A-46 Pascua VI: PRESENCIA DEL ESPÍRITU EN LA HISTORIA

Jn 14, 15-21

  • Hoy retomamos la reflexión de la semana pasada sobre la despedida de Jesús. Al aproximarse la fiesta de la Ascensión, cuando Jesús marcha definitivamente hacia la casa de su Padre, de dónde bajó, la liturgia retoma el discurso de despedida de Jesús en la Última Cena, antes de que fuese aprehendido. Jesús se va; pero no se desentiende de los que deja. Volvemos al ejemplo de la semana pasada, cuando un emigrante se despide de su esposa e hijos que se quedan, y les conforta asegurándoles que sigue al pendiente suyo (“ahí les dejo a mis papás”).
  • Jesús anuncia el envío de un “Paráclito”. Su etimología proviene del griego para-klein-tos: prefijo: para= junto-a, de-parte-de, contra (parábola, paradoja, paranoia), y “Klein” del verbo “kalein”= llamar (latín= calare= intercalar) y sufijo “tos”=el que ha recibido la acción. Alguien a quien se llama para que esté junto a otro de parte suya, contra un tercero: un παράκλητος (parakletos = defensor, el que intercede para ayudar). Derivó en el latín “ad- vocatus”= abogado (llamado hacia otro). Y ese “abogado”, que no es otro que el Espíritu Santo y que estará siempre con nosotros, de nuestra parte, contra el Anticristo. Su presencia en la historia, actuante entre los auténticos seguidores de Jesús, de quienes continúan construyendo su Reino ya desde este mundo.
  • Es el “Espíritu de la verdad”: Podemos confiar plenamente en Él, ya que no nos extraviará. Es el espíritu de todos aquellos que se mueven por la verdad, que no tienen doblez, que se preocupan por que prevalezca la realidad sobre la mentira o la simulación. Por lo mismo, el “mundo”, que es todo el tinglado de falsedades, mentiras, justificaciones, racionalizaciones, hipocresías, ocultamientos, deformaciones, medias verdades, “verdades históricas”, verdades “oficiales”, versiones de vencedores, etc., no puede comprender al “Paracleto”. Los cristianos, movidos por el Espíritu de la verdad, hemos de destacarnos por ser buscadores de la verdad, defensores de la verdad, dialogantes por la verdad, congruentes con la verdad…
  • Jesús asegura que “volverá” (como ya lo dijo la semana pasada). “Dentro de poco el mundo no me verá más; pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también me verán”. Jesús, en aquella Cena, se refería una nueva presencia suya después de su resurrección; pero en el contexto de su post Ascención, ese “dentro de poco” continúa hasta su última venida. Y en este “poco” actual, sigue presente en el Espíritu, invisible para el “mundo”, es decir, para todos aquellos que buscan intereses antagónicos a su Reino, para quienes la conducta de los seguidores de Jesús parece incomprensible. En cambio, para quienes experimentan aquella vivencia de “estar con Cristo y Cristo en nosotros” y “estar con el Padre” resulta una clara evidencia para quienes viven en el Espíritu de la verdad.
  • Este año quiero expresar mi indignación por los periodistas asesinados. Desde el año 2000 a la fecha, suman unos 126, siendo México el país que más periodistas ha asesinado. En este sexenio, 36 reporteros asesinados; en este año, 7 (más varios atentados no consumados) y en este mes han sido 3. Esto se da por el grado de impunidad al que hemos llegado. Desde el año 2000 se presentaron 197 denuncias y sólo ha habido 17 sentencias (algunas cuestionables). El reportero es una vocación cuya misión es buscar la verdad, investigar y difundirla; un servicio que se paga a veces con la propia vida.
  • Esta nueva realidad se manifestó muy pronto. Un ejemplo lo da la primera lectura, en la que vemos a Felipe en Samaria, actuando como Jesús, haciendo sus mismos milagros y provocando gran alegría en aquellos habitantes, sobre los cuales también bajó el Espíritu Santo. La presencia del Espíritu de Cristo resucitado en la historia.

