“En el principio…”
La Biblia es una colección de libritos, algunos de hace más de 4,000 años. Setenta sabios israelitas seleccionaron algunos textos de entre los que circulaban y eran tenidos por revelados, y los agruparon de determinada manera formando un “corpus” unitario. A partir del cristianismo, ese “corpus” se complementó con los libros del Nuevo Testamento, razón por la cual, a pesar de ser varios libros, la Biblia pudo tener un principio (Génesis) y un final (Apocalipsis).
Las mitologías
El género literario del Génesis es “mítico”, lo que no quiere decir, como suele pensarse, que los mitos sean falsedades (“¡Eso es puro mito!”), meros cuentos fantasiosos, a los que no habría que otorgar credibilidad alguna. Por el contrario, los mitólogos descubrieron la importancia de estos relatos: algunos mitos son registros históricos de hechos que realmente ocurrieron (como la fundación de ciudades o algunas guerras) y que para ser transmitidos fácilmente a las generaciones subsiguientes, se mezclaron con elementos “maravillosos”. Para otros, son justificaciones de leyes o de principios morales; a otros más les parecen inspirados en el remoto inconciente colectivo -sea de una cultura, sean arquetipos universales (Jung)- y finalmente, hay ocasiones en las que los relatos míticos responden a los interrogantes más profundos, situados en lugares y tiempos remotos; pero que no son pensados desde la razón lógica –como haríamos en nuestro tiempo–, sino que son construcciones legendarias o imaginativas, presentadas en forma simbólica. Recientemente, se cree que se trata de una antigua forma de pensar –que aún la mantienen actualmente algunos pueblos originarios- que denominan “sentipensar” (Freinet), que mezcla la razón y las emociones, con la ventaja de no limitar a una única manera de interpretación, sino que abren a la sugerencia. El antropólogo Bronislaw Malinovski se interesa, más que por la interpretación de los mitos, por la función que cumplen en determinada cultura: pueden servir para mantener una identidad cultural, para prevenir contra acciones inadecuadas, para fijar fecha de actividades laborales, etc.
Así como los cuentos tienen siempre un mismo principio introductorio –“había una vez”-, los mitos suelen remitirse a los orígenes –“en el principio”-. Se trata de los “tiempos primigenios”, cuando tuvieron origen todas las cosas (“mitos etiológicos”), cuando todo era maleable: el cóndor tiene su cuello pelón porque metió la cabeza en un agujero de lava. En la Roma actual, el guía de la cárcel Mamertina muestra a los turistas un hueco en la roca de la escalera, diciendo que se debió a que San Pedro, al bajar los escalones, se golpeó allí la cabeza.
Desde la visión mítico-teológica del Génesis, “en el principio”, en la Tierra todo estaba confundido, “revuelto”, el caos primordial: “la Tierra no tenía forma; las tinieblas cubrían el abismo…” La Creación inició “poniendo orden en el caos”. Según la cosmología veterotestamentaria, la Tierra era plana, cubierta por una bóveda en la que se fijaban los astros y las estrellas. Sobre aquella bóveda estaban las aguas primordiales, y sobre dichas aguas, a su vez, estaba Dios (para hacer llover, Dios simplemente abría “la llave de la regadera”). Desde esa visión, el principio de aquel “principio” fue la separación de la luz y las tinieblas, de las “aguas de arriba” y las “aguas de abajo”, de lo “seco” y lo “mojado” (emergieron los continentes), y después ya se dedicó a crear las obras “de ornato” (aves del cielo, peces del agua, animales de la tierra).
