B-28 SOBRE CAMELLOS ELÁSTICOS Y AGUJAS GIGANTES

Mc 10, 17-30

  • Es escandalosa e incomprensible la desigualdad económica mundial: el 1% de la población posee el 99% de la riqueza mundial. La riqueza de 8 empresarios es igual a la de la mitad de la población mundial. Un puñado de superricos (unas 6,000 personas, entre financieros, militares, políticos, líderes de las comunicaciones, del deporte y del espectáculo, etc.) controlan el mundo y constituyen un gobierno mundial. Las riquezas acumuladas por unas cuantas megacorporaciones y sus instituciones financieras imponen sus decisiones a los Gobiernos, defendidas con sofisticado armamentismo y espionaje. Aquí, 10 mexicanos tienen tanta riqueza como la de la mitad de la población.
  • El principio de la maximalización de la ganancia provoca efectos amenazantes: el agotamiento de los recursos naturales, la destrucción de medio ambiente y el empobrecimiento creciente de miles de millones de seres humanos. Es lo que el Papa denomina “la cultura del descarte” (se “descartan” como obsoletos millones de toneladas de productos diseñados para ser desechados, igual que se descartan centenares de millones de personas, que se quedan sin país donde sobre vivir y sin satisfacer sus necesidades más elementales). Esto, al mismo tiempo de indudables “avances” tecnológicos, jamás soñados; pero destinados a minorías hiperconsumistas gracias a una tecnología diseñada para prescindir del trabajo humano: grandes masas en calidad de “descarte”.
  • Como el legendario Frankenstein que mató a su creador, toda esta maquinaria (que podría calificarse de “infernal”) cobra autonomía. Quienes se encuentran identificados con ella se convierten en servidores suyos, sin que nadie pueda hacer nada para desmontarla. El Capital mundial se ha convertido en un ídolo cruel, que exige el sacrificio humano por hambre o por las armas, y lo que es peor, exige el sacrificio de la propia conciencia.
  • Este “rico” es incompatible con el Evangelio, que busca fraternidad y justicia. Entre Dios, Padre de Jesús y el sistema de ganancias actuales hay incompatibilidad radical. En tiempos de Jesús: Israel estaba abandonando su vocación inicial fraguada en el desierto, con sus estructuras fraternas (las tierras volvían a sus propietarios originales…). Con las Ciudades, deudas e impuestos despojaban a los campesinos de sus tierras. Un “rico” urbano era un saqueador. Como decían los Santos Padres, “en el origen de los grandes capitales hubo siempre rapiña”.
  • Esto escandalizó a los apóstoles –“¿Entonces quién puede salvarse?”-. Los ricos eran visto como los justos, mientras que los pobres estaban hundidos en sentimiento de culpabilidad, considerados como “impuros”. También hoy, son la “gente decente”, con su peculiar “moral” centrada en “los 10 mandamientos”: no se roban ni una fruta del mercado. En cambio, los pobres son rateros, promiscuos, borrachos, flojos…
  •  El joven rico de hoy llevaba, ciertamente, una vida “moral”; tenía su concepción de lo bueno y lo malo según la moralidad vigente, lo convencional (los “mandamientos”). Jesús lo remite a otra perspectiva ética fundamentada, donde lo Absoluto sólo lo son Dios y el pobre, todo lo opuesto a los principios de la Economía de mercado y sus axiomas técnicos, sagrados e inmutables. Pero desde el Evangelio, los “negocios” deben juzgarse desde la dimensión ética, que no suele tomarse en cuenta.
  • Estos “ricos” suelen justificarse con interpretaciones forzadas del Evangelio, donde camellos elásticos ambulan a través de agujas gigantes. Por eso, para Jesús es importante que sus seguidores se desprendan de la propiedad individual, que se desconecten de este sistema de mercado conducido por el criterio de la maximalización de la ganancia, que emprendan un difícil éxodo del sistema actual (incluso con ruptura de lasos de sangre), para trabajar, poco a poco, por un nuevo proyecto de economía solidaria en el que se vuelvan a recuperar “casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras”. Obviamente, esto no podrá darse, más que “con persecuciones”, pues los ricos se sentirán amenazados, ya que no los podrán explotar, y tratarán de deshacerse de ellos.
  • Pero Jesús no se cierra totalmente a personas ricas: “Para Dios nada es imposible”. Hay ricos que formación, contactos, capacidades, han sido muy importantes en la construcción del Reino. Sólo queda, pues, o el proyecto de la maximalización de la ganancia que lleva a la muerte y al exterminio, o el proyecto de Dios que busca la fraternidad construida desde los desposeídos, y para lo cual, renunciar a intereses particulares lleva a recuperarse en una economía solidaria, enriquecida de lasos compasivos más profundos que los de la sangre. Quizás ahora, con la nueva coyuntura política, se posible colaborar todos para un México más justo y por tanto, más pacífico. ¿Somos cómplices inconcientes de este proyecto de muerte (por nuestra indiferencia, ambiciones, pasividades, falta de información, etc.) o intentamos entrar en el proyecto de Vida, que es el de Dios?