A-45 Pascua V: LAS DESPEDIDAS

Jn 14, 1-12

  • Las despedidas son el ritual concertado antes de la separación –temporal o definitiva- de alguna persona querida. La distancia nos duele, y “extrañaremos” su presencia. Las despedidas son también ocasiones para una comunicación sincera que la familiaridad cotidiana suele dificultarla; pero dado que esta familiaridad pronto habrá de romperse, nos sentimos necesitados de expresar algo que siempre quisimos decir.
  • El tiempo litúrgico ya comienza a prepararnos para la fiesta de la Ascensión del Señor, que debido a la estructura simétrica con otros ciclos, habría de ser de 40 días. En realidad no sabemos cuántos días, pues sólo se considera la simetría de los ciclos litúrgicos. Pero de cualquier modo, Jesús pronto marchará de regreso al Padre, de dónde salió. Si bien la presencia del Resucitado fue fugaz, en personas y momentos muy puntuales, de todos modos los apóstoles sabían que seguía encontrándose entre ellos. Pero llega el momento en que parará a otra dimensión y sus amigos no lo verán más. Ya no escucharán esas palabras llenas de sabiduría; ya no se reflejarán en aquellos ojos transparentes, que escrutaban hasta lo más profundo del alma de sus interlocutores. Jesús se irá y ahora hace su despedida. La liturgia, con acierto, pone en este contexto la que hizo en su Ultima Cena.
  • La partida de un ser querido (quizás se trate del jefe de familia al que le ofrecieron un buen trabajo en el país vecino, y que de momento no puede llevarse a los suyos). La tendencia normal de sus allegados es de tristeza, e incluso el tratar de retenerlo y tratar de que cambie su decisión, pues su partida los deja en una especie de orfandad. Jesús argumenta: “si me amaran realmente, se alegrarían de que me vaya, pues voy con mi Padre” (Jn 14, 28). El que parte consuela a su familia con sus planes de reintegrarla en su lugar de destino. Así, Jesús “ahora voy a prepararles un lugar”. Y especifica: donde va a ir –la casa del Padre- será un lugar apropiado y diversificado para todos y a cada uno de sus seguidores, pues en ella, “hay muchas habitaciones”, caben todos; aunque de manera diferenciada, según la capacidad de amor que hayamos logrado alcanzar (aunque cualquier grado nos llenará plenamente, y no nos vamos a comparar con los demás).
  • Quien va a partir consuela a los suyos con la promesa del reencuentro: una vez que ya haya preparado el lugar, promete Jesús, “volveré”: se trata de la última venida del Señor, cuando regrese a dar un cierre final a la historia y a la aventura humana sobre el Planeta. Recuerdo aquel grito que retumbó hace 232 años –“¡Yo moriré pero volveré y seré millones!”-, del famoso líder boliviano Julián Apaza – más conocido como Túpac Katari –, en su rebelión contra las autoridades españolas. La promesa de Jesús –“Volveré y los llevaré conmigo para que donde yo esté también estén ustedes”-, la esperanza del Cielo, nuestro hogar definitivo, nuestro descanso con el Señor.
  • En las despedidas, nunca falta algún encargo o consejo. Jesús recomienda. “no pierdan la paz”. Es conciente de que para sus seguidores, la vida no será sencilla sin su presencia, y que esto produce miedo, incertidumbre, estrés, doblarse ante los obstáculos… Así ha sido la vida de los cristianos a lo largo de la historia. Jesús no evita estos sentimientos; pero nos ha preparado para que llevemos las adversidades sin perder la paz interior. Si somos concientes de la presencia del Espíritu Santo como acompañante para las situaciones de orfandad, confiar en el Señor nos da la paz.
  • Esperar la compañía de Jesús en el Cielo, nuestra morada celestial, podría dar pie a interpretarse como un escapismo de los problemas de la vida “mundana”. Por eso, Jesús nos insta a irnos adelantando para encontrarnos con Él en el camino. Ante la pregunta ingenua de Felipe: “No sabemos adónde vas, ¿Cómo vamos a saber el camino?”, responde con lo que supone deberíamos saber en la teología de San Juan: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. El camino para el Cielo se inicia y transcurre en el “mundo”. Para reunirnos con Jesús se precisa interesarnos por la Tierra, por sus problemas y aflicciones; se precisa trabajar y transformar. No hay otro camino para alcanzar la Vida de la Verdad que el Evangelio del Reino (sea o no conocido explícitamente): la búsqueda continua de la verdad y su defensa; la defensa de la vida en todas sus formas y en todos los seres de nuestro Planeta. No en el sentido de una religión que monopolice el camino; pero sí mediante la vivencia de estos valores que Jesús defendió con tanta pasión y sufrimiento. Quien marche por el Camino hacia la Vida de la Verdad podrá reunirse y habitar con Jesús en la Casa del Padre.