“Los Cielos narran la Gloria de Dios”
Dios no queda aprisionado por la medición del tiempo, sino que se mueve en un eterno instante presente. Para la gente de nuestro tiempo, el pensamiento mítico confunde, más que aclarar. Necesitamos recurrir a otro tipo de lenguaje: el de la Ciencia (¿es realmente más “verdadero”?). Para Kant, el tiempo no existe; es una mera construcción humana (un “imperativo categórico”). Si no existiera el ser humano, no habría tiempo. Los humanos no podemos pensar sin las categorías espacio-temporales, y nos gusta medirlo todo. Dios, en cambio, campea en un único instante de eternidad. ¿Y sería entonces posible, teológicamente, pensar en que Dios haya creado desde la eternidad al universo (“ab aeterno”)? ¡Ya la filosofía escolástica se planteaba esta posibilidad! Sin pretensiones astronómicas, expongo mi fantasioso parecer:
El Universo infinito
“Desde el principio” existía “polvo cósmico”, compuesto, quizás, por los 64 elementos químicos de la Tabla de Dmitri Mendeléyev (hasta ahora no se ha encontrado, en nuestro sistema planetario, ninguno más). Esos átomos se fueron combinando y formando moléculas, las cuales ejercían un poder de atracción de otras moléculas compatibles. Siguiendo las leyes de atracción, el cuerpo mayor atrae a otros cuerpos menores, y de esta forma, algunos cuerpos fueron creciendo con las fusiones. Quizás algunos, gracias al oxígeno, obtuvieron energía incandescente y radiaciones, que se volvieron “estrellas”, o quizás “soles” que atrajeron sendos planetas. Así se formaron conglomerados (“sistemas planetarios”) y otros mayores, llamados “nebulosas” o “galaxias”. Se calcula que en el universo existirán unos dos billones de galaxias.
Los astrónomos observaron, además, que dichas galaxias se alejan unas de otras, deduciendo de tal observación, que originalmente habrían integrado una masa enorme. La “fuerza centrípeta” (atracción), al llegar a su máxima posibilidad, puede transformarse en “fuerza centrífuga” (repulsión), y en base a dichas leyes, formularon la teoría del “Big-Bang” -la más aceptable hasta ahora-, calculando que aquella “Gran Explosión” acaeció hace unos 15,000 millones de años. La vertiginosa velocidad de desplazamiento de las galaxias se explica aplicando la Ley de Newton, según la cual, la fuerza de un impulso inicial se conserva intacta en el vacío, mientras no haya fricción que la frene (de tierra o de aire). ¿Y quién podría negar que en ese universo infinito no se estarán formando, en algún otra parte, otros “big-bangs” similares? Además, se sabe que el 80% del universo lo constituyen los “hoyos negros”,[1] cuya “materia oculta” que podría ser simplemente vacío”, o que fuese algo que no fuera ni energía oscura, ni materia bariónica (materia ordinaria), ni neutrinos.
“En el principio era la Palabra; y la Palabra estaba en Dios, y la Palabra era Dios… Todas las cosas fueron hechas por Ella, y sin Ella nada existió de cuanto ahora existe”
CREACIÓN DE LA VIDA
- Nuestra galaxia –la Vía Lactea- contiene unas 300,000 millones de estrellas y siete sistemas planetarios. En una de las estrellas de dichos sistemas planetarios –nuestro Sol, una estrella “enana”-, desde hace unos 4,700 millones de años giran 8 planetas, uno de los cuales es la Tierra (“Gaia”), el “Planeta Azul”: un planeta extraordinario, con una composición química totalmente precisa para el fenómeno de la vida
- BIÓXIDO DE CARBONO: Venus 96%; Marte 98%; Tierra 0,03%.
- NITRÓGENO: Venus 3,5%; Marte 2,7% Tierra: 79%.
- OXÍGENO: Venus y Marte: 0%; Tierra: 21% (si fuese el 26% se incendiarían los bosques)
- NIVEL DE SAL: en los mares es de 3.4%. Si subiese a 6% sería imposible la vida.
- TEMPERATURA, entre 15° y 35°, es la óptima para los seres vivos.
Fue en este Planeta, que disfrutaba de condiciones excepcionales, en el que hace 4 mil millones de años, apareció el prodigio de la vida. Se dice que dada la inmensidad del universo, según el cálculo de probabilidades, seguramente habrá vida también en otros planetas. Otros científicos, sin embargo, consideran que nuestro planeta bien puede ser una excepción en todo el universo. En todo caso, si no se encuentra vida en nuestro “vecindario”, será imposible descubrirla, dadas las distancias inconmensurables medidas en años luz.
