco se devolvieron tales préstamos. Entre los bienes eclesiásticos, también se afectaron las Cofradías, que en el medio indígena pertenecían a la Comunidad y no a la Iglesia, conservado seguro ante eventuales desastres.

Constitución de 1857
Guerra de Reforma
Defensa contra los franceses

Tratado McLane/ Ocampo (1859)- Fue un acuerdo entre los Estados Unidos y el gobierno liberal de México, encabezado por Benito Juárez, firmado en el puerto de Veracruz en México, el 14 de diciembre de 1859. Su objetivo era obtener dinero, que luego México devolvería; pero EEUU no lo permitió. Con el acuerdo, en cambio, México debía vender a perpetuidad el derecho de tránsito por tres pasos francos para las tropas de EU: en el Istmo, en Sinaloa y en Matamoros-Guaymas. El tránsito por el istmo de Tehuantepec a los Estados Unidos fue por un pago de cuatro millones de dólares, ​ desde el puerto de Tehuantepec, en el sur, hasta Coatzacoalcos en el golfo de México, y con la responsabilidad de México de emplear fuerzas militares para la seguridad de las personas que transitasen (artículo V); el segundo paso franco cedido a perpetuidad, fue el derecho de tránsito a favor del vecino país del norte, desde la ciudad de Guaymas, y el tercero, sería desde cualquier punto entre Camargo y Matamoros, u otro punto conveniente de la frontera de Tamaulipas, vía Monterrey, hasta Mazatlán (artículo VII). Es verdad que México mantenía su soberanía sobre los tres pasos y soberanamente podía modificar el tratado. ​

Juárez huyó al Norte disfrazado de arriero. Pasó por Guanajuato, donde nueve gobernadores liberales le dan la Presidencia itinerante, como única forma de salvar el proyecto liberal. En Veracruz, entonces sitiado por España, redacta las Leyes de Reforma. Como la nave española no tenía bandera (para evitar problemas), Juárez invocó un tratado con EEUU contra la piratería y así pudo atacar la nave.

En 1961, con facultades extraordinarias, González Ortega, vencedor de la guerra de Reforma, exigió la presidencia; pero lo hizo un año antes de la fecha establecida, por lo que Juárez maniobró para desplazarlo.

La intervención francesa

Ante las dificultades que tenía el país para pagar la deuda a países extranjeros, en 1861 estas potencias concertaron una triple alianza (España, Francia e Inglaterra). Ya que Juárez se comprometió a pagarla, España e Inglaterra se retiraron; pero Francia se quedó para apoyar a los confederados en la Guerra de Secesión en EEUU, y por aspiraciones que tenía Napoleón III. Los conservadores vieron la presencia de franceses como una salvación y los ayudaron; mientras que los liberales los atacaron. Juárez seguía siendo formalmente el presidente; pero el poder lo tenía Juan Nepomuceno Almonte (hijo de Morelos) y el arzobispo, D Pelagio Labastida y Dávalos.

Los conservadores fueron a Miramar a invitar a un príncipe extranjero: Fernando Maximiliano José María de Habsburgo-Lorena, archiduque de Austria y príncipe real de Hungría, quien hizo una entrada triunfal en la Ciudad de México, siendo coronado el 14 de abril de 1864. Habitó en el Castillo de Chapultepec y bautizó el Paseo de la Reforma (por el que se trasladaba hasta el Palacio Nacional) como “Paseo de la Emperatriz”.

El Emperador decepcionó a los conservadores que esperaban en él; pero resultó claramente liberal. Invitó a Juárez a unirse a su Gobierno, excluyendo a los conservadores; pero Juárez lo rehusó. Maximiliano rechazó un concordato del nuncio y propuso a cambio un Patronato más liberal. Nacionalizó los bienes de la Iglesia, legisló la libertad de cultos, etc. Los obispos pretendieron rechazar la legislación; pero Maximiliano les tachó de miopía. Pretendía que todas las corporaciones se sometieran al Estado. Planteó una interesante política indigenista, reconociendo a los verdaderos dueños de esta tierra. Lo que único que consiguió fue mejorar su suerte (condiciones laborales, salario, esclavitud por deudas, prohibición de la leva.