B-15 CONSEJO PARA MISIONEROS EN CIERNES

B- XV CONSEJOS PARA MISIONEROS EN CIERNES

Mt 6, 7-13

  • Jesús era conciente de que su misión –como todo gran cambio a profundidad, requería mucho tiempo, que superaría, incluso, el tiempo de su propia vida, máxime si esa, previsiblemente, iría a ser más bien breve. Por tanto, vio la necesidad de enseñar y entrenar a su grupo cercano de colaboradores que habrían de continuar su proyecto. Además, era conveniente enviar una avanzadilla a los lugares donde pensaba ir, para que le fueran preparando la infraestructura y creando expectativas.
  • Sabemos que cualquier campaña requiere de cuantiosos recursos (las campañas para las elecciones de julio de 2018 costaron más de 1,250 millones de dólares). Curiosamente, los recursos invertidos en publicidad van en relación inversa con la calidad del producto: los buenos productos se recomiendan por sí solos; mientras que los de baja calidad requerirán de más recursos para que su consumo sea inducido. Para que se viera de que el proyecto de Jesús es de máxima calidad, envía a sus difusores prácticamente con lo que llevan puesto: ni túnica de repuesto, ni dinero en el cincho, ni bolsa para guardar sobras de comida. Tan sólo- en la versión de Mateo- les concede bastón para defenderse de los perros y sandalias para correr. Tendrán que ir tan sólo munidos de la Palabra de la que son portadores y totalmente confiados con ella, y de este modo su evidente desinterés será lo que les de credibilidad, por lo que en caso de no ser recibidos, constará que de allí no se llevan ni el polvo de sus sandalias. Les pide estabilidad en dónde se queden, justamente para favorecer la comunidad, como lo es también al enviarlos por parejas, para obligar a ponerse de acuerdo. Además, y como complemente del mensaje, les otorga dos poderes: expulsar demonios y curar enfermedades: Toda colectividad tiene sus demonios y sus enfermedades, y el propagador del Evangelio participa del poder sobrehumano de compasión de Jesús, que es lo que permite que la fe realice estos prodigios: liberar a las sociedades de demonios y enfermedades que les impiden su pleno desarrollo.

Hoy como entonces, la Iglesia no necesita de cuantiosos recursos, por más que la complejidad de la vida moderna no permita la total desposesión. Más que cadenas televisivas, requiere del testimonio de desinterés, sencillez y compasión, justamente para que el mensaje de Jesús mantenga su credibilidad.

B-006 LA SAGRADA FAMILIA: ¿SIGUE SIENDO PARADIGMA HOY?