- Si el Verbo creó todas las cosas, no las hizo como un artesano, produciéndolas cosa por cosa, ya bien acabadas; más bien, la creación es la puesta en marcha de un proceso, dotado de una misteriosa teleología, que una vez desencadenada, marcha por sí misma.
- Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955): Fue un religioso jesuita, paleontólogo, filósofo y -para algunos- quizás teólogo, quien aportó una visión original a la teoría de la evolución. Reconoce una evolución lineal; pero con saltos cualitativos, entre tres esferas: la “Geósfera”, la “Biósfera” y la “Noosfera”, hasta llegar al “Punto Omega” o Antropósfera, propia de la vida social: “una colectividad armonizada de conciencias, que equivale a una especie de superconciencia” (tema que desplazaremos para más adelante), y finalmente, la “Cristósfera”. Si el proceso evolutivo marcha por su propio camino, en buena parte azaroso, Chardin piensa que se habría requerido una intervención especial de Dios para el paso de una esfera a otra.
- La vida no es explicable sin las sustancias orgánicas. Por tanto, la primera etapa del origen de la vida fue la formación de esas sustancias básicas. En ellas, el elemento fundamental es el carbono: los seres orgánicos, calentados a altas temperaturas, arden, y si no encuentran aire, se carbonizan. Esta sustancia puede combinarse con otros elementos: con el hidrógeno y con el oxígeno (el agua) y también con nitrógeno, azufre, fósforo, etc. ¿Cómo pudieron formarse las moléculas orgánicas, si, por lo que sabemos, estas moléculas se forman a partir de materias orgánicas precedentes, y estas no existían? En algunas estrellas se genera carbono en altísimas temperaturas (7,000°), lo que genera átomos disgregados; pero en la Tierra faltaban elementos propios de la vida.
- Un descubrimiento importante fue el estudio de la composición química de los meteoritos que caen en la Tierra. Su composición es similar a lo que se encuentra en el interior de nuestro Planeta (indica un origen común), y fácilmente contienen carbono, a veces combinado con metales. En algunos meteoritos se encontraron los hidrocarburos (hidrógeno y carbono) y otros minerales que aquí no existían. De ellos pudieron derivarse las primeras proteínas, y de allí surgir la vida, primeramente en el mar.[2]
- Hay que advertir aquí sobre algo totalmente excepcional: todo el universo tiende hacia la “entropía”, es decir, todo concurre a la inercia, al desorden, al caos, al reposo. Pero únicamente la vida evoluciona de lo simple hacia formas cada vez más complejas y orgánicas, a contracorriente de todo lo demás.
- La estrategia de la vida, desde su comienzo, fue evolucionar hacia la biodiversidad. Gracias a esto es cómo los organismos han podido irse adaptando a las cambiantes condiciones ecológicas y medioambientales: Ante un serio cambio medioambiental, las especies afectadas, al reproducirse, generan entre su descendencia, continuas “anomalías” genéticas, algunas de las cuales se adaptan mejor que las demás a las nuevas condiciones, y a través de descendiente abortivos es como la especie sobrevive. Así se fueron diversificando los seres vivos, adaptándose al aire, al agua y a la tierra, después de procesos milenarios (un ejemplo, los grandes reptiles o “dinosaurios”, cuando había mucha vegetación y que fueron disminuyendo en tamaño conforme el alimento faltaba.
Preguntas:
- ¿Qué opinas teológicamente sobre la hipótesis de que Dios haya creado el universo desde toda la eternidad?
- ¿Tienes algunas dudas si la teoría de la evolución sea contraria a la fe o a la razón?
- ¿Crees necesarias intervenciones divinas extraordinarias para los pasos evolutivos de la materia a la vida, de la vida a la inteligencia y de la inteligencia a la vida humana social?
- En tu oración de hoy, haz un acto de admiración y adoración sobre el “Dios creador del cielo y de la tierra”.
[1] Su nombre hace referencia a que no emite ningún tipo de radiación electromagnética (como la luz). Su existencia se infiere a partir de sus efectos gravitacionales en la materia visible, tales como las estrellas o las galaxias.
[2] La teoría más aceptada hoy sobre el origen de la vida, la atribuye a polímeros y aminoácidos, con préstamos de átomos de oxígeno y ayudados por la energía del sol.

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