En cuanto a la Iglesia, en este tiempo se reestructuraron las diócesis u se crearon otras siete. La educación dejó de ser monopolio del clero. Algo a destacar fue el protagonismo de algunos laicos católicos en la prensa (La Cruz, el Tiempo).

Entre tanto, en 1864, Juárez estableció su Gobierno en Chihuahua, En Washington, su hijo murió de frío su hijo, pues su esposa, Margarita, no tenía recursos. Maximiliano quiso apresarlo en Chihuahua; pero Napoleón le había retirado su apoyo. Los franceses tomaron Chihuahua; pero Juárez ya había huido al Norte. Los franceses persiguen a Juárez; pero cruza la frontera. El nuevo Gobierno de EEUU apoyaba a Juárez, apoyado en la Doctrina Monroe. Maximiliano se quedó solo. La Iglesia lo apoyó económicamente. Pudo salir del país; pero prefirió quedarse. Fue aprehendido en Querétaro y fusilado el 19 de junio de 1867, en el Cerro de las Campanas, estando Juárez presente.

A la muerte de Maximiliano, los conservadores se habían dividido, por lo que Juárez, pudo reelegirse por primera vez, de 1968 a 1872 (Guerra de Reforma). Santa Anna regresó a Veracruz y se rebeló contra Juárez; pero Estados Unidos bombardeó su barco. El 15 de julio 1867, Juárez entra triunfante en la Capital. Margarita también regresó; pero murió en 1871.

Cuando Juárez terminó su período, Lerdo de Tejada ganó las elecciones (1872-1876). Incluyó las Leyes de Reforma en la Constitución y las aplicó estrictamente. Persiguió a religiosos que vivían en comunidad (por ser muy politiqueros), expulsó a los jesuitas y a otros religiosos. La Iglesia respondía con resistencia pacífica, humildad y paciencia. Los laicos adquieren protagonismo y la Iglesia los dejaba hacer. La consolidación del Estado mexicano ayudó a la Iglesia a reconocer los límites de su actividad en la vida política. Lerdo murió antes de terminar su período. Juárez buscaba ser reelegido, haciendo fraude contra Porfirio Díaz; pero este lo derrotó, con el grito: “¡No reelección!”. Finalmente, Benito Juárez falleció el 18 de julio de 1872.  


[1] En 1827, el P. Joaquín Arenas, fraile de una rama de los franciscanos descalzos que vivió la transición de la Independencia, conspiró en Cuba para restaurar a Fernando VII como rey de Nueva España. Al desembarcar lo aprehenden, lo enjuician y lo condenan a muerte. Guerrero expulsa a los peninsulares; pero éstos se llevaron la riqueza del Gobierno.

8. LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO

El nacionalismo criollo

En las postrimerías del siglo XVIII, como vimos, en la Nueva España la población se agrupaba según el régimen de castas (mezclas raciales). Las dos razas primordiales se encontraron -por la guerra y por el amor- en el mismo territorio: la raza española y la “india”. La primera distinción se dio entre los españoles nacidos en España (“peninsulares” o “gachupines”), y los españoles nacidos en estas tierras (los “criollos”). Estos últimos, habían realizado la conquista, echaron a andar las primeras empresas (obrajes, minería, ingenio), se habían enriquecido -utilizando mano de obra casi gratuita-, se habían arraigado en el territorio y lo amaban ya como propio. Se sentían ser parte de un nuevo país, con recursos suficientes para una autonomía. La política administrativa de los borbones sacaba numerosos recursos para sostener costosas inútiles guerras o para decorar suntuosamente templos y edificios. La abundancia de oro y plata de América colonial fue tal, que provocó una devaluación mundial. Estos metales, extraídos de las colonias de todo el mundo en el siglo XVI, fue de tal magnitud, que constituyó el capital originario que necesitaba la industria capitalista europea para echar a andar la industria.