Lc 2, 22-40

  • Dentro del clima navideño, nuestra mirada se dirige espontáneamente hacia aquella casita de Nazareth, donde vivía José y María, y donde el niño Jesús “crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y el favor de Dios lo acompañaba”
  • La familia es una institución primordial; es la “célula de la sociedad”, el oasis en medio del ajetreo citadino; aunque también puede ser causa de tensiones, abusos y problemas. La antropología cultural registra gran variedad de estructuras de parentesco, que se han dado y se dan en diversos tiempos y lugares. La familia de José estaba organizada de modo muy diverso a las familias nucleares modernas.
    • En Galilea, el núcleo familiar era el del clan. En el solar patriarcal (del varón de más edad), los hijos o hermanos casados construían sus respectivas viviendas, compartiendo un mismo patio, dónde guardaban sus aperos comunes, lavaban la ropa, tenían el horno para el pan, e incluso, un lagar. Una barda rodeaba ese espacio y un portón que se atrancaba por la noche. En ese espacio convivían los niños, considerados como “hermanos”, que entraban indiferentemente en cualquier vivienda.
  • Frente a este modelo (aún presente no hace mucho entre las familias del campo mexicano), la actual familia nuclear urbana presenta claras diferencias. En primer lugar, la pareja vive en un pequeño departamento con pocos hijos (el recurso a los anticonceptivos). No son raros otros tipos de familia, como la monoparental o en la que conviven los hijos de la pareja con hermanastros, hijos de una pareja anterior. Pero no hay que olvidar que aunque esté distante, los miembros ancestrales del clan siguen influyendo en la dinámica personal y familiar.
  • Los ancianos, que en la familia tradicional eran los “patriarcas” que controlaban la economía y el poder, y gozaban de prestigio y autoridad, ahora quedan solos, acaso internados en alguna casa de reposo, careciendo de poder
  • Antes, el varón era el que salía a trabajar y la mujer se dedicaba exclusivamente a los quehaceres domésticos. En cambio, ahora ambos cónyuges trabajan fuera y por tanto, ambos hacen las tareas del hogar, quedando menos tiempo para la convivencia intrafamiliar
  • Los adolescentes se dedicaban únicamente al estudio, y les quedaba tiempo para jugar en la calle con los vecinos. Ahora, en cambio, la escuela organiza mucha actividad extracurricular y en casa se quedan solos. entretenidos con las redes sociales o los videojuegos.
  • En efecto los bienes tecnológicos de hace apenas unas décadas eran los electrodomésticos, destinados para toda la familia. Los bienes tecnológicos actuales, en cambio, son individuales -cada cual sus cosas-, y cada cual tiene su propia televisión, su laptop, su IPhon, quizás su auto, y el horno de microondas permite comer cada cual cuando puede. Ya no es posible el control total de los programas por parte de los padres y se les tiene que formar en la responsabilidad personal…
  • Estos cambios sociológicos se convierten en desafíos para la construcción creativa de nuevos estilos familiares, que al mismo tiempo conserven algunos valores y virtudes tradicionales. En la Biblia se recomiendan a los hijos el respeto, el honor, la obediencia y el cuidado hacia sus padres. Estas virtudes son imprescindibles; pero ahora aquel autoritarismo patriarcal, que antes funcionaba, tiene que ser complementado o sustituido por relaciones más circulares, de diálogo, respeto recíproco, tolerancia, participación, equidad, escucha y libertad; y esto no sólo entre los cónyuges, sino también para con los hijos, quienes por su parte deberán reconocer que hay límites a respetar y el sentido de corresponsabilidad, superando el individualismo. Se habrán de respetar las metas y el propio proceso de desarrollo de cada miembro de la familia; pero al mismo tiempo, se exige un correlato sentido de comunidad familiar, comenzando porque todos compartan las labores domésticas.
  • Aunque la estructura familiar se modifique, existen ciertos valores vividos por la Sagrada Familia en Nazareth y que no tienen por qué desaparecer. De entrada está el amor, que es la argamasa que construye esta convivencia. Sin embargo, a veces este amor se presupone, una vez expresado solemnemente en el rito nupcial de los esposos y vivido en la intimidad familiar de lo cotidiano, se da por supuesto, como si el amor fuese algo ya asegurado y que bastaría simplemente con cumplir las tareas habituales. Se olvida así de las muestras de afecto en detalles simples, pero que implican virtudes domésticas, tales como la amabilidad, la mansedumbre, la cortesía o la atención… y que tienen su correlato en la otra parte, en la reciprocidad y el agradecimiento. San Pablo (Col 3, 12-21) exhorta a “revestirnos de compasión”, es decir, ponernos en el lugar de los otros y participar de sus sufrimientos y de sus alegrías, y cultivar mucho la paciencia.
  • Algo que las condiciones de vida moderna requiere de prevención es la virtud de la humildad: ahora, cuando la mujer tiene que salir también del ámbito doméstico para un trabajo remunerado, puede darse una especie de competencia entre los cónyuges, cuando por ejemplo, uno de ellos obtiene un puesto mejor o un ascenso. El otro cónyuge puede sentir esto como una especie de rebajamiento, por lo entonces se tiene que cultivar más la humildad, estando alerta para no dejarse llevar por la envidia, la competencia o la presunción. La oración en familia puede ser una fuente de energía para superar las dificultades.
  • La comunicación frecuente es algo ineludible. Especialmente, el diálogo, en el que lo primero es la escucha sincera y humilde al otro, dejándonos interpelar y reconociendo nuestros errores; pero acto seguido es el momento del “habla”, realizado con claridad, sin temor, buscando el momento oportuno, un hablar que puede a veces requerir de la energía y de rigor; pero que siempre se deba combinar con el afecto. Hoy más que nunca, cuando las condiciones actuales hacen pasar tiempo fuera del hogar, se necesita de la comunicación intrafamiliar. Se requiere de gran esfuerzo para no abandonar a los hijos y para acompañarlos en el reconocimiento de los límites existentes, que no pueden transgredirse sin riesgos. Las tecnologías de información digitalizada son algo que ya se nos impone. La computadora y el celular, al mismo tiempo que acerca a los lejanos, también aleja a los cercanos. Si aprendemos a emplear mejor estas tecnologías podrían ser fuente de comunicación profunda y ser aprovechadas para la transmisión de la fe y para la formación de los hábitos cívicos, que anteriormente eran tareas delegadas a las abuelas.
  • En fin, la Sagrada Familia es un icono simbólico, un paradigma que no hemos de perder de vista ante los cambios culturales actuales y la crisis de la institución familiar, justamente para ser repensada y adaptada a los desafíos culturales de la vida moderna.