A-44 Pascua IV: ANTE LA PRESENTE CRISIS DE LIDERAZGO

Jn 10, 1-10

  • En nuestra época carecemos de líderes auténticos. El descrédito del autoritarismo patriarcal ha producido cierto temor de ejercer funciones de conducción, que son tan necesarias, comenzando desde la familia, la empresa, la escuela, el sindicato, la Iglesia misma y sobre todo, en la política. Un poco en todas partes, la clase política pierde legitimidad: el ansia de poder, el utilizar los puestos públicos para fines personales, la corrupción, la ambición, el distanciamiento del pueblo (del que sólo se acuerdan en tiempos de elecciones), etc… son vicios generalizados. En vísperas de elecciones en algunas partes del país no sería aventurado decir que no hay candidatos realmente convincentes. Frente a esto, se necesita encontrar algún modelo iluminador, y cuál mejor que el de Jesús, cuyo ejemplo de liderazgo lo plasma en su alegoría del “buen pastor”.
  • Sin embargo, las metáforas nos resultan iluminativa sólo si las ubicamos en el contexto donde se construyeron.
    • Jesús la propuso a un pueblo seminómada, y seguramente mientras la exponía, podía verse pasar algún muchacho cuidando sus ovejas. En cambio, en nuestro medio moderno urbanizado no vemos ovejas pastando, y la figura del pastor nos despierta reminiscencias bucólicas, idealizadas –Jesús cargando sobre sus hombros una ovejita, con su blanca túnica porque estamos lejos de los pastores reales y de las ovejas (cada una pesa 50 kgs; su olor es apestoso; al cargarla, el pastor no pude dejar de ensuciarse y contagiarse con su pestilencia). En nuestro medio, lo que más se nos acerca a esta alegoría quizás fuesen los policías que regulan el tránsito.
    • La cosa se complica aún más en México, pues el rebaño de ovejas nos connota la “bola de borregos”, las masas acríticas manipulables por cualquier ilusionista, y por tanto, no nos agrada la comparación. Pero podemos hacer un esfuerzo para ponernos en el contexto de Jesús o también, en el del salmo 23, y entonces podemos notar pistas útiles para nuestra formación de líderes:
  • Jesús “buen pastor”, guía a su rebaño hacia “verdes praderas” para “hacerlas reposar”. Igualmente un buen guía piensa en el mejor objetivo, no tanto el que se le acomode a él, sino pensando en el conjunto de sus guiados (a lo mejor el pastor preferiría un camino más corto; pero inadecuado para sus borreguitos).
  • Los arrieros suelen ir detrás de su recua, arriándola, de modo similar a aquellos líderes que no arriesgan, sino que sólo buscan seguridades; que se conforman con lo que “siempre se ha hecho así y seguirá siendo así”, que frenan iniciativas de sus subordinados. En cambio, el verdadero pastor va siempre delante de su grey, para observar mejor el “camino seguro”, que lleve hacia los buenos pastos y las “fuentes tranquilas” donde puedan “reparar sus fuerzas”. Un guía tal se adelanta a sus “agremiados”: busca nuevas ideas, proyectos creativos, investiga, indaga nuevas rutas.
  • Lleva en su mano izquierda su cayado –ese bastón que al golpear en el suelo, marca el paso del rebaño. El guía también es quien marca el paso de su comunidad, atendiendo a las fuerzas o limitaciones de todos (no corre con los más ligeros, sino atiende a los últimos). Lleva en la mano derecha una vara, con la que suavemente hace avanzar más de prisa a las ovejas rezagadas o con la que integra al redil a las descarriadas. El buen líder se preocupa por integrar comunidad (laboral, religiosa, familiar): unas veces tiene que corregir, otras, que impulsar o empujar un poco; pero sabe hacerlo con afecto y no con ira. Es lo que a los hijos, por ejemplo, les da seguridad (“tu vara y tu cayado me dan seguridad”).