 A los criollos les exasperaba que la Metrópoli tuviera preferencia por los peninsulares -los españoles recién llegados de la Península-, quienes desconocían la realidad novhispana, por lo que aquellos se sentían con más derecho. Les molestaba que todos los principales cargos -tanto civiles como eclesiásticos- los tuvieran los peninsulares; mientras que ellos tenían que contentarse con cargos subordinados. España recelaba de los criollos, pues entre ellos surgían tentaciones autonomistas; se sentían discriminados y humillados.

La confrontación no era sólo cuestión política, sino que existía una discriminación cultural. Los europeos en general despreciaban a la España católica, y estigmatizaron al Continente, con actitudes de desprecio por el territorio, por su fauna, su flora y sus habitantes. Intelectuales, incluso de elevada talla, participaron de estos estereotipos. Buffon, por ejemplo, criticaba la fauna del Nuevo Mundo: los avestruces, que como es sabido, sus patas tienen sólo dos dedos, aquí son enanos y tienen cuatro dedos (los “guajolotes”). Su desprecio llegaba a los habitantes del Nuevo Mundo: Hegel decía que los indios eran tan indolentes, que los misioneros tenían que tocar la campana para recordarles a los esposos sus deberes maritales (!). Ese desprecio alcanzaba también a los criollos. Pensaban que el clima tropical los hacía también sensuales y apáticos. Otro factor a tomar en cuenta es que a América llegaban los hijos “segundones” (los “primogénitos”, quienes recibían en herencia el mayorazgo y el encargo de cuidar de las necesidades de sus hermanos), eran quienes solían quedarse en España. Se les hacía menos, por lo que querían demostrar que eran tan refinados como a quienes se quedaban en la Península, de ahí el barroquismo de Sor Juana Inés de la Cruz o de D Luis de Góngora. A todo esto, se sumaba cierto resentimiento católico ante la expulsión de los jesuitas, cuya expulsión perjudicó la educación y las misiones. Entre los jesuitas expulsados del Reino español, estaban dos criollos intelectuales -Alegre y Clavijero- quienes desde el exilio reivindicaron y dignificaron estas tierras.

Oriundos de este suelo, los criollos, trataban ya de conseguir cierta autonomía respecto a la Metrópoli, y aspiraban a constituir un nuevo país soberano. Para ello, necesitaban una identidad nacional, acorde con la gestación de los nacionalismos en Europa. Para ello, se volvieron hacia la población nativa -los “indios”-; aunque se trataba de “indios muertos” -los héroes (Cuauhtemoc, Moctezuma, Tezozomoc), de quienes con orgullo se sentían descender culturalmente -. Parta esto, los elevaban al rango de clásicos. Pero más que esto, encontraron su signo de identidad en un elemento sobrenatural, con el que obtenían una elección cuasidivina: la Virgen de Guadalupe. Desde entonces, podemos ver en la puerta misma que da acceso al atrio de la Basílica de Guadalupe, la inscripción con palabras del salmo 147, 20: “Non fecit taliter omni nationi” (“no hizo cosa igual con ninguna otra nación”)

Fray Servando Teresa de Mier

Un claro ejemplo de este ambiente lo tenemos en un sermón. El predicador fue un criollo dominico, Fray José Servando Teresa de Mier y Noriega y Guerra OP. Nació en Monterrey N.L. el 18 de octubre de 1765 y falleció en diciembre de 1827. Era conservador, del viejo régimen. Había hecho una oración fúnebre por Hernán Cortez y había predicado contra la decapitación del rey Luis XIV, de Francia; pero ya que era joven, inquieto y algo vanidoso, el Ayuntamiento de la Ciudad de México -integrado por criollos-, le pidió que predicara en la Real Colegiata de Nuestra Señora de Guadalupe, nada menos en su magna fiesta, el 12 de diciembre de 1794. Le sugirieron, además, que visitara al Dr. Burundi, que tenía algunas ideas novedosas e interesantes, quien le expuso su tesis sobre Guadalupe.

Esa tarde, Fray Servando visitó algunas familias prominentes, preguntándoles cómo les había aparecido el sermón, y no noto signos de escándalos, por eso se fue a dormir al convento. Pero al día siguiente, al levantarse, notó que el arzobispo Alonso Núñez de Haro le había puesto en su celda un candadote. Le pidió que le entregara su sermón original; pero como él ya lo había roto, le pidieron que lo reescribiera lo más fiel posible, para que fuese examinado por dos censores eclesiásticos. Con el dictamen de los censores, y dado que el predicador había empezado su sermón, diciendo que esperaba que sus ideas ayudaran a la devoción guadalupana; pero que, en caso de haber dicho algo incorrecto, estaba dispuesto a retractarse. Gracias a esto, el obispo sólo de castigó prohibiéndole, predicar, enseñar como profesor y confesar, y lo desterraba a pasar 10 años en España. Lo mandaron a la prisión de San Juan de Ulúa, mientras llegaba un barco que fuera a la Metrópoli.

      A estas alturas del relato, seguramente querremos saber lo escandaloso que dijo en su sermón. En él afirmaba que la Virgen de Guadalupe no se le había aparecido a Juan Diego, sino al apóstol Santo Tomás (la tradición decía que había ido hasta la India, y Colón creyó que había llegado allá). Fray Servando dijo que el apóstol fue venerado nada menos que con el nombre de Quetzalcóatl. Por tanto, sería Santo Tomas quien trajo el cristianismo a esta tierra; pero los indios apostataron y trataron de destruir el manto, por lo que los cristianos lo escondieron. Lo que le reveló la Virgen a Juan Diego fue el lugar preciso donde estaba el antiguo manto con su imagen. Fray Servando prueba su tesis con algunas etimologías (San Agustín recomendaba el conocimiento de las lenguas nativas para estudiar las creencias de pueblos desconocidos): por ejemplo Huitzillopochtli es nada menos que Jesucristo (“huitzo” es espina; “llopochtli” es “costado”, o sea, “el Señor de la llaga en el costado”; Tomatlán sería “el lugar de Tomás”; pero los censores lo corrigen: Tomatlán es “el lugar de los tomates”, de modo que el predicador confunde al apóstol en un tomate; “Coatepec = “sierra del Mellizo”, como se conocía a Sto. Tomás). Independientemente de la veracidad de las apariciones guadalupanas (de hecho, el obispo, como los españoles en general, no creían en dichas apariciones), la tesis resultaba políticamente peligrosa, pues la justificación que tenían los españoles para estar en el Nuevo Mundo era que habían traído la fe verdadera. Pero si la fe ya existía, y había sido traída nada menos que por un apóstol, se estaría ablando de una “Iglesia-madre”, fundada por un apóstol, como era España con el apóstol Santiago: La Virgen, en carne mortal, había legado un objeto para ayudar a la evangelización de un territorio, era nada menos que el mismo esquema que la creencia de España, con el pilar de Zaragoza dado a Santiago. Y, por lo tanto, si la fe ya existía en este lugar, los españoles tendrían que retirarse de allí.

      En España, después de un tiempo de encierro en un convento de Cádiz, los frailes dominicos del convento de Nuestra Señora de las Caldas, en Santander, lo recibieron muy bien, y lo pusieron en contacto con la Academia de Historia de Madrid, que estudió el caso. El dictamen fue que no hallaron nada contrario a la fe y costumbres. Lo que sucedía, era que el obispo no era “ilustrado”, y Fray Servando sí; pero por prudencia, no llegó a cuestionar las apariciones, sino sólo les dio otra interpretación histórica. Pero que, más valía quedarse en España, al menos ocho años, que eran m´s o menos, los años que faltaban para cumplir el castigo.