  • La realidad narrada supera a la metáfora: Sería posible que un pastor defendiera al rebaño de su propiedad ante el ataque de los lobos; pero si ve que no puede afrontarlos con sus perros, seguramente huirá y lo abandonará (con mayor razón si se trata de un asalariado). En cambio, nuestro pastor “da la vida por sus ovejas”, como lo vimos en el Huerto de Getsemaní. Hay algunos líderes que se meten en problemas por su pueblo, o que incluso, corren el riesgo de ser asesinado (como algunos alcaldes a manos del crimen organizado).
  • Además, la relación entre rebaño y pastor es totalmente distinta a la que habría entre la “bola de borregos” y el líder manipulador, pues se trata de una relación muy personalizada, entre el pastor, que “conoce a cada oveja por su nombre” y las ovejas, que “reconocen su voz”. Sus ovejas no son “borregos”.
    • De regreso al corral, cuando van entrando una a una –o mientras las ovejas “reparan sus fuerzas” en un oasis de “fuentes tranquilas”—las cuenta y nota la ausencia de “Negrita”, su amada “oveja negra”. De inmediato deja el resto del rebaño al cuidado de los perros y sale en su búsqueda. La encuentra en la “cañada oscura” con la patita lastimada. La carga sobre sus hombros y regresa al redil. El buen líder se interesa por los problemas de cada uno de sus empleados (no los considera sólo por el servicio que le prestan), y se adelanta a ofrecerle sus servicios o sanar sus dificultades.
    • Por su parte, estas ovejas lo siguen sólo a él: quizás una noche, un salteador brincó la cerca, quitó el cerrojo por dentro, entreabrió la puerta y llamaba a alguna oveja para robarla; pero ella lo rehúye; el redil no hacen caso a la voz del extraño y sólo obedece a la voz del pastor.
  • En la versión de San Juan, Jesús no se identifica con el pastor, sino –extrañamente- con la puerta del corral. La traducción distorsiona: no es “redil” sino “atrio”: en el Templo de Jerusalén, donde Jesús la predica, el lugar por excelencia de la presencia de Dios, su atrio tenía 12 puertas (la de las mujeres y niños, la de los paganos… una era la “puerta de las ovejas”. Los borregos que por ella entraban, no salían vivas, pues todas eran sacrificados. El atrio, una carnicería. Jesús es la puerta, y las ovejas, con libertad, pueden entrar y salir.
  • Jesús sería la única vía, el único medio para entrar a la vida. Podemos encontrar en nuestro ambiente muchas otras ofertas de liderazgos que nos encandilan prometiéndonos placer, éxito, poder; pero que a la postre nos revelan que simplemente fuimos utilizados para su provecho. Son los salteadores o ladrones de ovejas; son aquellos que sólo utilizan a la borrega como mercancía o para trasquilarla, ordeñarla y hacerse una barbacoa. El líder ha conseguido la confianza de sus subalternos y estos ya no escuchan otras voces extrañas que quieran encandilarlas. Jesús es el pastorcito que encariñado con su rebaño, se pone en su servicio; el guía que ofreciéndonos disfrutar de ese don maravilloso que es la vida, la vida que supera la muerte, y que se pone en servicio del rebaño, pues ha venido “para que tengan vida y la tengan en abundancia”.