      A Fray Servando no le pareció ese dictamen, por lo que se fugó del convento, incorporándose a una banda de contrabandistas para pasar la frontera a Francia. Allí se encontró con el preceptor de Simón Bolívar y otros libertadores de América y fue radicalizando su pensamiento. Luego, en 1817, se incorporó a la expedición de Javier Mina para apoyar la causa de la independencia en México, desde la frontera norte; pero fue capturado y enviado como prisionero nuevamente a San Juan de Ulúa, donde aprovecho para escribir sus “Memorias”, en las que rectificaba su posición, asumiendo la de la Real Academia de Historia (no creía en las apariciones; pero por prudencia les dio otra interpretación).

      Entre tanto, Hidalgo, había iniciado la guerra en favor de la Independencia, tomando como estandarte a la Guadalupana. Cuando, en 1821, terminó la guerra y se integró el Congreso Constituyente, Nuevo León nombró como representante al mismo Fray Servando, sacándolo de la prisión veracruzana. Llegó a la capital de México, y ya le habían metido en la cabeza que lo habían nombrado obispo de Baltimore, así que con dicho atuendo hizo su entrada triunfal en el Congreso, cuya primera sesión estuvo presidida por una imagen de la Virgen de Guadalupe tamaño original, donada por la Real Colegiata de Santa María de Guadalupe. El Congreso lo recibió con un aplauso y le pidió que hablara el “campeón de la guadalupana”. Fray Servando, quien para entonces ya había confesado no creer en la guadalupana, hizo un panegírico protocolario a la Virgen, por las mismas razones políticas que el obispo peninsular Núñez de Haro, quien tampoco creía en ella, le había condenado. La última vez que se vio su cadáver, convertido en momia, fue en una exhibición en un circo.

La abdicación de Fernando VII

            Entre tanto, España pasaba por una situación que fue coyuntura favorable a los intereses novhispanos. El espíritu democrático de la Revolución Francesa derivó en la monarquía absolutista de Napoleón Bonaparte. En sus afanes imperiales se malquistó con el Imperio Británico. En el Tratado de Aranjuez (1801), Francia había conseguido la alianza de España, por lo que cuando los británicos decretaron un bloqueo económico al Continente, la Península Ibérica resultó afectada. Napoleón invitó al rey de España, y con argucias, lo retuvo en Francia entre marzo y mayo de 1808, obligándolo a abdicar, en Bayona 1808. España se negó a reconocer la abdicación del rey, ya que se había dado en condiciones de secuestro, por lo que quedaba vacante el trono. Poco antes, el 18 de octubre de 1807, José Napoleón (Napoleón III o “Pepe Botella) había invadido España, en tanto que Fernando VII, desde Francia, ordenó que en su ausencia se colaborara con los generales galos; pero los españoles no acataron su mandato, anunciado desde el cautiverio. El pueblo se insubordinó. Los franceses se encontraron con la heroica defensa de los españoles, quienes el 2 de mayo de 1808, se organizaron en guerrillas, apoyados por el Reino Unido y Portugal. Ante este vacío de poder, en España se constituyó la Junta General de Gobierno… hasta que, finalmente, gracias al Motín de Aranjuez en 1814, España venció sobre los franceses y José Napoleón fue expulsado.

Entre tanto, durante las “guerras napoleónicas”, España consideraba que, en situaciones similares, la Ley preveía que la autoridad recayera sobre los ayuntamientos provinciales; y considerándose la Nueva España como una Provincia más del reino, lo lógico era que la autoridad suprema recayera sobre el Ayuntamiento de la Ciudad de México. A esto se oponían los peninsulares (“aunque en España quedaran sólo cuatro gatos -decían-, la Nueva España a esos gatos tenía obligación de obedecer”). La situación en la Nueva España era de crispación y exasperación, por lo que el Virrey Iturrigaray empezó a dar los primeros pasos para una transición ordenada hacia la Independencia; pero la Real Audiencia y el poderoso Consulado de Comerciantes de Cádiz se opusieron, destituyeron al virrey y en su lugar nombraron al anciano Pedro Garibay, quien poco después tuvo que renunciar, nombrándose entonces, en su lugar, al arzobispo Lizama y Beaumont.

Aquí El ambiente se caldeaba. Por todos lados se organizaban conspiraciones, juntas y tertulias, para ver qué hacer. En la mayoría de estas no se hablaba de independencia, sino del retorno del rey Fernando VII. Una de ellas, la conjura de Valladolid, en 1809, pedía que la Nueva España fuese gobernada por una Junta; pero, aunque fue descubierta, se les perdonó. Finalmente, España resolvió que, mientras se aclaraba la situación, la Nueva España dependiera directamente de la Junta de Sevilla, pese a lo cual, las exigencias de mayor autogestión criolla seguían avanzando. Una de tantas conspiraciones se descubrió en Querétaro, en la que estaban implicados nada menos que el Regidor mismo, Don Miguel Domínguez y Dña Josefa Ortiz, su esposa. También estaban en ella los generales Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Abasolo; pero, sobre todo, el cura de Dolores, D Miguel Hidalgo, quien en ese día no estaba presente, ya que su parroquia celebraba la fiesta patronal de la Virgen de los Dolores.

Miguel Hidalgo

Por su capacidad de liderazgo y por su amistad con el Gral Riaño y con el obispo Abad y Queipo, la conspiración pensó avisarle al cura con urgencia. La leyenda cuenta que Dña. Josefa, la Corregidora, quien había sido encerrada en su cuarto de arriba para no implicarla, supo lo que sucedía, y escribió una carta con su propia sangre, y con el tacón llamó a un criado de confianza y le deslizó la carta con el encargo de llevarla urgentemente al Gral. Allende, con un caballo que hizo la proeza de entregarla muy pronto.

El Cura de Dolores se llamaba Don Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte y Villaseñor. Nació en la hacienda de Corralejo (Penjamo, Gto), el 8 de mayo 1753. Era criollo, hijo de españoles. Era hombre de mundo: había leído a Moliére (puso en escena una de sus dramas), a Virgilio y a Cicerón; buen bailarín y amante de las tertulias. Hablaba el náhuatl y el purépecha. Fue profesor del Colegio de San Nicolás (el seminario de Valladolid, hoy la “Universidad Nicolaíta”) y desarrollaba una teología libertaria, similar a lo que más tarde se conocería como “Teología de Liberación”

En el momento de la Independencia tendría unos 57 años. Tenía capacidad de liderazgo e inquietudes sociales. Se rumora que había tenido una hija, Manuelita; pero según parece, fue más bien una treta de la muchacha para lograr la pensión que se daba a los héroes fallecidos. Como cura de Dolores, echó a andar obras sociales de apoyo a la economía de los vecinos, tales como cajas de ahorro y cooperativas de producción.

La tarde del día 15 de septiembre, terminado un acto de piedad con motivo de la fiesta, recibió a sus amigos, Miguel Allende y Aldama. Les invitó un chocolate; mientras se paseaba por la sala en silencio. Finalmente, se mandó dar un des usual repique de campana a horas desacostumbradas, y cuando se reunió buen grupo de vecinos, Hidalgo dio su famoso “grito.” La historia popular recompuso las “vivas”, muchas inventadas.

Las que parecen más reales fueron: ¡Viva la religión! ¡Viva Nuestra Madre Santísima de Guadalupe! ¡Viva Fernando VII!, ¡Viva América!, ¡Muera el mal gobierno! (es probable que no se haya gritado; “Mueran los gachupines”). La muchedumbre lo aclamó, se abrieron las cárceles y se liberó a los prisioneros, los cuales se sumaron a la causa; la gente fue por lo que podía ser utilizado como arma, y se formó una turba desorganizada, ávida de saqueos y de matanzas. Tomaron Acámbaro, Atotonilco y Guadalupe. En Guanajuato, el Gral. Riaño (antiguo amigo de Hidalgo y ahora, su implacable enemigo) se había refugiado en La Alóndiga de Granaditas, donde se guardaba el parque. La leyenda habla de un hombre del pueblo, “el Pipila”, quien, con una antorcha y una losa a la espalda, puso fuego a la puerta. Siguió hacia Valladolid, donde se enfrentó a José María Callejas, exvirrey y ahora su principal enemigo. Los insurgentes llegaron al monte de Las Cruces, no lejos de la ciudad virreinal de México. Hidalgo había decidido tomarla; pero, en ese momento, le entró el temor de no poder controlar a la muchedumbre y la violencia y los saqueos fuesen excesivos, por lo que prefirió dar media vuelta y dirigirse hacia el Norte. Nuevamente se enfrentó a Calleja y el 7 de noviembre de 1810, fue derrotado en Aculco y en Puente Calderón. Intentó huir a Texas; pero el 21 de marzo de 1811, cayó en la trampa que le tendió el traidor Ignacio Elizondo, en Acatita de Baján, donde fue capturado después de casi seis meses de iniciada la revuelta. Fue llevado prisionero a la ciudad de Chihuahua, donde fue juzgado por la Inquisición, la cual, le aplicó la degradación canónica (reducción al estado laical), siendo fusilado el 30 de julio del mismo año.

José María Morelos y Pavón

Era un mulato, arriero, y había sido alumno de Hidalgo. Se ordenó sacerdote y lo nombraron cura de Carácuaro, Mich. Organizó la segunda etapa de la guerra. Se puso a la orden de Hidalgo, quien lo envió a “incendiar el Sur” (Oaxaca). Siempre se consideró como “el Siervo de la Nación”.

Fue mejor militar que Hidalgo; organizó la tropa, convirtiéndola en ejército. Se enfrentó a los realistas en Cuautla, donde después de 72 días de sitio, obtuvo una gran victoria.

Morelos organizó el Congreso de Anáhuac, que fue el primer cuerpo legislativo de la historia mexicana, cuyas sesiones tuvieron lugar en Chilpancingo durante septiembre y noviembre de 1813. El Congreso fue aprobado en Apatzingán, el 22 de octubre de 1814. La conclusión se considera uno de los textos políticos mexicanos más importantes de la historia: «Los Sentimientos de la Nación». 

El día 22 de diciembre del año 1815, el general realista Manuel de la Concha capturó a Morelos en las cercanías de Tehuacán. Fue fusilado en San Cristóbal Ecatepec, cuando ya se había dictado la sentencia, por parte del virrey de Nueva España y enemigo número uno del cura, Don Félix María Calleja. 

Vicente Guerrero

Desde 1810, Vicente Guerrero se había unido a las tropas de José María Morelos. Cuando murió Morelos, Guerrero continuó luchando en el sur de México. Venció en la batalla de Cerro de Barrabás (1818), pero sufrió una grave derrota en Agua Zarca (1819). Se mantuvo rebelde y fue perseguido por Agustín de Iturbide, quien, al no poder derrotarlo, le ofreció un pacto. El 24 de febrero de 1821 firmaron el «Plan de Iguala», en el cual declararon la independencia mexicana. (abrazo de Acatempan). Iturbide logró atraerse a las diversas tendencias insurgentes, por medio de las tres garantías: “Unión-Religión-Independencia”. De estas, la “unión” era contra los desórdenes y violencia de Hidalgo. Las tropas unidas hicieron su entrada triunfal en la Ciudad de México el 27 de setiembre de 1821.

       Vicente Guerrero apoyó a Iturbide como primer Emperador de México, pero al poco tiempo se rebeló contra él para unirse al general Santa Anna que luchaba por implantar la República. Cuando cayó Iturbide, Guerrero apoyó al primer Presidente de México, Guadalupe Victoria. En abril de 1829, llegó al Gobierno, pero su mandato solo duró ocho meses, ya que el mismo año se le sublevó su vicepresidente Anastasio Bustamante. Durante su breve gobierno abolió la esclavitud del 15 de setiembre de 1829. En enero de 1831, Vicente Guerrero cayó en manos de sus enemigos y fue fusilado el 14 de febrero de 1831, en Cuilapam, Oaxaca.

Consumación de la Independencia

En España se había promulgado la Constitución de Cádiz de 1812, de cuño liberal; aunque reconocía el monopolio religioso de la Iglesia Católica (ya desde Morelos en “Los Sentimientos de la Nación”). Entre 1814 y 1820 se removió y se volvió a promulgar tres veces. El rey Fernando VII regresó a España en 1814 y abolió la Constitución liberal; pero fue presionado y, al recuperar el trono, la firmó en 1820. En ella se reconocía la autonomía del país. Todavía el rey alcanzó a proveer de obispos a algunas diócesis vacantes. En Michoacán gobernó el obispo Abad y Queipo y en la Ciudad de México, el obispo de Oaxaca, Antonio Bergoza. Puso, además, en manos criollas las diócesis de Durango y de Puebla.

Constitución liberal; pero fue presionado y, al recuperar el trono, la firmó en 1820. En ella se reconocía la autonomía del país. Todavía el rey alcanzó a proveer de obispos a algunas diócesis vacantes. En Michoacán gobernó el obispo Abad y Queipo y en la Ciudad de México, el obispo de Oaxaca, Antonio Bergoza. Puso, además, en manos criollas las diócesis de Durango y de Puebla.

La Independencia de México sí se había logrado; pero sobre bases insanas. En aquel “abrazo” final triunfó el oportunismo. Las élites novhispanas apoyaron la independencia, no por convicción, sino para conservar sus intereses, de modo que el nuevo Gobierno fue constituido como régimen imperial, según la ideología conservadora. La Iglesia católica no fue puesta en tela de juicio, de modo que los liberales quedaron con poca fuerza. En Europa, el Imperio Napoleónico se desmoronaba y ante su decadencia, algunas potencias europeas conservadoras abolieron la Constitución de 1812 y lograron restaurar nuevamente la monarquía. En un Congreso en Viena (que duró 10 meses), los reyes de Rusia (ortodoxa), Prusia (luterana) y Austria (católica), formaron la “Santa Alianza”. Se proponían restaurar el Antiguo Régimen monárquico, contra los principios revolucionarios y se repartieron su influencia en varios territorios (España, Italia y Austria).  

La Iglesia durante la Guerra de Independencia

Al consumarse la Independencia, todas las instituciones coloniales quedaron acéfalas, puesto que todas las decisiones las tomaba directamente la Metrópoli. Con Iturbide, la religión católica no fue puesta en tela de juicio (desde Molrelos, en “los Sentimientos de la Nación). El Vaticano no vio con buenos ojos la Independencia, y se publicaron dos encíclicas en su contra: el Papa León XII, la encíclica “Etsi iam diu”,en 1824. Esto hizo declarar al célebre intelectual Luis Espino: “…lance el Vaticano anatemas, expida breves conminatorios, fulmine censuras y alcance hasta nuestra quinta generación el furor del antiguo capitolio. Nuestra independencia es tan justa que razones bien poderosas la convencen”. (Spes in Livo, 1825). Sólo hasta 1836 la reconoció. La principal resistencia estaba en el reconocimiento del Real Patronato colonial, pues no estaba claro si el acuerdo se había concertado con el Rey o con España, pues de esto dependía su vigencia. Los independentistas exigían la continuación del Patronato.